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Littlespace …¡y piratas! (I)

Para los que seáis poco aficionados a la lengua de Shakespeare, vaya por delante la traducción de «littlespace»: “espacio pequeño”. Y también el disclaimer: es una traducción de mierda que no explica bien el significado y las connotaciones de ese término en el mundo ABDL y en el de alguna de sus prácticas hermanas, como las que describíamos aquí.

Aunque cada ABDL lo concibe de una manera especial, podríamos decir que el littlespace es algo así como la “zona de confort ampliada” ABDL. Ese estado mental, emocional y/o físico en el que la persona se reencuentra con su otra identidad interior y en el que experimenta una sensación muy placentera de relajación y despreocupación. Un ABDL en su littlespace logra reconectar con determinados repositorios psíquicos y espirituales que lo devuelven -algunos dicen “regresan”- a un estado de mayor seguridad y paz, normalmente identificado con la infancia.

Cómo funciona o se accede al littlespace es uno de los aspectos más íntimos y personales de cada ABDL. Para algunos puede ser algo casi instantáneo (una palabra, un gesto…) mientras que para otros requiere una atención, interacción o preliminares que pongan en marcha el mecanismo interno. Tampoco está del todo claro qué demonios es en la práctica el littlespace. Si es una especie de regresión psicológica autoinducida. O si tiene algo que ver con un estado alterado de la conciencia, parecido al que alcanzan algunos deportistas -sobre todo corredores de larga distancia- en determinados momentos de las carreras o competiciones. Solo que, en vez de la euforia del corredor, los ABDL experimentan paz y relajación. Nadie lo sabe; y eso le añade un encanto especial.

El littlespace es un concepto profundamente ligado al ABDL, sobre todo en su variante más AB. Para un AB puro, o casi, la consecución de este estado es primordial. Es durante ese littlespace que los AB “conectan”, por decirlo de algún modo, y disfrutan al máximo de sus juegos e intercambios. Un AB puro podría decirse que, sobre todo, busca adentrarse en ese littlespace y permanecer en él el mayor tiempo posible, o, al menos, con la suficiente intensidad. No solo por lo placentero de la sensación, sino porque, además, es durante el littlespace que la conexión con su FAI se vuelve más intensa y necesaria. Los AB se identifican en gran medida con ese estado y es normal que se piensen o se refieran a él con expresiones del tipo “ahora me siento mono de nuevo”, “vuelvo a ser yo mismo” o similares.

littlespace abdl

C’est moi siendo muuuy little 😉. Lástima que no se vean los juguetes

Para cada ABDL el littlespace es diferente y solo coinciden en el tipo de emociones positivas que se experimentan. El caso es que, en un momento determinado, la persona corriente y moliente deja de estar al 100% al mando y es el little, es decir, la persona regresada a ese estado de dicha despreocupada, quien toma el control, total o parcialmente. Algunos ABDL son capaces de regresar por completo y conectar con ese little al 100% mientras que otros no, o solo lo consiguen tras mucha práctica. Para la mayoría es cuestión de niveles y matices. También es un momento de máxima intimidad con la FAI, claro está, puesto que es cuando la persona ABDL se muestra más vulnerable y se entrega completamente al cuidado, atención y cariño de esa FAI. Para lo bueno y para lo… “malo”, ya me entendéis ;).

¿Y qué hay de mí? Pues veamos. Mi littlespace no implica un nivel de regresión muy alto. Digamos un 2-3 en una escala de 1 al 10 en la que el 10 es la máxima regresión. Pero entro en él con relativa facilidad, sin necesidad de demasiados prolegómenos. Y salgo… bueno. Como salimos todos los ABDL: a regañadientes.

Sin embargo, hay momentos puntuales dentro de mi littlespace, en los que mi inmersión es muchísimo más profunda que un 2 o un 3. Son esos momentos en los cuales la escala se me queda corta y desearía que hubiera hasta el 40 o el 50. O que hubiera una escala superior para medirlo, o una escala cualitativa, si eso es posible.

Mis littlespace, de hecho, se caracterizan por esas situaciones puntuales de yo-qué-sé-qué en las que me quedo literalmente anonadado, sin saber qué me ocurre. Siempre reacciono igual: bajo la mirada, me pongo colorado y siento aflorar un calor inconmensurable bajo el pecho, como si me estuvieran dando lametones en el corazón. Ya, ya sé que suena tirando a cursi. Pero tampoco se me ocurre otra forma de describir esos momentos. Porque, creedme: no tienen nada de sexuales ni de excitantes, no va por ahí. No son meros arrebatos de pasión, sino algo muchísimo más íntimo y espiritual. A lo mejor son súbitos e inesperados tragos de Leteo, como poetizábamos aquí.

Nuestros juegos de softdom ABDL -los de mi pareja y míos- han ido evolucionando mucho y a mejor. Hasta el punto de que ella se divierte, incluso se pone disfrutona, ideando qué cosas hacer o decir para lograr de mí esa reacción. Porque, esencialmente, la seño (como lea esto se va a enfadar muuuuuucho) es una maldita y maravillosa hija de puta XD.

Como me conoce mejor que nadie en el mundo, cada vez le resulta más fácil hacerlo. Y como yo no soy capaz de disimular cuando acierta en mitad de la diana, me tiene más a sus pies que nunca. Pero un breve, divertido y tierno repaso a alguno de esos momentos concretos quedará para el siguiente post, que dejaremos para el fin de semana. Así sabréis el porqué del título de esta entrada 😉

¿Qué hay de vosotros, angelitos? ¿Cómo es vuestro littlespace? ¿Qué objetos, palabras o situaciones lo disparan? ¿Cómo os sentís? ¿En qué creéis que puede ser diferente al de otros ABDL?

Un cariñito para todos.

Stephan

FETICHES EN PAREJA (SALIENDO DEL ARMARIO y III): “Y después, ¿qué?”

Los fetiches en pareja son más fetiches ;).

Suponiendo que hayáis leído las dos entradas previas sobre salir del armario ABDL (si no, las tenéis aquí y aquí), imaginaos que sí, que lo habéis hecho y que vuestra pareja, amante, partenaire o lo que sea ha mostrado cierta receptividad. Vamos, que no os ha mandado a paseo directamente. ¡Viva y bravo! ¡Ya tenéis a vuestra FAI!

