Categoría: curiosidades

CUATRO POSIBLES RAZONES POR LAS QUE SOY ABDL

Si algo nos une a todos los ABDL del mundo es la necesidad de hacernos preguntas sobre el origen de nuestros gustos (esas sí que son historias abdl recurrentes). En mayor o menor medida, es algo que nos intriga: ¿Por qué yo y no otra persona? ¿Hay alguna forma de saberlo? ¿Existe una predisposición genética? ¿Es mera casualidad?

La verdad: no tengo ni idea.

En internet, al menos hace 20 años, las escasas teorías con las que uno se encontraba giraban en torno a lugares comunes de la psicología: traumas infantiles y demás. Todo muy de andar por casa, como os imaginaréis (“Si te gusta ponerte pañales, es que te maltrataron de niño y tal y cual…”). Si ya me sonaba bastante burdo, imaginaos a medida que iba conociendo más gente en internet -y en persona-, hablando con ellos de este tema y dándome cuenta de que no había absolutamente ningún patrón común. Que cada uno éramos de nuestra padre y madre, vaya. Es más: nadie refería nada relativo a traumas infantiles ni similares. La inmensa mayoría de estas personas habían tenido infancias normales, felices, padres afectuosos y demás.

En otras palabras: los fans de Bergman se podían ir a pastar. Nada de maltratos ni brutalidades físicas ni psicológicas. Que no. Y se acabó.

La escena de “¡muere, maldito!” me ponía los pelos de punta de joven

Hay muy pocos estudios científicos sobre el ABDL. No me preguntéis la razón, a lo mejor tiene que ver mucho con la cuestión de la que hablábamos en esta entrada previa, pero en donde no se adentran los expertos, los aficionados -o, simplemente, practicantes- digo yo que tenemos carta blanca, ¿no?

Así que aquí van, sin ningún orden particular, CUATRO HECHOS o razones, si queréis, que podrían haber influido para que me convirtiera en ABDL:

ENURESIS NOCTURNA

Sí, vale: un nombre muy enrevesado para definir algo tan sencillo como el “mearse en la cama” de toda la vida. Yo estuve dentro del 15/20% de niños a los que les pasa. Como consecuencia de ello, usé pañales por la noche hasta poco después de cumplir 7 años. Si me gustaba o no me gustaba usarlos, es difícil de decir. Retrospectivamente, lo único que podría decir es que no me disgustaba. O que no me disgustaba tanto como se supone que debería disgustarme, vaya. Ya hablaremos más de eso.

Este factor no se repetía tanto como cabría suponer en otros ABDL. Por mis propios datos -no es que tenga un Excel, vaya- y a ojo de buen cubero, solo entre un cuarto y un tercio de los ABDL habían mojado la cama y usado pañales (o no) por ello.

DESAPEGO

La verdad es que el título/tag no es muy bueno, pero no se me ocurre otro. Me refiero a si los ABDL hemos tenido un cierto problema de distanciamiento o desafección respecto a nuestros padres y parientes más cercanos. Cuidado: no hablo aquí de maltrato, ni mucho menos. Hablo de conflictos o carencias afectivas no resueltas. Sentimientos de soledad, incomprensión o decepción relacionados con otras personas habitualmente convivientes durante la infancia.

En mi caso, con toda seguridad hay un componente de este tipo, aunque no sé hasta qué punto intervendría en la fórmula. Muchos de mis amigos o conocidos ABDL mencionaban sentimientos parecidos, pero ninguno los veía tan importantes en la gestación del fetiche.

FANTASÍA

Fui un niño, un adolescente y un joven con una fantasía desbordante, en algunos casos rozando lo enfermizo -no digo patológico de milagro-. Este factor contribuía a generarme imágenes, contextos y referencias muy intensas en mi día a día, incluido lo relativo a historias ABDL. Digamos que mi rico mundo interior trataba de compensar el aburrido y pacato mundo exterior. Esa fantasía, por supuesto, me sigue acompañando en la vida adulta, aunque ya no es siempre para bien, como me ocurría antes. Qué le vamos a hacer.

