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¡LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO! (II): NUBARRONES

Me acuerdo que más bien al principio -y me encantó- interactué un poco con una de las middle, que era el amor en persona. No diré “hablé”, porque no aplica. Ella y yo sabemos por qué ;).

Y… sí. Te confirmo que a mi Osi le gusta el heavy metal. Aquí aparece curioseando mi pañal pero, créeme: le encanta

Luego, lo único que me vi capaz de hacer fue abrazarme a mi Osi y buscar a la seño con la mirada. Pero la seño no estaba allí :(. Vendría más tarde para el roleplay de las adopciones (si sobrevivía a la hora de espera con el calorazo, que esa era otra). Tenía que sobreponerme a su ausencia y soltarme un poco. Animarme. Divertirme. “¡Vamos, tío!” -me decía- “¡Estás sentado a una mesita en onesie, peto y pañales junto con otros dos little! ¡Tienes colores, papeles, peluches…! ¡Tienes de todo, como el de las gambas y los chopitos! ¿A qué esperas, gilipollas? ¡Ríe! ¡Salta! ¡Méate encima!”.

Eso fue, más o menos, lo que me estuve repitiendo la primera media hora del evento, sentado a la mesita, pero no había manera de relajarme ni de conectar, ni de entrar en littlespace. Mi nivel de frustración, como os podéis imaginar, comenzó a despuntar. Las razones son desconocidas para mí: quizá es que nunca había compartido mi littlespace con nadie salvo con la seño pero, por otra parte, os aseguro que un servidor carece por completo de lo que la gente normal llama “vergüenza”1. Y, si no se trataba de vergüenza, entonces, ¿cuál era el problema? ¿Por qué no me dejaba llevar?

¿Qué me pasaba? Ni idea. Y, precisamente, el hecho de no entenderlo me angustiaba más y más. Una y otra vez me repetía: “Pero tronco, si tú eres un tío sin inhibiciones, la única persona en el mundo que es igual borracha que sobria1, ¿qué te pasa?”. Entré en bucle y empecé a pensar que a lo mejor me había equivocado, me había juzgado mal a mí mismo y a mis capacidades. Y vuelta la burra al trigo: “¿Cómo puedes ser tan bobo?”. Etc.

Me costaba horrores mirar a cualquier persona que no fueran los little que estaban conmigo. Notaba una presión enorme en la garganta: algo abrumador, como una mano que tirara de mí hacia afuera, que me quisiera sacar de allí cuanto antes y a lo bestia. Por absurdo que parezca, me llegué a sentir fuera de lugar cuando, irónicamente, jamás había estado en un lugar más apropiado para mí. ¡Figuraos!

En esos momentos, si de veras hubiera estado la seño conmigo, creo que habría huido. Y no he escogido la palabra al azar. No digo “ido” ni “marchado”, sino “huido”.

Creo que debía tener cara de angustiado, porque el staff se volcó conmigo, como ya os conté, y rara vez me he sentido más arropado ni he podido expresarme con semejante libertad acerca de estos gustos y tendencias míos. Hicieron cuanto estuvo en su mano y, gracias a ellos, pude soltarme un poquito y ponerme a dibujar y pintar tímidamente, aunque me costó lo indecible. Mis dieses a Altana y a todos los demás. Y un millón de gracias también O:).

Truqui 6: Confía en el staff. Ellos saben más que tú. Seguro.

Quiero resaltar que el único responsable de estos sentimientos fui yo. No fallaba nada en concreto. Ni el momento, ni el lugar, ni la compañía, ni nada de nada. No quiero asustaros tampoco ni echaros para atrás al contarlo; al revés, creo que probar cosas nuevas es casi siempre bueno. Pero también creo que esos experimentos pueden desatar reacciones impredecibles y es importante ponerlo de manifiesto, para que nadie piense que todas las experiencias que merecen la pena son unidimensionales. La mayoría no lo son. Es necesario concebirlas como un todo.

Por hacer una comparación: imaginaos que hacéis paracaidismo por primera vez. El momento de tiraros desde el avión al vacío quizá fuera muy difícil, pero la experiencia en su conjunto puede haber sido genial y ese instante de duda, de miedo o de frustración no la empaña, sino que le confiere cierta grandeza. Hay una fase de duda y dolor antes de alcanzar la gloria. No llegas, ves, triunfas y te vas. ¡Julio César solo ha habido uno en la historia, tíos!

Aquí tenéis mi cojo-mega-obra de arte, por cierto ;).

Y esto no es nada: mi compi little hacía virguerías con la plastilina. Me quedé con las ganas de pedirle que me regalara uno de sus muñequitos como recuerdo, pero la seño no me dejó (¡seño mala! :(). Yo me limité a hacer arcos y arcos de plastilina cosa que, lo reconozco, me sirvió para tranquilizarme. Mi compi también pintó e hizo sus dibujitos más tranquilo que nada y -eso segurísimo- más tranquilo que yo. El otro peque, como era más pequeño, no tenía todavía esa capacidad, pero inquietudes, lo que se dice inquietudes, las tenía todas. ¡Menudo trasto estaba hecho! 🙂

Alrededor de la hora en la que entraron los papis y mamis (debió ser sobre las 19), yo me había tranquilizado bastante y me sentía más alineado con mi little interior. Era capaz de participar activamente junto con los compis y el staff, podía dibujar, jugar con la plastilina y, en resumidas cuentas, estar más contento.

La primera hora del evento termina aquí :). Y ahora vienen cosas bonitas. Muy bonitas y muy íntimas.

¡Emocionantes!

Stephan

(1) Según la ya muy vieja máxima de uno de mis mejores amigos.

¡LAS CRÓNICAS DEL EVENTACO!: ORFANATO BDSM EN MZMRAINBOW (I)

Bueno, chicos, pues aquí estoy: de resaca, aunque no por culpa del alcohol, sino por el evento al que tuve la suerte y honor de asistir en MZM Rainbow, en Madrid.

La tarde y particularmente tarde-noche del pasado sábado fue muy, muy intensa para mí. Tanto, que aún tardaré en recuperarme, por lo menos, unos cuantos días.

Quería haceros un resumen un poco “por encima” de lo que pasamos y cómo lo pasamos, pero se me ha ocurrido algo mejor: voy a explayarme a conciencia. ¡Para variar!

