Me acuerdo que más bien al principio -y me encantó- interactué un poco con una de las middle, que era el amor en persona. No diré “hablé”, porque no aplica. Ella y yo sabemos por qué ;).

Y… sí. Te confirmo que a mi Osi le gusta el heavy metal. Aquí aparece curioseando mi pañal pero, créeme: le encanta
Luego, lo único que me vi capaz de hacer fue abrazarme a mi Osi y buscar a la seño con la mirada. Pero la seño no estaba allí :(. Vendría más tarde para el roleplay de las adopciones (si sobrevivía a la hora de espera con el calorazo, que esa era otra). Tenía que sobreponerme a su ausencia y soltarme un poco. Animarme. Divertirme. “¡Vamos, tío!” -me decía- “¡Estás sentado a una mesita en onesie, peto y pañales junto con otros dos little! ¡Tienes colores, papeles, peluches…! ¡Tienes de todo, como el de las gambas y los chopitos! ¿A qué esperas, gilipollas? ¡Ríe! ¡Salta! ¡Méate encima!”.
Eso fue, más o menos, lo que me estuve repitiendo la primera media hora del evento, sentado a la mesita, pero no había manera de relajarme ni de conectar, ni de entrar en littlespace. Mi nivel de frustración, como os podéis imaginar, comenzó a despuntar. Las razones son desconocidas para mí: quizá es que nunca había compartido mi littlespace con nadie salvo con la seño pero, por otra parte, os aseguro que un servidor carece por completo de lo que la gente normal llama “vergüenza”1. Y, si no se trataba de vergüenza, entonces, ¿cuál era el problema? ¿Por qué no me dejaba llevar?
¿Qué me pasaba? Ni idea. Y, precisamente, el hecho de no entenderlo me angustiaba más y más. Una y otra vez me repetía: “Pero tronco, si tú eres un tío sin inhibiciones, la única persona en el mundo que es igual borracha que sobria1, ¿qué te pasa?”. Entré en bucle y empecé a pensar que a lo mejor me había equivocado, me había juzgado mal a mí mismo y a mis capacidades. Y vuelta la burra al trigo: “¿Cómo puedes ser tan bobo?”. Etc.
Me costaba horrores mirar a cualquier persona que no fueran los little que estaban conmigo. Notaba una presión enorme en la garganta: algo abrumador, como una mano que tirara de mí hacia afuera, que me quisiera sacar de allí cuanto antes y a lo bestia. Por absurdo que parezca, me llegué a sentir fuera de lugar cuando, irónicamente, jamás había estado en un lugar más apropiado para mí. ¡Figuraos!
En esos momentos, si de veras hubiera estado la seño conmigo, creo que habría huido. Y no he escogido la palabra al azar. No digo “ido” ni “marchado”, sino “huido”.
Creo que debía tener cara de angustiado, porque el staff se volcó conmigo, como ya os conté, y rara vez me he sentido más arropado ni he podido expresarme con semejante libertad acerca de estos gustos y tendencias míos. Hicieron cuanto estuvo en su mano y, gracias a ellos, pude soltarme un poquito y ponerme a dibujar y pintar tímidamente, aunque me costó lo indecible. Mis dieses a Altana y a todos los demás. Y un millón de gracias también O:).
Truqui 6: Confía en el staff. Ellos saben más que tú. Seguro.
Quiero resaltar que el único responsable de estos sentimientos fui yo. No fallaba nada en concreto. Ni el momento, ni el lugar, ni la compañía, ni nada de nada. No quiero asustaros tampoco ni echaros para atrás al contarlo; al revés, creo que probar cosas nuevas es casi siempre bueno. Pero también creo que esos experimentos pueden desatar reacciones impredecibles y es importante ponerlo de manifiesto, para que nadie piense que todas las experiencias que merecen la pena son unidimensionales. La mayoría no lo son. Es necesario concebirlas como un todo.
Por hacer una comparación: imaginaos que hacéis paracaidismo por primera vez. El momento de tiraros desde el avión al vacío quizá fuera muy difícil, pero la experiencia en su conjunto puede haber sido genial y ese instante de duda, de miedo o de frustración no la empaña, sino que le confiere cierta grandeza. Hay una fase de duda y dolor antes de alcanzar la gloria. No llegas, ves, triunfas y te vas. ¡Julio César solo ha habido uno en la historia, tíos!

Aquí tenéis mi cojo-mega-obra de arte, por cierto ;).
Y esto no es nada: mi compi little hacía virguerías con la plastilina. Me quedé con las ganas de pedirle que me regalara uno de sus muñequitos como recuerdo, pero la seño no me dejó (¡seño mala! :(). Yo me limité a hacer arcos y arcos de plastilina cosa que, lo reconozco, me sirvió para tranquilizarme. Mi compi también pintó e hizo sus dibujitos más tranquilo que nada y -eso segurísimo- más tranquilo que yo. El otro peque, como era más pequeño, no tenía todavía esa capacidad, pero inquietudes, lo que se dice inquietudes, las tenía todas. ¡Menudo trasto estaba hecho! 🙂
Alrededor de la hora en la que entraron los papis y mamis (debió ser sobre las 19), yo me había tranquilizado bastante y me sentía más alineado con mi little interior. Era capaz de participar activamente junto con los compis y el staff, podía dibujar, jugar con la plastilina y, en resumidas cuentas, estar más contento.
La primera hora del evento termina aquí :). Y ahora vienen cosas bonitas. Muy bonitas y muy íntimas.
¡Emocionantes!
Stephan
(1) Según la ya muy vieja máxima de uno de mis mejores amigos.
2 comentarios en “¡LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO! (II): NUBARRONES”