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A little bit more… (I)

Bueno, pues aquí estoy, con la primera parte del post del que os daba alguna pista a finales de agosto.

¿Habéis sido buenos, no?

«Con el culete bien rojo ya veréis lo buenos que sois…» 😛

Foto: Wikipedia

El caso es que, sobre todo a raíz del anuncio de cierre de una de las páginas ABDL más conocidas (www.adisc.org), he estado reflexionado sobre “lo nuestro”, y me gustaría comentarlo en el blog. Vaya por delante que este post es un poco por desahogarme, como algunas otras veces, pero esta vez creo que lo que os voy a contar tiene mucho más de positivo que de negativo, o podría tenerlo. Seamos optimistas, aunque sea un poquito.

Como sabéis, Historias ABDL es, hablando en términos generales, un blog sobre BDSM y, muy especialmente, sobre el ABDL, que viene a ser un subgénero de Ageplay, y este, a su vez, una rama del BDSM, etc. etc. O, al menos, así es como lo hemos venido planteando en estos últimos tres años. Como un blog que trata temas eróticos, sexuales, o llamadlo como queráis. Y no solo hemos hablado de esas cosas, sino también de esa parte del ABDL o del BDSM que no es en absoluto sexual y que tiene más que ver con lo psicológico y espiritual. Con un cierto tipo de experiencia íntima y profunda, pero diferente y única para cada persona.

Pues bien, si hay un tema recurrente en el blog es lo difícil que es conocer gente con la cual esté uno alineado y con la que haya una confianza e intimidad lo bastante intensas como para dar el “tránsito” al BDSM. Si hablamos del ABDL en particular, es todavía más difícil, y no creo que haga falta explicar aquí por qué. Las imágenes, la parafernalia y las escenas ABDL son lo que son y a muchas personas les echan para atrás, incluso a aquellas que no son en absoluto vanilla. No todas las amas ni amos están abiertos a ese tipo de juegos. Los que lo están, a menudo imponen límites estrictos, que a alguno le pueden parecer excesivos o frustrantes, por chocar con sus preferencias. Y a pesar de que aquí siempre hemos sido positivos, porque fantasear es gratis, no nos vamos a engañar: plantearle esto a una persona que no tiene ni ha tenido contacto con el BDSM es, como mínimo, arriesgado.

Eso hace que liberar a ese “yo” tan reprimido y necesitado de expresión sea difícil para nosotros, los ABDL. Si se diera el caso de que quisiéramos hacerlo, ¿con quien podríamos o nos animaríamos? No es tan sencillo como decir “ah, pues quedo con alguien y ya está”. No todo el mundo vive en una gran ciudad, en la que es siempre más sencillo (ojo: no fácil), ni tiene las mismas prioridades, gustos ni enfoques. Entonces, ¿qué hacer? Quiero decir: ¿existe algún club o círculo ABDL en España? Que yo sepa, no. ¿Algún tipo de asociación o colectivo explícitamente centrado en el ABDL? Pues que yo sepa, tampoco. ¿Eventos o fiestas ABDL regulares o relativamente conocidas? Nasti, hasta donde yo sé. ¿Guarderías ABDL? Pues no, (creo). ¿Mazmorras o locales especializados? Si los hay, los desconozco. ¿Una comunidad online -o outline– asentada y accesible? Qué va. Ni siquiera en Fetlife, en donde no pasamos de algún grupo suelto y muy poco frecuentado (aunque no por falta de interés, me parece a mí). Tampoco ayuda el hecho de que Fetlife sea una página de mayoría anglosajona, y más centrada (no digo que exclusivamente) en el aspecto sexual. Y esto del ABDL para muchas personas ni siquiera es sexual. A mí, por ejemplo, me pasa: algunas veces es sexual y otras muchas no, y tiene que ver más con un estado mental, tranquilidad, relajación, alivio del estrés, complicidad, diversión, conexión interna… ¡whatever!

Al decir esto, no pretendo invisibilizar a nadie. Sé que, por ejemplo, este año ha habido otro evento en MZM Rainbow (al que me fue imposible asistir) y que hay mucha gente moviéndose, hablando, conociéndose y demás. Que están Wasap y Telegram. Todo eso es verdad. Gracias a la tecnología existen opciones que antes no había. Veo en ello un potencial muy importante, pero, a la hora de la verdad, ese potencial se queda un poco cojo y casi todo el mundo te cuenta la misma historia: “estoy muy solo”, “no encuentro a nadie”, “no soy capaz de soltarme”, “vivo con el miedo permanente de que me descubran”, etc. En pocas palabras: que a pesar de ese potencial, los ABDL’s seguimos más o menos como antaño, instalados en el miedo y la desconfianza. Incluso un poquito marginados (es la verdad) dentro de la cultura BDSM. Y he dicho un poquito, por dios. No empecemos a discutir sobre niveles, que no estamos jugando a D&D (¡pero molaría!).

Nos conocemos poco, nos vemos poquísimo y nos mimamos todavía menos… o nada. Y para muestra, un botón: yo mismo llevo veinticinco años tratando a otros ABDL y relacionándome con ellos a través de internet, pero en persona… casi no he visto a nadie. No me han cuidado apenas, ni he cuidado. En la práctica “real” acabo de salir del armario, si vosotros me entendéis. El evento del año pasado fue mi estreno.

La cuestión es: siendo este el panorama, ¿qué puedo hacer yo? Y cuando me hago esta pregunta, me refiero a qué puedo hacer yo activamente, más allá de llevar este blog y daros la murga con mis mierdas mentales e historietas XD. Es decir, ¿puedo hacer algo más, por mí y por vosotros? ¿Por nosotros? “¿Por mí y por todos mis compañeros?”

Sinceramente, sí…”

Me gustaría ir un poco más allá con Historias ABDL. Contribuir a la creación de entornos seguros, recursos tangibles y relaciones reales. Más acercar a las personas y menos scrollear la pantalla de un móvil ad nauseam. No digo que esté pensando en montar la ABDELIA de mis relatos, pero… ¡Igual sí, oye! ¡Yo qué sé! O podría ser algo distinto, sin dejar el ámbito online, siempre y cuando nos ayude. Siempre y cuando sea algo positivo. Ni puta idea de qué, pero algo.

Me consta lo útil y entretenido que es Historias ABDL para muchos de vosotros. Y ahora… ¿qué más? ¿doy/damos un paso adelante o no? ¿Cómo?

El caso es que lo estoy pensando y se admiten ideas ;).