En primer lugar, porque me apetece, qué cojones XD. Y, en segundo, por una razón más práctica: quizá muchos de vosotros os estéis planteando acudir a algún evento, fiesta o club BDSM y no os atreváis, porque no sabéis qué os vais a encontrar, os da corte o lo que sea. ¡No desesperéis, porque aquí está el Nenito -Stephan para los amigos- dispuesto a largaros uno de sus rollos macabeos! ¡Y por fascículos!

Creo que, además, sería bueno entrar en detalles. De este modo, aquellas personas tan neófitas como yo se harán una idea de lo que cabe esperar y de cómo afrontar y gestionar las situaciones más variopintas que puedan darse, una vez metidos en harina. Evidentemente, luego la realidad y la experiencia de cada uno serán diferentes; que nadie se tome esto como un paradigma. Pero yo contaré mi vivencia por si sirve de inspiración para los seguidores de este blog y para cualesquiera curiosos que se dejen caer por aquí. Hasta os apuntaré algunos truquis para que podáis subir unos nivelillos previos, chiquis

¿Cómo empezar? Madre mía, es que tengo semejante saturación de sentimientos… El evento fue al mismo tiempo terrible y hermoso para mí. Sé que suena contradictorio, pero es la mejor forma que tengo de describirlo.

¡Venga! Hagamos una retrospectiva completa y sabréis por qué.

PREPARACIÓN

Los quince días anteriores al evento los pasé más nervioso que un flan, haciendo preparativos y, en mi línea, dejando volar mi calenturienta imaginación. Como buen neófito, cualquier escenario me parecía plausible, tanto bueno como malo. No es que yo tuviera una concepción previa de lo que es un evento BDSM, pero bueno, uno se imagina un entorno muy liberal, con suma relajación de costumbres y todo eso, ¿no?

No sé si me explico…

Teniendo en cuenta que no iba solo, sino con mi seño (la mía de verdad, no la de mis historias), mi miedo principal era por ella. Yo daba por hecho que a mí me iba a encantar, pero a ella… ¿Cómo podía saberlo? Quería que se encontrase cómoda, que disfrutara, y no las tenía todas conmigo. Después de todo, mi seño no es ABDL y, aunque sí es ageplayer, lo es en otra onda muy distinta a la que llevaba el evento.

¿Y si se aburría? ¿Y si se sentía incómoda? ¿Y si se encontraba fuera de lugar? ¿Y si yo estaba allí más a gusto que un arbusto y ella se iba? ¿Y si no me dejaba quedarme? En una cuestión así, no la podría desobedecer: a ver si os creéis que es la seño solo para lo bueno. ¿Tanto tiempo esperando para mi primer evento y, al final, no iba a quedarme en él ni media hora? Y vueltas y más vueltas.

He ahí mi primera misconception y, quizá, la más gorda de todas las que os revelaré: no solo ella se sintió perfectamente y a gusto en todo momento, sino que en determinadas fases llegó a pensar que se lo estaba pasando mejor que yo. Pero ya llegaremos a eso: ahora sigamos con los preparativos.

Truqui 1: No contaminéis la experiencia con vuestros prejuicios. Lo que ocurra muy probablemente sea sorpresivo al 100% y vuestras expectativas serán aniquiladas por la vivencia real.

Siguiendo el consejo de la seño, me preparé un outfit super mono: mi onesie de piratas (que habéis visto por el blog mil veces), peto vaquero, playeros, sujeta-chupete, chupete y zapatillas cómodas. En lo referente a pañales, me llevé unos cuantos ABU Dinosaurs. Y, con esto, quedó el outfit terminado. En realidad yo quería ir solo con el onesie, pero la seño dijo que eso era de pequeñajos y que yo ya soy mayor. Y tiene razón. Siempre tiene razón. Así que peto, onesie y pañalito, como ella mandaba (“y peto largo, que con pantalones cortos parece que vas disfrazado”).

Hicimos algunos preparativos sencillos vía Telegram y Fetlife. Lo normal, supuse, en un evento de esta naturaleza: historial, límites, palabras de seguridad, etc. No obstante, no había nada parecido a un “programa” claramente organizado. Fuera de una idea general del contenido del evento, lo cierto es que los asistentes fuimos allí casi a ciegas. ¡A la aventura!

Los últimos días antes del sábado me costó dormir. No tenía otra cosa en la cabeza, la verdad. Daba mil vueltas en la cama mientras ideaba escenarios de lo más grotesco. Desde “meto la pata hasta el corvejón y me cuesta el divorcio” a “nos marchamos a los diez minutos porque la seño se enfada”, pasando por “me pongo tan cachondo que bato el récord mundial de eyaculación precoz”. Y otros que no os cuento porque pensaríais que estoy absolutamente loco XD. Que vaya, un prodigio de la cordura tampoco soy, como bien sabéis los que me seguís.

Pero el caso es que, al final… ¡¡llegó el día!! ¡¡Albricias!!

LA PRIMERA EN LA FRENTE

El evento iba a tener lugar en el local de MZM Rainbow el sábado 15 por la tarde. Allí nos fuimos en coche, completamente mentalizados -sobre todo yo- y dispuestos a darlo todo en nuestro primer evento –oh, la la!– BDSM.

Truqui 2: No es difícil aparcar en la zona del local de MZM Rainbow. Se trata de un polígono industrial justo al lado de una de las salidas de la M30. Aunque muchos de los aparcamientos son reservados, si el evento o la fiesta a la que vais es un fin de semana o día festivo, encontraréis sitio casi seguro. La estación de tren de Villaverde tampoco está lejos, si preferís el transporte público.

Truqui 3: El local está en la parte posterior del edificio, según accedéis a las naves correspondientes desde la carretera. No tiene pérdida: es el único con una puerta negra. ¡Cómo no! 😉

Debimos llegar alrededor de las 17:40, más o menos. Cuando aparcamos, ya había algunos participantes por la zona y comenzaron las presentaciones. Seguidamente, entramos en el local, en donde nos estaba esperando el staff del… ¡Orfanato, claro! ¡De esto trataba el evento! 😀

Al principio lo único que necesitábamos era cambiarnos y prepararnos tanto mental como administrativamente para el sarao: identificarnos, etc. Yo me llevé todo en una mochila y mi seño también se procuró un extremadamente sugerente outfit en plan profesora/nanny, con arnés de cuero incluido que, la verdad: solo de vérselo puesto, babeo como un auténtico toddler.

