Edito: Me he dado cuenta de que por un error esta entrada se había publicado de forma restringida. ¡Corregido!
¿Ser ABDL o no ser? Esa es la cuestión.
Como decía un colega mío cuando se emborrachaba: “Buenas tardes. Inspector de culos mojados. ¡Bájese los pantalones!” La de veces que se lo oí decir y pensé: “Joder, si en vez de inspector fuera inspectora, todo bien. Y si me pone pañales, ni te cuento” XD.
Hoy, al calor de este tardío pero ardiente verano -al menos en la gran ciudad-, quería hablaros de algo serio. Este es un post que he venido postergando durante los últimos meses, sobre todo para que pudierais disfrutar de la cojo-mega-historia ABDL que he venido subiendo por entregas y que es más o menos una especie de manifiesto de este blog. Podéis empezar a leerla aquí y tenéis todos los episodios en el menú, arriba a la derecha.
+++Fin de la innecesaria promosió+++
La segunda razón por la cual he retrasado el hablar de este tema es porque, en general, a mí me gusta más el ambiente festivo, por no decir de cachondeo. Sin embargo, no quiero dejar de tocarlo. Ya empezamos a hacerlo aquí, y hoy seguimos.
Empezaré por deciros algo que quizá no os asombre mucho: esto de ser ABDL pues…. en fin: no es normal. Haré una pausa para que lo asimiléis.
+++Paussa dramática+++
Por favor, que nadie se escandalice. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ni me llene la sección de comentarios con lugares comunes (“¡aaaah, ooohhh! ¿y quién define lo que es normal? ¡Mimimimimimi!”). En el blog siempre hemos priorizado el sentido común sobre cualquier otro -excepto, quizá, el del humor-, así que asumamos el adjetivo sin ninguna otra connotación adicional a su significado según la RAE: “habitual u ordinario”.
La premisa, por tanto, es que ser aficionado a usar pañales y chupete mientras finges que eres un niño pequeño no es normal. Y no me toquéis los cojones: no lo es y se acabó. No lo es porque no es ni habitual ni ordinario que un adulto haga eso. Yo intento usar la cabeza y tiendo a creer que la verdad existe así que, por favor: si queréis luchar contra algo, luchad contra la injusticia, no contra las matemáticas o la realidad.
Ser ABDL no es normal. Si lo fuera, explicadme por qué tantos ABDL’s tienen dificultades para encontrar pareja o, por así decir, cumplir sus fantasías. Por qué temen abrirse y por qué albergan sentimientos negativos sobre algo que les hace felices. O debería.

¿Normal? ¿En serio?
No obstante, vamos a dejar las polémicas a un lado, porque en Historias ABDL no nos interesan mucho las polémicas. Somos más de acercar que de separar a las personas. Para separarlas ya están los medios de incomunicación. Y para convencernos de lo mala que es la gente que no piensa como nosotros. ¡Crom les confunda!
La cuestión es la siguiente: de la misma manera que a los que dicen “el rock ha muerto” yo les contesto, parafraseando a Homer: “da igual, porque a mí la muerte me mola un mazo”, a la afirmación “ser ABDL no es normal” solo se puede responder con un rotundo: “¿Y qué?”. Las más veces la conversación devendrá algo parecido a esto:
-Soy ABDL
-Es que ser ABDL no es normal.
-¿Y qué?
-Pues eso, que no es normal.
-¿Y qué?
-Pues que es raro, yo qué sé. Que casi nadie es ABDL.
-¿Y qué?
-Ay, mira, cambiemos de tema.
A lo que voy, peña, es que no hay nada inherentemente malo en la anormalidad. Normal no significa “bueno”. Significa eso: “normal”. Lo anormal no es por definición maligno, execrable o perjudicial. Algunas conductas normales -en el sentido de habituales- son malas (como la hipocresía) y algunas anormales son buenas (como el altruismo). No se me ocurre ninguna razón por la cual se deba proscribir lo anormal, salvo que seas uno de esos individuos cuya máxima aspiración es la de tatuarle a cada ser humano un código de barras en la frente. Que los hay, ¿eh? Se llaman a sí mismos políticos.
Uno puede ser anormal y buena persona. Puede ser normal y mala. Sabiendo eso, que no por obvio viene mal recordar, ¿qué más da si ser ABDL es normal o no? Es más, y aun a riesgo de ponerme orteguiano: ¿desde cuándo lo normal tiene connotaciones aspiracionales? ¿Por qué debemos buscar la normalidad? ¿Hay una alegría o bienestar intrínseco en lo normal? ¿Quién lo garantiza o, al menos, lo postula?
¿Hará falta decir que algunos actos o ideas anormales son malas? Pues claro que lo son. Pero lo que nadie ha podido demostrar, justificar o argumentar -racionalmente, no desde posturas integristas- es que ser ABDL sea algo malo, por muy anormal que resulte visto desde fuera.
Otra cosa es cómo te haga sentir esa tendencia o inclinación para contigo mismo o con los demás, si sufres por ello. Pero sufrirás porque te sientes solo, porque no lo puedes compartir con nadie, porque te preocupa lo que otros piensen de ti, porque temes generar un conflicto con tu pareja si se lo dices, etc. Eso es diferente, y ahí cada cual tiene el deber ineludible de posicionarse frente al problema y decidir qué quiere o no quiere en su vida. En cualquier caso, parece evidente que no es ser ABDL lo que daña, sino la forma de gestionarlo. Y en ese sentido (lo siento, inglispitinglis), existen algunas publicaciones sobre la experiencia ABDL muy interesantes y que recomiendo a quien tenga esa clase de conflictos psicológicos; quizá le sirvan de algo.
Admitámoslo: la vida no se soluciona con ser normal. Se soluciona con buscarle un sentido, desarrollarte y estar en armonía con lo que te rodea, que no es poco. Y diferenciando tu vida privada de tu vida pública y tu intimidad de la de los demás. Y de muchas otras maneras. No con ser normal. La normalidad no es garantía de nada.
Por eso, en Historias ABDL hacemos nuestra divulgativa y lúdica labor desde una perspectiva positiva, alejándonos de dramas e intentando ser justos y objetivos con nosotros mismos y con los demás. No pretendemos normalizar nada, solo dar a conocer la práctica y contribuir a desestigmatizarla (¡toma palabro!). Y lo mismo con el BDSM, del cual solemos tratar una de sus ramas; nuestra rama favorita.

Aunque ramas, lo que se dice ramas, nos molan más…
Ya lo he dicho alguna vez, pero cuando escuché en CSI lo de “hay hombres que solo pueden amar a su madre”, casi me da algo. O cuando en cierto episodio de Bones en el que se mostraban prácticas de pony play el gilipollas del protagonista decía, muy sentencioso: “Esta vida sexual es una mierda” y Bones -a la sazón, también gilipollas- le daba la razón.
En fin, chicos. No quiero enrollarme más. Espero haber sido claro. No pasa nada por ser ABDL, aunque no sea muy normal.
En breves, más historias, incluyendo la secuela de esta. ¡Y muy pronto cumplimos un año! A ver qué se nos ocurre para celebrarlo (admito ideas).
¡Pasadlo bien, mojacamas!
Stephan