Como siempre, antes de cualquier historia, las normas.
Os recuerdo que la encuesta sigue abierta. ¡Últimas 48 horas!
Y vamos con la historia, aunque no es exactamente una historia, sino una carta, jejeje…
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Querido Papá Noel:
Soy ________________ y te escribo esta carta porque si no lo hago a lo mejor no me traes ningún juguete y si no me traes ningún juguete me pondré muy triste ☹. Pero yo soy un nenito muy bueno y siempre hago caso a lo que me dice la seño. O casi siempre, pero en eso no me extenderé para que no te enfades.
Aunque tengo casi treinta prefiero pensar que estoy a punto de cumplir cuatro añitos. Eso no sé por qué es así, pero es la verdad, te lo prometo. Y hago todas las cosas que hacen los niños de cuatro años. Veo dibujos animados, juego con mis juguetes, voy al parque, duermo con mi peluche… La señorita dice que, en eso, no ve ninguna diferencia entre otros nenitos de cuatro años y yo. Siempre le respondo que no hay ninguno tan guapo ni que la quiera tanto como yo, y ella me sonríe y entonces yo también le sonrío y la quiero más todavía y voy corriendo hasta donde está ella y le doy muchos besitos y ella me hace mimos y me dice que me adora y esas cosas.
Hay una cosa que no suelen hacer los nenitos de cuatro años y yo todavía hago. Me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero la señorita me ha advertido que a Papá Noel no se le puede mentir ni ocultar nada, así que te lo contaré, a condición de que no te chives a nadie. Ni a los renos, ni a los elfos ni a nadie. Y a mis amigos del cole tampoco. ¿Me lo prometes? Vale.
Pues es que todavía me hago pipí y uso pañales como los niños pequeños, ¿sabes? Porfa, no se lo cuentes a nadie. Si mis amigos se enteran se reirán de mí. Yo creo que sospechan algo, porque cuando jugamos en el aula, a veces le preguntan a la señorita por qué aún lleva en el bolso toallitas y pañales y ella dice que no son para mí, que son para unos vecinos a los que les hace recados de vez en cuando. Este verano también le preguntaban por qué me abultaban tanto los pantaloncitos cortos. Se lo preguntaban porque a ellos, que usan ya calzoncillos y braguitas, no les abultan tanto. La señorita les decía que era porque soy muy friolero, incluso en verano, y tengo que llevar mucha ropita. Y ellos decían: “ah, vale”, y la señorita me miraba y entonces yo me ponía rojo como un tomate, me sentaba en tobogán y me tiraba super rápido con mi bajada secreta supersónica. Las otras seños decían que sus nenes también son muy frioleros, sobre todo cuando están en casa o por las noches y se guiñaban un ojo las unas a las otras. No sé qué quiere decir eso, pero tú no preocupes, Papá Noel: si tú no te chivas, nadie se enterará. La señorita es listísima y ella cuida de mi secreto: por eso nunca me cambia delante de las otras mamis ni de nadie. Ni siquiera cuando se me escapa un super pipí mientras juego en el arenero. Cuando eso pasa, a veces mojo un poco el pantalón y entonces ella me coge de la mano y me lleva a casa, poniendo como excusa a mis amiguitos que sudo mucho y que me tiene que bañar. Ellos se quedan cuchicheando, pero no saben nada, seguro, porque nunca me dicen nada ni se burlan de mí. Y es que la seño es super lista, nadie la puede pillar.
La señorita me ha dicho que, por si no te lo crees, te mande una foto junto al árbol de Navidad. Ella piensa que un nenito de veintinueve años ya debería usar calzoncillos y yo le digo que tengo cuatro y ella me dice “pues con cuatro también”, pero hasta el momento todas las veces que lo hemos intentado he acabado haciéndome pipí en público. Este verano hicimos la prueba yendo al supermercado, aunque la señorita, que no se fía mucho, me había puesto las braguitas de plástico y pañal de tela por si no me podía aguantar. No me aguanté y me dio mucha vergüenza tener que pasear en braguitas de plástico por el supermercado. Por suerte, vamos a uno que queda bastante lejos de casa y no nos encontramos con nadie conocido.