Y aquí llega mi mayor metedura de pata de la tarde: a pesar de que nos lo habían dicho claramente, a mí se me había olvidado decirle a la seño que los little entrábamos solos y los acompañantes y caregivers solo podían entrar después, allá sobre las 19 más o menos. Y la seño no se pudo poner su outfit de-puta-madre-cómo-es-posible-que-semejante-hembra-me-dirija-siquiera-la-palabra-soy-su-puto-Kajiro-oh-cielos-cómo-la-adoro-oh-oh-cielos, etc. Me cansé de pedirle perdón, mientras ella decía no sé qué de la azotaina que me iba a llevar en cuanto volviéramos a casa (:P), pero yo seguía estando tan nervioso que ni siquiera recuerdo el momento en que ella se marchó y yo me quedé solo con los participantes -que seguían llegando- y el staff, compuesto por:

  • Funcionaria de administración.
  • Supervisor.
  • Subdirectora del centro.
  • Directora y Jefa de Estudios.
  • Médica jefe y enfermera.

Truqui 4: No seáis tan bobos como yo y recordad las normas de los eventos, especialmente las relativas a horarios, entrada, acceso, acompañantes, etc.

Subí a cambiarme al piso de arriba y… segunda metedura de pata: no fui capaz de encontrar mi sujeta-chupete. ¡Con lo que me molaba! Revolví la mochila una y mil veces, pero me tuve que dar por vencido a los 10 minutos, entre otras cosas porque en el baño hacía un calor de diez mil demonios feroces. Y con el onesie, el peto y el pañal, me estaba asfixiando. Sin embargo, durante el resto del evento estuve muy a gusto en cuanto a temperatura, con lo cual supongo que se trataba, una vez más, de mis putos, putísimos nervios. Es casi seguro, puesto que el dichoso sujeta-chupetes apareció después abajo, en la entrada. Muy probablemente se me cayó al intentar coger algo de la mochila cuando entramos y ni me fijé.

La verdad es que me lo merecía

El caso es que, aunque suene estúpido, cuando la seño se marchó comencé a sentir algo extraño. ¿Sabéis esa sensación de que lleváis esperando algo tanto tiempo que luego, cuando, ocurre, no sabéis cómo gestionarlo? Pues algo parecido. Y se suponía que estaba en mi salsa: mi onesie, mi pañal, un mandilito, mi nick en una pegatina con colorines…

El evento comenzó dividiéndonos por edades: los más pequeñitos, en la mesita baja y los más mayores en la mesa grande. Esta primera parte del evento fue un roleplay muy parecido a lo que sería una escuela. Para los pequeños había colores, dibujos, plastilina (¡qué puntazo!) y todas esas cositas, y para los mayores sus mates y demás ;). Éramos 3 en la mesa pequeña: un little muy, muy pequeñito, otro solo un poquito más joven que yo, y yo. En la mesa grande eran muchos más que nosotros, pero en ningún momento fueron un problema las diferencias de rol.

Desde el principio, tuve claro que el staff estaba volcado en nosotros y muy especialmente conmigo. Supongo que fue porque se me veía mucho más nervioso que a los demás, incluyendo en esto a los little que estaban conmigo en la mesita. En todo momento pude comunicarme con ellos, hablar de lo que sentía, de quién era, de mis gustos, mi experiencia, mis necesidades y, la verdad, no solo no puedo quejarme en absoluto sino que, de no ser por ellos, no habría molado ni la mitad. Me hicieron sentir un poquito como el niño mimado en algunos momentos y… joder, ¡mentiría si dijera que no me gustó, jajaja! XD

Truqui 5: Exprésate, habla con los organizadores, sé accesible y amable con todo el mundo. Tu mente te lo agradecerá.

¡Pero el evento acababa de empezar! ¿Qué más se podía pedir?

Pues ni puta idea, pero yo quería pedirlo y a gritos. Así de claro. O, mejor dicho, así de oscuro.

En cuanto tenga un rato, seguimos con la crónica. Que vienen curvas.

¡Besitos, peques!

Stephan

Evento bdsm en Madrid

Ya estamos aquí con otra actualización de viernes. ¡Y esta va sobre un evento BDSM!

Tras algunas semanas considerándolo y haciendo malabarismos con la agenda para poder cuadrarlo, parece que tomaré parte en un evento que tendrá lugar el día 15 de junio en Madrid. ¡Me voy de evento BDSM en pañales! XD

Pasen y vean…

evento bdsm

¿Mola o qué?

El evento tendrá lugar el día 15 de junio en Madrid y, como veis, será un evento BDSM muy orientado a los ABDL, littles y demás. O el más orientado a nuestro rollo -que yo sepa- en bastante tiempo.

También os dejo el link de Fetlife https://fetlife.com/events/1510283

Así que nada; los que tengáis curiosidad por conocerme en persona, allí estaré junto con, espero, un montón de littles, mommies, daddies y demás. Por supuesto, será un entorno seguro, inclusivo, y ni qué decir tiene que +18. ¡Evidentemente!

Habrá meriendas, actividades varias, roleplay y espero que lo pasemos todos muy bien. El dress code es el correspondiente al evento. Servidor ya tiene configurado su outfit con peto+onesie+pañal, etc. :D. Pero, eso sí: el evento no lo organizo yo y desconozco los detalles más allá de lo que os cuento aquí.

Os cuento también que es mi primer evento, así que estoy algo nervioso, pero bueno. Creo que es positivo que se organicen actividades de nuestro rollito -o muy similar-, así que me dije: «tengo que ir». Y salvo catástrofe o imprevisto, espero que así sea. No lo digo por decir: sería el tercer evento que me pierdo. Las otras dos veces que tenía todo preparado, tuve problemas personales de última hora y no pude :(.

Así que si tenéis ganas de conocer a otros littles, daddies, mommies, nannies o lo que sea… ¡ya sabéis!

¡Os espero allí a los que os animéis!

¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! 😀

Stephan

PD: Insisto: no soy organizador y no tengo mucha más información, pero si os puedo ayudar en algo, escribidme 😉

¿Peluches sí y pañal no?

Hola, pequeñines, ¿cómo os trata la vida?

«Me defiendooooo, me defiendooooo / como gato panza arriba»

Hoy os traigo un post que, básicamente, se reduce a una pequeña reflexión tal y como os la he resumido en el título. Vamos que, a efectos prácticos, os he destripado la entrada en los titulares XD.