Vamos, que estáis más contentos que Jake en la isla-muy-chachi

El haber conseguido dar ese paso y haberos sincerado es, pequeños míos, solo el principio. Para lo bueno y para lo malo, claro está. Debéis comenzar a tratar el tema con vuestra pareja desde el punto de vista práctico, de lo que querríais hacer y lo que no, así como de lo que la otra persona piensa sobre todas esas prácticas y hasta dónde quiere llegar con vosotros.

Yo no diría que se trata de una negociación, porque no es exactamente eso, o al menos yo no lo veo así. En mi opinión, entablar largas batallas para conseguir que tu pareja haga aquello que simplemente rechaza -por mucho que a ti te guste- es una mala idea. Quizá lo mejor sea buscar lugares comunes o actividades concretas que a ambos os gusten u os atraigan y sobre todo que no generen rechazo. Por ejemplo: empezar por llevar pañales cuando estáis solos con vuestra pareja es lo básico, creo yo, ya sea plenamente visibles o debajo de la ropa.

fetiches en pareja y onesies :D

Y si esa ropa es un onesie, pues aún mola más…

Por supuesto, podéis explorar y probar con algo menos básico para ver si os vais desenvolviendo adecuadamente; los fetiches en pareja se disfrutan, sobre todo, explorando. Como siempre digo, cada persona es un mundo: a algunos les gustará más que les cambien y a otros que les lean cuentos, o lo que sea. Así, una vez conseguida cierta armonía en lo básico, se pueden ir agregando capas adicionales de juego. El lenguaje, por ejemplo, es una de las más importantes para los ABDL y en mi experiencia es relativamente fácil de implementar. O sea: hablar entre vosotros de esa manera tan maravillosa y excitante que a los ABDL nos pone en órbita (no necesariamente en el terreno sexual, ojo).

He puesto lo de órbita solo para meter de clavo este temazo, que no tiene nada que ver, pero mola

Es importante buscar el feedback de la otra persona: si le ha gustado, si se ha sentido cómodo, si ha sido una experiencia positiva, etc. Tu pareja, por supuesto, también preguntará: si lo hace bien, si te ha gustado esto o lo otro (“¿cuando te di la palmadita en el culo te gustó?” etc.). En este punto a veces ocurren auténticas transformaciones y la pareja comienza a sentirse cada vez más a gusto en su rol de “cuidador” e incluso descubre que le encanta. Otras lo prueban un par de veces y les echa para atrás. En este último caso… bueno. Al menos lo habréis intentado. Y de ser así, insisto: en mi opinión, brasear a tu pareja para que haga algo que no le gusta no suele acabar bien y es injusto, pero cada cual es muy libre de decidir cómo gestiona el rechazo. Y vuestra pareja también, ojito.

Si de forma natural las cosas fluyen hacia el sexo… estupendo. Si no, tampoco tiene sentido forzarlo. Habrá otras ocasiones. Además, es posible que los AB más puros prefieran mantener el sexo apartado de sus momentos ABDL; en ese caso, lo mejor es dejarlo muy claro desde el principio, para evitar equívocos.

Y ahora, por resumir un poco mi itinerario personal y también a modo de ejemplo, paso a describiros mis hitos, por orden de consecución:

  1. Atreverme a plantear el tema de los pañales (ella ya lo sabía, pero tardé un poco en sacar la cuestión). Esto fue de lo más sencillo.
  2. Llevarlos. En este sentido, tampoco era algo muy habitual, podría tener ganas de usarlos una o dos veces al mes, como mucho, en un momento en el que ella estuviera en casa. No hay que abusar, chicuelos…
  3. Mojarlos. De ensuciarlos, ni hablar con ella cerca (para mí no supone un problema).
  4. Dormir en pañales (con ella, claro).
  5. Probarlos ella. Lo hizo, pero no le gustó (damnit!) ☹
  6. Roleplay. Aquí ocurrió una cosa peculiar: a ella no le gustaba asumir el rol de “mami”, por así decir, se sentía muy incómoda y fuera de lugar. Buscamos otras opciones y no hubo problema (maestra, por ejemplo). Tampoco es que a mí me guste demasiado el término «mami» en mis momentos ABDL. Prefiero otros, como bien sabéis 😉
  7. Castigos. Ni el menor problema aquí. No sé si me explico…
  8. Cambios de pañal (con toallitas y todo). A ella no le gustan, por lo cual rara vez lo ha hecho y nunca, que yo recuerde, cuando están mojados “de verdad”. Pero sí hemos hecho cambios en plan fake o coqueteado con ese momento particular.
  9. Accesorios (onesies, chupetes, etc.). En este punto ella se subió un poco al carro y se compró también un onesie porque dice que quiere estar tan guapa como estoy yo con el mío XD. Nice!
  10. Littlespace. Este ha sido el último y definitivo peldaño de la escalera, que hemos implementado hace relativamente poco. A lo que me refiero aquí es a llevar la práctica más allá, no como una modalidad kink de preliminares a la hora del sexo. La búsqueda del “pequeño espacio” o “espacio mini” (ya hablaremos más en profundidad de esto) implica centrarse en la parte más AB y menos en la DL. De esta manera, y durante períodos relativamente largos de tiempo (una mañana entera, un día entero…) el juego es algo así como una sesión prolongada de softdom y se extiende a todos los aspectos de nuestra interacción; no termina en los pañales, onesies, chupetes, etc. Ella, por ejemplo, trabaja o lee mientras yo juego con algún juguete en la alfombra, me entretengo con peluches, leo cuentos o llevo a cabo cualquier otra actividad típicamente little. Por supuesto, nada de videojuegos, redes sociales ni cosas de “mayores…” 😉. Aquí hay espacio para la improvisación: chequeos de pañal, bromas, juegos, cosquillas, “al rincón” y lo que se nos vaya ocurriendo, sin salirnos demasiado de la dinámica. Todo es buscar el estado mental adecuado (yo soy de los que piensa que el BDSM es la persecución de determinados estados mentales y no la parafernalia ni la actividad en sí).

Así que, por resumiros: la parte de cambios de pañal y demás, muy poco o nada, pero el resto, más o menos, “guay”. No al nivel que nos gustaría, claro, pero a tope. Con la paternidad tenemos escasa privacidad y muy pocas ocasiones de jugar, pero cuando nos quedamos solos, las aprovechamos 😊.

