IL MESSAGIERO… ¿É IMPORTANTE? (I)

¡Hola, traviesillos! Espero que los inicios de 2023 os estén tratando bien. O mal, si lo preferís (cada cual tiene sus kinks; yo, desde luego, sí).

Han pasado prácticamente seis meses desde que iniciamos el blog y creo que, tras la encuesta que finalizó hace unas semanas, es un buen momento para hablaros un poco más de mí mismo. No porque yo sea un cerdo narcisista y ególatra, no. Simple y llanamente porque me lo habéis pedido. Y también, aunque en menor medida, porque ya va siendo hora de que sepáis quién está al teclado, en un 90% (y por el otro 10% Tumblr e internet XD), de Historias ABDL.  

Como tampoco quiero convertir esto en un diario -lo que sería muy aburrido- voy a intentar condensar toda la información más o menos relevante en este post y la información más centrada en el ABDL en otro, para así dejar el tema cerrado. Tampoco voy a subir una foto de mi DNI, y ya sabéis por qué: lo comentábamos aquí.

Yo soy este de la foto:

Vale, vale… Supongo que preferís que empiece de otro modo. En plan Historias ABDL, que para eso estamos aquí.

«¿Quieres que empecemos como en David Copperfield? Nací. Crecí…»

Nací hace algo más de 40 años (tampoco mucho más) en el norte de España, así que soy español, como podía haber sido cualquier otra cosa. No estoy ni orgulloso ni avergonzado de serlo, porque básicamente me da igual. No creo en nada parecido a patrias ni naciones.

Pertenezco a una familia muy, muy clásica: padre trabajador y madre ama de casa, con bastante tradición militar por línea paterna, y un tanto… farandulera por línea materna. Crecí durante los años 80 y 90 en un ambiente muy conservador, marcado por una fuerte religiosidad católica y con normas estrictas, a menudo incomprensibles para mí.

Mis padres fueron y son buenas personas, pero yo no tuve una infancia feliz. No hay que darle muchas vueltas. Simplemente no fui un niño feliz y ya está. Puede que muy al principio sí, pero recuerdo la época que va entre los 7 y 12 años con horror: aburrimiento, apatía, incomunicación, normas y más normas, malas caras, soledad… Me evadía de todo ello a través de la música y de los libros; no había mucho más. Así que, por si no lo sospechabais, sí: soy un ratón de biblioteca y además, melómano.

Lo peor fue la soledad. No es que no tuviera amigos, sino que mis amigos y yo no congeniábamos demasiado. Yo no era bueno jugando al fútbol ni nada de eso. Pero mi perfil no encaja del todo con el del chaval tímido que sufre bullying. En primer lugar porque siempre tuve mucho carácter (soy orgulloso como un demonio) y en segundo porque si con alguien me solía llevar bien era con los más gamberros. Con esta forma de ser, ya podéis imaginar que nunca he encajado en ningún sitio: demasiado empollón para unos y demasiado rebelde para otros.

Es posible que de pequeño sufriera algún tipo de trastorno psicológico, en mayor o menor medida. Puede que el menda fuera un poco autista, o índigo o vete tú a saber… También se habló mucho de una supuesta superdotación, ya que un estudiante tan brillante como yo fui hasta la universidad y sin ningún esfuerzo era algo que nadie se podía explicar. No sé si lo fui o lo soy. Pero si es así, puedo aseguraros que ser superdotado es una puta mierda. Pasad de esas chorradas, en serio.

Mi adolescencia, gracias a los videojuegos y los juegos de rol fue mucho mejor que mi infancia y la considero una de mis mejores etapas. No fue una adolescencia prototípica, ya que la mayor parte de las cosas que a los adolescentes les interesan a mí no me decían lo más mínimo. Ya sabéis: el sexo, las discotecas y todo eso. Tuve muchas oportunidades para tener una adolescencia más común y las rechacé todas. Eso, en aquella época, era comprar todas las papeletas para que te llamaran maricón/maricona y cosas peores, y así ocurriría hasta muy avanzados los años 2000 por las calles de mi pequeña ciudad natal. Más adelante, ya durante mi vida plenamente adulta descubrí que soy -a grandes rasgos- demisexual y gracias a ello pude explicarme parte de lo que sentía entonces. Pronto, también a petición vuestra en la encuesta, trataremos un poco más estos temas.

A los 18 años tuve una crisis religiosa y dejé de creer en dioses y cosas por el estilo. Y no lo digo con orgullo: ojalá creyese todavía. No soy ateo, ojo, sino más bien deísta.

La época de la universidad no fue tampoco buena, salvo por dos cosas: por mis pinitos en la industria de la música y por haber conocido en ella a una chica muy especial, con la que tuve desde el principio “una comprensión mística y profunda”. Justo a finales de esa época universitaria nos liamos, me mudé a la gran ciudad para estar con ella y aquí seguimos, 15 años después. Ella y el hijo que me dio hace unos años es lo único inequívocamente bueno que hay en mi vida.

Soy uno de esos tíos que trabajan en edificios grandes. Con traje, corbata y gemelos. Lo mismo soy economista, auditor, arquitecto, ingeniero o vete tú a saber. Uno de esos que se pasan la vida hablando en inglés, que utilizan palabras incomprensibles y que parecen tan poderosos y seguros de sí mismos. Cuando veáis alguno, no hagáis ni caso: es todo mentira. Pura fachada y teatro. Desconfiad de la gente que necesita deslumbraros; lo hace precisamente para que no podáis ver con claridad.  

Aunque pueda parecer una persona triste y apocada por todo esto que os he contado, tengo una personalidad muy independiente y un sentido del humor a prueba de terremotos. Río muchísimo y me paso el día diciendo chorradas, como estrategia de defensa contra el mundo que me rodea y que mayormente detesto. En el lado negativo, tengo tendencia a la melancolía, a soñar despierto y a enfrentarme con cualquier clase de poder que tenga delante, sea el que sea. Lo cual me ha granjeado, en mi vida personal y profesional, problemas de leves a muy serios.

¿Ha merecido la pena el viaje hasta ahora? Puede. Pero de eso hablaremos otro día, así como de mi propio historial ABDL.

En fin. Ahora ya me conocéis un poco mejor y os podéis ir a dormir la siesta. Con pañal, chupete y peluche. Como Ilúvatar manda.

Y ver si os levantáis sequitos por una vez, ¿eh?

Stephan

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