NI NUEVO, NI MODERNO: DOS MIL QUINIENTOS AÑOS DE BDSM Y… ¿TRES SIGLOS DE ABDL?

Como estamos en carnaval -o deberíamos-, vamos a dejarnos de intrincadas y profundas reflexiones sobre la naturaleza de nuestras fantasías y de alambicados post llenos de líricas reflexiones sobre sexualidad BDSM. Hoy vamos a intentar ser amenos y nada más.

Empecemos, pues, con una pregunta tramposa: ¿Desde cuando creéis que existe el BDSM? Mejor todavía. ¿Cuál es, a vuestro entender, la referencia más antigua que conocéis de la existencia de prácticas ABDL?

En realidad el BDSM, muy probablemente, es tan antiguo como la civilización y puede que más. Todavía hoy hay muchos practicantes que lo conciben como la expresión más intelectual y “civilizada” de la sexualidad humana, porque en el BDSM la genitalidad tiene una importancia comparativamente menor que en la sexualidad vanilla. Esto, por supuesto, es más que discutible, pero hoy nos abstenemos de debates sesudos. Hoy, a tope con las risas, la curiosidad y la divulgación carnavalescas.

Así, a bote pronto y a modo de ejemplo, es muy probable que los misterios eleusinos y/o dionísíacos incluyeran, dentro de un amplio espectro de prácticas psico-sexuales, elementos BDSM. Y es que la importancia que en los cultos órficos y sobre todo dionisíacos tenían elementos simbólicos como los látigos, los tirsos y determinadas plantas trepadoras o con espinas no puede ser simplemente obviada.

Yo diría más: el mito de Orfeo contiene elementos BDSM para dar y tomar. Y qué decir de los famosos relieves de la llamada Tumba de los Flagelantes (siglo VI A.C., nada menos), en donde se representan con ab-so-lu-ta cla-ri-dad prácticas sexuales de flagelación. El spanking y el whipping vuelven a aparecer con toda su crudeza en un fragmento de El Satiricón de Petronio, una obra, dicho sea de paso, muy saturnálica y carnavalesca.

Antíoco, macho. Ahora no me acuerdo si mi palabra segura era “onicofagia” o “catalepsia»

Aquí, como nos gusta contribuir al buen rollo, os damos una idea para disfraz de carnaval: Ménade. Y cuando la peña se queje de que vais fustigando o despedazando al personal por la Diagonal, vosotros os ofendéis y decís que forma parte de vuestra religión y que quien no se deje zurrar es un Dionisiófobo y mimimimimimimi…

¿Shakira y Piqué? Unos aficionados. ¡Prepara el culo!

Si seguimos hacia la Edad Media, resulta bien fácil encontrar referencias BDSM en la literatura de los goliardos. Recordemos, si no, la mítica “Balada de Margot la Gorda” del aún más mítico François Villon (Siglo XV):

Pero vuelve la paz, se tira un pedo
más criminal que de un cañón la bala,
riendo me da un golpe, luego, quedo,
“¡súbete!” dice, en tanto que se instala.
Dormimos como un zueco, ambos beodos.
Si despierta y su vientre aún reclama
se alza y me monta, tales son sus modos.
¡Nos aplasta!” gemimos yo y la cama,
“¡Por tu lujuria nos desvencijamos!”
en el burdel en donde el pan ganamos.

Que llueva o truene, tengo el pan seguro.
Soy vicioso y halléme una viciosa.
No sé cuál de los dos lo es más, lo juro.
Y la basura nos parece hermosa
y el honor nos repugna y lo ahuyentamos
en el burdel en donde el pan ganamos.”

Pero para encontrar referencias al ABDL es necesario, hasta donde yo sé, avanzar un poco más en el tiempo. Hasta el siglo llamado de las luces, el siglo XVIII. Aquí, incluso, existe una literatura cuya razón de ser consiste en explorar, divulgar y escandalizar describiendo prácticas BDSM. Es la época de «Fanny Hill«, de «Las Amistades Peligrosas» y, por supuesto, del gran y divino Marqués de Sade. También es la época en la que Jean Jacques Rousseau -quizá el filósofo más influyente de los últimos siglos, y pilar fundamental del pensamiento moderno, para bien o para mal- escribía, ni corto ni perezoso, lo siguiente en un celebérrimo párrafo de sus “Confesiones”:

El cariño, propio de una madre, que la señorita Lambercier nos profesaba, la revestía de la autoridad de tal, y algunas veces usaba de ella imponiéndonos castigos merecidos. Durante mucho tiempo se concretó a la amenaza, pareciéndome espantosa la prometida pena, nueva enteramente para mí; pero desde que la sufrí me pareció mucho menos terrible de lo imaginado. Y lo más particular es que aquel castigo aun me aficionó más a lo que me lo había impuesto, de modo que fue necesaria mi natural dulzura y toda la verdad del afecto que le profesaba para que no tratara de conocer la repetición del mismo, mereciéndolo, porque encontré una mezcla de sensualismo en el deber y en la vergüenza del castigo, que me hacía desear recibirlo otra vez de la misma mano. Es verdad que había en ello cierta precocidad instintiva de sexo y, por lo tanto, el mismo tratamiento practicado por su hermano no me habría parecido tan gustoso. Pero, atendido su carácter, no había que pensar en semejante sustitución: y me abstenía de merecer el correctivo por temor de disgustar a la señorita Lambercier; pues tal es el imperio que sobre mí ejerce la benevolencia”

Aquí ya estamos un poco más cerca de encontrarnos de lleno con una referencia explícita al ABDL, pero aún no llegamos del todo. Nos quedamos cerca como quien dice: en los culetes rojos, castigos y demás. Tendrá que ser, como siempre, el Divino Marqués el que, en sus “120 Jornadas de Sodoma”, por la boca de uno de los personajes, describa algunas fantasías típicamente ABDL. ¡Agarraos, que vienen curvas!:

Un joven cuya manía, aunque muy poco libertina, en mi opinión, no por eso era menos singular, se presentó en casa de madame Guérin poco después de la última aventura de la que hable ayer. Necesitaba una nodriza joven y lozana, la mamaba y eyaculaba sobre los muslos de aquella buena mujer mientras se atiborraba con su leche. Su pito me pareció muy mediocre, y toda su persona bastante desmedrada y su descarga fue tan dulce como su operación.”

¿Qué os parece? No es todavía 100% ABDL, pero ya nos acercamos muy mucho. Fetiche de lactancia, que es primo hermano del nuestro. Y ya donde entramos de lleno en el rollo es en el siguiente, del que he eliminado la parte de scat. Más que nada, por hacerlo más obvio y porque el scat no es mi rollo, aunque al marqués se la pusiera como un torreón de la Bastilla.

El héroe de la aventura era un viejo brigadier de los ejércitos del rey; había que desnudarlo del todo, después fajarlo como a un niño y, estando así (…). Todo se ejecuta, nuestro libertino lo come todo y descarga en sus pañales mientras imita los lloros de un niñito.”

Lá voilá: la primera referencia al ABDL clara y evidente que yo conozco en la historia de la humanidad. ¿Qué os parece?

Y ahora os dejo, que no seré brigadier de los ejércitos del rey, pero acabo de hacerme pipí en el pañal como el meoncete que soy…

No es un disfraz. Soy yo. Ahora.

Fuera prejuicios…¡y divertíos!

Stephan

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