Ya sabéis que aquí defendemos el derecho de cualquiera a hacer lo que le de la gana en su vida privada, siempre y cuando no haga daño a los demás. Y si ese «algo» es usar un chupete o dormir en pañales, pues fantástico. ¿A quién le importa?

El caso es que hace unos meses me encontré con una serie de artículos sobre un tema que a los ABDL les suele molar mucho: los peluches y demás. Normal, ¿no? Son monos, achuchables y ayudan a entrar en el littlespace con facilidad. Todos tenemos alguno, jeje. Yo, por lo menos, sí. Dos, concretamente: un pulpito y un osito 🙂

Los ositos molan. Yo soy un clásico.

Pues bien, aquí os dejo un par de links que tratan el tema de dormir con los peluches en cuestión. ¡Pasen y lean!:

¿Qué tan raro es seguir durmiendo con un peluche?

¿Eres adulto y duermes con peluches?

¡Mira tú! Y nosotros pensando que dormir con un peluche era super anormal y super chungo y super todomal. Ahora viene la ciencia y dice que no hay ningún problema y que es útil y hasta terapéutico. Ojito con el término: TERAPÉUTICO. Entre cuyos sinónimos, según la RAE, figuran: «curativo», «medicinal» o «rehabilitador».

Y pregunto yo: ¿solo el peluche? ¿Si te limitas al muñequito, está bien, pero si además le añades un chupete, o un pañal, o un onesie, o un pijama mono, o unas braguitas de plástico, está mal? ¿Ya no es algo de cuyas ventajas psicológicas puedas aprovecharte?

No sé para vosotros, pero para mí, los momentos ABDL tienen mucho de terapéuticos también. Me relajan, me liberan de mucho estrés, me permiten conectar con compartimentos de mi mente y mi personalidad que de otro modo quedarían aislados y me proporcionan una sensación de ligereza y fluidez mental muy parecida a la felicidad.

Así que reitero la pregunta: ¿peluche sí y pañal no?

Tenemos dos opciones: disfrutar de lo que nos gusta sin complejos o esperar a que la ciencia nos diga que está ok para hacerlo despreocupadamente 😉

Yo lo tengo claro. ¿Y vosotros?

¡Buen finde, peques!

Stephan

Probando los pull-ups

¡Hola a todos, chic@s!

Lo primero: espero que estéis todos bien y petándolo a tope. Yo sigo en mi senda de recuperación física y mental. Voy poco a poco, pero no me quejo: creo que la primavera me está sentando -salvo por la dichosa alergia- bastante bien.

Hoy, de todas maneras, el post será corto. Una pequeña review, por así decir. Bueno, en realidad, no llega a review, es más una anécdota pañalera o un conjunto de truquitos y tips.

El caso es que a finales del año pasado me entró el capricho de probar los pull-ups de toda la vida. Ya sabéis a cuáles me refiero, ¿no? Los que se venden en supermercados y demás. Nunca los había usado -ni en la vida real ni en la vida “irreal”, ya me entendéis- y a raíz de una conversación con un colega ABDL me entró el gusanillo. Entre otras cosas, por la típica fantasía de de “no, no, no, eso no te sirve, que tú eres muy meón…”. No me digáis que no sabéis a lo que me refiero; al fin y al cabo estáis pululando por este blog 😛

La cuestión más complicada era saber si me iban a servir. Yo soy más bien delgado y alto, como sabéis (1.88 / 79 kg), y la talla más grande disponible decía que el peso máximo era de 57 kg. ¿Me valdrían? Me moría de curiosidad por comprobarlo.

El caso es que al final me animé; pillé un paquete en Amazon y aquí va la fotillo, jejeje:

La verdad es que la sensación es buena, son suaves y agradables de llevar. En lo que respecta a talla y demás me quedan algo pequeños, por desgracia, sobre todo por detrás; como se suele decir, voy enseñando un poco la hucha XD. En lo relativo a ajustes, poco que decir, ya que al venirme algo pequeños me quedan ajustaditos, pero en cuanto al ancho de piernas y demás, la verdad es que bastante bien.

Eso sí: si vuestros pañales os gustan más bien gruesos, está claro que los pull ups no son la mejor apuesta, ya que están diseñados para ser discretos. Los dibujillos, por cierto, no están mal, pero acostumbrado como estoy a los de los Kiddo, Tykables y demás, a mí personalmente me saben a poco. Aunque no es demasiado importante: ya os decía que ha sido un caprichito, más bien.

A nivel de absorción tampoco esperéis maravillas, aunque mi experiencia ha sido bastante positiva y han mejorado mis expectativas. De hecho, me imaginaba que iban a desbordar a las primeras de cambio, y pueden aguantar un poquito más de lo que pensaba. Ojo: un poquito solo. Si sois unos meoncetes consumados mejor seguís con vuestros pañales habituales o lo dejaréis todo perdido («tú necesitas pañaletes bien gorditos, etc.») :P.

Molaría que los hubiera más grandes y con otros dibujitos, yo creo que ahí sí que merecerían más la pena, pero he hecho una investigación al respecto y, al parecer, los Goodnites de la talla máxima, que vienen a ser muy parecidos a estos pero mucho más grandes, no se comercializan en España, y comprarlos en cualquier país anglosajón es un rollo por el tema aduanas, gastos de envío, etc.

La experiencia, en resumen, ha sido bastante positiva. No obstante, me quedo con mis clásicos Kiddo y similares, tanto por el aspecto como por otras razones… de peso, jajajaja.

¡Besos y mimos!

Stephan

Trabajito pendiente

¡Hola, chicuelis!

Lo primero, desearos a todos un Feliz 2024, lleno de éxitos, pañales y mimos 😉

Como ya dijimos en el último post, estamos recobrando fuerzas para volver más a tope que nunca, pero hay bastante trabajo pendiente en el blog.

Resulta que al dejar el blog aparcado se han descuajaringado muchos de los posts, desaparecido bastantes fotos y desconfigurado varias páginas. Me llevará un tiempo volver a subirlas todas y arreglar este desaguisado, pero no os preocupéis, que estoy en ello. Tampoco sabría deciros para cuándo estarán, pero iré corrigiendo unos cuantos errores por semana, a ver si mis infinitas obligaciones me dejan.