Portaos bien y… continuará 😉

Stephan

Cambios (y no de pañal)

¿Cómo estáis, meoncetes y meoncetas? 🙂

¡Vaya racha que llevo de andar ocupado! No he tenido tiempo ni de respirar los últimos meses, embarcado como estoy en uno de esos proyectos locuelos que de vez en cuando me da por acometer para sobreponerme al ennoie de vivre, que dicen en Francia. Ya sabéis a qué me refiero. Os hablé de ello en este post múltiple: con primera, segunda y tercera parte.

En estos últimos días, por fin, he vuelto no a la normalidad (a eso no puedo volver, leeros los fokin post de antes), sino a una situación de relativa relajación, en comparación con la época en la que dejé un poquito de lado el blog, allá a principios de año. Ahora ya puedo deciros que, si lo hice, fue porque atravesé otra de esas rachas malas o muy malas que mi desahuciada cabeza me brinda de vez en cuando. Lo de siempre: pastillas, psicólogos, psiquiatras… Esos rollos.

Todavía no estoy bien, pero sí lo suficiente como para retomar un poco el blog, aunque no sé hasta qué punto. No habrá promesas esta vez, que luego las cumplo solo a medias (o, directamente, las incumplo) y me siento muy mal por ello. Diréis: ¡vaya chorrada! Pues no, no es ninguna chorrada. Yo soy así. Lo de cumplir mi palabra es algo que me obsesiona desde niño. Junto con los pañales, los onesies y dilucidar cuál es la mejor canción de Abba (pista: es Super Trooper, y se acabó).

Joder… ¡qué temón!

Además de todo esto, quería comentaros que llevo un tiempo dando vueltas a ampliar esta página y hacerla mucho más extensiva y participativa. Tengo muchas ideas al respecto, y me gustaría ponerme a ello pronto, siempre y cuando tenga claro hacia dónde quiero llevarla. Justo este verano se han cumplido 3 años desde que empezamos, y va siendo hora de aspirar a un poquito más. ¿A qué más? Lo iremos viendo juntos. Como decía el mítico Ánsar: Estamos trabajando en ello.

Otra cosa, aun a riesgo de ser pesado: os agradezco mucho a las personas que me escribís o contactáis para contarme vuestra opinión, vuestras experiencias o cualquier otra cosa que se os ocurra. Es un alegrón para mí saber que mis movidas os aportan algo positivo en vuestra vida diaria. Ser útil a los demás es otra de mis muchas obsesiones ;).

Hay una tercera cosa de la que os quería hablar un poco más en profundidad, pero lo dejaremos para la semana que viene. Cuasi spoiler: tiene algo que ver con la serie de posts que dedicamos al evento Orfanato del año pasado en MZM Rainbow, y cuya primera parte os linkeo aquí. Ojo: no es que ahora me vaya a dedicar a organizar eventos ABDL, que os veo venir. Síiiiiiiiiiiiiiii, yaaaaaaaaa, yaaaaaaaaaaa, ya sé que molaría maaaaaaaazo y tal y cual. Pues no.

Notwithstanding the foregoing…

Besituelos, babies :*

Stephan

¡Otra vez de links caídos!

¡Hola, chicos! No he desaparecido, es solo que estas últimas semanas he estado hasta arriba de curro y otros compromisos, y no he tenido tiempo ni de respirar.

Entretanto, se me ha olvidado renovar el dominio como dios manda y algunos links se me han vuelto a descuajeringar. ¡Lo siento! Voy a ir reparándolos poco a poco.

No os preocupéis, que en unos días sigo dando guerra con más artículos, historias y movidas ABDL. Esta vez he venido a quedarme. ¡Crucemos los dedos!

Y sed buenos, que si no, ya sabéis: ¡tras-tras al culete! 😛

Stephan

La eterna y recurrente pregunta (I)

Disclaimer: este post va a ser largo y enrevesado. Se va a alejar un poco de la tónica distendida del blog y se adentrará en cuestiones que, quizá, podrían ser delicadas o demasiado emotivas para algunos lectores.

Me habéis escrito o preguntado algunos si todo va bien, ya que en los últimos meses el ritmo de actualizaciones ha descendido mucho.

Es difícil contestaros a esa pregunta. A esa eterna y recurrente pregunta, vaya 😉.

Digamos que va, dentro de lo que cabe, bien, pero que no va bien del todo. Rara vez va bien del todo en mi cocorota; llamadme cenizo, inadaptado, incomprendido, o simple y llanamente gilipollas…

No me llame gilipollas, llámeme payaso -12:50-”

¿Cómo explicarlo? Es una sensación o un estado mental bastante habitual en mí desde mi adolescencia y que, por épocas, aflora o se manifiesta de maneras impredecibles. Es un poco como el fokin Visitante Incierto de Gorey: nadie sabe por qué está ahí ni qué demonios quiere. Simplemente, está y se siente…extraño.

Esta sensación a veces se retira por sí sola (gracias a dios, en esto no se parece al Visitante Incierto), y otras necesita una ayudita adicional, normalmente en la forma de algún proyecto delirante, de esos que tanto me gusta emprender. Como este blog, sin ir más lejos 😉.

«It came seventeen years ago and, to this day / It has shown no intention of going away»

Hoy quiero hablaros de ello más en profundidad, porque me parece a mí que no soy el único a quien le pasa y, respecto a estas cosas tan señaladas: “podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto…”.

Voy a empezar contándoos una anécdota. Benigna, por supuesto.

Hace muchos, muchos años -parece que ha pasado un siglo- tuve un jefe de veras peculiar. Un tipo de esos -vamos a llamarle Pepe- que te marcan, para bien y para mal. Hay un antes y un después de él en mi vida y no solo en lo profesional. Suena a tópico, pero es la verdad.

Tenía un perfil marcadísimo, muy común en las altas y medianas esferas de mi país: muy buena familia, contactos en todas partes, títulos nobiliarios por aquí y por allá, estancias en el extranjero, universidades privadas, etc. A todo esto, se añadían un carisma, una simpatía natural y una incuestionable inteligencia, además de una capacidad extraordinaria para gestionar personas y, sobre todo, para calarlas.

Su perspicacia y su don de gentes, cuando quería, rozaban lo prodigioso. Le vi, en vivo y en directo, meterse en reuniones con personas que al entrar pedían su cabeza en bandeja de plata y que al salir lo abrazaban y le pedían disculpas, cuando una hora antes no querían verle ni en pintura y hasta maldecían su nombre.