Nada más por hoy: si os animáis a salir del armario… ¡mucha suerte, mucho respeto y a disfrutar!

Y recordad, peña: coñas políticas aparte -que aquí no nos interesan- solo «sí» es «sí». Los fetiches en pareja son una delicia, pero el BDSM es consentido y consensuado o NO es BDSM. Es maltrato, así de simple.

Stephan

IL MESSAGIERO…¿É IMPORTANTE? (II)

Nota: Mi experiencia personal, por resumir, se parece mucho a la que relata el célebre Kent Perry, auténtico precursor y patrón laico de los ABDLS, solo que yo no tuve “epifanía” pañalera porque lo soy desde siempre. Si tenéis buen nivel de inglés, echadle un vistazo. Es de veras interesante.

¡Hola, posturetas del BDSM! ¿Qué dulce tortura tenéis preparada para hoy?

«Hellraiser, Hellraiser, nos tiene aquí acojonadoooooooooos…«

Hoy en Historias ABDL vamos con la segunda parte de este post, en la que os contaré un poco mis andanzas ABDL, que ocupan ya un espacio de casi cuatro décadas, ahí es nada.

Nadie sabe todavía si un ABDL nace o se hace. Teorías, hay para todos los gustos, claro. Que si lovemaps, que si fijaciones, que si imprinting, que si patatas. El caso es que, para resumir, los psiquiatras y psicólogos no tienen ni puta idea del origen de esta extraña -pero maravillosa- fantasía, fetiche o llamadlo “x”. Aquí, en Historias ABDL ya hicimos nuestros pinitos y seguiremos haciéndolo.

En mi caso, y hasta donde alcanza mi por otra parte magnífica memoria, yo nací ABDL. No recuerdo un día en el que no me haya sentido atraído por los pañales y -en mucha menor medida- por los peluches, chupetes, ropita y demás. En ciertas épocas de mi vida, esa atracción rozaba lo obsesivo y en otras, aun estando presente, se mantenía un poco más agazapada.

Como ya os conté, usé pañales para dormir hasta los 7 años. Mi ritual para irme a la cama era el mismo todas las noches: mi madre me poñía los pañales, subía la braguita de plástico, el pantalón del pijama, un beso y a la cama. Casi siempre eran de tela: toallas estratégicamente dobladas para que absorbieran más (pasta no había) o, a veces, pads similares a este, de los que necesitaba, como poco, unos tres. No era lo habitual porque la celulosa, al mojarse, se volvía demasiado blanda y tendía a desmenuzarse, además de no ser lavable ni reutilizable. Así que en un 95% de las veces, usaba toallas viejas.

Todos los tópicos que hayáis leído por ahí en páginas ABDL y en relatos del mismo rollo me ocurrían: los cercos de pis en la cama, el cambio de pañales a escondidas para decir que me había levantado seco, la noche en que por alguna razón no me conformé con el pis y me lo hice todo encima, el miedo a que mis amigos se enterasen, la vez que me lo hice a propósito, etc. Profundizaremos en anécdotas concretas otro día, quizás.

El caso es que en aquella época yo no comprendía muy bien lo que me pasaba con los pañales y ni mucho menos lo identificaba con algo sexual, porque no tenía ni idea de qué era eso del sexo, pero usarlos era a la vez vergonzoso y agradable, con un punto mágico. ¿Por qué no sentía auténtico rechazo, como un niño de 5 o 6 años debería hacerlo (o eso mandaban los cánones establecidos)? Ni idea. Muy al contrario, por aquellos días yo quería profundizar en lo relativo a los pañales. Me habría encantado usar los desechables, por ejemplo. Quería ser como los niños que salían en los anuncios de pañales de la televisión y cada vez que veía uno con 6 o 7 años, me sentía completamente identificado. Quería ser actor de anuncios de pañales XD.

Poco después de los 7 años mi enuresis remitió súbita y definitivamente, sin ninguna razón aparente. Puede que fuera un tema de madurez física o algo así. Desde entonces se acabaron las toallas y las bragas de plástico para mí. En principio mi actitud fue la de “ah, qué bien, por fin. Ya soy definitivamente mayor”. Pero eso fue a corto plazo. A largo, en cambio, los eché muchísimo de menos. Incluso puedo decir que la mejor parte de mi infancia transcurrió antes de que dejara de usar pañales para dormir. ¿Casualidad? Es difícil de decir, pero yo siempre lo he sentido así.

A partir de los 9 años tuve habitación propia y con ello, cama propia. Fue en esa época cuando comencé a fantasear, noche sí y noche también, con usar pañales de nuevo. Para ello, me quitaba los pantalones del pijama y los metía dentro del calzoncillo, de forma que abultara como un pañal. En esta época, que duró hasta los 12 o 13 años, yo era un preadolescente y mis fantasías a menudo incluían chicas guapas y esculturales que ejercían de “mamis”, aunque yo seguía sin comprender por qué me gustaba tanto, ni mucho menos que hubiera algún componente sexual en ello.

Fue una etapa bastante intensa en lo relativo al ABDL. Por ejemplo: intenté fabricarme unos pañales propios con bolsas de plástico y camisetas viejas, pero los prototipos desaparecían misteriosamente (¿mi madre? ¿mi hermano? Jamás lo supe) de los sitios donde los escondía. También me pasaba los ratos libres husmeando por casa, cuando me quedaba solo, con la esperanza de encontrar mis viejas braguitas de plástico, aunque nunca lo conseguí.

Mis fantasías fueron perfeccionándose y llegué a inventarme de todo: desde programas de televisión ABDL a películas y demás (con servidor como actor principal), además de escenas de un erotismo subliminal con las “chicas-mamis”. Solía dedicarles las primeras horas de la mañana del sábado en la cama, antes de levantarme a ver dibujos animados, y a menudo también la madrugada del jueves al viernes, la media hora o tres cuartos de hora previos a levantarme para el desayuno.

Durante mi adolescencia abandoné todas estas prácticas bajo el lema “esto no es lo que hacen los hombres”, que me repetí hasta la saciedad, aunque eso no significa que me sintiera mal ni avergonzado por el pasado. No es que me quisiera “curar” ni mucho menos; simplemente mi lado ABDL pasó un tiempo en hibernación, desarrollándose más y madurando (si es que eso es posible XD). Algunas veces pensaba en pañales, pero no con tanta frecuencia e intensidad como en mi preadolescencia. Lo único relevante desde la perspectiva ABDL en esta etapa es que comencé a entender mejor lo que sentía. Que mi fijación con los pañales tenía mucho de kink.

