Fue algo progresivo, un poco como cuando te metes en el baño con agua muy caliente y al principio molesta, pero luego es genial. El peso del que os hablé y que me había estado atormentando desde el principio del evento se fue desvaneciendo. O disolviendo en ese agua caliente, si queréis ;). Y de veras hacía calor, pero no demasiado. Se estaba bien allí.
El proceso tuvo mucho de monólogo interior o conversación conmigo mismo. Había una vocecita que me iba chivando en la oreja lo que debía decir y hacer y yo simplemente lo hacía y le daba las gracias mentalmente por haberme ayudado. Cuanto más caso le hacía, más aliviado me notaba. No solo de mi frustración inicial, sino de muchas otras movidas que estaban allí antes de que empezara el evento. Lo de siempre, vaya: mis eternos conflictos mentales, existenciales, laborales… Llegaría, poco después, un momento en el que no existirían, pero yo aún no lo sabía.
Así como una hora antes había acumulado sentimientos negativos, a eso de las ocho u ocho menos cuarto, acudieron solo cosas positivas a mí. Hasta generar algo así como un estado mental -casi diría un estado alterado de conciencia- completamente nuevo para este vuestro Nenito.
Su primer componente, en primer lugar, era una sensación muy pronunciada de potencialidad. Como si hubiera recuperado una libertad primigenia, inconsciente, que superaba el hacer o no hacer y que consistía más en una forma de experimentar el mundo que de relacionarse con él. Sin ninguna razón particular, gracias a esa potencialidad, me tiré sonriendo no sé cuanto tiempo. A veces con la boca, otras veces solo con la mirada y, las más, con ambas. Seguro que ponía cara de bobalicón; si es el caso, fue cosa natural XD.
También tenía ganas de jugar, de tener muchos amigos, de querer a todo el mundo. Mejor dicho: de aprovechar el tiempo queriendo a todo el mundo. Nada de lo que había a mi alrededor me parecía aburrido ni falto de interés. Y, por eso, no había ninguna razón para no ser feliz ni para estar triste. Mi nuevo yo daba por hecho que la felicidad era mi estado natural y que lo raro había sido perderla por el camino.
Este nuevo “yo” ya apenas podía abstraerse y analizar sentimientos de forma objetiva. Sobre todo porque una de sus tendencias más marcadas era la de no analizar, racionalizar ni clasificar nada de nada. Mi enrevesada y cuadriculada cabezota había sido desplazada por una especie de caos multicolor y azucarado. Absolutamente benigno, pero muy poderoso. Implacable y, al mismo tiempo, inofensivo.

Más o menos así, pero con el sabor de cien gominolas diferentes…
Me di cuenta de que ya no pintaba: disfrutaba pintando. Ya no reía: disfrutaba riendo. Y era mucho más que maravilloso sentirse así: era mágico. Comprendí que estaba ante una oportunidad nueva para mí y tenía que dejarme ir. Así lo hice. Ya lo dijo el poeta, ¿no?: “¡Al mar, al mar, y no pensar en nada!”. ¡Pues hala! ¡Allá iba yo!
Justo entonces una de las middle (la llamaremos Bea) se vino a jugar con nosotros porque, al parecer, había terminado su tarea. “Yo cuido a los pequeños, no os preocupéis” dijo. Se sentó a mi lado y yo me puse super contento solo porque ella estaba allí. Ya sé que suena estúpido, pero es la verdad. Estaba genuinamente encantado de que se hubiera venido con nosotros. Incluso reconozco que me la quería quedar solo para mí. Quería que fuera mi amiguita. ¡Yo tenía que ser muy bueno y muy dulce con ella para que se quedase a jugar conmigo! 😀
Y jugamos, claro que jugamos. Me hizo dibujos y yo los coloreé. Le conté sobre mis colores favoritos, las cosas que me gustaba hacer y ella también me contó. Yo me abrí un poquito y ella se abrió un poquito. Sobre todo conmigo, porque mi otro compi no me acuerdo muy bien qué estaba haciendo, y el super-peque… muy en su línea, tocando las narices, jajajaa.
Bueno, y ya que he citado a Manuel Machado y este post está quedando casi demasiado emotivo, vamos a poner este temón solo para partirnos el culo XD
Como os digo, pinté y dibujé con ella. Y le demostré que yo también sabía los números y esas cosas de mayores y ella se sorprendió mucho. Claro, vosotros diréis: menuda hazaña la de saber contar con 45 años, pero tened en cuenta cómo me sentía yo entonces. Creedme: fue un logro solo digno de un nenito tan abnegado como yo ;).
Hablamos mucho rato, no sé cuanto. Para mí fueron horas, aunque no creo que pasara de media, en realidad. Y Bea me regaló un avión de papel :D. Me hizo mucha ilusión, hasta me parece que me puse colorado y todo de la emoción y lo lancé varias veces para verlo volar. Creo que ella también se sentía bien allí conmigo.
-¿A qué quieres que juguemos? -me preguntaba
Y yo solo la miraba fijamente y le decía sonriendo:
-A montarnos en este avión y marcharnos lejos, muy lejos.
-¿Pero dónde quieres ir?
-No sé, pero muy, muuuuuuuuy lejos. Y juntos. 😀
-Jajajaja. Qué cosas tienes. Pero no podemos montarnos en un avión de papel…
-Sí, sí, sí… Ya verás como sí 1.
-Desde luego, imaginación te sobra…
-Sí, la seño dice que tengo mucha imaginación.
-¿Y por qué has pintado esto de aquí de azul?
-Me gusta el azul. Yo tengo los ojos azules O:).
-Ah, es verdad. Qué bonitos.
Etc…
Fue muy buena y cariñosa conmigo ^^. Tengo el dibujo que hicimos guardado en la mesita como si fuera un tesoro O:) ¡¡Gracias, Bea!! Fuiste un amor con este nenito, digamos “nuevo en el mundo”.
Todo iba mejor que bien. Era maravilloso. Emocionante. Emotivo… y 0% sexual. ¡Ni siquiera yo mismo comprendía lo que estaba ocurriendo! Pero a) Me daba exactamente igual y b) quería seguir en ese mismo estado el mayor tiempo posible. Si no para siempre, casi, casi… 😉
Entonces ella dijo algo. Algo completamente inocente. Algo que encajaba al 100% con la situación y que yo debía haber recibido con una sonrisa de bobalicón aún más exagerada que la que ya lucía.
Fue un simple cumplido, un cumplido al 100% inocente, insisto. Amable. Hasta oportuno.
Y, entonces… ¡Tambores! ¡Tambores en lo profundo…!

(1) Sí, una niñería. Pero ahí está esa potencialidad de la que os hablaba. No lo dije del todo en broma. Una parte de mí (ese nuevo yo) lo creía posible.
Un comentario en “LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO (IV): «SHINE»”