Y me gustaban las banderas

Aquí, aunque parezca extraño, sí que coincidía bastante con otros ABDL. A menudo teníamos gustos o aficiones parecidas o vinculadas, especialmente con aquellos que tenían un lado AB más pronunciado.

TEMPERAMENTO MELANCÓLICO

¡Ja! Primero me meto con los “fans” de los traumas infantiles y ahora voy y saco a Hipócrates XD. Esto sí que es columpiarse, ¿eh?

En fin, me refiero a ciertos tipos de carácter más tendentes a la depresión que otros, vaya. Personas particularmente sensibles, artísticas, perfeccionistas, obsesivas, con tendencia a la idealización y, por norma general, más introvertidas que extrovertidas.

Este patrón se daba con cierta frecuencia, pero no me parecía significativo, puesto que no deja de ser una especie de arquetipo psicológico de entre los muchos que hay, y además desfasado de narices. Se necesitaría un estudio más profundo para valorar estos patrones, además de unos conocimientos que yo no tengo.

Y esto es todo. ¿Cuáles son vuestras 4 razones?

Nos vemos, meoncetes.

Stephan

ABDL: ¿Nuestro y solo nuestro?

A poco que uno busque por internet o husmee la wikipedia se encuentra con algunos datos verdaderamente insólitos. Por ejemplo, según no sé quien, resulta que 1 de cada 1.000 personas es ABDL. Por ejemplo, si vivieras en Bilbao, que sepas que hay 400 ABDL -suficientes para montar una cojomegafiesta de las de petarlo- viviendo contigo en la misma ciudad. En Barcelona, más de 2.000 y en España (insisto, según no sé quien), haciendo una cuenta muy sencilla, resulta que habría unos 45.000 ABDL’s. ¡Medio Lugo! ¡Un tercio de Tarragona!

¿Entonces por qué cojones no hay una super mega convención de ABDL’s todos los años en IFEMA? ¡Sería la caña! Con cobertura de prensa y con los políticos apareciendo para hacerse la foto y convencernos de que ellos son ABDL de toda la vida, y que si no les votas, los del partido contrario prohibirán los pañales con estampados chulos, los onesies tamaño adulto y las palas de spanking con lemas sensuales y tal y cual…

Vale, juro no hablar más de política.

De esto sí, ¿eh?

Cuando, hace muchos años, me topé con la estadística en cuestión, que es tan antigua como apócrifa – creo- me quedé patidifuso. Éramos muchos; ¿por qué asomábamos la cabecita tan pocos? Os hablo de hace 15 o 20 años; ahora la cosa ha mejorado, pero antes de que existiera Tumblr, en la época de los foros (pasaros por este si os mola el ABDL), y los grupos de MSN, no digo que fuera tabú, pero como mínimo era muy minoritario.

Luego, cuando me fui haciendo mayor (que no viejo), comencé a preguntarme, debido a muchas razones que os iré detallando en otras entradas, si de veras hace falta “salir del armario”, y si salir es algo inequívocamente bueno para todos los ABDL. Quiero decir: está claro que queremos hablar de lo que nos gusta, practicarlo y encontrar personas que compartan nuestros gustos, ya sea por amistad, afinidad o porque queremos que nuestra pareja sea también ABDL y en Tinder, que yo sepa, no existe la etiqueta “me hago pipí” ni ninguna parecida. Que, ojo: si la estadística de antes es cierta, no entiendo por qué no :P. ¡Debería! Desde Historias ABDL lo reclamamos.

Vivimos en una sociedad en la que todo lo que hacemos está siendo evaluado, medido, juzgado y clasificado, prácticamente en tiempo real, por los grandes poderes tecnológicos y los límites entre la vida privada y la pública son cada vez más difusos. Parece que, de algún modo, se nos obliga a exhibirnos como objetos de adorno y a formar parte de un mundo virtual cuyas reglas ni establecemos ni podemos cambiar, pero que nunca nos favorecen. Incluso hay presiones para participar en él y de él, ya sabéis: “Si no estás en la app chachipeich, no te enteras de nada”, “Date de alta en instasap, no seas antiguo”, “Puedes verlo en mi perfil de Turbochof”, etc. Tener privacidad, tranquilidad, intimidad, anonimato, está pasado de moda. Si no quieres ponerte en el escaparate a posar, eres un troglodita.