Y unos pocos años después llegó algo que nos cambió la vida a todos los ABDL: internet. Como usuario muy temprano en comparación con la inmensa mayoría (llevo navegando asiduamente por internet desde el año 1997), fui seguidor y visitante de todas las páginas de aquella época: Dpf, Deeker (de turbia memoria), Abkingdom (todavía sigue muy pero que muy activa) y demás. No obstante, llegué a ellas un poco después, de la mano de otros fetiches míos (spanking) y, sobre todo, a raíz de una mera casualidad.

La cosa fue así: a finales de los 90 y principios de los 2000 yo era usuario habitual de dos páginas muy conocidas en aquellos tiempos: yonkis.com y la página de Torbe (Putalocura cuando era en un 95% bizarra y humorística, no pornográfica). Fue una de estas páginas la que, un día cualquiera, allá por el 2000 o el 2001, publicó un artículo sobre sexo y pañales, en plan “esta pareja tiene sexo en pañales, vaya movida”. El artículo y las fotos que incluía eran más bien humorísticos, pero curiosamente unas pocas semanas después la página publicó otro un poco más serio (“se está poniendo de moda esto de follar en pañales”, etc.), proporcionado más información y diversos links entre los que estaban -creo- algunas de las páginas que os mencionaba en el párrafo anterior.

Yo ya andaba por la veintena y a partir de ahí, mi lado ABDL volvió -nunca se había ido del todo- con más fuerza que nunca. Y, como yo nunca me había sentido mal por tener estos gustos, cuando descubrí que había muchas otras personas que los compartían mi reacción fue más la de “de puta madre” que la de “menos mal, qué alivio, no estoy loco”. A partir de este año 2000-2001, mi nenito interior se cobró de sobra los años que había permanecido “a la sombra” 😉. Así, fui explorando mis gustos a través de chats, grupos de yahoo, foros, grupos de msn (dios, ¡el puto jurásico!), irc y demás. Conociendo a mucha, muchísima gente. Y por todo el mundo: es lo que tiene hablar inglés decentemente :P, sobre todo teniendo en cuenta que en aquella época el 95% de los contenidos ABDL eran en inglés.

Allá por 2003-2004 retomé la costumbre de pantalones de pijama+calzoncillos de vez en cuando, aunque muy residualmente. Y por fin, en 2006, tuve el valor de comprar pañales en Mercadona y usarlos, si bien en esa época yo estaba prácticamente independizado y no le daba explicaciones a nadie.

Luego me mudé para vivir con mi novia –quien ya sabía lo de mis stranger things, como os conté aquí– y juntos hemos ido profundizando más. Ella no es ni nunca ha sido ABDL pero lo respeta absolutamente y disfruta conmigo de aquellos aspectos que sí le llaman (los castigos, la forma de hablarnos, la ropita…) y en otros, esencialmente, se mantiene aparte (cambios de pañal, por ejemplo). A veces nuestros juegos ABDL incluyen sexo y otras veces no, pero lo más frecuente es que sí. Lo importante para nosotros es disfrutar juntos, explorar y reforzar al otro para que sea siempre él mismo, sin que nadie tenga nunca que fingir lo que no es. Recordad, además, que aunque ella no es ABDL sí es una ageplayer y spankee de pro. Y ambos somos switchers y unos auténticos yonkis del soft dom y los culitos rojos 🙂 _______ .

Y eso es todo, chicos. Esta es mi propia Historia ABDL para Historias ABDL.

Seguro que la vuestra no es tan, tan diferente. ¿A que no?

¡Besitos!

Stephan

PD: Perdonad los anglicismos, pero términos como «spankee» o «ageplayer» son muy chungos de traducir.

OH, LETHE…

Hola, gentecilla, ¿cómo va eso? Espero que bien, porque escribo esto un viernes por la noche y los viernes por la noche todo tiene que ser bien 😉. Todo bien… salvo que no tengo sueño. Así que aquí ando, y no sé si conseguiré que me entre el sueño o si, al tener que hacer el esfuerzo, ocurrirá justo lo contrario. Bueno, si me han dado las tantas cuando termine, os lo digo al final.

Esta entrada va a ser un poco especial. Un poco más íntima (que no personal) y más introspectiva que de costumbre. También va a ser, me parece, de las más largas, porque quiero intentar explicar algo que ha menudo me han preguntado y que suele ser objeto de especial curiosidad para las personas que, desde fuera, se asoman un poquito al mundo del BDSM. Y si me queda un poco pedante, os pido disculpas: ¡la culpa es del insomnio!

“Dame a beber el fluido que desintegra / y proporcióname el dulce bálsamo y la bendición / del olvido, vacío y fuerte / Leteo / Oh…Leteo!”

Haciendo memoria -sin tirar de agenda ni nada-, me he dado cuenta de que hace ya mucho tiempo, más de tres meses, que navego por las tibias aguas del Leteo, pero no me sumerjo ni bebo de ellas. No os asustéis por el ramalazo greco-pretencioso; no me he vuelto catedrático de Filología Clásica así, súbitamente (“canta, oh, musa, la cólera del pélida Aquiles”… y ya de paso haz la cena, etc.).

No adelantemos acontecimientos. Empecemos por el principio.

Hemos hablado varias veces del mundo BDSM y de su relación con las prácticas ABDL, que con carácter general se consideran englobadas en él. Sin embargo, nunca hemos dedicado una entrada completa a hablar de sexualidad BDSM y algún día -noche- tenía que ser el primero. Hoy es ese día.

A todos los que alguna vez hemos reconocido -o simplemente mencionado- que practicamos o hemos practicado BDSM nos han preguntado las mismas cosas: “¿Pero tú que sientes?”, “¿Pero cómo lo haces?”, “¿Pero cómo eres capaz de hacer daño a tu pareja?”, “¿No te da miedo? ¿No es peligroso?”. Etc, etc.

