Lo he dicho varias veces y lo sigo diciendo: aunque tendamos a pensar que hay muy pocos ABDL, la auténtica verdad es que somos todos los que estamos, pero no estamos todos los que somos.
Hay muchas razones para no decir “Soy abdl”. La primera, claro, es la vergüenza, el dichoso “qué dirán de mí”. Pues bueno. Dirán que eres ABDL. Lo tendrás que asumir. No te apures, rey…
De miedos muy similares, en el fondo, ya se reían los Mecano hace 25 años.
También es porque no todo el mundo se autoexamina ni tiene una rica vida interior, por decir así. Hay muchas personas a las cuales la inercia del día a día les puede tanto que nunca se han parado a pensar qué fantasías tienen ni cuáles les gustaría poner en práctica. No es raro que la gente descubra sus fetiches a los 40, por ejemplo. Ni que no los disfrute hasta los 50. O nunca jamás.
Ahora bien; no pretendo con esto criticar ni culpabilizar a nadie de lo que siente y cómo lo siente. Yo soy ABDL y lo llevo muy bien; otras personas, no tanto. Lo cierto, y esto también lo he de decir, es que cuando hace 20 años me relacionaba con otros kinksters, todos teníamos la sensación de que en el futuro -o sea, ahora- este tipo de prácticas, fantasías o conductas estarían mucho más aceptadas y nadie tendría que esconderse en exceso para llevarlas a cabo. Sin embargo, mi percepción actual es que, aunque la comunidad ha aumentado gracias a internet y el número de chicas abdl es mayor que antes, la aceptación sigue siendo problemática, al menos en mi país.
Tampoco creo que la cosa sea mucho mejor en el extranjero. Los españoles tendemos a pensar que vivimos en el Paleolítico, pero luego cruzamos la frontera y nos damos cuenta de lo mucho que se estilan las flechas de sílex en Francia, las lascas en Alemania y las pinturas rupestres en Inglaterra. No sé si me explico.
Casi os puedo escuchar diciendo: “¿Y a mí qué cojones me cuentas, pitufo filósofo?” XD.
Ya vooooooooooooooooooy, ya voooooooooooooooooooooy. ¡Qué impacientes, joder, no puede uno reflexionar ni dos párrafos!
Hoy os traigo una anécdota relativamente reciente y que abonará mi tesis al respecto de los pocos que se atreven a decir lo de “yo soy ABDL”. Os aseguro que es verídica y que sucedió en un contexto completamente natural. Pinky promise.
De vez en cuando juego a videojuegos online con mis amigos de toda la vida. Cada uno hemos ido a parar a puntos distintos de la geografía de España, pero hacemos lo posible por mantener el contacto. Y…bueno, lo de jugar online suele ser más divertido, así que con los colegas de siempre, pues mucho más. La mitad de las veces no atendemos apenas y nos dedicamos a contarnos nuestras vidas y a meternos los unos con los otros. Nada de raro ahí, imagino que más o menos todos los tíos que pasamos de los 30 y/o 40 hacemos lo mismo.
Un día que habíamos quedado para jugar Mobas, uno de mis amigos -vamos a llamarle Raúl- llegó tarde y el muy cabrón, además, borracho como una cuba después de una comida de empresa o similar, así que, si ya no solemos hacer mucho caso a los juegos, aquel día menos que nunca.
Empezamos, para variar, a meternos los unos con los otros (“no sé si eres más manco que gilipollas o al revés, tron…”, “dios, solo de oír tu voz de mierda me pongo enfermo…”, etc.). Perdimos la partida, claro, pero como somos unos putos cuarentones, nos gusta pensar en que al otro lado de las pantallas habrá un puñado de adolescentes autoafirmándose gracias a esa, su ridícula victoria. Y eso es bueno, como el yogurlado XD.
En fin. El caso es que juntar a unos cuantos maromos -uno de ellos borracho- a decir barbaridades por un chat es fórmula segura para que acaben hablando de sexo. Y así fue. Que si tal personaje del juego me recuerda a fulanita, que si el otro día salió menganita en una noticia, “joder, cómo le daba”… Todas esas cosas. Muy bronversation, ya me entendéis. Tampoco va a ponerse uno a charlar de metafísica mientras aniquila monstruitos electrónicos, ¿no?