En consecuencia, nunca hemos estado más sojuzgados ni sometidos al arbitrio de los demás. No de nuestros amigos, familiares o allegados, no (que tampoco me vale, pero ya hablaremos de eso). Del “público”. De “la red”. De gente que ni siquiera conocemos. Y sin embargo, parece que importa mucho lo que piensen, o nos debería importar.

En este marco, digo, ¿por qué no es preferible y enriquecedor el guardarnos nuestros gustos para nosotros y nuestras parejas/amigos/ligues/whatever? En vez de obsesionarnos por ganar visibilidad y hacer que el público entienda lo que hacemos o lo que somos -cosa que probablemente nunca haga- ¿por qué no, simple y llanamente, pasar del público? ¿Por qué no mandar a ese público a tomar por el culo, básicamente? Y, además, como decía cierto famoso escritor: ¿Quién es el público y dónde se le encuentra?

A lo mejor no es tan importante que se nos comprenda. ¿Quién nos tiene que comprender? Y, sobre todo, ¿para qué? ¿En qué iba a mejorar nuestra situación, individualmente considerados todos y cada uno de los ABDL?

A mí me gusta creer que, por ahí, pensando algo parecido, hay en este mismo momento miles y miles de nenitos y nenitas cochineando, haciéndose mimos y calentándose mutuamente esos culitos traviesos (por supuesto, con erótico resultado). Yo sé que nunca me dejarán verlo, ni me enviarán fotos, ni vídeos ni nada. Y está bien. Porque resulta que la estadística de 1 entre 1000 a lo mejor es verdad, solo que nosotros somos así de discretos y nos gustan los secretitos. A ver si no por qué todas las compañías que venden historias ABDL repiten una y mil veces lo de “discreet shipping”.

¡Siempre!

¿Y quiénes podrían ser esos cientos de miles? Cualesquiera. Podrían ser conocidos míos, o mi jefe y su marido, o los simpáticos millenials que se acaban de mudar al edificio. Me gusta pensar que hay miles de personas que han construido su refugio ABDL y que son felices en él, como yo lo soy en el mío, sin necesidad de buscar aprobación, comprensión ni sensibilización (detesto esa palabra) respecto a lo que hacen o dejan de hacer.

Si hay alguna militancia que merece la pena hoy día, es la de la intimidad. Porque hay cosas en la vida que son personales de verdad.

¡Todos al Walden!

Stephan

ABDL: ¿Nuestro y solo nuestro?

A poco que uno busque por internet o husmee la wikipedia se encuentra con algunos datos verdaderamente insólitos. Fijaos: según no sé quien, resulta que 1 de cada 1.000 personas es ABDL. Por ejemplo, si vivieras en Bilbao, que sepas que hay 400 ABDL -suficientes para montar una cojomegafiesta de las de petarlo- viviendo contigo en la misma ciudad. En Barcelona, más de 2.000 y en España (insisto, según no sé quien), haciendo una cuenta muy sencilla, resulta que habría unos 45.000 ABDL’s. ¡Medio Lugo! ¡Un tercio de Tarragona!

¿Entonces por qué cojones no hay una super mega convención de ABDL’s todos los años en IFEMA? ¡Sería la caña! Con cobertura de prensa y con los políticos apareciendo para hacerse la foto y convencernos de que ellos son ABDL de toda la vida, y que si no les votas, los del partido contrario prohibirán los pañales con estampados chulos, los onesies tamaño adulto y las palas de spanking con lemas sensuales y tal y cual…

Vale, juro no hablar más de política.

De esto sí, ¿eh?

Cuando, hace muchos años, me topé con la estadística en cuestión, que es tan antigua como apócrifa – creo- me quedé patidifuso. Éramos muchos; ¿por qué asomábamos la cabecita tan pocos? Os hablo de hace 15 o 20 años; ahora la cosa ha mejorado, pero antes de que existiera Tumblr, en la época de los foros (pasaros por este si os mola el ABDL), y los grupos de MSN, no digo que fuera tabú, pero como mínimo era muy minoritario.

