Para los que seáis poco aficionados a la lengua de Shakespeare, vaya por delante la traducción de «littlespace»: “espacio pequeño”. Y también el disclaimer: es una traducción de mierda que no explica bien el significado y las connotaciones de ese término en el mundo ABDL y en el de alguna de sus prácticas hermanas, como las que describíamos aquí.
Aunque cada ABDL lo concibe de una manera especial, podríamos decir que el littlespace es algo así como la “zona de confort ampliada” ABDL. Ese estado mental, emocional y/o físico en el que la persona se reencuentra con su otra identidad interior y en el que experimenta una sensación muy placentera de relajación y despreocupación. Un ABDL en su littlespace logra reconectar con determinados repositorios psíquicos y espirituales que lo devuelven -algunos dicen “regresan”- a un estado de mayor seguridad y paz, normalmente identificado con la infancia.
Cómo funciona o se accede al littlespace es uno de los aspectos más íntimos y personales de cada ABDL. Para algunos puede ser algo casi instantáneo (una palabra, un gesto…) mientras que para otros requiere una atención, interacción o preliminares que pongan en marcha el mecanismo interno. Tampoco está del todo claro qué demonios es en la práctica el littlespace. Si es una especie de regresión psicológica autoinducida. O si tiene algo que ver con un estado alterado de la conciencia, parecido al que alcanzan algunos deportistas -sobre todo corredores de larga distancia- en determinados momentos de las carreras o competiciones. Solo que, en vez de la euforia del corredor, los ABDL experimentan paz y relajación. Nadie lo sabe; y eso le añade un encanto especial.
El littlespace es un concepto profundamente ligado al ABDL, sobre todo en su variante más AB. Para un AB puro, o casi, la consecución de este estado es primordial. Es durante ese littlespace que los AB “conectan”, por decirlo de algún modo, y disfrutan al máximo de sus juegos e intercambios. Un AB puro podría decirse que, sobre todo, busca adentrarse en ese littlespace y permanecer en él el mayor tiempo posible, o, al menos, con la suficiente intensidad. No solo por lo placentero de la sensación, sino porque, además, es durante el littlespace que la conexión con su FAI se vuelve más intensa y necesaria. Los AB se identifican en gran medida con ese estado y es normal que se piensen o se refieran a él con expresiones del tipo “ahora me siento mono de nuevo”, “vuelvo a ser yo mismo” o similares.

C’est moi siendo muuuy little 😉. Lástima que no se vean los juguetes
Para cada ABDL el littlespace es diferente y solo coinciden en el tipo de emociones positivas que se experimentan. El caso es que, en un momento determinado, la persona corriente y moliente deja de estar al 100% al mando y es el little, es decir, la persona regresada a ese estado de dicha despreocupada, quien toma el control, total o parcialmente. Algunos ABDL son capaces de regresar por completo y conectar con ese little al 100% mientras que otros no, o solo lo consiguen tras mucha práctica. Para la mayoría es cuestión de niveles y matices. También es un momento de máxima intimidad con la FAI, claro está, puesto que es cuando la persona ABDL se muestra más vulnerable y se entrega completamente al cuidado, atención y cariño de esa FAI. Para lo bueno y para lo… “malo”, ya me entendéis ;).
¿Y qué hay de mí? Pues veamos. Mi littlespace no implica un nivel de regresión muy alto. Digamos un 2-3 en una escala de 1 al 10 en la que el 10 es la máxima regresión. Pero entro en él con relativa facilidad, sin necesidad de demasiados prolegómenos. Y salgo… bueno. Como salimos todos los ABDL: a regañadientes.
Sin embargo, hay momentos puntuales dentro de mi littlespace, en los que mi inmersión es muchísimo más profunda que un 2 o un 3. Son esos momentos en los cuales la escala se me queda corta y desearía que hubiera hasta el 40 o el 50. O que hubiera una escala superior para medirlo, o una escala cualitativa, si eso es posible.
Mis littlespace, de hecho, se caracterizan por esas situaciones puntuales de yo-qué-sé-qué en las que me quedo literalmente anonadado, sin saber qué me ocurre. Siempre reacciono igual: bajo la mirada, me pongo colorado y siento aflorar un calor inconmensurable bajo el pecho, como si me estuvieran dando lametones en el corazón. Ya, ya sé que suena tirando a cursi. Pero tampoco se me ocurre otra forma de describir esos momentos. Porque, creedme: no tienen nada de sexuales ni de excitantes, no va por ahí. No son meros arrebatos de pasión, sino algo muchísimo más íntimo y espiritual. A lo mejor son súbitos e inesperados tragos de Leteo, como poetizábamos aquí.
Nuestros juegos de softdom ABDL -los de mi pareja y míos- han ido evolucionando mucho y a mejor. Hasta el punto de que ella se divierte, incluso se pone disfrutona, ideando qué cosas hacer o decir para lograr de mí esa reacción. Porque, esencialmente, la seño (como lea esto se va a enfadar muuuuuucho) es una maldita y maravillosa hija de puta XD.
Como me conoce mejor que nadie en el mundo, cada vez le resulta más fácil hacerlo. Y como yo no soy capaz de disimular cuando acierta en mitad de la diana, me tiene más a sus pies que nunca. Pero un breve, divertido y tierno repaso a alguno de esos momentos concretos quedará para el siguiente post, que dejaremos para el fin de semana. Así sabréis el porqué del título de esta entrada 😉
¿Qué hay de vosotros, angelitos? ¿Cómo es vuestro littlespace? ¿Qué objetos, palabras o situaciones lo disparan? ¿Cómo os sentís? ¿En qué creéis que puede ser diferente al de otros ABDL?
Un cariñito para todos.
Stephan










