Hace unos días me encontré con un post de esos que uno, después de tanto tiempo como ABDL, está acostumbrado a leer. Un post en el que el autor, un chico ABDL, comparte su ansiedad y sus miedos más profundos con sus lectores. Decía sentirse fracasado, anclado, con una percepción muy negativa de sí mismo y del mundo que le rodea, hasta el punto de interiorizar que ser ABDL le condiciona de algún modo a fracasar en la vida. Que su fantasía lo condena para siempre.
Vamos a dejar de lado el hecho de que haya famosos fetichistas. Sí: incluso DL’s. Ned Stark… Boromir… XD
El post era algo antiguo, y no me quise meter (quizá era peor retomar el tema). Espero de veras que el autor se sienta mejor y dudo que vaya yo a propiciarlo si rescato el hilo y le fusilo una contestación kilométrica. Pero, como tampoco quiero dejar pasar la oportunidad sin comentar nada, he decidido hacerlo en este post. Algo más amplio, menos personalizado y más abierto para todos los ABDL que visiten el blog. Alguno habrá que se sienta parecido, si no igual, sobre todo si es una persona joven o relativamente joven.
Es muy habitual encontrarse con ABDL’s jóvenes que acumulan sentimientos negativos respecto a sus gustos. Personas que se culpan de tener una inclinación fetichista -o no sexual, pero en todo caso inclinación- por objetos normalmente relacionados con la infancia. A veces es por las perturbadoras y equivocadas asociaciones que, desde fuera, un observador extraño o no iniciado podría hacer. Otras veces es porque se ve como algo extravagante, demasiado fuera de lo normal. Muy a menudo, es la simple vergüenza de reconocer que se tiene un fetiche poco habitual (aunque no tan poco habitual). Por último, en determinados casos hay un fuerte sentimiento de culpabilidad de origen religioso. Hay mas casuísticas, pero podrían resumirse en esas cuatro: confusión, miedo, vergüenza y culpabilidad. En casos puntuales, pueden darse varias a la vez.

«Hombre, es que una cosa es tener derecho a la individualidad y otra usar pañales. ¡Shame! ¡Shame!»
Para decirlo claro: ser ABDL da exactamente igual. No te predispone ni condiciona a nada. No te confiere poderes mágicos, ni tampoco te impone taras. Puedes ser lo que tú quieras, lo que la suerte te permita (sí, la suerte cuenta y mucho) y lo que tus capacidades consigan, tanto si eres ABDL como si no. Y va a dar lo mismo que te gusten los pañales cuando dirijas una empresa, cuando seas un autor de éxito, un actor conocido, un youtuber, un profesor, un dependiente, un ingeniero de la NASA, padre, madre, marido, esposa o cualquier otra cosa. Algunos diréis que eso es obvio, pero quizá otros necesitéis leerlo y, sobre todo, creerlo. Pues creedlo de una vez. En serio. Y vivid la vida, que es bien corta, chicos.
Confusión ni la hay ni puede haberla. El ABDL no tiene nada que ver con la mierda esa de la pedofilia. Del mismo modo que coleccionar cuchillos no te convierte en Jack el Destripador ni ver La Naranja Mecánica en psicópata. Sepamos discernir y comprender una práctica, el ABDL, que puede ser un poco infrecuente, pero nada más. Si queremos, claro, que esa es otra: gente con mala fe siempre hay. Pero hoy en día hay ya mucha información sobre el ABDL fácilmente disponible en internet. El que quiera entender, que entienda. Y punto.
El miedo a no ser aceptado ya lo hemos tratado en el blog y no veo razón para incidir. Puedo entender que te preocupe la aceptación de las personas más cercanas, pero la de la sociedad en general, no (otro día hablamos de eso). Por otra parte, no es necesario salir en el Diario de Patricia y contarle tus fantasías a media España; basta con tu pareja, ¿no? Pues bien: es una persona en todo el mundo; no puede ser tan difícil. Y si no quiere jugar contigo, considera todas las demás cosas buenas que te da y si no te compensan ;).
Entiendo que algunos penséis “claro, eso lo dices porque tu pareja sí te apoya y le parece guay que seas ABDL”, pero no es tan sencillo como parece. También le conté mis fantasías a mi ex-pareja -ojo, solo la del spanking, no llegué al ABDL- y le faltó poco para llamar a “Psicólogos sin fronteras”, vamos (“¡que se te quite de la cabeza!”). Así que de rechazos también sé, creedme: no todo ha sido vino y rosas en mi -por otro lado bastante limitado- historial sentimental XD.
