SALIENDO DEL ARMARIO ABDL (II): “¡Mi primera vez!”

Hoy, como os adelanté la semana pasada, voy a contaros mi propia anécdota. No solo porque viene a cuento, sino porque en la encuesta que cerramos muy en breves algunos de los lectores me han pedido que hable un poco más de mí mismo, y que incluya contenidos sobre mis propias experiencias como ABDL.

“Pos pa eso estamos…”

Yo, que soy ABDL desde siempre y que no recuerdo ni un solo día de mi vida en el que no me haya sentido atraído por los pañales, no salí del armario hasta muy tarde. Tan tarde como los  27 años, ahí es nada. Ojo: cuando digo salir del armario es salir del armario con todas las de la ley, no chatear con otros ABDL, hablar por teléfono, redes sociales o seguir un foro. Me refiero a ponerte delante de alguien a quien conoces, quieres y aprecias, soltarlo todo por primera vez en tu vida y a ver qué pasa.

La persona que elegí para salir del armario fue mi mejor amiga, aunque más bien fue ella quien me eligió a mí. Alguien a quien yo consideraba absolutamente especial y con quien compartía todo lo que sentía y lo que me pasaba. También ella lo hacía conmigo, sin ocultarme nada (creo). En el momento en que di el paso llevábamos unos siete años siendo amigos (este es un dato random, pero podría ser útil). Ella tenía pareja en ese momento; yo no.

Cuando digo que hablábamos de todo y que nos contábamos todo es porque literalmente era así. Eso incluía, por supuesto, hablar de sexo. Tampoco quiero decir con esto que ella me contara lo que hacía con su pareja -una cosa es la confianza y otra la bocachanclez XD-, solo que no había tabúes de ningún tipo entre nosotros.

¿Cómo ocurrió? Pues fue algo directo y nada premeditado. Pasó en una época en la que, digámoslo claro, coqueteábamos con frecuencia. Una tarde en la que estábamos hablando -qué sorpresa- de sexo, ella sacó el tema de las fantasías y me preguntó directamente cuáles eran las mías. No era la primera vez: antes le había contado otras, pero no mi fantasía digamos… “raruna premium”.

Otras fantasías como, por ejemplo…

Me lo pensé un momento: no había ninguna necesidad de revelarle que me gustaban los pañales. Pero, al mismo tiempo, yo sabía que ocultárselo equivaldría a mentir. Y, a fin de cuentas, había sido ella la que había dado el paso. Ahí entró en juego una de mis máximas favoritas: “contra el vicio de preguntar, la virtud de responder”. Se puede decir, por tanto, que en mi caso el “¿por qué?” de salir del armario fue no mentirle a mi mejor amiga. 

Así que se lo dije clara y abiertamente: “Te parecerá chungo de cojones, pero me gustan los pañales”. Ella se sorprendió muchísimo y me hizo un montón de preguntas, del tipo: “¿pero que se los ponga ella o que te los pongas tú?”, “y luego, ¿qué harías?”, “¿pero te ponen o es más el juego y no el objeto en sí?”, etc. Todas sus preguntas iban encaminadas a entenderme mejor y a hacerse una idea de lo que yo sentía. No me censuró ni me criticó en absoluto.

Después de un buen rato de intercambios, la conversación sobre el tema se cerró más o menos de la siguiente manera:

Bueno, pues ya te lo he contado. Soy un puto rarito.

Eso ya lo sabía. Por eso me gustas tanto.

Del tema de los pañales pasamos a otro completamente distinto y el hecho de que yo se lo contara no marcó un antes ni un después, ni afectó en absoluto a nuestra relación. También debo decir que ella era una persona muy moderna, de mente abierta y sin prejuicios. Por su forma de ser era la chica más idónea que se me habría podido ocurrir si bien, como os digo, la iniciativa partió de ella, aunque fuese por alusiones.

Unos meses después, nos liamos y… ¡hasta hoy! Y puedo decir -no sin cierto orgullo freak– que soy el único caso de ABDL que conozco (no salido de una página fetichista o de contactos) cuya pareja ya sabía “el secreto” antes de comenzar la relación. Respect.

Por otra parte, también es importante hablar de lo que ocurrió -y sigue ocurriendo, gracias a Thor- después. O sea: muy bonito lo de contárselo a tu pareja, pero luego, ¿qué?

Eso lo reservamos para el tercer y último post, que llegará pronto 😉.

¡Besitos, nen@s!

Stephan

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