Este sí que es un tema peliagudo: el de contarle a alguien que nos gusta…lo que nos gusta, vaya.
CUÑA PUBLICITARIA RANDOM: Animaos con la encuesta, que la cerramos en unos pocos días 😉
Así, a bote pronto, tampoco es que sea muy complejo ni peligroso. Quiero decir: vosotros sabéis tan bien como yo que esto del ABDL -al igual que muchas prácticas BDSM- es algo completamente inofensivo, por poco conocido o infrecuente que sea. Desde dentro, claro. Hablando desde vuestra zona de confort. Pero, ¡oh sorpresa! Cada cual tiene la suya y a menudo ni siquiera son tangentes.
Las personas ABDL se sienten tan necesitadas de compartir su fantasía, fetiche o afición como cualquier otra persona. Esto no tiene nada de malo, todos tenemos fantasías sexuales -y no sexuales- y la única razón por la cual no las compartimos es el miedo. No me refiero, claro, a compartirlo indiscriminadamente con todo el personal, sino con aquella persona o personas que más nos importan: nuestra pareja, amigos…
Yo personalmente no intentaría convencer a alguien al que acabas de conocer para que te cuide -o te “cuide”, ya me entendéis- como a un niño pequeño, la verdad XD. No es que esté mal, sino que casi con total seguridad te va a dar con la puerta en las narices. Además, creo que a muchos de nosotros nos gusta que nos mime y/o castigue alguien con quien tengamos un plus de confianza y eso, por lógica, excluye a los rollos de una noche y similares. Que todo puede ser, no digo lo contrario, pero os deseo mucha suerte a los valientes.

–Eh nena, qué buena estás…¿Vamos a mi casa y me limpias el culete?
–¡Policíaaaa!
Que uno decida salir del armario es cosa suya. Es algo muy personal que no puede juzgarse desde fuera y aquí en Historias ABDL –siempre a tope con la libertad personal– no somos nadie para abogar por una cosa ni por otra. Solo podemos dar nuestra opinión y, como mucho, contar nuestras propias experiencias o las de nuestros amigos y conocidos cuando decidieron salir, poco más. Quizá haya algo que podáis sacar en limpio si os ronda la cabeza este asuntillo tan delicado. Cada cual debe preguntarse por qué quiere salir o para qué, y obrar en consecuencia. Ese por qué o para qué tiene su importancia: no la despreciéis.
En primer lugar, yo creo que el elemento fundamental que tiene que estar presente sí o sí para salir del armario es la confianza en la persona a la que se lo vas a contar. Debe ser alguien con quien te encuentres verdaderamente cómodo y con el que puedas mostrarte tal y como eres. Si sois honestos, descubriréis que no es tan fácil encontrar a alguien con quien tengáis un vínculo tan estrecho. A veces ni siquiera estará dentro de vuestra familia y las más ocasiones será un amigo muy cercano o vuestra pareja. Es posible que ni siquiera tengáis esa confianza con vuestra pareja (por la razón que sea: por su carácter, porque la relación no se ha consolidado, etc.). Sea como fuere, no sobreestiméis a la otra persona ni a la relación que tenéis con ella, ni os generéis expectativas poco realistas (esto es un relato erótico ABDL, no la realidad. Mostly).
Un tema recurrente al hilo de salir del armario: en general, yo nunca me plantearía ni me planteé contárselo a mis padres. Creo que no habría sido buena idea, por muy diversas razones. La primera porque ese grado extra de confianza no existía. La segunda porque los míos eran y son personas muy tradicionales y dudo mucho que me hubieran entendido. Y la tercera porque se trata de un fetiche y yo no le voy contando a mis padres las cosas que me ponen cachondo XD. Sé que hay muchos ABDL que se plantean esta opción, sobre todo cuando siguen viviendo con sus padres y se mueren de ganas de usar pañales sin el miedo a ser descubiertos. Suelen ser gente joven, sin trabajo o no independizada. No soy quien para dar consejos (porque “un consejo es un regalo muy precioso, aun del sabio al sabio”); lo único que puedo decir es que yo no lo hice, no lo he hecho y no lo haré.