Para alguien que no haya tenido nunca nada que ver con el estilo de vida BDSM (que lo es; aunque hoy en día esté de moda llamar estilo de vida a cualquier cosa), asomarse un poquito a él puede ser, además de intimidante, engañoso. Por un lado está la ingente cantidad de parafernalia y de atrezzo que rodea con frecuencia al BDSM y, por otro, el acercamiento -aun a título meramente informativo- a alguna de sus prácticas más extremas puede causar una fuerte impresión que en poco o nada se corresponde con lo que el BDSM es. Al menos con lo que yo creo que es. Y como este es mi Skattergories, pues…

Estas personas poco informadas o sin experiencia caen en el mismo error -o cualquiera de sus variantes- a menudo: confundir continente con contenido y creer que el BDSM consiste en vestirse de formas estrafalarias y en hacer daño a otra persona. No seré yo, desde luego, quien critique o niegue el derecho de nadie a practicar el BDSM -o el macramé- como le dé la gana, siempre que lo haga de un modo consensuado, respetuoso y entre adultos responsables.  A lo que me refiero es a que bajo la mera superficie -lo que se ve- se revuelve y predomina algo muchísimo más importante -lo que se siente- donde no llega, literalmente, la luz del sol. Ni los prejuicios.

Vamos a intentarlo con una metáfora sencilla. Para una persona muy religiosa y con verdadera fe cristiana ¿qué es lo más importante de ir a misa? ¿Las retahílas? No creo. ¿Los trajes del domingo? Qué va. ¿El retablo con el Cristo ensangrentado? Imposible. ¿Las plegarias del cura? Difícilmente. ¿Los temazos tipo ”Señooooor, has venido a la orillaaaaaa”? Lo dudo, aunque cuando uno ha escuchado barritar a tantas feligresas como yo, no puede descartarse. Bromas aparte, lo que de veras cuenta es el significado. Algo más profundo y personal que no puede encapsularse ni mucho menos reducirse a un puñado de objetos, y cuya trascendencia, en realidad, no tiene nada que ver con lo físico, sino con lo mental y espiritual.

En el BDSM pasa exactamente lo mismo. Lo físico es meramente accesorio. La mente y el espíritu son lo que de veras cuenta. En pocas palabras: las máscaras, las ataduras, las cadenas, los collares, las jaulas… Todo eso importa una puta mierda. Es, en el mejor de los casos, pura anécdota. Pura accidentalidad.

El BDSM no va de dolor, sino de devoción. De liberación. De búsquedas. El BDSM es la última cruzada por reconquistar una tierra santa en donde ya solo quedan dos dioses: el dominante y el sumiso. ¿Creéis que el templo es solo para la dómina con tacones de aguja? ¿Que el sumiso arrodillado no irradia esa misma o incluso mayor divinidad? Craso error, queridos míos. Prescindid de cáscaras y de envoltorios, sean estos de látex, de pvc, cuero o vinilo. Arrojadlos al fuego y quedaos viendo cómo se consumen. Lo harán en unos pocos segundos. Lo que deja auténticas marcas no es el látigo, ni la pala, ni la fusta.

¿Y entonces qué se busca? ¿Qué es lo que tiene de tan maravilloso el BDSM?

Un estado mental. Un estado de intrincada felicidad que, por lo normal, los practicantes alcanzan en una sesión de BDSM y que en mi opinión está conectado con dos elementos: la exaltación de la vulnerabilidad, por un lado, y por otro, la fantasía de una entrega absoluta.

“Así, limpiado por una inundación de luz / aparezco, renovado y reforjado / acariciado por el dulce bálsamo y bendición / del olvido vacío y fuerte / Leteo”

Uno: hay una fuerza imparable en la vulnerabilidad, más imparable que el tránsito de los planetas, y que todos los practicantes del BDSM adoramos. Cuando nos sometemos, la exploramos, pero no hay en ello humillación alguna, sino exaltación. Es un modo de elevamos por encima de lo mundano -no queremos, no necesitamos ser fuertes ni invulnerables- convertidos en mejores versiones de nosotros mismos.

Dos: nos han enseñado a racionalizarlo todo. A medir, calibrar y ahorrar. Que el mundo son matemáticas. Química. Tú y luego los demás. Lo absoluto se nos ha vedado, o lo perdimos por el camino. ¿Eso se nos ha dicho? Quienes practicamos el BDSM nos negamos a aceptarlo. Perseguimos y abrazamos el absoluto con una avidez infinita en nosotros y en la otra persona. Nos olvidaremos hasta de nuestros nombres, nuestra entrega será más perfecta que la proporción áurea y al que no le guste, que le jodan. Así de claro.

Pero ese momento… ¿Cómo explicarlo? Nunca es exactamente igual y nunca es predecible. No avisa. No puede convocarse, ni atiende a ruegos ni órdenes, pero cuando los astros se alinean, acude. A veces es breve, como un relámpago: te invade, te fríe y se va. Y durante unos segundos, la mente y el espíritu se alinean y dejan de tirar cada uno de su extremo de la cuerda. Otras, en cambio, se extiende durante un tiempo indeterminado que parecen horas y horas de juegos en una de esas noches de verano de tu infancia. De promesas bajo la lluvia. De sublime plenitud.  

Y en ambos casos se produce algo así como un eclipse de vida. El Leteo. Lethe.  

Justo antes, durante y/o después de este estado (al cual mi pobre descripción no hace justicia en absoluto), el grado de excitación sexual puede variar, sin mayor problema, de bajo a extremo, de nimio a insoportable o al menos eso me ocurre a mí. Algunas personas pueden orgasmar sesionando y otras no, o lo hacen después en el aftercare. El orgasmo es solo la guinda del pastel y, como tal, ni siquiera forma parte del plato principal sino, como mucho, del postre. Y… bueno, hay gente que prefiere el salado al dulce, ¿no? 😉.

Nada que yo haya experimentado puede compararse a ese estado mental. O, al menos, nada que yo haya experimentado de forma natural. Tampoco las drogas: yo no las recomiendo. He probado unas cuantas y ni siquiera se le acercan. Es por ello que el BDSM puede llegar a ser tan adictivo para sus practicantes, creo. Tan atrayente. Y por lo que se lo considera algo más que un simple elenco de prácticas sexuales.