La vergüenza…¿de qué? ¿De que alguien descubra que eres ABDL? Si tampoco lo andas publicando por todas partes, ¿quién lo va a descubrir? No creo yo que tus padres o tu hermana tengan cuenta en Fetlife. ¿O sí? 😉 Y en caso de que te descubran, será porque algo andarían buscando, digo yo. Otra cuestión es que no tengas privacidad y vivas en un piso compartido o con tus padres. Entonces, entiendo que es más difícil, pero bueno. Mi recomendación es la de siempre: sé independiente cuanto antes. Y no sería la primera vez que escucho lo de compartir piso “kink friendly”; siempre puedes intentarlo. Por último, mira: tampoco es tan terrible que te descubra una persona con la que tienes confianza, hay destinos muchos peores.
¿Culpabilidad? Bueno, en esta poco puedo aportar, teniendo en cuenta que no soy creyente ni he sentido jamás culpa alguna por ser ABDL. Supongo que para alguna gente todo lo que no sea el misionero con la luz apagada y sin condón está mal. Y no solo eso: cada vez que te pongas un pañal dios matará a un gatito y como se te ocurra ir a un taller de Shibari tu novio te dejará por la pija del sexto derecha. Qué le vamos a hacer: esta gente que tiene línea directa con dios adora imponer cierta visión del mundo a los demás. Aunque dios, parafraseando al gran Forges, “no se ha manifestado a tal respective”.
En cuanto al fracaso… A ser o no un fracasado… No sé qué deciros. Estoy casado con la mujer más maravillosa del mundo, que me ha dado un hijo excepcional. He alcanzado metas con las que la mayoría de la gente se limita a soñar (lo podéis creer o no, pero es así). He llegado a cumplir muchos de mis sueños, incluso algunos que ni yo mismo juzgaba realizables. No vivo mal en absoluto, al menos, de momento. Y, joder… Que me quiten lo bailao. Y aún me queda minuetto, si dios quiere.
Con esto, me refiero a que otra cosa no, pero podéis estar seguros de que soy ABDL hasta la médula XD. Y hombre, fracasado, lo que se entiende por fracasado, desde luego, creo que no soy. Otra cosa es que mi cabeza me juegue malas pasadas con esos temas, que me las juega. Pero esa es otra historia, «que será contada en otra ocasión«.

Una ocasión en la que no tenga pipí, por ejemplo…
Por supuesto que ha habido malos momentos y etapas oscuras e incluso muy oscuras. Lo he reconocido en el blog a menudo. La vida no es fácil. Y, bueno… quizá seas un rarito, pero ¿qué le vas a hacer? Eres lo que eres. Todos nos hemos sentido condenados, fracasados o desilusionados. Yo, aquí donde me leéis, he estado en tratamiento psiquiátrico (“no entiendo nada de lo que me estás contando: toma estas pastillas” –sic–) muchas veces en mi vida: entre los 21 y 22 años, entre los 24 y 25, a los 30, a los 41… Y creedme: el ABDL no tuvo nada que ver en ninguna de ellas. Al revés: si acaso, me sirvió como válvula de escape, como un refugio al que volver para sentirme seguro. Sumó y nunca restó.
Hoy quiero transmitir un mensaje positivo a todos esas personas ABDL -o kink en general- que se atormentan por serlo y creen que eso les mediatizará negativamente para el resto de sus vidas, como si tener un fetiche fuera una maldición bíblica. No os juzguéis a vosotros mismos ni a la vida tan severamente y seguid buscando vuestro sitio; estoy seguro de que lo encontraréis (joder, si yo lo encontré, vosotros también podéis). Siempre merece la pena luchar y os lo dice alguien que de mierdas mentales entiende un huevo, no hay más que ver mi historial psiquiátrico. Un chico de barrio, de colegio público y biblioteca pública, no el típico millonario que hace charlas de TED («uuuuuuh, cree en ti mismo y el universo conspirará para concederte tus deseos, uuuuuuuuuuuuuuuuh…» ¡Anda y cómeme la p_ _ _ a!).
No eres ningún fracasado. No lo somos. Solo necesitamos respirar hondo de vez en cuando y que mami, papi o la seño nos pongan el pañal y nos mimen un poquito ;).
Abrazos y azotitos.
Stephan
Un comentario en “¿Fracasados?”