Mi relación con él fue extraordinariamente buena. De hecho, es una de las personas a las que más agradecido estoy en muchos sentidos. Y puedo aseguraros que no teníamos nada en común. Yo; un chico de barrio. Él: un niño bien. Yo: un “anarquista, pero buena gente”. Él: un monárquico conservador. Yo: anti-fútbol. Él: futbolero a muerte. Yo: friki de los libros. Él: el “Marca” y gracias. Y así, si quisiera, hasta rellenaros el post entero. Éramos el día y la noche, las personas más diferentes que os podáis imaginar.

Podría contaros muchas otras anécdotas sobre él, algunas de ellas completamente descacharrantes, pero no vienen al caso. Os voy a referir, concretamente, la que viene que ni pintada al tema.

Esto ocurrió en el otoño del año 2010, más o menos: ¡hace catorce años! Dios, ¡qué viejo soy! Tempus fugit y tal y cual 😊

También hay otras cosas que se fugan, ya me entendéis… 😛

Contra todo pronóstico, y después de una serie de desencuentros con diversos clientes y proveedores de la empresa, conseguí resolver un marrón de los gordos, uno que llevaba encima de la mesa varios meses. Digamos que, gracias a mi solución, Pepe se libró de una buena, y de tener que dar un montón de explicaciones de esas que nadie quiere dar, porque puedes perder a tu mejor cliente, a tu único proveedor fiable del tipo tal o cual, etc.

Bajábamos juntos las escaleras del edificio, porque a él le gustaba bajar andando. Pepe iba exultante, más contento que unas pascuas, con su sonrisa de cuarto creciente -marca registrada- en la cara.

Estábamos ya en el recibidor del edificio, en la penumbra, a punto de salir a la calle, cuando me agarró del brazo y me paró. No le di importancia, porque era mucho de abrazos, palmaditas, etc. Muy cordial, muy cercano. A la media hora de conocerte, ya te llevaba en el bolsillo.

-Oye, Stephan.

-Dime.

Se me quedó mirando un rato, como si dudase de lo que iba a decirme. Me sonreía, pero solo con la boca; en sus ojos había un brillo no burlón, pero sí muy condescendiente.

-Eres un buen tío. Un tío magnífico, de verdad.

-Vaya, muchas gracias, pero…

-¡Chissssst! ¡Calla! -me interrumpió, como solía-. Escúchame. Va en serio. Eres un tipo fantástico. Tienes madera. Tienes futuro. Te lo digo de corazón y yo rara vez me equivoco en esto. Y encima tienes una cosa muy buena: eres un tío peculiar. Raro, pero en el buen sentido. Eso es muy, muy bueno. De verdad. Eso es muy bueno. Pero permíteme un consejo, ¿eh? Esto tienes que comprenderlo, es muy importante.

-¿A qué te refieres?

De pronto, su sonrisa se esfumó y se puso muy serio. Luego, cuando se hubo asegurado de captar toda mi atención, torció un poco el gesto y, mirándome fijamente, me dijo, en un susurro:

-No juegues siempre esa carta.

No supe qué decirle, fuera de “ya”. Asentí, salimos juntos a la calle y no hubo nada.

La cuestión, mis queridos amigos, es la siguiente: ¿puede uno jugar cartas que no ha robado? O, en resumidas cuentas: ¿puede alguien dejar de ser quien es? ¿se puede fingir que eres otra persona? ¿Incluso una persona normal? ¿De esas que ve el fútbol, hace maratones de series y habla de política como si le fuera la vida en ello?

Yo no puedo. No sé hacerlo.

¿Y vosotros?

(continuará)

Stephan

Las crónicas del eventaco (y VII): «Examen médico y final»

En el piso de arriba nos estaba esperando el equipo médico (la señora doctora y su joven y aventajada enfermera), junto con el resto de auxiliares, entre ellos también la seño, que había subido conmigo porque (solo faltaba) a esas alturas ya había decidido que me iba a adoptar :).

Aunque ella me había avisado antes de que la revisión iba a ser genial, lo cierto es que yo me la había imaginado un poco como un juego de medical play suave o algo similar; no en vano estábamos en un evento BDSM. Había prejuzgado mal, porque en realidad, fue mucho mejor de lo que yo había pensado. Nada de movidas sexuales: solo mofes y mofes XD.

Para mí, aquello fue el broche de oro del evento, algo tan inesperado como divertido en lo que participé de mil amores, pues a mí todo lo que sea hacer el gilipollas y reírme, normalmente me parece bien. ¡Menuda ocasión se presentaba, ageplay o no por medio! Si había que seguirle el juego a la señora doctora y a los demás presentes, se lo seguiría. Y, además, me venía bien para relajarme tanto mental como emocionalmente.

Pasamos el reconocimiento juntos mi compi más peque ABDL (que todavía debía tener el culo caliente) y yo. Primero fui yo el examinado y luego él, pero los dos estuvimos allí en la consulta -bastante bien provista, todo he de decirlo-, pasando las pruebas y respondiendo a las preguntas de la señora doctora que, por supuesto, también formaba parte del staff.

Casi lo primero que me preguntó la doctora fue si me daban miedo las agujas. “No, yo soy super valiente”, le respondí, creyendo que se trataba, como os digo, de algún tipo de medical play, que me iban a desnudar y a quitar el pañal delante de todo el mundo, etc. Nada más lejos de la realidad: aquello no iba a de agujas, sondas ni lavativas. Aquello iba de mofarse de uno mismo; algo a lo que soy muy aficionado. Los que seguís el blog desde hace tiempo ya lo sabéis.

Imaginaos el tipo de escena: se me acerca la enfermera con un martillito y empieza a darme golpecitos en las rodillas. Yo la miro sonriendo, como si no supiera qué decir ni hacer (¿va en serio? ¿tengo que fingir? ¿tengo que dar pataditas?) y esperase alguna instrucción, pero la doctora me sentencia de inmediato:

Doctora: (muy seria) Huy… Ligero retraso. Sí, sí…

Claro, todo el mundo descojonado y el primero yo, que me pillaba con el pie cambiado. Nunca sabía por dónde me iban a caer, lo cual le añadía un punto de expectación al asunto y me ponía en guardia; era la forma de asegurar que los littles colaborábamos al 100%. Otro ejemplo:

Doctora: ¿Qué tal va con las palabras, el lenguaje y demás?

Nenito: Ah, eso se me da genial. En la guarde…

Doctora: (Apuntando en el cuaderno) Va de listillo.