No obstante, el mundo es diverso. Conocí, y hace ya tiempo, casos de chicos jóvenes (universitarios) que tuvieron suerte; sus padres se mostraron muy comprensivos con ellos y les ayudaron a exteriorizar y cumplir ese deseo, hasta el punto de acondicionarles una habitación ABDL full equip para ellos solos en su casa. También de casos en los que la salida del armario fue traumática e incluyó inútilmente psicólogos, psiquiatras, conflictos y poco menos que exorcismos. Life’s a bitch, tíos. Ojo al dato.
En segundo lugar, un elemento indispensable es la sinceridad. Cuando uno decide salir del armario, no tiene el menor sentido mentir ni guardarte bajo la manga tal o cual detalle por el “qué dirán”. Ya que das el paso, dalo con todas las consecuencias. Caso típico: si te gusta mojar o ensuciar el pañal y te lo preguntan, ¿para qué mentir? Si te gusta que te den el biberón, dilo. ¿Dormir en pañales? ¿Onesies? ¿Jugar con cubos?
Algunos ABDL cuentan que a ellos les ha ido mejor con una táctica (aproximación militar al problema XD) progresiva: ir poco a poco, sin prisas, no soltar toda la información de golpe para no intimidar a la otra persona. Yo creo que es perfectamente compatible ese “modo seguro” con la sinceridad: si quieres darle tiempo al otro, dáselo, pero no le engañes. Lo que me parece un error es decir “no, no, eso no me gusta” solo porque pensamos que causará rechazo si decimos lo contrario. El viejo dicho de “mejor una vez rojo que diez amarillo” viene aquí muy a colación.
Otro punto importantísimo es que tengáis la suficiente madurez para aceptar el punto de vista del otro. Del mismo modo que vosotros os abrís y contáis vuestras movidas ABDL con total transparencia debéis estar dispuestos a admitir cualquier reacción frente a ellas, al menos de primera mano. Sinceraros y revelaros como ABDL’s no os garantiza ni os legitima para nada. Puede que vuestra salida del armario no sea bien recibida, que causéis rechazo o incluso asco y que tengáis que escuchar cosas poco agradables. Ese es el riesgo que corréis, claro, y debéis asumirlo incluso si ponéis por delante todos los disclaimers del mundo (ejemplo: que no hay que malinterpretarlo, etc.). Si no sois lo suficientemente estables y maduros emocionalmente para gestionar un posible rechazo, igual no deberíais salir del armario, o igual no estáis listos para ello con el confidente en cuestión.
Yo he conocido personas que arruinaron una relación -hablo de divorcio traumático, ojo- por salir del closet ABDL y hablarlo con su pareja. Y otras que no solo hallaron comprensión o apoyo, sino absoluta complicidad. Es así. La vida son riesgos y posibilidades.

“Unas veces te comes al oso y otras veces el oso te come a ti…”
Por último, tened siempre presente que la vida sigue y que el mundo no se acaba por tener una pareja o un amigo que no te entienda o no comparta tus fetiches. No creo que hoy en día esa persona, si de veras te quiere, vaya a censurarte o a darte de lado por haberte sincerado con ella, y haberle explicado cómo te sientes cuando te pones un pañal con tu pijama de gatitos. Pero cuidado: siempre debes prepararte para el rechazo y estar razonablemente seguro de que ese rechazo, llegado el caso, no se llevará vuestra relación por delante. Y si lo hace… ¡yo qué sé! Lo mismo así descubres que la habías juzgado mal y por lo menos te llevas el aprendizaje.
Bueno, que me enrollo. En la segunda parte de este post, la semana que viene, os contaré más sobre mi salida del armario ABDL y otros cotilleos interesantes al respecto 😉.
¡Chao, meoncetes!
Stephan
2 comentarios en “SALIENDO DEL ARMARIO ABDL (I)”