Al final no encontré la foto, así que no soy yo, pero para que te hagas una idea…
El popó ya nunca se me escapa. Bueno, casi nunca. La última vez fue el mes pasado, cuando fui con la señorita a la farmacia. Es que chica de la farmacia es muy guapa y siempre me da caramelos, pero ese día no le quedaban y entonces yo me puse a llorar y a pedirle caramelos y la señorita me riñó por ser un maleducado y me atizó una nalgada delante de la chica de la farmacia y entonces yo me enfadé y estaba tan enfadado que me hice popó. Luego, en casa, le pedí mil veces perdón a la seño y le prometí que no me volvería a portar mal cuando voy de compras con ella. Ella me perdonó -casi siempre lo hace-, me cambió el pañal y estuvimos jugando juntos toda la mañana.
Mi seño es la mejor seño del mundo. Soy muy feliz con ella y hago todo lo que puedo por ser obediente. Ella dice que lo soy mucho, pero que podría serlo más. Y entonces me da una palmadita cariñosa en el culete y me dice: “venga, juega un poco con tus muñecos, mi amor”. Y yo le hago caso y juego. Aunque a veces es un poco difícil, porque cuando estoy haciendo una batalla con mis juguetes y la señorita viene a verla, y se sienta junto a mí y me da un besito o me abraza, me pasa una cosa muy rara que yo no entiendo bien, ¿sabes, Papá Noel? La seño dice que te lo puedo contar y que no me tiene que dar miedo, así que te lo contaré.
Lo que me pasa es esto: cuando la señorita se sienta conmigo y demás, me siento como raro. Pero no me da miedo, ni me pongo triste, ni nada de eso. Me siento muy raro, pero muy bien. Y me dan muchas ganas de besar a la señorita, de achucharla como a un peluche y de chupetear sus pezones. Ella casi siempre me deja y cuando lo hago mi cosita se pone muy, muy dura y siento que quiero mucho a la señorita y que quiero dormir abrazado a ella y otras cosas muy bonitas. Al principio pensaba que sería una travesura y que estaba mal, pero ella me dijo que de eso nada, que estaba muy orgullosa de su nenito y que eso solo le pasa a los nenitos que quieren a su seño muchísimo.
Por lo demás, soy un nenito muy bueno. Voy al cole, hago los deberes y también a una cosa que se llama trabajo y que es muy aburrido, aunque la seño dice que es mi obligación. Ayudo a la seño en todo lo que puedo: pongo la mesa y la recojo, y la ayudo a fregar los platos y a limpiar el polvo. La cama solo la hago cuando no la mojo por las noches, porque entonces dejo un cerco de pipí enorme. La seño no suele reñirme por hacer pipí en la cama -siempre duermo en pañales-, pero sí me dice que ya soy un hombrecito y que pronto dejaré de usarlos. Que es cuestión de unos pocos meses más.
Y eso es lo que te quería pedir este año, Papá Noel. Quiero darle un alegrón a la señorita y dejar de hacerme pipí y popó. Así podría usar calzoncillos como los otros niños, ir al baño y todas esas cosas. Seguro que la señorita se pone contentísima y me da un montón de premios. Además, así ya no tendría que seguir engañando a las mamis del parque ni a mis amigos con lo de la ropita. Ni tendría que volver corriendo a casa desde el arenero. Yo quiero que la señorita se sienta muy orgullosa de mí, así que mi regalo quiero que sea ese: dejar de hacerme pipí y popó. ¿Me lo concederás? Te prometo que cuando tenga muchas ganas avisaré siempre a la señorita y que aguantaré todo lo que pueda. Y así me convertiré en un niño mayor, como quiere la señorita. Cuando vea que el pañal siempre está sequito se pondrá loca de contenta y yo quiero que esté siempre contenta para que juegue conmigo.