En segundo lugar, voy a tener que reemplazar algunas fotos concretas que ya no se muestran. Misterios de la informática; no preguntéis 😉

Y por último, también tengo que chequear algunos posts que han decidido quedarse en modo privado, así como los links internos del blog, ya que muchos de ellos dan errores o no funcionan bien. Como veis, hay trabajito pendiente.

Estad atentos y tened paciencia, porfa. En menos que canta un gallo, volvemos a estar en la cresta de la ola.

Una palmadita en el culete para todos…

¡Sequito y bien sequito! La seño está orgullosa 😀

Ser ABDL y la normalidad

Edito: Me he dado cuenta de que por un error esta entrada se había publicado de forma restringida. ¡Corregido!

¿Ser ABDL o no ser? Esa es la cuestión.

Como decía un colega mío cuando se emborrachaba: “Buenas tardes. Inspector de culos mojados. ¡Bájese los pantalones!” La de veces que se lo oí decir y pensé: “Joder, si en vez de inspector fuera inspectora, todo bien. Y si me pone pañales, ni te cuento” XD.

Hoy, al calor de este tardío pero ardiente verano -al menos en la gran ciudad-, quería hablaros de algo serio. Este es un post que he venido postergando durante los últimos meses, sobre todo para que pudierais disfrutar de la cojo-mega-historia ABDL que he venido subiendo por entregas y que es más o menos una especie de manifiesto de este blog. Podéis empezar a leerla aquí y tenéis todos los episodios en el menú, arriba a la derecha.

+++Fin de la innecesaria promosió+++

La segunda razón por la cual he retrasado el hablar de este tema es porque, en general, a mí me gusta más el ambiente festivo, por no decir de cachondeo. Sin embargo, no quiero dejar de tocarlo. Ya empezamos a hacerlo aquí, y hoy seguimos.

Empezaré por deciros algo que quizá no os asombre mucho: esto de ser ABDL pues…. en fin: no es normal. Haré una pausa para que lo asimiléis.

+++Paussa dramática+++

Por favor, que nadie se escandalice. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ni me llene la sección de comentarios con lugares comunes (“¡aaaah, ooohhh! ¿y quién define lo que es normal? ¡Mimimimimimi!”). En el blog siempre hemos priorizado el sentido común sobre cualquier otro -excepto, quizá, el del humor-, así que asumamos el adjetivo sin ninguna otra connotación adicional a su significado según la RAE: “habitual u ordinario”.

La premisa, por tanto, es que ser aficionado a usar pañales y chupete mientras finges que eres un niño pequeño no es normal. Y no me toquéis los cojones: no lo es y se acabó. No lo es porque no es ni habitual ni ordinario que un adulto haga eso. Yo intento usar la cabeza y tiendo a creer que la verdad existe así que, por favor: si queréis luchar contra algo, luchad contra la injusticia, no contra las matemáticas o la realidad.

Ser ABDL no es normal. Si lo fuera, explicadme por qué tantos ABDL’s tienen dificultades para encontrar pareja o, por así decir, cumplir sus fantasías. Por qué temen abrirse y por qué albergan sentimientos negativos sobre algo que les hace felices. O debería.

¿Normal? ¿En serio?

No obstante, vamos a dejar las polémicas a un lado, porque en Historias ABDL no nos interesan mucho las polémicas. Somos más de acercar que de separar a las personas. Para separarlas ya están los medios de incomunicación. Y para convencernos de lo mala que es la gente que no piensa como nosotros. ¡Crom les confunda!

La cuestión es la siguiente: de la misma manera que a los que dicen “el rock ha muerto” yo les contesto, parafraseando a Homer: “da igual, porque a mí la muerte me mola un mazo”, a la afirmación “ser ABDL no es normal” solo se puede responder con un rotundo: “¿Y qué?”. Las más veces la conversación devendrá algo parecido a esto:

-Soy ABDL

-Es que ser ABDL no es normal.

-¿Y qué?

-Pues eso, que no es normal.

-¿Y qué?

-Pues que es raro, yo qué sé. Que casi nadie es ABDL.

-¿Y qué?

-Ay, mira, cambiemos de tema.

A lo que voy, peña, es que no hay nada inherentemente malo en la anormalidad. Normal no significa “bueno”. Significa eso: “normal”. Lo anormal no es por definición maligno, execrable o perjudicial. Algunas conductas normales -en el sentido de habituales- son malas (como la hipocresía) y algunas anormales son buenas (como el altruismo). No se me ocurre ninguna razón por la cual se deba proscribir lo anormal, salvo que seas uno de esos individuos cuya máxima aspiración es la de tatuarle a cada ser humano un código de barras en la frente. Que los hay, ¿eh? Se llaman a sí mismos políticos.

Uno puede ser anormal y buena persona. Puede ser normal y mala. Sabiendo eso, que no por obvio viene mal recordar, ¿qué más da si ser ABDL es normal o no? Es más, y aun a riesgo de ponerme orteguiano: ¿desde cuándo lo normal tiene connotaciones aspiracionales? ¿Por qué debemos buscar la normalidad? ¿Hay una alegría o bienestar intrínseco en lo normal? ¿Quién lo garantiza o, al menos, lo postula?

¿Hará falta decir que algunos actos o ideas anormales son malas? Pues claro que lo son. Pero lo que nadie ha podido demostrar, justificar o argumentar -racionalmente, no desde posturas integristas- es que ser ABDL sea algo malo, por muy anormal que resulte visto desde fuera.

Otra cosa es cómo te haga sentir esa tendencia o inclinación para contigo mismo o con los demás, si sufres por ello. Pero sufrirás porque te sientes solo, porque no lo puedes compartir con nadie, porque te preocupa lo que otros piensen de ti, porque temes generar un conflicto con tu pareja si se lo dices, etc. Eso es diferente, y ahí cada cual tiene el deber ineludible de posicionarse frente al problema y decidir qué quiere o no quiere en su vida. En cualquier caso, parece evidente que no es ser ABDL lo que daña, sino la forma de gestionarlo. Y en ese sentido (lo siento, inglispitinglis), existen algunas publicaciones sobre la experiencia ABDL muy interesantes y que recomiendo a quien tenga esa clase de conflictos psicológicos; quizá le sirvan de algo.

Admitámoslo: la vida no se soluciona con ser normal. Se soluciona con buscarle un sentido, desarrollarte y estar en armonía con lo que te rodea, que no es poco. Y diferenciando tu vida privada de tu vida pública y tu intimidad de la de los demás. Y de muchas otras maneras. No con ser normal. La normalidad no es garantía de nada.