“Mantenme cerca / desenreda las estrellas / mientras cojo velocidad a través de los cielos / velocidad a través de la noche / pues tú eres mi hoja y mi soga / tú eres mi Leteo / lo eres todo”

A mí personalmente no me gusta la ropa fetichista clásica, ni prácticamente ninguna que no sean mis cositas ABDL. Tampoco soy especialmente fan de los látigos y las fustas. Nunca me ha atado nadie a una cruz de san Andrés. Casi ninguno (casi) de los adminículos asociados normalmente con el BDSM me atrae lo suficiente como para incorporarlo a mis juegos. Pero no creáis que en mi caso es diferente a los que van full equip. Yo también quiero darme un buen chapuzón. Y no solo eso: beber hasta hartarme de ese fluido que desintegra.

Es lo que tiene ser switch: alguien tiene que estar esperando en la barca mientras el otro se baña, resopla, bucea en el agua y emerge con los ojos enrojecidos, para decirle aquello tan bonito de: “Ven, ven, bebe. ¡Es estupendo!”. Alguien debe mantener el timón en su sitio y vigilar las corrientes. Bien está. Me ha tocado a mí los últimos meses.

Pero seguro que un día de estos, cuando menos lo piense, ella llegará a casa, me cubrirá de besos, me empujará al río y cuando yo consiga volver a cubierta me estará esperando con una provisión infinita de pañales, mimos, peluches, cosquillas y zapatillazos en el culo. Entonces a mí me aflorará una sonrisilla de bobo al careto, le diré: “¡Hola, seño!”, me pondré colorado y me arrojaré a sus brazos.

Mierda. Son casi las 3 de la mañana y sigo sin tener sueño.

En fin, amigos. Tendré que acostarme de todas maneras. ¡Buen fin de semana!

Lethe.

Oh, Lethe…

Links ABDL (II)

¡Links ABDL a tope!

Fe de erratas: Perdonad, creí que era el tercer post con links variados y resulta que es el segundo. ¡Corregido!

¿No queríais más links ABDL? Pues aquí va otra una buena retahíla de links de esos que os gustan 😉

Familia ABDL:

Es el canal de youtube de dos ABDL españoles muy majetes que intentan visibilizar el mundillo y darlo a conocer con total transparencia y sencillez. Ya sabéis que yo no soy de visibilizar nada, pero me parece un esfuerzo encomiable por su parte. El contenido del canal es muy similar al de este blog (más o menos), pero con vídeos de Youtube 😉

https://www.youtube.com/@FamiliaABDL

Dl-BOY

Una de las páginas más longevas, centrada especialmente en el mundo ABDL homosexual y, más concretamente, homosexual masculino. Tiene opciones de pago y gratuitas y una sección de vídeos que en su momento no era gran cosa, pero hace mucho que no paso por ahí. De todas maneras, no está mal.

https://www.dl-boy.com/

The Dailydiapers

Otro de los buques insignia de la comunidad ABDL en las últimas décadas. Anda un poco de capa caída, pero la galería de fotos y las comparativas de pañales molaban bastante. Ya no tiene sección de vídeos, si no me equivoco.

https://www.dailydiapers.com/

The Cushypen

En cuestión de dibujos ABDL y si dejamos a un lado Patreon y Deviantart es el lugar más conocido de la red. Tiene mucho contenido gratuito, pero es una web de suscripción y esta no es precisamente barata, aunque hay artistas muy buenos. Yo nunca he estado suscrito, pero oye; es un sitio muy conocido.

https://www.cushypen.com/landing_page/

Diaperpin

Una especie de Instagram ABDL, o algo así: no me hagáis mucho caso, que yo de redes sociales no tengo ni idea. Hace unos años parecía que lo iba a petar en la comunidad pero tiene pinta de que se ha quedado estancado. Sea como fuere, hay material ABDL de todo tipo, sobre todo fotos y algún vídeo.

https://diaperpin.me/

Y esto es todo en esta tercera edición de links. ¿Qué os parecen?

Enjoy the silence, peña. Y ojalá todo cuanto siempre hayáis querido y necesitado esté ahora en vuestros brazos 😊

¡El único grupo de pop oscuro y con sintes liderado por Arturo Valls!

Stephan

IL MESSAGIERO… ¿É IMPORTANTE? (I)

¡Hola, traviesillos! Espero que los inicios de 2023 os estén tratando bien. O mal, si lo preferís (cada cual tiene sus kinks; yo, desde luego, sí).

Han pasado prácticamente seis meses desde que iniciamos el blog y creo que, tras la encuesta que finalizó hace unas semanas, es un buen momento para hablaros un poco más de mí mismo. No porque yo sea un cerdo narcisista y ególatra, no. Simple y llanamente porque me lo habéis pedido. Y también, aunque en menor medida, porque ya va siendo hora de que sepáis quién está al teclado, en un 90% (y por el otro 10% Tumblr e internet XD), de Historias ABDL.  

Como tampoco quiero convertir esto en un diario -lo que sería muy aburrido- voy a intentar condensar toda la información más o menos relevante en este post y la información más centrada en el ABDL en otro, para así dejar el tema cerrado. Tampoco voy a subir una foto de mi DNI, y ya sabéis por qué: lo comentábamos aquí.

Yo soy este de la foto:

Vale, vale… Supongo que preferís que empiece de otro modo. En plan Historias ABDL, que para eso estamos aquí.

«¿Quieres que empecemos como en David Copperfield? Nací. Crecí…»

Nací hace algo más de 40 años (tampoco mucho más) en el norte de España, así que soy español, como podía haber sido cualquier otra cosa. No estoy ni orgulloso ni avergonzado de serlo, porque básicamente me da igual. No creo en nada parecido a patrias ni naciones.

Pertenezco a una familia muy, muy clásica: padre trabajador y madre ama de casa, con bastante tradición militar por línea paterna, y un tanto… farandulera por línea materna. Crecí durante los años 80 y 90 en un ambiente muy conservador, marcado por una fuerte religiosidad católica y con normas estrictas, a menudo incomprensibles para mí.

Mis padres fueron y son buenas personas, pero yo no tuve una infancia feliz. No hay que darle muchas vueltas. Simplemente no fui un niño feliz y ya está. Puede que muy al principio sí, pero recuerdo la época que va entre los 7 y 12 años con horror: aburrimiento, apatía, incomunicación, normas y más normas, malas caras, soledad… Me evadía de todo ello a través de la música y de los libros; no había mucho más. Así que, por si no lo sospechabais, sí: soy un ratón de biblioteca y además, melómano.

