¿Por qué este blog? ¿Para qué existe «Historias abdl»?

La respuesta más rápida y sencilla a esta pregunta sería “porque me sale de los cojones”. Pero, en fin, uno es de la generación de “justifica la respuesta”, no de “comenta la palabra patata con tus compañeros”. Lo que, por cierto, ya os puede dar una idea de mi edad. Además, como sabéis, los nenitos buenos no dicen tacos, porque se arriesgan a acabar con el culito caliente ;).

Dicho esto, sin ningún orden particular, aquí van cuatro razones por las que, después de muchas idas y vueltas, he abierto este blog:

PRIMERO: Para compartir contenidos abiertos, accesibles y en español sobre el ABDL.

Salvo los artículos de Wikipedia y alguna que otra página más, la inmensa mayoría de la información relativa al ABDL que está accesible a través de la red, lo está en inglés (sobre todo), francés, alemán u otros idiomas. Aunque hoy en día hay más gente que habla idiomas a un nivel relativamente alto, si tenemos en cuenta que somos 460 millones de hispanohablantes creo que ya va siendo hora de crear y divulgar más contenidos en español y no tirar de traducciones de las webs anglosajonas. Que son geniales y no tengo nada contra ellas, ojo, pero los ABDL hispanos también molamos. ¡Hala! 😉 .

Aun así, no está de más compartir algunos links útiles para los que hablen razonablemente bien la lengua de Shakespeare (understanding infantilism, sobre todo y asdicc). Estos sitios tienen ya solera y llevan activos muchos años. Casi todos los ABDL los conocemos y aunque no suscribamos lo que dicen al 100%, en líneas generales estamos de acuerdo.

SEGUNDO: Para cumplir una pequeña misión personal.

Esta es algo más difícil de explicar. Como persona que se considera ABDL desde siempre (y cuando digo “siempre” es siempre), este fetiche o lo que demonios sea me ha acompañado toda la vida, que va más o menos por la mitad del bocadillo. Creo que a mi atribulada cabeza le vendría bien compartir todas estas anécdotas, fantasías y paranoias con otras personas. Así, de mi propia experiencia personal quizá otros puedan sacar algo que les sea útil, los ayude, consuele o, por citar a los clásicos “a los que no ahondaren tanto, los deleite”.

He conocido a mucha gente que sufre muchísimo por ser ABDL. No es mi caso y nunca lo ha sido. Creo que es posible tener una vida absolutamente normal (o, mejor aún: anormal) con cualquier fetiche, y que el hecho de tenerlo no te convierte ni en mejor ni en peor persona. Puede parecer evidente, pero os aseguro que no lo es tanto. El blog se construirá en torno a esta forma de enfocar el ABDL. No sé si es pretencioso por mi parte, pero creo que merece la pena. Lo intentaré, al menos.

TERCERO: Por afán desmitificador.

Los estereotipos pueden ser muy útiles para tener pequeñas referencias sobre culturas, personas, ideas o gustos muy alejados de los nuestros, pero creo que a la larga acaban haciendo mucho daño. La tentación de quedarse en ellos y no profundizar es muy poderosa. Y no me refiero con esto exclusivamente al ABDL, por supuesto. Es aplicable a cualquier otro fetiche y a las más variadas facetas de la existencia.

¿Qué quiero decir con esto? Aunque con matices, la gente tiende a pensar que en el sadomasoquismo todo son látigos, vinilos, cueros y cruces de San Andrés. O que los spankos se hacen daño unos a otros sin tenerse el menor respeto mutuo. O que los ABDL son seres disfuncionales y tarados que viven encerrados en sí mismos y que, como dicen literalmente en el mítico episodio “King Baby”, de CSI: “Hay personas que solo son capaces de amar a su madre” (no os imagináis cómo me molestó escuchar eso en su día).

Pues, mira: no. Vamos a ver si, entre todos, derribamos estos absurdos estereotipos de una vez por todas.

No sé si me explico…

CUARTO. Porque me gusta la palabra escrita.

No soy muy fan de las redes sociales, por decirlo de alguna manera. Nunca me llamaron mucho la atención. Solo tengo usuario de Facebook y entro muy poco. Supongo que siempre he creído que detrás de ellas había algún afán extraño por vivir -y sobre todo, lucir- una especie de vida virtual, tan artificial como improductiva.

No me entendáis mal; si fuera de veras posible enchufar mi cerebro a un mundo virtual por usb, rollo Ghost in the Shell, sería el primero en hacerlo. Sobre todo si el mundo virtual fuera a la carta y los sentidos reaccionaran del mismo modo que en el mundo real. Pero para eso todavía nos falta mucho, no sé si por suerte o por desgracia.

Llamadme «cuñao», pero para mí una red social es, más o menos, esto

En cambio, lo escrito tiene larga vigencia y, en nuestra sociedad de obsolescencia programada y consumo compulsivo, más valor que nunca. Esto es lo que pienso, o lo que quiero pensar. De ahí el hecho de tener un blog y no doscientas cuentas en doscientas redes sociales diferentes.

Aquí estoy y aquí me quedo 😉.

¡Disfrutad!

Stephan

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