Así todo el rato, no sé cuánto tiempo estaríamos metiéndonos unos con otros: yo con la doctora, la doctora conmigo, la seño conmigo… Y de sexo, lo que se dice sexo, hablamos bien poco. Creo que esto fue lo único:

Doctora: ¿Qué tal en el sexo?

Seño: Huy, en eso sí que no tengo ninguna queja. Fabuloso.

Nenito: ¿Qué es el sexo, seño?

Doctora: Anda, mira… Se hace el graciosete, a pesar de su retraso (Apuntando). Gra-cio-si-llo.

Reconozco que aquí no me atreví a decir nada tipo “ah, sí, el juego del pipí mágico de la seño”. No por nada, sino por no acabar con la atmósfera de cojoneo imperante. Tampoco creo que hubiera pasado nada, pero no me salió. En otra ocasión, tal vez.

El resultado del examen fue…¡aprobado! Pero, a pesar de mi aprobado, la señora doctora me recetó, literalmente, unas cuantas dosis de “polla de conserje”, medicina que, a nivel de principio activo, no tiene parangón chimpón en la historia de la humanidad y que merecería una entrada aparte. Estuve riéndome como diez minutos con lo de la “polla de conserje”, aunque también había “teta de gobernanta” y algunos otros remedios, todos ellos salvíficos y milagrosos según la doctora ;). Pero si algún día me paso a la otra acera, juro a dios y prometo a España que probaré una buena polla de conserje XD XD XD.

Mi compi pasó también el examen sin mayores sobresaltos, aunque a causa de ciertas condiciones personales que aquí no mencionaré, no me hubiera importado que se lo pusieran un poco más difícil o que lo hubieran martirizado un poquito más 😛 . Eso sí: como no le gustaban nada los médicos, hubo que prácticamente inmovilizarlo. Ya me entendéis… 😉

Para esta entrada no se me ocurre ninguna foto, así que aquí me tenéis a mí, por la tarde, después de merendar. Como un héroe crepuscular.

Bajamos de allí junto con la enfermera y la doctora a eso de las diez de la noche, por lo menos, quizá pasadas. Era la hora de cenar y al poco comenzó a llegar la cena que cabía esperar en un evento lleno de littles: patatas fritas, nuggets de pollo, refrescos y delicias semejantes. Justo entonces la seño se fue con el staff para iniciar los trámites de adopción y yo me quedé un rato abajo, saludando y conociendo a peña nueva que iba llegando, y jugando con el perrito más mono que hubo en el evento (:*) y otros compis varios.

Ahora mismo no puedo poneros fotos de los documentos “no-oficiales” de la adopción porque estoy fuera de casa pero si los encuentro (ya le preguntaré a la seño) os subiré alguna: tan geniales como lo fue el evento, de verdad.

No obstante, esta detallada e innecesariamente larga crónica toca ya a su fin: a eso de las diez y veinte minutos, quizá diez y media, aunque había bastante gente (no solo la del evento, sino la que iba llegando al local), mi pobre corazoncito ABDL pedía tregua y no daba para más, así que nos despedimos de todo el mundo (entre aplausos, por cierto, ¡cuánto honor!) y repartimos besos y abrazos por doquier. ¡Hasta otra y muchas gracias a todos! ¡Se os quiere!

Resaltar que el evento no terminó aquí ni mucho menos, y que se prolongó bastantes horas más, según me comentaron después otros compis, pero nosotros nos marchamos a eso de las 22:30, mientras la peña cenaba nuggets, patatas fritas y veía dibujos animados en pantalla grande: si eso no es de littles, nada lo es ;).

Desde este humilde blog, solo me queda agradecer a MZM Rainbow la organización del evento, al staff y a todos los amigos y compañeros que participaron, y desear que haya pronto una segunda edición o, si no fuera mucho pedir, un evento 100% ABDL, propiamente dicho, en el que dar rienda suelta a esas locurillas que a los de mi palo tanto nos gustan. Prometo hacer lo imposible por ir y, si así ocurre, espero y deseo volver a encontrarme con todos vosotros. Aquí tenéis a un decidido supporter, como dicen los jóvenes, por siempre jamás.

¡Chao, meacamas! Y recordad: el pañal en verano, mejor con cremita a tope 😉

Stephan

PD: Ando de vacaciones así que no creo que actualice ya hasta septiembre, pero se viene macrohistoria por fascículos (oh, la la!) y un par de entradas tan íntimas como interesantes. No sé, puede que incluso polémicas, en el buen sentido de la palabra ;).

PD2: ¡En serio, habría que montar una Capcom en España, joder!

LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO (VI): “La cama”

Cuando bajamos, el ambiente no podía ser más alegre: los participantes habían terminado de merendar y empezaba un rato de “haz lo que quieras”, por así decir. Los little y algunos middle estaban disfrutando en las piscinas de bolas -había dos, si mal no recuerdo- y los mayores se organizaban para otros juegos ya más “de mayores”. No, no quiero decir ESOS juegos. Digo juegos de mayores de verdad, como luego os contaré.

Yo estaba relativamente tranquilo. Tener cerca a mi seño me ayudaba mucho. Al principio quise jugar un poco más con la plastilina, pero como la cosa estaba en un punto muy desenfadado, entre la seño y el staff me convencieron para piscinear.

Pasé muy buen rato en la piscina de bolas, sobre todo jugando a taparme con ellas o a “enterrarme” bajo un montón de bolas de plástico. También nos las tirábamos los unos a los otros, nos las pasábamos y hacíamos… bueno, lo que se supone que hay que hacer en una piscina de bolas, ¿no? Creo que nadie dijo “Bazinga!” pero, por lo demás, cumplimos al máximo.

Aprovechamos que teníamos a mano unas raquetas -porque eran raquetas, no palas de spanking, si vosotros me entendéis- para batear unas cuantas bolas. El caso es que entre los otros compis más little y yo lo dejamos todo hecho unos cirios y a mí como me daba cosa y soy muy bueno, me dio entonces por recoger un poco el estropicio para que no me riñeran :).

Claro que eso fui yo; el little más little, al final, de tanto incordiar e incordiar se llevó una tunda morrocotuda con una de las raquetas, por mucho que se intentara escapar por toda la planta baja y corretear de aquí a allí. “Vente, vente, ya verás”… “Como lleva pañal hay que darle más fuerte…”. Imaginaos la escena en plan Benny Hill, porque de veras fue así XD. Pero vaya, que el pobrecito cobró “como está mandao”. Todo esto lo vimos, mayormente, subidos a la cama mi otro compi little y yo, y no creáis que nos reímos mucho; nosotros nos portábamos bien, pero siempre está el miedo de que el siguiente seas tú. Buff…

De vez en cuando la seño se me me acercaba para ver si estaba a gusto. Así era, en líneas generales. Especialmente cuando una de las middle se puso a jugar con un pompero y aquello fue la apoteosis little para mí: atrapar las bolas, explotarlas, etc… Y si encima ves que todo el mundo te dice lo mono y lo bueno que eres, pues la hostia en verso, ya XD.