Lo peor fue la soledad. No es que no tuviera amigos, sino que mis amigos y yo no congeniábamos demasiado. Yo no era bueno jugando al fútbol ni nada de eso. Pero mi perfil no encaja del todo con el del chaval tímido que sufre bullying. En primer lugar porque siempre tuve mucho carácter (soy orgulloso como un demonio) y en segundo porque si con alguien me solía llevar bien era con los más gamberros. Con esta forma de ser, ya podéis imaginar que nunca he encajado en ningún sitio: demasiado empollón para unos y demasiado rebelde para otros.

Es posible que de pequeño sufriera algún tipo de trastorno psicológico, en mayor o menor medida. Puede que el menda fuera un poco autista, o índigo o vete tú a saber… También se habló mucho de una supuesta superdotación, ya que un estudiante tan brillante como yo fui hasta la universidad y sin ningún esfuerzo era algo que nadie se podía explicar. No sé si lo fui o lo soy. Pero si es así, puedo aseguraros que ser superdotado es una puta mierda. Pasad de esas chorradas, en serio.

Mi adolescencia, gracias a los videojuegos y los juegos de rol fue mucho mejor que mi infancia y la considero una de mis mejores etapas. No fue una adolescencia prototípica, ya que la mayor parte de las cosas que a los adolescentes les interesan a mí no me decían lo más mínimo. Ya sabéis: el sexo, las discotecas y todo eso. Tuve muchas oportunidades para tener una adolescencia más común y las rechacé todas. Eso, en aquella época, era comprar todas las papeletas para que te llamaran maricón/maricona y cosas peores, y así ocurriría hasta muy avanzados los años 2000 por las calles de mi pequeña ciudad natal. Más adelante, ya durante mi vida plenamente adulta descubrí que soy -a grandes rasgos- demisexual y gracias a ello pude explicarme parte de lo que sentía entonces. Pronto, también a petición vuestra en la encuesta, trataremos un poco más estos temas.

A los 18 años tuve una crisis religiosa y dejé de creer en dioses y cosas por el estilo. Y no lo digo con orgullo: ojalá creyese todavía. No soy ateo, ojo, sino más bien deísta.

La época de la universidad no fue tampoco buena, salvo por dos cosas: por mis pinitos en la industria de la música y por haber conocido en ella a una chica muy especial, con la que tuve desde el principio “una comprensión mística y profunda”. Justo a finales de esa época universitaria nos liamos, me mudé a la gran ciudad para estar con ella y aquí seguimos, 15 años después. Ella y el hijo que me dio hace unos años es lo único inequívocamente bueno que hay en mi vida.

Soy uno de esos tíos que trabajan en edificios grandes. Con traje, corbata y gemelos. Lo mismo soy economista, auditor, arquitecto, ingeniero o vete tú a saber. Uno de esos que se pasan la vida hablando en inglés, que utilizan palabras incomprensibles y que parecen tan poderosos y seguros de sí mismos. Cuando veáis alguno, no hagáis ni caso: es todo mentira. Pura fachada y teatro. Desconfiad de la gente que necesita deslumbraros; lo hace precisamente para que no podáis ver con claridad.  

Aunque pueda parecer una persona triste y apocada por todo esto que os he contado, tengo una personalidad muy independiente y un sentido del humor a prueba de terremotos. Río muchísimo y me paso el día diciendo chorradas, como estrategia de defensa contra el mundo que me rodea y que mayormente detesto. En el lado negativo, tengo tendencia a la melancolía, a soñar despierto y a enfrentarme con cualquier clase de poder que tenga delante, sea el que sea. Lo cual me ha granjeado, en mi vida personal y profesional, problemas de leves a muy serios.

¿Ha merecido la pena el viaje hasta ahora? Puede. Pero de eso hablaremos otro día, así como de mi propio historial ABDL.

En fin. Ahora ya me conocéis un poco mejor y os podéis ir a dormir la siesta. Con pañal, chupete y peluche. Como Ilúvatar manda.

Y ver si os levantáis sequitos por una vez, ¿eh?

Stephan

¡Feliz 2023!

¡¡FELIZ AÑO, MEONCETES!! Que vuestras más delirantes fantasías se hagan realidad. Que encontréis a vuestro mami, papi o whatever si no lo tenéis. Que riáis, améis y disfrutéis más que nunca.

PD: Iba a cambiarlo y a poner «Diapers» en vez de «Dragons», pero estoy demasiado borracho ahora mismo XD.

Stephan

Resultados de la encuesta de Historias ABDL

Hola, chicos, ¿qué tal va eso? Nosotros con ardor de estómago crónico, a estas alturas. Los excesos navideños pasan factura.

Hoy vamos con un post muy rápido y sencillo en el que compartimos con vosotros los resultados de la encuesta que hicimos las últimas semanas, grosso modo.

Si recordáis, solo había 2 tandas de preguntas. Las respuestas a la primera tanda han sido estas:

Lo que más os gusta del blog son las historias, los artículos sobre la relación entre el BDSM y el ABDL y los artículos de opiniones, consejos y experiencias. De cara al año que viene, nos centraremos un poco más en ellos, ya lo veréis.

En la segunda pregunta, habéis incidido aun más en las historias y nos pedís más links (¿no habíamos quedado en que no os molaban tanto? :P), artículos sobre temas de género y sexualidad BDSM y en la opción de «otros», lo que más nos habéis pedido -curiosamente- es que os hable más de mí mismo y que suba más contenidos de ese tipo, algo más personales (fotos, anécdotas, etc.). Vídeos ya os adelanto que no creo que suba, ya que mi seño y yo somos de esa clase de personas de las que hablábamos en este post , pero os contaré más y quizá subamos algunas fotos de vez en cuando.

Mil gracias a los participantes: no fuisteis muchos, pero sí muy claros

Sin más, os dejamos con los polvorones y los dulces. ¿Puede haber algo más ABDL que la Navidad?

Yo creo que no 😉

¡Feliz 2023 y nos vemos pronto!

Stephan

SALIENDO DEL ARMARIO ABDL (II): “¡Mi primera vez!”