De todas formas, la señorita me ha avisado que pedirte eso sería demasiado. Yo le he dicho que no, porque tú tienes poderes y esas cosas y puedes hacerlo. Pero, por si acaso, también me puedes traer el barco pirata de playmobil y una espada de piratas chula y que parezca de verdad. A mí me encantan los piratas porque son valientes y viven aventuras. Quiero ser igual de fuerte y de valiente para poder cuidar de la señorita y que no tenga que ser siempre ella quien cuide de mí. Se lo dije un día y ella se rio mucho y me compró unos pañales super chulos de piratas. Ahora mismo, mientras te escribo esto, estoy en pijama y llevo puesto un pañal de piratas. Y la seño dice que, teniendo en cuenta lo meoncete que soy, los piratas van a tener marejadas y tempestades para rato.

Y estoy super mono con ellos
También te pongo una poesía que le he hecho a la señorita y que se me ocurrió el otro día, para que veas lo mucho que la quiero. No tengo ninguna para ti, pero te prometo inventar alguna para el año que viene.
La poesía es así:
“Mi seño es la más guapa
Y yo la quiero así.
Me hace mimos y me cuida
Y me riñe si me hago pipí”
A ella le encantó. La hizo imprimir y ahora está pegada al frigorífico junto con otras poesías y dibujos míos. Me siento muy orgulloso cuando invita a sus amigas a casa y me pide que la recite para ellas, justo antes de llevarme a la cama. Suele ser así: me cambia, me pone el pijama (me queda ajustado y el pañal se nota mucho) y vamos juntos al salón. Entonces yo saludo, me pongo delante de sus amigas muy sonriente y recito la poesía de memoria, sin equivocarme ni una sola vez. Las amigas de la señorita me aplauden a rabiar, me dan cada una un beso de buenas noches y le dicen que se mueren de envidia, porque ellas no tienen un nenito tan bueno ni tan guapo como yo. A mí me encanta que la señorita invite a sus amigas, porque a veces me traen regalos o juegan un rato conmigo antes de la hora de dormir.
Uh…Eh…Bueno, Papá Noel. Tengo que dejarte. Estaba tan concentrando en la carta que no me he dado cuenta y creo que se me han escapado unas gotitas… Además, huelo raro; ojalá no se me haya escapado también otra cosa. ¿Tú me perdonas? Eso espero. ¿Ves como necesito tu regalo? Si me lo traes seré el nenito más bueno del mundo; no te arrepentirás.
Ahora le enseñaré la carta a la señorita para que la corrija. Por bien que yo escriba… pues bueno. Cuatro años son cuatro años.
Porfa, porfa, seré bueno. Haz que no se me vuelva a escapar el pipí ni el popó. Porfa.
¡Gracias! Te quiere mucho…
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PD: Papá Noel: soy la señorita. ¡No le traigas nada, se ha puesto perdido mientras te escribía y hasta he tenido que poner una lavadora! Le he dado la azotaina de su vida y ahora está en el rincón, con el culito al aire y llorando a moco tendido. ¡Este año se queda sin juguetes! ¡Por cochino!
Un beso. La seño.
PD2: Papá Noel: soy la señorita otra vez. Está bien, tráele lo que consideres más adecuado. Cuando te escribí lo de antes estaba muy enfadada, pero luego mi nenito me pidió perdón de verdad. Pobrecito, cómo suplicaba. Lo sentía de veras.
Quizá sea demasiado indulgente con él. De todos modos, cómo no voy a serlo: en cuanto me mira con esos ojos de cachorrito hace conmigo lo que quiere. En fin. Por lo menos no va a poder sentarse hasta Nochebuena.
¡Un besito y Feliz Navidad!
La seño y su nenito.
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