Iba llegando más gente, y el evento aún estaba más animado. Teníamos de todo: más papis y mamis, más little, más middle… y hasta algún puppy por ahí. Mando mil besos desde aquí a la bellísima y nunca bien ponderada Gwynbleidd, que se hizo un pedazo de viaje para participar: por fin nos conocimos en persona. ¡Qué grande! Y también a todos los demás, como -a título indicativo y no limitativo- super Bebé-Jefazo ;).

Fue sobre las nueve o así que empezaron los juegos a los que antes me refería: se jugó a los tazos, al pictionary (creo) y a más cosicas. Aquí yo necesitaba un breve descanso mental y apenas participé; me puse a dormitar en una especie de puff o similar que había. La seño vino conmigo a hacerme mimos y…bueno. Por primera y única vez durante todo el evento, pasó lo que tenía que pasar. Mi lado DL y sexy despertó con inusitada furia y comencé, digámoslo así, a verlo todo rosa. Rosa fosforito…

Una vez “activado” el mecanismo físico y mental, ya no había nada que pudiera hacer salvo respirar hondo e intentar alejar el deseo. Adivinad qué: fue completamente imposible. No es que la seño hiciera nada por provocarme o excitarme pero cuando eso hace click… pues al cuerno. A los quince o veinte minutos estaba a punto de perder la cabeza. Se me debía notar, porque Altana se pasó por donde yo estaba para interesarse y se lo acabé diciendo: “como esto siga así, voy a necesitar esa cama de ahí, y no para dormir”. Se rio mucho, haciéndose a un lado en plan “ahhh… pues también podéis subir arriba, pero eso díselo a mami, que está aquí contigo” XD.

Total, que como mis poderes zen estaban en horas bajas, y la seño es la más guapa, la más lista, la más cariñosa, la más inteligente y, en definitiva, la mejor seño del mundo, aunque a veces me riña o me de pampam en el culete, el Nenito quería jugar a juegos de MUY mayores (ahora sí). Ella ya me notaba en un estado distinto, pero no le cupo la menor duda cuando le dije abiertamente (sic):

Seño, si no me llevas a la piscina de bolas un rato, ahora mismo te arranco la ropa y te follo sobre esa cama delante de todo el mundo.

-Hala, qué cosas más feas -me contestó la seño-. Eso no lo dicen los niños buenos.

-Los niños buenos no sé, pero yo sí, mi amor.

Me llevó, claro. Y reconozco que los dioses del desenfreno fueron piadosos conmigo, porque si en ese momento la seño me hubiera propinado un par de nalgadas por decir palabrotas –as usual-, no respondo. No-res-pon-do XD. Menos mal que la piscina no tenía agua de verdad; se hubiera evaporado en contacto con mi piel y habría salido con el pañal igual de seco.

Pero se acercaba la hora de la cena y yo aún no había pasado el reconocimiento médico.

-¡Vamos, vamos, que si no no te pueden adoptar!

-No tengas miedo, guapo.

-Ya verás qué bien: te van a dar una piruleta. ¿Le gustan las piruletas?

-Pues claro -decía la seño-. Y los piratas.

-(!!!!!!———-balbuceosapagadossobreelvalordelospiratasysusaventurasytalycual————–!!!!!!)

Y así subimos a la consulta, en la segunda planta. Yo un poco reticente, de la mano de la seño, pero… ¡bah! Si ella decía que no pasaba nada y que me iban a dar una piruleta, pues yo me lo creía y ya está.

Hice bien, porque el reconocimiento médico fue la guinda del pastel, jajajajaja XD

Stephan

LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO (V): «La herida»

Me eché a llorar. Así, sin más. Directamente.

Mi reacción inmediata fue, por supuesto, intentar disimularlo. No quería molestar a Bea ni que pensara que había hecho o dicho algo malo, entre otras cosas porque no lo había hecho. Mi llantina, completamente espontánea, me salió de un modo natural. ¿Por qué? No lo sé. No tengo ni idea.

El problema es que me sentía emocionalmente desbordado y controlar mi llanto me resultaba muy difícil. Ella se dio cuenta, e hizo lo posible por tranquilizarme con palabritas dulces y todo eso pero, aun así, la cosa se demoró un buen rato. Recuerdo que me dio la mano, yo se la besé y estuve un buen rato escuchando cómo me consolaba. Fue dulce y considerada. Y yo no paraba de pensar: “No me dejes, no te vayas, no es culpa tuya. Por favor, quédate conmigo”.

En esta parte del evento el problema fue que, aunque pude calmarme por fuera, no fui capaz de calmarme por dentro. No tuvo que ver con el hecho de que Bea tuviera que irse a seguir con sus tareas y sus cosas (de mayor, por supuesto). Sí, pude dejar de llorar. Sí, pude dejar de hacer pucheros. Pero había una herida que se había abierto -por muy rimbombante que suene- en lo más profundo de mi ser, y que no había manera de cerrar. Supuraba, sangraba, palpitaba… Yo quería volver a ese estado de simplona y caótica felicidad del que os hablé en el episodio anterior, pero de alguna manera estaba convencido que el tiempo de permanecer en ese estado había pasado, como si, dondequiera que mirase, viera un cronómetro cuya cuenta atrás progresara cada vez más rápido.

Venga, la pongo. Aunque sea para subir un poco los ánimos…

Me dolía. Mucho. La jodida y misteriosa herida dolía un huevo. No había manera de apartar de mi cabeza esas palabras -por otra parte, tan inocuas- que habían desencadenado el infierno dentro de mí. Me las repetí mil veces, hurgando en mi propia memoria, con la esperanza de poder racionalizarlo todo y superar la crisis. Sí; por la parte buena, mi yo racional y cuadriculado estaba de vuelta. Por la mala, mi nuevo yo solo quería llorar y llorar hasta caer rendido, a ser posible en brazos de alguien que me… quisiera.