Por eso, en Historias ABDL hacemos nuestra divulgativa y lúdica labor desde una perspectiva positiva, alejándonos de dramas e intentando ser justos y objetivos con nosotros mismos y con los demás. No pretendemos normalizar nada, solo dar a conocer la práctica y contribuir a desestigmatizarla (¡toma palabro!). Y lo mismo con el BDSM, del cual solemos tratar una de sus ramas; nuestra rama favorita.

Aunque ramas, lo que se dice ramas, nos molan más…

Ya lo he dicho alguna vez, pero cuando escuché en CSI lo de “hay hombres que solo pueden amar a su madre”, casi me da algo. O cuando en cierto episodio de Bones en el que se mostraban prácticas de pony play el gilipollas del protagonista decía, muy sentencioso: “Esta vida sexual es una mierda” y Bones -a la sazón, también gilipollas- le daba la razón.

En fin, chicos. No quiero enrollarme más. Espero haber sido claro. No pasa nada por ser ABDL, aunque no sea muy normal.

En breves, más historias, incluyendo la secuela de esta. ¡Y muy pronto cumplimos un año! A ver qué se nos ocurre para celebrarlo (admito ideas).

¡Pasadlo bien, mojacamas!

Stephan

Mini reseña: ABU Little Kings (¡por fin!)

¡Albricias, chicos! ¡Por fin he probado los ABU Little Kings! ¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

La gente de Diaper Minister se ha animado a distribuir esos legendarios pañales ABDL y en cuanto me enteré… ¡Zas!, pedido al canto.

Como llevo casi dos años queriendo conseguirlos, ahora que por fin los he probado, os haré una brevísima reseña porque, que yo sepa, hasta el momento la única forma de conseguirlos era a través de alguna tienda en Irlanda o UK, que te salían los gastos de envío y aduanas por un pico. Y, además, después del Brexit todo lo que se pide a UK tarda un huevo.

Recordad que si andáis pensando en tiendas, tenemos algunas breves reseñas de ellas en el blog, por ejemplo, aquí.

Ah, sí… la reseña. ¡Vooooooooooy! 😛

El caso es que en general me están gustando mucho. Sin embargo, también tienen algún puntito negativo por el cual tirarle un poco de las orejitas a los de ABU. Digamos que para mí consiguen el sobresaliente, pero por los pelos.

PROS DE LOS ABU LITTLE KINGS

  • Evidentemente el aspecto, con los dibujitos y demás. Super retro y super mono.
  • Son suavísimos, casi ni notas que los tienes puestos.
  • No llevan prácticamente nada de plástico, son de papel y celulosa, como los Dodot, Huggies y demás. Mega pros en ese sentido.
  • Muy absorbentes. Hasta que los llevas «colgando», puedes mojarlos varias veces.
  • Muy ligeros y anatómicos, ideales para estar en littlespace.

CONTRAS DE LOS ABU LITTLE KINGS

  • Pillé la talla grande según la propia tabla de tallas de la página, y me quedan bien pero un poquito más flojos de lo que a mí me gustan. Esto no es culpa de nadie… («¡ni siquiera de los romanos!» XD), pero le resta algunas decimillas. Para que os hagáis la idea, yo de cintura tengo algo menos de 100. Andaré por los 97 o algo así. Ojo, que aquí también depende de las preferencias de cada uno y de cómo y con qué quiera llevarlos. A mí me gustan más bien ajustaditos y bastante por debajo del ombliguillo.
  • Las cintitas adhesivas podrían ser mejores. Sin ser tan chungas como las de los Tykables (unos pañales geniales, pero con unas tiras horribles), no pegan tan bien como deberían.
  • Habrá gente que prefiera los de plástico, sobre todo si tira más a DL, aunque para gustos colores. La verdad es que yo prefiero que cruja y se note (crinkly boy!), así que, en ese aspecto, a mí no me molan, porque son demasiado discretos.

En resumen: unos pañales monísimos para tus momentos más little y para ser el nenito o nenita más guapetón o guapetona, pero no perfectos.

Nota final

Parafraseando a Futurama, voy a ponerles la peor nota que se puede dar: un sobresaliente MUY bajo. Se quedan en el 9 «raspao».

Y, hablando de sobresalientes…

    Se me ve algo debajo del pantalón, ¿no?…

No os rallo más. Solo quería compartir este flash de felicidad -por otra parte tan materialista- con vosotros, jejeje.

Hasta me hice pipí de la emoción, creo…

Disfrutad!

Stephan

NI NUEVO, NI MODERNO: DOS MIL QUINIENTOS AÑOS DE BDSM Y… ¿TRES SIGLOS DE ABDL?

Como estamos en carnaval -o deberíamos-, vamos a dejarnos de intrincadas y profundas reflexiones sobre la naturaleza de nuestras fantasías y de alambicados post llenos de líricas reflexiones sobre sexualidad BDSM. Hoy vamos a intentar ser amenos y nada más.

Empecemos, pues, con una pregunta tramposa: ¿Desde cuando creéis que existe el BDSM? Mejor todavía. ¿Cuál es, a vuestro entender, la referencia más antigua que conocéis de la existencia de prácticas ABDL?

En realidad el BDSM, muy probablemente, es tan antiguo como la civilización y puede que más. Todavía hoy hay muchos practicantes que lo conciben como la expresión más intelectual y “civilizada” de la sexualidad humana, porque en el BDSM la genitalidad tiene una importancia comparativamente menor que en la sexualidad vanilla. Esto, por supuesto, es más que discutible, pero hoy nos abstenemos de debates sesudos. Hoy, a tope con las risas, la curiosidad y la divulgación carnavalescas.

Así, a bote pronto y a modo de ejemplo, es muy probable que los misterios eleusinos y/o dionísíacos incluyeran, dentro de un amplio espectro de prácticas psico-sexuales, elementos BDSM. Y es que la importancia que en los cultos órficos y sobre todo dionisíacos tenían elementos simbólicos como los látigos, los tirsos y determinadas plantas trepadoras o con espinas no puede ser simplemente obviada.