Luego, cuando me fui haciendo mayor (que no viejo), comencé a preguntarme, debido a muchas razones que os iré detallando en otras entradas, si de veras hace falta “salir del armario”, y si salir es algo inequívocamente bueno para todos los ABDL. Quiero decir: está claro que queremos hablar de lo que nos gusta, practicarlo y encontrar personas que compartan nuestros gustos, ya sea por amistad, afinidad o porque queremos que nuestra pareja sea también ABDL y en Tinder, que yo sepa, no existe la etiqueta “me hago pipí” ni ninguna parecida. Que, ojo: si la estadística de antes es cierta, no entiendo por qué no :P. ¡Debería! Desde Historias ABDL lo reclamamos.

Vivimos en una sociedad en la que todo lo que hacemos está siendo evaluado, medido, juzgado y clasificado, prácticamente en tiempo real, por los grandes poderes tecnológicos y los límites entre la vida privada y la pública son cada vez más difusos. Parece que, de algún modo, se nos obliga a exhibirnos como objetos de adorno y a formar parte de un mundo virtual cuyas reglas ni establecemos ni podemos cambiar, pero que nunca nos favorecen. Incluso hay presiones para participar en él y de él, ya sabéis: “Si no estás en la app chachipeich, no te enteras de nada”, “Date de alta en instasap, no seas antiguo”, “Puedes verlo en mi perfil de Turbochof”, etc. Tener privacidad, tranquilidad, intimidad, anonimato, está pasado de moda. Si no quieres ponerte en el escaparate a posar, eres un troglodita.

En consecuencia, nunca hemos estado más sojuzgados ni sometidos al arbitrio de los demás. No de nuestros amigos, familiares o allegados, no (que tampoco me vale, pero ya hablaremos de eso). Del “público”. De “la red”. De gente que ni siquiera conocemos. Y sin embargo, parece que importa mucho lo que piensen, o nos debería importar.

En este marco, digo, ¿por qué no es preferible y enriquecedor el guardarnos nuestros gustos para nosotros y nuestras parejas/amigos/ligues/whatever? En vez de obsesionarnos por ganar visibilidad y hacer que el público entienda lo que hacemos o lo que somos -cosa que probablemente nunca haga- ¿por qué no, simple y llanamente, pasar del público? ¿Por qué no mandar a ese público a tomar por el culo, básicamente? Y, además, como decía cierto famoso escritor: ¿Quién es el público y dónde se le encuentra?

A lo mejor no es tan importante que se nos comprenda. ¿Quién nos tiene que comprender? Y, sobre todo, ¿para qué? ¿En qué iba a mejorar nuestra situación, individualmente considerados todos y cada uno de los ABDL?

A mí me gusta creer que, por ahí, pensando algo parecido, hay en este mismo momento miles y miles de kinksters cochineando, haciéndose mimos y calentándose mutuamente esos culitos traviesos (por supuesto, con erótico resultado). Yo sé que nunca me dejarán verlo, ni me enviarán fotos, ni vídeos ni nada. Y está bien. Porque resulta que la estadística de 1 entre 1000 a lo mejor es verdad, solo que nosotros somos así de discretos y nos gustan los secretitos. A ver si no por qué todas las compañías que venden historias ABDL repiten una y mil veces lo de “discreet shipping”.

¡Siempre!

¿Y quiénes podrían ser esos cientos de miles? Cualesquiera. Podrían ser conocidos míos, o mi jefe y su marido, o los simpáticos millenials que se acaban de mudar al edificio. Me gusta pensar que hay miles de personas que han construido su refugio ABDL y que son felices en él, como yo lo soy en el mío, sin necesidad de buscar aprobación, comprensión ni sensibilización (detesto esa palabra) respecto a lo que hacen o dejan de hacer.

Si hay alguna militancia que merece la pena hoy día, es la de la intimidad. Porque hay cosas en la vida que son personales de verdad.

¡Todos al Walden!

Stephan