En un momento dado, salió el tema de cierta celebridad nacional que, como sabemos todos en la pandilla, es el amor platónico y no tan platónico de Raúl. No le juzguéis, seguro que a todos y todas (y todes, venga) os pasa lo mismo. Cada cual fantasea lo que quiere, ¿qué pasa? 😛
A partir de aquí, voy a intentar transcribiros el diálogo entre los 3 amigos que estábamos conectados: Raúl, David y yo (Nenito), tal y como, más o menos, lo recuerdo. ¡Pasen y vean la bronversation!
Disclaimer: Nivel de Bro-ismo EXTREMO XD
R: Ayyyyy. Ella no sabe ni que existo, pero yo la amo. ¡La amo!
N: Tíiiiiio, qué mal. Se ha echado un novio nuevo, según la prensa. ¿No te mueres de rabia? ¿No querrías retar a duelo al novio y cargártelo?
D: Igual con follártela te dabas por satisfecho, con novio nuevo o sin novio nuevo. Tú no eres celoso, ¿no?
R: (borrachísimo y con la voz gangosa) ¡Blasfemia! ¡Blasfemia! Si yo no soy digno, ¿quién lo va a ser?
N: Ya, yo creo que solo con poder dirigirle la palabra te daba un síncope. Y follar, ni hablamos.
R: Yo solo quiero estar a sus pies. ¡Mi señora! ¡Mi diosa! ¡Aquí me tienes!
D: (citando en tono épico)»¡Arise, my champion!«
N: (continuando la cita) ¡At your side, my lady!
R: Haría todo lo que ella me dijera.
N: (Risas) ¿Como qué, tío turbio, como qué?
R: Me vestiría como ella me dijera. ¡Yo qué sé!
N: Algo me dice que tienes alguna cosa en mente.
D: ¡De humilde lagarterana!
N: ¡De oficial de la Werhmacht!
R: Nah, nada de eso, ¡qué va! Ni de lejos.
N: Huuuuy… qué misterioso. Seguro que es algo delirante, inconfesable…¡Penitenziagite!
D: ¿Qué será? ¿Qué será?
R: ¿Y si fuera, por ejemplo, un traje de cuero?
D: No sé, no te veo yo en plan amo exigente con ella.
R: Nah, no es eso, no…
N: Eh, tron, tranquilo, tus fantasías son tuyas. Paz, hermano.
R: ¿Y si fuera su mascota?
N: Pues muy guay. A mucha peña le mola eso.
D: Bastante, sí. Furros a tope.
R: (dubitativo) Y si fuera… ¿un pañal cagado?
(y se hizo el silencio)
N: (Retomando la conversación unos larguísimos segundos después) Pues hombre, la mayoría de la gente te diría que eso es una perversión aberrante, pero en mi opinión, la única forma que habría de describirte es: “El puto amo”.
R: (Riendo) Pero solo sería en ocasiones especiales. Yo sería su niñito…
N: ¿Una mami que te haga mimitos y te limpie el culete? ¿Quién no quiere eso, jajaja?
D: (Entre descojonado y estupefacto) ¿Queréis atender a la pantalla, cerdos de mierda?
Resultó que Raúl, quién lo iba a decir, también es ABDL. Y mira que hemos sido amigos durante más de 20 años. Fuimos a la misma facultad. Nos hemos emborrachado juntos miles de veces. Hemos salido, viajado y compartido mil experiencias. Y nunca en esos más de 20 años había reconocido o siquiera mencionado la cuestión. Ni aun medio sabiendo ya, como medio sabía, que yo soy ABDL.

Por eso, mi propuesta es que os arméis de fe y paciencia: el día que menos lo esperéis, algún compi ABDL saldrá del armario delante de vosotros. Y espero que estéis allí para tranquilizarle, decirle que no pasa nada y… ¡quién sabe! A lo mejor, si los dioses de la heterodoxia y el frikismo así lo quieren, para mucho más 😉
Somos legión.
¡Divertíos, peques!
Stephan