Yo diría más: el mito de Orfeo contiene elementos BDSM para dar y tomar. Y qué decir de los famosos relieves de la llamada Tumba de los Flagelantes (siglo VI A.C., nada menos), en donde se representan con ab-so-lu-ta cla-ri-dad prácticas sexuales de flagelación. El spanking y el whipping vuelven a aparecer con toda su crudeza en un fragmento de El Satiricón de Petronio, una obra, dicho sea de paso, muy saturnálica y carnavalesca.

Antíoco, macho. Ahora no me acuerdo si mi palabra segura era “onicofagia” o “catalepsia»

Aquí, como nos gusta contribuir al buen rollo, os damos una idea para disfraz de carnaval: Ménade. Y cuando la peña se queje de que vais fustigando o despedazando al personal por la Diagonal, vosotros os ofendéis y decís que forma parte de vuestra religión y que quien no se deje zurrar es un Dionisiófobo y mimimimimimimi…

¿Shakira y Piqué? Unos aficionados. ¡Prepara el culo!

Si seguimos hacia la Edad Media, resulta bien fácil encontrar referencias BDSM en la literatura de los goliardos. Recordemos, si no, la mítica “Balada de Margot la Gorda” del aún más mítico François Villon (Siglo XV):

Pero vuelve la paz, se tira un pedo
más criminal que de un cañón la bala,
riendo me da un golpe, luego, quedo,
“¡súbete!” dice, en tanto que se instala.
Dormimos como un zueco, ambos beodos.
Si despierta y su vientre aún reclama
se alza y me monta, tales son sus modos.
¡Nos aplasta!” gemimos yo y la cama,
“¡Por tu lujuria nos desvencijamos!”
en el burdel en donde el pan ganamos.

Que llueva o truene, tengo el pan seguro.
Soy vicioso y halléme una viciosa.
No sé cuál de los dos lo es más, lo juro.
Y la basura nos parece hermosa
y el honor nos repugna y lo ahuyentamos
en el burdel en donde el pan ganamos.”

Pero para encontrar referencias al ABDL es necesario, hasta donde yo sé, avanzar un poco más en el tiempo. Hasta el siglo llamado de las luces, el siglo XVIII. Aquí, incluso, existe una literatura cuya razón de ser consiste en explorar, divulgar y escandalizar describiendo prácticas BDSM. Es la época de «Fanny Hill«, de «Las Amistades Peligrosas» y, por supuesto, del gran y divino Marqués de Sade. También es la época en la que Jean Jacques Rousseau -quizá el filósofo más influyente de los últimos siglos, y pilar fundamental del pensamiento moderno, para bien o para mal- escribía, ni corto ni perezoso, lo siguiente en un celebérrimo párrafo de sus “Confesiones”:

El cariño, propio de una madre, que la señorita Lambercier nos profesaba, la revestía de la autoridad de tal, y algunas veces usaba de ella imponiéndonos castigos merecidos. Durante mucho tiempo se concretó a la amenaza, pareciéndome espantosa la prometida pena, nueva enteramente para mí; pero desde que la sufrí me pareció mucho menos terrible de lo imaginado. Y lo más particular es que aquel castigo aun me aficionó más a lo que me lo había impuesto, de modo que fue necesaria mi natural dulzura y toda la verdad del afecto que le profesaba para que no tratara de conocer la repetición del mismo, mereciéndolo, porque encontré una mezcla de sensualismo en el deber y en la vergüenza del castigo, que me hacía desear recibirlo otra vez de la misma mano. Es verdad que había en ello cierta precocidad instintiva de sexo y, por lo tanto, el mismo tratamiento practicado por su hermano no me habría parecido tan gustoso. Pero, atendido su carácter, no había que pensar en semejante sustitución: y me abstenía de merecer el correctivo por temor de disgustar a la señorita Lambercier; pues tal es el imperio que sobre mí ejerce la benevolencia”

Aquí ya estamos un poco más cerca de encontrarnos de lleno con una referencia explícita al ABDL, pero aún no llegamos del todo. Nos quedamos cerca como quien dice: en los culetes rojos, castigos y demás. Tendrá que ser, como siempre, el Divino Marqués el que, en sus “120 Jornadas de Sodoma”, por la boca de uno de los personajes, describa algunas fantasías típicamente ABDL. ¡Agarraos, que vienen curvas!:

Un joven cuya manía, aunque muy poco libertina, en mi opinión, no por eso era menos singular, se presentó en casa de madame Guérin poco después de la última aventura de la que hable ayer. Necesitaba una nodriza joven y lozana, la mamaba y eyaculaba sobre los muslos de aquella buena mujer mientras se atiborraba con su leche. Su pito me pareció muy mediocre, y toda su persona bastante desmedrada y su descarga fue tan dulce como su operación.”

¿Qué os parece? No es todavía 100% ABDL, pero ya nos acercamos muy mucho. Fetiche de lactancia, que es primo hermano del nuestro. Y ya donde entramos de lleno en el rollo es en el siguiente, del que he eliminado la parte de scat. Más que nada, por hacerlo más obvio y porque el scat no es mi rollo, aunque al marqués se la pusiera como un torreón de la Bastilla.

El héroe de la aventura era un viejo brigadier de los ejércitos del rey; había que desnudarlo del todo, después fajarlo como a un niño y, estando así (…). Todo se ejecuta, nuestro libertino lo come todo y descarga en sus pañales mientras imita los lloros de un niñito.”

Lá voilá: la primera referencia al ABDL clara y evidente que yo conozco en la historia de la humanidad. ¿Qué os parece?

Y ahora os dejo, que no seré brigadier de los ejércitos del rey, pero acabo de hacerme pipí en el pañal como el meoncete que soy…

No es un disfraz. Soy yo. Ahora.

Fuera prejuicios…¡y divertíos!

Stephan

Littlespace…¡y piratas! (II)

¡Más littlespace!

A ver, que os veo venir. En este post no vamos a discutir sobre quienes molan más: los ninjas o los piratas. Primero porque aquí solo hablamos, mayormente, del mundo ABDL. Y segundo porque, como todo el mundo sabe, los piratas molan mucho más. ¡Es que no hay color!

Más claro el agua…

Como adelantamos en este post de la semana pasada sobre el littlespace, hoy vamos a repasar varias anécdotas específicas de littlespace. Esos momentos irrepetibles. Los que han dejado una huella imborrable. Cuando la sensación fluye y todo es perfecto.

