ABDL: ¿Nuestro y solo nuestro?

A poco que uno busque por internet o husmee la wikipedia se encuentra con algunos datos verdaderamente insólitos. Por ejemplo, según no sé quien, resulta que 1 de cada 1.000 personas es ABDL. Por ejemplo, si vivieras en Bilbao, que sepas que hay 400 ABDL -suficientes para montar una cojomegafiesta de las de petarlo- viviendo contigo en la misma ciudad. En Barcelona, más de 2.000 y en España (insisto, según no sé quien), haciendo una cuenta muy sencilla, resulta que habría unos 45.000 ABDL’s. ¡Medio Lugo! ¡Un tercio de Tarragona!

¿Entonces por qué cojones no hay una super mega convención de ABDL’s todos los años en IFEMA? ¡Sería la caña! Con cobertura de prensa y con los políticos apareciendo para hacerse la foto y convencernos de que ellos son ABDL de toda la vida, y que si no les votas, los del partido contrario prohibirán los pañales con estampados chulos, los onesies tamaño adulto y las palas de spanking con lemas sensuales y tal y cual…

Vale, juro no hablar más de política.

De esto sí, ¿eh?

Cuando, hace muchos años, me topé con la estadística en cuestión, que es tan antigua como apócrifa – creo- me quedé patidifuso. Éramos muchos; ¿por qué asomábamos la cabecita tan pocos? Os hablo de hace 15 o 20 años; ahora la cosa ha mejorado, pero antes de que existiera Tumblr, en la época de los foros (pasaros por este si os mola el ABDL), y los grupos de MSN, no digo que fuera tabú, pero como mínimo era muy minoritario.

Luego, cuando me fui haciendo mayor (que no viejo), comencé a preguntarme, debido a muchas razones que os iré detallando en otras entradas, si de veras hace falta “salir del armario”, y si salir es algo inequívocamente bueno para todos los ABDL. Quiero decir: está claro que queremos hablar de lo que nos gusta, practicarlo y encontrar personas que compartan nuestros gustos, ya sea por amistad, afinidad o porque queremos que nuestra pareja sea también ABDL y en Tinder, que yo sepa, no existe la etiqueta “me hago pipí” ni ninguna parecida. Que, ojo: si la estadística de antes es cierta, no entiendo por qué no :P. ¡Debería! Desde Historias ABDL lo reclamamos.

Vivimos en una sociedad en la que todo lo que hacemos está siendo evaluado, medido, juzgado y clasificado, prácticamente en tiempo real, por los grandes poderes tecnológicos y los límites entre la vida privada y la pública son cada vez más difusos. Parece que, de algún modo, se nos obliga a exhibirnos como objetos de adorno y a formar parte de un mundo virtual cuyas reglas ni establecemos ni podemos cambiar, pero que nunca nos favorecen. Incluso hay presiones para participar en él y de él, ya sabéis: “Si no estás en la app chachipeich, no te enteras de nada”, “Date de alta en instasap, no seas antiguo”, “Puedes verlo en mi perfil de Turbochof”, etc. Tener privacidad, tranquilidad, intimidad, anonimato, está pasado de moda. Si no quieres ponerte en el escaparate a posar, eres un troglodita.

En consecuencia, nunca hemos estado más sojuzgados ni sometidos al arbitrio de los demás. No de nuestros amigos, familiares o allegados, no (que tampoco me vale, pero ya hablaremos de eso). Del “público”. De “la red”. De gente que ni siquiera conocemos. Y sin embargo, parece que importa mucho lo que piensen, o nos debería importar.

En este marco, digo, ¿por qué no es preferible y enriquecedor el guardarnos nuestros gustos para nosotros y nuestras parejas/amigos/ligues/whatever? En vez de obsesionarnos por ganar visibilidad y hacer que el público entienda lo que hacemos o lo que somos -cosa que probablemente nunca haga- ¿por qué no, simple y llanamente, pasar del público? ¿Por qué no mandar a ese público a tomar por el culo, básicamente? Y, además, como decía cierto famoso escritor: ¿Quién es el público y dónde se le encuentra?

A lo mejor no es tan importante que se nos comprenda. ¿Quién nos tiene que comprender? Y, sobre todo, ¿para qué? ¿En qué iba a mejorar nuestra situación, individualmente considerados todos y cada uno de los ABDL?

A mí me gusta creer que, por ahí, pensando algo parecido, hay en este mismo momento miles y miles de nenitos y nenitas cochineando, haciéndose mimos y calentándose mutuamente esos culitos traviesos (por supuesto, con erótico resultado). Yo sé que nunca me dejarán verlo, ni me enviarán fotos, ni vídeos ni nada. Y está bien. Porque resulta que la estadística de 1 entre 1000 a lo mejor es verdad, solo que nosotros somos así de discretos y nos gustan los secretitos. A ver si no por qué todas las compañías que venden historias ABDL repiten una y mil veces lo de “discreet shipping”.

¡Siempre!

¿Y quiénes podrían ser esos cientos de miles? Cualesquiera. Podrían ser conocidos míos, o mi jefe y su marido, o los simpáticos millenials que se acaban de mudar al edificio. Me gusta pensar que hay miles de personas que han construido su refugio ABDL y que son felices en él, como yo lo soy en el mío, sin necesidad de buscar aprobación, comprensión ni sensibilización (detesto esa palabra) respecto a lo que hacen o dejan de hacer.

Si hay alguna militancia que merece la pena hoy día, es la de la intimidad. Porque hay cosas en la vida que son personales de verdad.

¡Todos al Walden!

Stephan

2 comentarios en “ABDL: ¿Nuestro y solo nuestro?

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