Hoy, como os adelanté la semana pasada, voy a contaros mi propia anécdota. No solo porque viene a cuento, sino porque en la encuesta que cerramos muy en breves algunos de los lectores me han pedido que hable un poco más de mí mismo, y que incluya contenidos sobre mis propias experiencias como ABDL.

“Pos pa eso estamos…”

Yo, que soy ABDL desde siempre y que no recuerdo ni un solo día de mi vida en el que no me haya sentido atraído por los pañales, no salí del armario hasta muy tarde. Tan tarde como los  27 años, ahí es nada. Ojo: cuando digo salir del armario es salir del armario con todas las de la ley, no chatear con otros ABDL, hablar por teléfono, redes sociales o seguir un foro. Me refiero a ponerte delante de alguien a quien conoces, quieres y aprecias, soltarlo todo por primera vez en tu vida y a ver qué pasa.

La persona que elegí para salir del armario fue mi mejor amiga, aunque más bien fue ella quien me eligió a mí. Alguien a quien yo consideraba absolutamente especial y con quien compartía todo lo que sentía y lo que me pasaba. También ella lo hacía conmigo, sin ocultarme nada (creo). En el momento en que di el paso llevábamos unos siete años siendo amigos (este es un dato random, pero podría ser útil). Ella tenía pareja en ese momento; yo no.

Cuando digo que hablábamos de todo y que nos contábamos todo es porque literalmente era así. Eso incluía, por supuesto, hablar de sexo. Tampoco quiero decir con esto que ella me contara lo que hacía con su pareja -una cosa es la confianza y otra la bocachanclez XD-, solo que no había tabúes de ningún tipo entre nosotros.

¿Cómo ocurrió? Pues fue algo directo y nada premeditado. Pasó en una época en la que, digámoslo claro, coqueteábamos con frecuencia. Una tarde en la que estábamos hablando -qué sorpresa- de sexo, ella sacó el tema de las fantasías y me preguntó directamente cuáles eran las mías. No era la primera vez: antes le había contado otras, pero no mi fantasía digamos… “raruna premium”.

Otras fantasías como, por ejemplo…

Me lo pensé un momento: no había ninguna necesidad de revelarle que me gustaban los pañales. Pero, al mismo tiempo, yo sabía que ocultárselo equivaldría a mentir. Y, a fin de cuentas, había sido ella la que había dado el paso. Ahí entró en juego una de mis máximas favoritas: “contra el vicio de preguntar, la virtud de responder”. Se puede decir, por tanto, que en mi caso el “¿por qué?” de salir del armario fue no mentirle a mi mejor amiga. 

Así que se lo dije clara y abiertamente: “Te parecerá chungo de cojones, pero me gustan los pañales”. Ella se sorprendió muchísimo y me hizo un montón de preguntas, del tipo: “¿pero que se los ponga ella o que te los pongas tú?”, “y luego, ¿qué harías?”, “¿pero te ponen o es más el juego y no el objeto en sí?”, etc. Todas sus preguntas iban encaminadas a entenderme mejor y a hacerse una idea de lo que yo sentía. No me censuró ni me criticó en absoluto.

Después de un buen rato de intercambios, la conversación sobre el tema se cerró más o menos de la siguiente manera:

Bueno, pues ya te lo he contado. Soy un puto rarito.

Eso ya lo sabía. Por eso me gustas tanto.

Del tema de los pañales pasamos a otro completamente distinto y el hecho de que yo se lo contara no marcó un antes ni un después, ni afectó en absoluto a nuestra relación. También debo decir que ella era una persona muy moderna, de mente abierta y sin prejuicios. Por su forma de ser era la chica más idónea que se me habría podido ocurrir si bien, como os digo, la iniciativa partió de ella, aunque fuese por alusiones.

Unos meses después, nos liamos y… ¡hasta hoy! Y puedo decir -no sin cierto orgullo freak– que soy el único caso de ABDL que conozco (no salido de una página fetichista o de contactos) cuya pareja ya sabía “el secreto” antes de comenzar la relación. Respect.

Por otra parte, también es importante hablar de lo que ocurrió -y sigue ocurriendo, gracias a Thor- después. O sea: muy bonito lo de contárselo a tu pareja, pero luego, ¿qué?

Eso lo reservamos para el tercer y último post, que llegará pronto 😉.

¡Besitos, nen@s!

Stephan

BDSMK: Una pequeña recomendación (o dos)

Hoy seré breve y muy práctico: Bdsmk.

Para los que estéis por el centro de España, sobre todo Madrid, que sepáis que existe una asociación -BDSMK- que se dedica a informar y apoyar a las personas que tenemos determinados gustos sexuales y/o que abogamos por relaciones poco convencionales. Ya sabéis por donde voy, ¿no?

BDSMK

Foto de A. Krivitsky en Pexels

No conozco a nadie personalmente en ella, pero he oído hablar muy bien de sus actividades. Se mueven bastante por Fetlife, creo.

Así que os dejo el link por si os apetece echar un vistazo y nos vemos en unos pocos días con más artículos, curiosidades e historias ABDL 😉

¡Disfrutad del finde, cochinotes!

Stephan

PD: Actualizo unos meses después -enero 2023- para comentaros que BDSMK no es la única asociación que se dedica a esto, ni mucho menos. Recientemente he descubierto alguna otra que seguramente os pueda interesar. Sí, vale: también está en Madrid, qué le vamos a hacer. Para los que no vivan en Ciudad Capital seguramente habrá otras y en cuanto me entere de alguna, las iré añadiendo a este post.

Se trata de la asociación MzMRainbow cuya página web podéis visitar a través del link.

Tienen un local disponible para los que queráis probar a hacer una sesión o lo que sea y una serie de tarifas que podéis consultar en la página web. Y, por supuesto, tratándose de una asociación dedicada al BDSM también tienen normas, claro. Siempre es bueno que echéis un vistazo a las normas antes de mover ficha en ningún sentido, que luego vienen los malentendidos.

Hace poco, creo, organizaron una fiesta o taller de crossdressing que para los que os mole ese rollito, tiene pinta de haber estado muy chulo.

Así que nada, de momento tenemos 2 asociaciones en Madrid: BDSMK y MzMRAINBOW. No sé si son muchas o pocas, pero el caso es que ahí están. Si sentís curiosidad o tenéis alguna necesidad concreta, quizá puedan ayudaros…

Sí, exactamente: como el Equipo A XD

Un abrazo a todos.

Stephan