A los ABDL nos gusta que nos digan cosas concretas, de una forma determinada y en un tono específico, cuando somos little. Eso nos reafirma en el rol y nos reconforta. Hace que el intercambio tenga un profundo sentido. Que se sienta único. ¿Qué cosas? ¡Ah! Cada quien es diferente.

Como mi FAI y yo llevamos juntos la tira de años, hemos llegado a un punto en el que casi es más divertido improvisar que preparar. Yo la dejo hacer y ella me deja a mí. El no saber lo que va a ocurrir es mucho más excitante y divertido. Así que en vez de montarnos una película guionizada, mantenemos la obsesión del control lejos (a mí me cuesta, yo soy un friki de la planificación) y nos dejamos llevar.

De todos estos momentos espontáneos y sin ningún orden en particular, hoy rescato para Historias ABDL los cinco más memorables. Cinco de esos “clicks” de la realidad que me dejaron tocado y maravillosamente hundido ;).

¡Pero qué mono estás!”

No hace tanto tiempo que me hice con mi onesie en Diaper Minister, quizá algo más de un año. Es uno de estos adminículos que siempre había querido tener y nunca había encontrado uno que me gustara del todo, o no me había animado, o…”x”.

La primera vez que ella me lo vio puesto se quedó de una pieza y se echó a reír. Yo pensaba -bobo de mí- que me iba a decir algo en plan “tío, quítate eso, venga” o similar, pero qué va. En vez de pasar de mí, viene, me da un beso y me suelta un “¡pero qué mono estás!” muy risueño y acaramelado.

Me dejó totalmente k.o. Vamos, en plan “Finish him!” del Mortal Kombat.

No soy mucho de Johnny Cage pero a ella sí que le pega bastante Kitana: ¿ninja con abanicos? ¡Claro!

Ven aquí. ¿Te has hecho caca?”

Hace la tira de años, en una de nuestras primeras tardes ABDL, andaba yo a mi bola en casa, en pleno verano y con solo camiseta y pañal, mientras ella estaba en ordenador del salón. De pronto me empieza a decir que huele raro, que si se habrá roto una cañería en el edificio, etc. Vamos, lo típico del verano en una gran ciudad. Yo, muy inocente, le digo que no noto nada y entonces ella se mosquea, levanta la voz y de modo 100% inesperado me riñe: “¡Ven aquí! ¿Te has hecho caca?”. Vaya que si fui, podéis creerlo, y muy acojonado. Y el chequeo resultante me eximió de cualquier culpa, claro, ya que yo no soy de N2 y menos cuando ella está cerca.

Lo mejor de esta situación fue que se sintió como muy real; más littlespace imposible. Muy verosímil. Ella de veras había sentido ese mal olor y creo -y esto es lo más genial de todo- que cuando me chequeó estaba super segura de que me lo había hecho… a pesar de que me había dejado muy claro que nada de N2. Pero fue tan…realista, tan inesperado y tan natural que siempre lo recordaré.

littlespace y frikadas

No es una foto de ese momento, pero quería enseñaros la camiseta XD

Y ahora vamos a poner este culito travieso bien rojo”.

Cosas parecidas me las ha dicho muchas veces. Pero recuerdo una concreta, hará tres o cuatro años, que se lleva la palma.

Yo había dormido con pañal y peluche. Por la mañana, me tiré un buen rato vagueando y jugando en la cama mientras ella me decía las cosas típicas de las mañanas del sábado: “me das mucho calor”, “déjame dormir”, “pórtate bien”, etc. No le hice caso y acabó por “enfadarse” conmigo. Me quitó el pañal, se sentó en el borde de la cama y me puso sobre sus rodillas para castigarme.

Aquella vez fue diferente a las demás, y creo que fue porque sí que estaba un poquito enfadada «de verdad«. Escuchar eso de “y ahora vamos a poner este culito travieso bien rojo” tumbado sobre su regazo y con el culete al aire fue uno de los momentos más sexies, excitantes y little de mi vida. Quizá la única vez, que yo recuerde, en la que ese momento little tuvo también connotaciones sexuales.

¿A qué juegas?”

Estaba yo sobre la alfombra del salón, el verano pasado, completamente embebido con mis juguetes y sintiéndome muy little cuando al darme la vuelta veo que ella está arrodillada justo detrás de mí. Comprendo que me lleva observando un buen rato. Le pido mimos y ella, antes de dármelos, se interesa por mi little world: “¿A qué juegas?”.

Parece una chorrada de pregunta, una cosa sin importancia. Nimia. Pero me hizo sentir «regresado» como pocas otras veces. Esa simple monería.

¿Te gustan los piratas?”

Y llegamos al último y más intenso de mis momentos little. Creo que fue también el verano pasado cuando, durante un chequeo de pañal (“¿Seco?¡Qué rarooo!”), ella me estaba abrochando de nuevo los botoncitos del onesie y se fijó de cerca en los dibujos tanto del pañal como del onesie en cuestión (“Mira, si tiene barquitos pirata y todo...”). Yo me puse de pie para estar más cómodo, porque el sofá no es muy grande, y mientras yo estaba ahí, junto a ella, esperando a que terminara de abrocharme, me atraviesa con la mirada y me pregunta: “¿Te gustan los piratas?”.

Guau.

Lo único que me vi capaz de hacer fue balbucear incoherencias y ruborizarme (“Sí… porque…los piratas son… fuertes y valientes…y…y…y…y yo…”). Ella se dio cuenta inmediatamente de que me había tocado algún punto muy sensible, como se suele decir, y para los dos fue un momento encantador. A menudo lo recordamos.

Os vais a reír, pero fue una de las experiencias más tiernas e íntimas de mi vida. Fijaos si me impactó que ese momento me inspiró una canción. ¿Quién sabe? A lo mejor hasta la produzco un poquito y la grabo para ella, como un regalo. El que tuvo retuvo, ¿no? 😉 Y también, para qué negarlo, me motivó a incluir uno de los escasos fragmentos autobiográficos que aparecen en una de nuestras Historias ABDL (¿sabéis cuál?).

Y eso ha sido todo por hoy. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Cuáles de vuestras experiencias little os han gustado más? ¿Tenéis alguna anécdota little favorita? ¿Qué os gusta que os digan? ¿Cómo vivís ese littlespace? ¿Hay algo que os ponga en modo little automáticamente?

Portaos bien y no lo olvidéis: los piratas… molan mucho.

Muchísimo.

Infinito.

Stephan