Llegó la hora de la merienda (tarde, pero no quedaba otra) y merendamos nuestras cositas, aunque yo no tenía mucha hambre: hubo chocolate, refrescos, zumos, patatuelas… Cosas ricas. A mí se me notaba un huevo que me había pasado algo, que ya no estaba igual de contento que hacía apenas media hora. El staff volvió a echarme una mano y, de hecho, me propusieron apartarme un rato del evento y descansar la cabezota. Al principio pasé, porque no quería perderme nada, pero cuando me di cuenta de que yo solo no podía salir de aquel pozo de angustia y de que me estaba hundiendo más y más, hube de rendirme a la evidencia y les pedí que, por favor, llamaran a la seño, porque necesitaba estar un rato con ella y respirar hondo, muy hondo. Accedieron de inmediato, aunque implicara saltarse un poco las reglas del evento.

Truqui 7: Las reglas son las reglas, pero no están por encima del bienestar y la seguridad de las personas. Si necesitas apartarte un rato, hazlo. Si necesitas compañía, ayuda, consuelo o feedback, pídelo.

La seño vino a recogerme y me llevó de la mano al piso de arriba -donde, por cierto, estaban comenzando los chequeos médicos, de los que os hablaré luego-. Fue el equivalente, para mí, de escapar del ojo de un huracán. Una parte importante de mi ruido interior se esfumó gracias a ella y aunque el dolor seguía ahí, al menos ya no acompañado de ese marasmo adicional. Y aunque ella se ofreció a hacer cualquier cosa que necesitara -no penséis mal, ¡cochinos!- yo lo único que quería era sentirla cerca, abrazarme a ella y cerrar los ojos. Lo único que quería era… No sé cómo decirlo. Chutarme amor en vena, como si fuera un analgésico. De un modo intuitivo, yo sabía que los efectos de aquel shock solo podía paliarlos el amor.

Lo hice: la achuché y empecé a contarle cómo me sentía. Me fue muy difícil -me es difícil hoy y han pasado ya 15 días-, pero no por tener que abrirme, sino porque no comprendía qué me pasaba y me sentía doblemente estúpido: por no aprovechar el evento al máximo y por no saber gestionarme a mí mismo. La seño me escuchó, me mimó un poquito -esto fue lo más importante- y me dijo que si no me sentía a gusto, no tenía ningún sentido quedarme. Que ella no quería verme así y que lo único importante para ella era… yo.


Entonces tuvo lugar, más o menos, la siguiente conversación:

-Perdóname, lo estoy estropeando todo, soy un imbécil. No me riñas.

-¿Por qué eres tan duro contigo mismo? Siempre te pasa.

-Hay algo dentro de mí que estaba oculto, algo a lo que nunca me he enfrentado. Es terrible y muy, muy poderoso. Me está torturando mientras hablo contigo. Sé que suena a una locura más de las mías, pero es la verdad.

-Pues olvídalo. Hoy es tu día, chico guapo -. Un beso-. Mi nenito especial…

Seño…Seño… Yo… xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(1)

-¿Qué importa eso? Pero mírate: ¡si eres una monada!

¡Hala! Y ooooooooootra vez a llorar. Pero esta vez sin pudor, continencia ni miedo alguno. A moco tendido, vaya. Me tiré berreando, abrazado a la seño, lo suficiente como para que no me quedara ni una lágrima más que derramar durante el resto de la tarde.

Cuando me hube tranquilizado, acordamos volver abajo con los demás. Debían ser, como mucho, las ocho y media. El plan -casi la orden- de la seño estaba claro: si no conseguía pasármelo bien, no iba a quedarse ahí viendo cómo sufría. Me llevaría de vuelta a casa con ella y se acabó.

Me pareció bien, la verdad: ese lo-que-fuera que vigilaba mi jodido edén interno me lo estaba haciendo pasar fatal. Mordía, pateaba, laceraba… Yo qué sé. Solo le faltaba el arma de aliento de 10D10 de daño… ¡Joder! ¿Y si la tenía y acababa usándola contra mí? Solo de pensarlo, me moría del miedo. No sabía si tendría fuerzas para volver a encontrarme con él cara a cara.

Y después de llorar mucho y bien, y de los correspondientes mimitos, volví abajo a jugar con los demás amiguitos.

En cuanto a eso… A esa cosa, locura, trauma, monstruo o lo que sea, os he dicho cuanto os puedo decir. No me salen muchas más palabras. Al menos, todavía no.

Es mejor que os lo digan los Héroes del Silencio por mí …

Siempre he preferido
Un beso prolongado
Aunque sepa que miente
Aunque sepa que es falso

¿Qué demonios ocurre
Cuando miradas no se encuentran?
La pelea de gallos
Se admiten apuestas

¿Quién buscó abrigo
En algún otro lugar?
¿Es posible que el frío
Venga con la edad?

«¡No se vayan todavía! ¡Una y más!» 😉

Stephan

(1) La misma frase que le dije a Bea y que, por ahora, prefiero no hacer «semipública» 😉

LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO (IV): «SHINE»

Fue algo progresivo, un poco como cuando te metes en el baño con agua muy caliente y al principio molesta, pero luego es genial. El peso del que os hablé y que me había estado atormentando desde el principio del evento se fue desvaneciendo. O disolviendo en ese agua caliente, si queréis ;). Y de veras hacía calor, pero no demasiado. Se estaba bien allí.

El proceso tuvo mucho de monólogo interior o conversación conmigo mismo. Había una vocecita que me iba chivando en la oreja lo que debía decir y hacer y yo simplemente lo hacía y le daba las gracias mentalmente por haberme ayudado. Cuanto más caso le hacía, más aliviado me notaba. No solo de mi frustración inicial, sino de muchas otras movidas que estaban allí antes de que empezara el evento. Lo de siempre, vaya: mis eternos conflictos mentales, existenciales, laborales… Llegaría, poco después, un momento en el que no existirían, pero yo aún no lo sabía.

Así como una hora antes había acumulado sentimientos negativos, a eso de las ocho u ocho menos cuarto, acudieron solo cosas positivas a mí. Hasta generar algo así como un estado mental -casi diría un estado alterado de conciencia- completamente nuevo para este vuestro Nenito.

Su primer componente, en primer lugar, era una sensación muy pronunciada de potencialidad. Como si hubiera recuperado una libertad primigenia, inconsciente, que superaba el hacer o no hacer y que consistía más en una forma de experimentar el mundo que de relacionarse con él. Sin ninguna razón particular, gracias a esa potencialidad, me tiré sonriendo no sé cuanto tiempo. A veces con la boca, otras veces solo con la mirada y, las más, con ambas. Seguro que ponía cara de bobalicón; si es el caso, fue cosa natural XD.

