Bueno, pues aquí estoy, con la primera parte del post del que os daba alguna pista a finales de agosto.
¿Habéis sido buenos, no?

«Con el culete bien rojo ya veréis lo buenos que sois…» 😛
Foto: Wikipedia
El caso es que, sobre todo a raíz del anuncio de cierre de una de las páginas ABDL más conocidas (www.adisc.org), he estado reflexionado sobre “lo nuestro”, y me gustaría comentarlo en el blog. Vaya por delante que este post es un poco por desahogarme, como algunas otras veces, pero esta vez creo que lo que os voy a contar tiene mucho más de positivo que de negativo, o podría tenerlo. Seamos optimistas, aunque sea un poquito.
Como sabéis, Historias ABDL es, hablando en términos generales, un blog sobre BDSM y, muy especialmente, sobre el ABDL, que viene a ser un subgénero de Ageplay, y este, a su vez, una rama del BDSM, etc. etc. O, al menos, así es como lo hemos venido planteando en estos últimos tres años. Como un blog que trata temas eróticos, sexuales, o llamadlo como queráis. Y no solo hemos hablado de esas cosas, sino también de esa parte del ABDL o del BDSM que no es en absoluto sexual y que tiene más que ver con lo psicológico y espiritual. Con un cierto tipo de experiencia íntima y profunda, pero diferente y única para cada persona.
Pues bien, si hay un tema recurrente en el blog es lo difícil que es conocer gente con la cual esté uno alineado y con la que haya una confianza e intimidad lo bastante intensas como para dar el “tránsito” al BDSM. Si hablamos del ABDL en particular, es todavía más difícil, y no creo que haga falta explicar aquí por qué. Las imágenes, la parafernalia y las escenas ABDL son lo que son y a muchas personas les echan para atrás, incluso a aquellas que no son en absoluto vanilla. No todas las amas ni amos están abiertos a ese tipo de juegos. Los que lo están, a menudo imponen límites estrictos, que a alguno le pueden parecer excesivos o frustrantes, por chocar con sus preferencias. Y a pesar de que aquí siempre hemos sido positivos, porque fantasear es gratis, no nos vamos a engañar: plantearle esto a una persona que no tiene ni ha tenido contacto con el BDSM es, como mínimo, arriesgado.
Eso hace que liberar a ese “yo” tan reprimido y necesitado de expresión sea difícil para nosotros, los ABDL. Si se diera el caso de que quisiéramos hacerlo, ¿con quien podríamos o nos animaríamos? No es tan sencillo como decir “ah, pues quedo con alguien y ya está”. No todo el mundo vive en una gran ciudad, en la que es siempre más sencillo (ojo: no fácil), ni tiene las mismas prioridades, gustos ni enfoques. Entonces, ¿qué hacer? Quiero decir: ¿existe algún club o círculo ABDL en España? Que yo sepa, no. ¿Algún tipo de asociación o colectivo explícitamente centrado en el ABDL? Pues que yo sepa, tampoco. ¿Eventos o fiestas ABDL regulares o relativamente conocidas? Nasti, hasta donde yo sé. ¿Guarderías ABDL? Pues no, (creo). ¿Mazmorras o locales especializados? Si los hay, los desconozco. ¿Una comunidad online -o outline– asentada y accesible? Qué va. Ni siquiera en Fetlife, en donde no pasamos de algún grupo suelto y muy poco frecuentado (aunque no por falta de interés, me parece a mí). Tampoco ayuda el hecho de que Fetlife sea una página de mayoría anglosajona, y más centrada (no digo que exclusivamente) en el aspecto sexual. Y esto del ABDL para muchas personas ni siquiera es sexual. A mí, por ejemplo, me pasa: algunas veces es sexual y otras muchas no, y tiene que ver más con un estado mental, tranquilidad, relajación, alivio del estrés, complicidad, diversión, conexión interna… ¡whatever!
Al decir esto, no pretendo invisibilizar a nadie. Sé que, por ejemplo, este año ha habido otro evento en MZM Rainbow (al que me fue imposible asistir) y que hay mucha gente moviéndose, hablando, conociéndose y demás. Que están Wasap y Telegram. Todo eso es verdad. Gracias a la tecnología existen opciones que antes no había. Veo en ello un potencial muy importante, pero, a la hora de la verdad, ese potencial se queda un poco cojo y casi todo el mundo te cuenta la misma historia: “estoy muy solo”, “no encuentro a nadie”, “no soy capaz de soltarme”, “vivo con el miedo permanente de que me descubran”, etc. En pocas palabras: que a pesar de ese potencial, los ABDL’s seguimos más o menos como antaño, instalados en el miedo y la desconfianza. Incluso un poquito marginados (es la verdad) dentro de la cultura BDSM. Y he dicho un poquito, por dios. No empecemos a discutir sobre niveles, que no estamos jugando a D&D (¡pero molaría!).
Nos conocemos poco, nos vemos poquísimo y nos mimamos todavía menos… o nada. Y para muestra, un botón: yo mismo llevo veinticinco años tratando a otros ABDL y relacionándome con ellos a través de internet, pero en persona… casi no he visto a nadie. No me han cuidado apenas, ni he cuidado. En la práctica “real” acabo de salir del armario, si vosotros me entendéis. El evento del año pasado fue mi estreno.
La cuestión es: siendo este el panorama, ¿qué puedo hacer yo? Y cuando me hago esta pregunta, me refiero a qué puedo hacer yo activamente, más allá de llevar este blog y daros la murga con mis mierdas mentales e historietas XD. Es decir, ¿puedo hacer algo más, por mí y por vosotros? ¿Por nosotros? “¿Por mí y por todos mis compañeros?”
“Sinceramente, sí…”
Me gustaría ir un poco más allá con Historias ABDL. Contribuir a la creación de entornos seguros, recursos tangibles y relaciones reales. Más acercar a las personas y menos scrollear la pantalla de un móvil ad nauseam. No digo que esté pensando en montar la ABDELIA de mis relatos, pero… ¡Igual sí, oye! ¡Yo qué sé! O podría ser algo distinto, sin dejar el ámbito online, siempre y cuando nos ayude. Siempre y cuando sea algo positivo. Ni puta idea de qué, pero algo.
Me consta lo útil y entretenido que es Historias ABDL para muchos de vosotros. Y ahora… ¿qué más? ¿doy/damos un paso adelante o no? ¿Cómo?
El caso es que lo estoy pensando y se admiten ideas ;).
Portaos bien y… continuará 😉
Stephan



