Los fetiches en pareja son más fetiches ;).
Suponiendo que hayáis leído las dos entradas previas sobre salir del armario ABDL (si no, las tenéis aquí y aquí), imaginaos que sí, que lo habéis hecho y que vuestra pareja, amante, partenaire o lo que sea ha mostrado cierta receptividad. Vamos, que no os ha mandado a paseo directamente. ¡Viva y bravo! ¡Ya tenéis a vuestra FAI!
Vamos, que estáis más contentos que Jake en la isla-muy-chachi
El haber conseguido dar ese paso y haberos sincerado es, pequeños míos, solo el principio. Para lo bueno y para lo malo, claro está. Debéis comenzar a tratar el tema con vuestra pareja desde el punto de vista práctico, de lo que querríais hacer y lo que no, así como de lo que la otra persona piensa sobre todas esas prácticas y hasta dónde quiere llegar con vosotros.
Yo no diría que se trata de una negociación, porque no es exactamente eso, o al menos yo no lo veo así. En mi opinión, entablar largas batallas para conseguir que tu pareja haga aquello que simplemente rechaza -por mucho que a ti te guste- es una mala idea. Quizá lo mejor sea buscar lugares comunes o actividades concretas que a ambos os gusten u os atraigan y sobre todo que no generen rechazo. Por ejemplo: empezar por llevar pañales cuando estáis solos con vuestra pareja es lo básico, creo yo, ya sea plenamente visibles o debajo de la ropa.

Y si esa ropa es un onesie, pues aún mola más…
Por supuesto, podéis explorar y probar con algo menos básico para ver si os vais desenvolviendo adecuadamente; los fetiches en pareja se disfrutan, sobre todo, explorando. Como siempre digo, cada persona es un mundo: a algunos les gustará más que les cambien y a otros que les lean cuentos, o lo que sea. Así, una vez conseguida cierta armonía en lo básico, se pueden ir agregando capas adicionales de juego. El lenguaje, por ejemplo, es una de las más importantes para los ABDL y en mi experiencia es relativamente fácil de implementar. O sea: hablar entre vosotros de esa manera tan maravillosa y excitante que a los ABDL nos pone en órbita (no necesariamente en el terreno sexual, ojo).
He puesto lo de órbita solo para meter de clavo este temazo, que no tiene nada que ver, pero mola
Es importante buscar el feedback de la otra persona: si le ha gustado, si se ha sentido cómodo, si ha sido una experiencia positiva, etc. Tu pareja, por supuesto, también preguntará: si lo hace bien, si te ha gustado esto o lo otro (“¿cuando te di la palmadita en el culo te gustó?” etc.). En este punto a veces ocurren auténticas transformaciones y la pareja comienza a sentirse cada vez más a gusto en su rol de “cuidador” e incluso descubre que le encanta. Otras lo prueban un par de veces y les echa para atrás. En este último caso… bueno. Al menos lo habréis intentado. Y de ser así, insisto: en mi opinión, brasear a tu pareja para que haga algo que no le gusta no suele acabar bien y es injusto, pero cada cual es muy libre de decidir cómo gestiona el rechazo. Y vuestra pareja también, ojito.
Si de forma natural las cosas fluyen hacia el sexo… estupendo. Si no, tampoco tiene sentido forzarlo. Habrá otras ocasiones. Además, es posible que los AB más puros prefieran mantener el sexo apartado de sus momentos ABDL; en ese caso, lo mejor es dejarlo muy claro desde el principio, para evitar equívocos.
Y ahora, por resumir un poco mi itinerario personal y también a modo de ejemplo, paso a describiros mis hitos, por orden de consecución:
- Atreverme a plantear el tema de los pañales (ella ya lo sabía, pero tardé un poco en sacar la cuestión). Esto fue de lo más sencillo.
- Llevarlos. En este sentido, tampoco era algo muy habitual, podría tener ganas de usarlos una o dos veces al mes, como mucho, en un momento en el que ella estuviera en casa. No hay que abusar, chicuelos…
- Mojarlos. De ensuciarlos, ni hablar con ella cerca (para mí no supone un problema).
- Dormir en pañales (con ella, claro).
- Probarlos ella. Lo hizo, pero no le gustó (damnit!) ☹
- Roleplay. Aquí ocurrió una cosa peculiar: a ella no le gustaba asumir el rol de “mami”, por así decir, se sentía muy incómoda y fuera de lugar. Buscamos otras opciones y no hubo problema (maestra, por ejemplo). Tampoco es que a mí me guste demasiado el término «mami» en mis momentos ABDL. Prefiero otros, como bien sabéis 😉
- Castigos. Ni el menor problema aquí. No sé si me explico…
- Cambios de pañal (con toallitas y todo). A ella no le gustan, por lo cual rara vez lo ha hecho y nunca, que yo recuerde, cuando están mojados “de verdad”. Pero sí hemos hecho cambios en plan fake o coqueteado con ese momento particular.
- Accesorios (onesies, chupetes, etc.). En este punto ella se subió un poco al carro y se compró también un onesie porque dice que quiere estar tan guapa como estoy yo con el mío XD. Nice!
- Littlespace. Este ha sido el último y definitivo peldaño de la escalera, que hemos implementado hace relativamente poco. A lo que me refiero aquí es a llevar la práctica más allá, no como una modalidad kink de preliminares a la hora del sexo. La búsqueda del “pequeño espacio” o “espacio mini” (ya hablaremos más en profundidad de esto) implica centrarse en la parte más AB y menos en la DL. De esta manera, y durante períodos relativamente largos de tiempo (una mañana entera, un día entero…) el juego es algo así como una sesión prolongada de softdom y se extiende a todos los aspectos de nuestra interacción; no termina en los pañales, onesies, chupetes, etc. Ella, por ejemplo, trabaja o lee mientras yo juego con algún juguete en la alfombra, me entretengo con peluches, leo cuentos o llevo a cabo cualquier otra actividad típicamente little. Por supuesto, nada de videojuegos, redes sociales ni cosas de “mayores…” 😉. Aquí hay espacio para la improvisación: chequeos de pañal, bromas, juegos, cosquillas, “al rincón” y lo que se nos vaya ocurriendo, sin salirnos demasiado de la dinámica. Todo es buscar el estado mental adecuado (yo soy de los que piensa que el BDSM es la persecución de determinados estados mentales y no la parafernalia ni la actividad en sí).
Así que, por resumiros: la parte de cambios de pañal y demás, muy poco o nada, pero el resto, más o menos, “guay”. No al nivel que nos gustaría, claro, pero a tope. Con la paternidad tenemos escasa privacidad y muy pocas ocasiones de jugar, pero cuando nos quedamos solos, las aprovechamos 😊.
Nada más por hoy: si os animáis a salir del armario… ¡mucha suerte, mucho respeto y a disfrutar!
Y recordad, peña: coñas políticas aparte -que aquí no nos interesan- solo «sí» es «sí». Los fetiches en pareja son una delicia, pero el BDSM es consentido y consensuado o NO es BDSM. Es maltrato, así de simple.
Stephan