También tenía ganas de jugar, de tener muchos amigos, de querer a todo el mundo. Mejor dicho: de aprovechar el tiempo queriendo a todo el mundo. Nada de lo que había a mi alrededor me parecía aburrido ni falto de interés. Y, por eso, no había ninguna razón para no ser feliz ni para estar triste. Mi nuevo yo daba por hecho que la felicidad era mi estado natural y que lo raro había sido perderla por el camino.

Este nuevo “yo” ya apenas podía abstraerse y analizar sentimientos de forma objetiva. Sobre todo porque una de sus tendencias más marcadas era la de no analizar, racionalizar ni clasificar nada de nada. Mi enrevesada y cuadriculada cabezota había sido desplazada por una especie de caos multicolor y azucarado. Absolutamente benigno, pero muy poderoso. Implacable y, al mismo tiempo, inofensivo.

Más o menos así, pero con el sabor de cien gominolas diferentes…

Me di cuenta de que ya no pintaba: disfrutaba pintando. Ya no reía: disfrutaba riendo. Y era mucho más que maravilloso sentirse así: era mágico. Comprendí que estaba ante una oportunidad nueva para mí y tenía que dejarme ir. Así lo hice. Ya lo dijo el poeta, ¿no?: ¡Al mar, al mar, y no pensar en nada!. ¡Pues hala! ¡Allá iba yo!

Justo entonces una de las middle (la llamaremos Bea) se vino a jugar con nosotros porque, al parecer, había terminado su tarea. “Yo cuido a los pequeños, no os preocupéis” dijo. Se sentó a mi lado y yo me puse super contento solo porque ella estaba allí. Ya sé que suena estúpido, pero es la verdad. Estaba genuinamente encantado de que se hubiera venido con nosotros. Incluso reconozco que me la quería quedar solo para mí. Quería que fuera mi amiguita. ¡Yo tenía que ser muy bueno y muy dulce con ella para que se quedase a jugar conmigo! 😀

Y jugamos, claro que jugamos. Me hizo dibujos y yo los coloreé. Le conté sobre mis colores favoritos, las cosas que me gustaba hacer y ella también me contó. Yo me abrí un poquito y ella se abrió un poquito. Sobre todo conmigo, porque mi otro compi no me acuerdo muy bien qué estaba haciendo, y el super-peque… muy en su línea, tocando las narices, jajajaa.

Bueno, y ya que he citado a Manuel Machado y este post está quedando casi demasiado emotivo, vamos a poner este temón solo para partirnos el culo XD

Como os digo, pinté y dibujé con ella. Y le demostré que yo también sabía los números y esas cosas de mayores y ella se sorprendió mucho. Claro, vosotros diréis: menuda hazaña la de saber contar con 45 años, pero tened en cuenta cómo me sentía yo entonces. Creedme: fue un logro solo digno de un nenito tan abnegado como yo ;).

Hablamos mucho rato, no sé cuanto. Para mí fueron horas, aunque no creo que pasara de media, en realidad. Y Bea me regaló un avión de papel :D. Me hizo mucha ilusión, hasta me parece que me puse colorado y todo de la emoción y lo lancé varias veces para verlo volar. Creo que ella también se sentía bien allí conmigo.

-¿A qué quieres que juguemos? -me preguntaba

Y yo solo la miraba fijamente y le decía sonriendo:

-A montarnos en este avión y marcharnos lejos, muy lejos.

-¿Pero dónde quieres ir?

-No sé, pero muy, muuuuuuuuy lejos. Y juntos. 😀

-Jajajaja. Qué cosas tienes. Pero no podemos montarnos en un avión de papel…

-Sí, sí, sí… Ya verás como sí 1.

-Desde luego, imaginación te sobra…

-Sí, la seño dice que tengo mucha imaginación.

-¿Y por qué has pintado esto de aquí de azul?

-Me gusta el azul. Yo tengo los ojos azules O:).

-Ah, es verdad. Qué bonitos.

Etc…

Fue muy buena y cariñosa conmigo ^^. Tengo el dibujo que hicimos guardado en la mesita como si fuera un tesoro O:) ¡¡Gracias, Bea!! Fuiste un amor con este nenito, digamos “nuevo en el mundo”.

Todo iba mejor que bien. Era maravilloso. Emocionante. Emotivo… y 0% sexual. ¡Ni siquiera yo mismo comprendía lo que estaba ocurriendo! Pero a) Me daba exactamente igual y b) quería seguir en ese mismo estado el mayor tiempo posible. Si no para siempre, casi, casi… 😉

Entonces ella dijo algo. Algo completamente inocente. Algo que encajaba al 100% con la situación y que yo debía haber recibido con una sonrisa de bobalicón aún más exagerada que la que ya lucía.

Fue un simple cumplido, un cumplido al 100% inocente, insisto. Amable. Hasta oportuno.

Y, entonces… ¡Tambores! ¡Tambores en lo profundo…!

monstruo

(1) Sí, una niñería. Pero ahí está esa potencialidad de la que os hablaba. No lo dije del todo en broma. Una parte de mí (ese nuevo yo) lo creía posible.

LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO (III): «THE AWAKENING»

Cuando la seño entró, fue como si se trajera el sol con ella para darme luz y calorcito 🙂 .

Y ahora meto este viejo clásico de clavo Kiss FM Mindstate, que es mítico y tal…

La verdad es que se lo trajo consigo literalmente, porque se comió una hora larga de espera con el calorón de Madrid en junio, sin tener gran cosa que hacer. Pero aguantó. Aguantó por mí. ¿Entendéis? ¡Por mí! No sé si os lo he dicho alguna vez, pero no hay forma de expresar con palabras lo mucho que la adoro, amo, venero e idolatro O:).

Saber que ella estaba por allí, relativamente cerca, aunque no pudiera -en teoría- acercarme ni para decirle “holis”, contribuyó en gran medida a calmar mis paranoias. No obstante, al final del evento me llegaría a confesar que estuvo a punto de mandarme a la mierda y marcharse a casa XD. Menos mal que decidió quedarse conmigo.

Me tiré un buen rato buscando su mirada. Estudiando su expresión. Investigando. ¿Qué le hacía sentir todo aquello? ¿El verme allí entre los demás little, como uno más? ¿Acaso se había metido en el rol y me ignoraba a propósito? Se suponía que tenía que hacer como si nada; esa era parte de la gracia, al menos en aquel momento del evento. Me daba igual: yo buscaba un gesto de aprobación por su parte. Un simple mohín que me permitiera confiar: “Sí, seguro que me va a adoptar”. O, por lo menos, un «todo va bien«. Huelga decir que no lo logré; se mantuvo fría y hierática como un ídolo antiguo, muy en su línea. Claro que, por otra parte, es muy fácil que estuviera pensando: “le voy a poner el culo culito como un tomate a ese gilipollas tontorrón” y no tuviera el chichi pa farolillos XD.

Durante esta fase del evento, la mayor parte del tiempo mi compi artista y yo estuvimos prácticamente solos en la mesita, porque el otro little no hizo más que escaparse y pulular por el local, entre las risas -en el buen sentido- y las bromas de los middle y, en mucha menor medida, las nuestras. Hubo mucho contraste entre lo travieso que era él y lo buenos que éramos nosotros dos. El staff le dio caza sistemáticamente y lo devolvió a su sitio no sé ni cuántas veces. Pero es que, claro: siendo tan pequeñito, pues poco podía hacer con los colores y los lápices, ni tampoco con la plastilina. Je, je… Aunque ya ha pasado una semana, es como si siguiera escuchando la voz de la Sra. Subdirectora: “No se come, no se coooooome” XD.

Los middle seguían con sus tareas y nosotros con nuestras cositas artísticas. Yo jugué a que “calificaba” el dibujo de mi compi y él el mío, como (según nos sonaba) hacen los profes con los trabajos de los mayores ;). Podéis ver la calificación al pie del dibujo, cuya foto subí en el episodio anterior.

Algo muy positivo y que me sorprendió gratamente: el evento no fue solo muy inclusivo, sino desenfadado. Quiero decir que el humor siempre estuvo presente y esto es algo que yo agradezco y que, como sabéis, intento siempre potenciar en este blog. Nunca fue serio en exceso, pero no por ello las escenas perdieron un ápice de autenticidad. Esta manera de enfocarlo fue, a mi juicio, muy positiva y me consta que gustó mucho a los participantes. Lo importante, como siempre decimos en Historias ABDL, no es pasar a la historia, sino pasar de historias. Bueno, no sé si lo hemos dicho alguna vez, pero se me acaba de ocurrir y viene a cuento, así que os coméis el puto retruécano y se acabó :P.

Truqui 7: Cuanto más sentido del humor le pongáis, mejor. Al fin y al cabo, nadie se lo pasa mal en un evento en el que se ríe a gusto.

También hubo recreo, no creáis que no, aunque los middle decían que hasta que no sonara el timbre, ni había recreo ni nada XD. Ese es un punto negativo en cuanto a verosimilitud, aunque también es verdad que si llega a sonar un timbre, me hago pipí del susto y además, de verdad. Y, ahora que hablo de hacerse pis, un dato curioso -además de sorprendente, dada mi condición de meoncete-: conseguí mantenerme seco durante todo el evento. No sé si los demás little lo consiguieron ni si hubo premio al final por conseguirlo, como había mencionado el staff, jeje 🙂 Es más: durante la mayor parte del tiempo ni siquiera me acordé de que llevaba pañal, lo cual viene muy al hilo de lo que quiero contaros ahora.

A menudo me he clasificado a mí mismo en este blog como un fetichista. Al menos, en lo esencial. Para mí, esta parafernalia de los pañales, onesies y demás siempre ha tenido, más que nada, un trasfondo eminentemente sexual. Es cierto, y también lo he reconocido, que otras veces la parte sexual queda velada, o por completo al margen. Depende de múltiples factores, a saber: estado de ánimo, hora del día, época del año y paralaje relativo de Saturno respecto a la cuarta casa de Aries Trimegisto…:P. Fuera coñas: es impredecible. No es algo que ni yo ni la mayor parte de los ABDL controlemos a voluntad.

Esta dimensión fetichista la tengo muy explorada. Ha funcionado de múltiples formas y en diversos contextos. La he compartido con mi pareja cienes y cienes de veces. O cincuentas y cincuentas. Pero vaya; es un campo en el que me muevo con suma facilidad y por donde piso firme. Conozco mis reacciones, sé lo que las dispara y cómo manejarme en una intercambio fetichista con mi seño, si estoy en pañales. Y la seño –en cierta medida- también, claro. Después de todo fue ella la que se sacó de la manga según que truquis de Bene Gesserit para someterme abedélicamente. Pero eso ya os lo cuento otro día, cochinotes.

En la otra parte, o sea, la no fetichista, soy muy novato. No es algo con lo que mi pareja se sienta cómoda y yo nunca la presionaría para que “aceptara” mis juegos y mis movidas AB. Me juré a mí mismo que jamás manejaría mi relación como si fuera un libro de contabilidad (“si yo hago esto, tú haces esto otro”, etc.) y durante estos 18 años lo he cumplido a rajatabla. De manera que nunca o casi nunca he podido recrearme en la parte AB. Por lo tanto, me conozco menos en ese tipo de interacciones, de poco a casi nada. Y rara vez he podido mantenerme en littlespace durante largos períodos de tiempo, ya que, al menos para mí, ese littlespace requiere de la presencia y colaboración de mi FAI. Digamos que mi experiencia práctica como ABDL (siendo yo un 40% AB y un 60% DL) es más bien un 5% AB y un 95% DL. Muy poco equilibrada, como veis.

Y he ahí la segunda gran misconception de la que os quería hablar en estas crónicas: yo acudí al evento con una mentalidad muy DL, simple y llanamente porque era a lo que estaba acostumbrado. No me planteé que, una vez allí, esa faceta DL, más fetichista o más sexual, si queréis, iba a mantenerse ausente casi al 100% y sería reemplazada -o, mejor dicho, barrida- por mi lado AB. Justo el menos explorado. El más misterioso para mí. Y ese estado mental no lo domino, no lo controlo como la faceta DL. Es, en gran medida, Terra Incógnita para mí, fuera de las pequeñas interacciones y anécdotas que os he contado ya en ocasiones anteriores.

¿Qué consiguió desencadenar ese mecanismo? No lo sé. Las bromas de los middle. Las travesuras de nuestro compi super-little. El entorno seguro y relajado. La presencia lejana pero reconfortante de la seño. El cariño del staff y de todos los presentes. ¿Quién sabe?

Así que… ¡pasen y vean! Porque a partir de aquí -debían ser alrededor de las 19:30- toma el control un yo que no soy yo. Un Stephan que no es Stephan. Un Nenito que no es el Nenito de siempre.

Pero que, de alguna manera, es más yo que ninguno de ellos.

Stephan