Categoría: opinión

A little bit more… (I)

Bueno, pues aquí estoy, con la primera parte del post del que os daba alguna pista a finales de agosto.

¿Habéis sido buenos, no?

«Con el culete bien rojo ya veréis lo buenos que sois…» 😛

Foto: Wikipedia

El caso es que, sobre todo a raíz del anuncio de cierre de una de las páginas ABDL más conocidas (www.adisc.org), he estado reflexionado sobre “lo nuestro”, y me gustaría comentarlo en el blog. Vaya por delante que este post es un poco por desahogarme, como algunas otras veces, pero esta vez creo que lo que os voy a contar tiene mucho más de positivo que de negativo, o podría tenerlo. Seamos optimistas, aunque sea un poquito.

Como sabéis, Historias ABDL es, hablando en términos generales, un blog sobre BDSM y, muy especialmente, sobre el ABDL, que viene a ser un subgénero de Ageplay, y este, a su vez, una rama del BDSM, etc. etc. O, al menos, así es como lo hemos venido planteando en estos últimos tres años. Como un blog que trata temas eróticos, sexuales, o llamadlo como queráis. Y no solo hemos hablado de esas cosas, sino también de esa parte del ABDL o del BDSM que no es en absoluto sexual y que tiene más que ver con lo psicológico y espiritual. Con un cierto tipo de experiencia íntima y profunda, pero diferente y única para cada persona.

Pues bien, si hay un tema recurrente en el blog es lo difícil que es conocer gente con la cual esté uno alineado y con la que haya una confianza e intimidad lo bastante intensas como para dar el “tránsito” al BDSM. Si hablamos del ABDL en particular, es todavía más difícil, y no creo que haga falta explicar aquí por qué. Las imágenes, la parafernalia y las escenas ABDL son lo que son y a muchas personas les echan para atrás, incluso a aquellas que no son en absoluto vanilla. No todas las amas ni amos están abiertos a ese tipo de juegos. Los que lo están, a menudo imponen límites estrictos, que a alguno le pueden parecer excesivos o frustrantes, por chocar con sus preferencias. Y a pesar de que aquí siempre hemos sido positivos, porque fantasear es gratis, no nos vamos a engañar: plantearle esto a una persona que no tiene ni ha tenido contacto con el BDSM es, como mínimo, arriesgado.

Eso hace que liberar a ese “yo” tan reprimido y necesitado de expresión sea difícil para nosotros, los ABDL. Si se diera el caso de que quisiéramos hacerlo, ¿con quien podríamos o nos animaríamos? No es tan sencillo como decir “ah, pues quedo con alguien y ya está”. No todo el mundo vive en una gran ciudad, en la que es siempre más sencillo (ojo: no fácil), ni tiene las mismas prioridades, gustos ni enfoques. Entonces, ¿qué hacer? Quiero decir: ¿existe algún club o círculo ABDL en España? Que yo sepa, no. ¿Algún tipo de asociación o colectivo explícitamente centrado en el ABDL? Pues que yo sepa, tampoco. ¿Eventos o fiestas ABDL regulares o relativamente conocidas? Nasti, hasta donde yo sé. ¿Guarderías ABDL? Pues no, (creo). ¿Mazmorras o locales especializados? Si los hay, los desconozco. ¿Una comunidad online -o outline– asentada y accesible? Qué va. Ni siquiera en Fetlife, en donde no pasamos de algún grupo suelto y muy poco frecuentado (aunque no por falta de interés, me parece a mí). Tampoco ayuda el hecho de que Fetlife sea una página de mayoría anglosajona, y más centrada (no digo que exclusivamente) en el aspecto sexual. Y esto del ABDL para muchas personas ni siquiera es sexual. A mí, por ejemplo, me pasa: algunas veces es sexual y otras muchas no, y tiene que ver más con un estado mental, tranquilidad, relajación, alivio del estrés, complicidad, diversión, conexión interna… ¡whatever!

Al decir esto, no pretendo invisibilizar a nadie. Sé que, por ejemplo, este año ha habido otro evento en MZM Rainbow (al que me fue imposible asistir) y que hay mucha gente moviéndose, hablando, conociéndose y demás. Que están Wasap y Telegram. Todo eso es verdad. Gracias a la tecnología existen opciones que antes no había. Veo en ello un potencial muy importante, pero, a la hora de la verdad, ese potencial se queda un poco cojo y casi todo el mundo te cuenta la misma historia: “estoy muy solo”, “no encuentro a nadie”, “no soy capaz de soltarme”, “vivo con el miedo permanente de que me descubran”, etc. En pocas palabras: que a pesar de ese potencial, los ABDL’s seguimos más o menos como antaño, instalados en el miedo y la desconfianza. Incluso un poquito marginados (es la verdad) dentro de la cultura BDSM. Y he dicho un poquito, por dios. No empecemos a discutir sobre niveles, que no estamos jugando a D&D (¡pero molaría!).

Nos conocemos poco, nos vemos poquísimo y nos mimamos todavía menos… o nada. Y para muestra, un botón: yo mismo llevo veinticinco años tratando a otros ABDL y relacionándome con ellos a través de internet, pero en persona… casi no he visto a nadie. No me han cuidado apenas, ni he cuidado. En la práctica “real” acabo de salir del armario, si vosotros me entendéis. El evento del año pasado fue mi estreno.

La cuestión es: siendo este el panorama, ¿qué puedo hacer yo? Y cuando me hago esta pregunta, me refiero a qué puedo hacer yo activamente, más allá de llevar este blog y daros la murga con mis mierdas mentales e historietas XD. Es decir, ¿puedo hacer algo más, por mí y por vosotros? ¿Por nosotros? “¿Por mí y por todos mis compañeros?”

Sinceramente, sí…”

Me gustaría ir un poco más allá con Historias ABDL. Contribuir a la creación de entornos seguros, recursos tangibles y relaciones reales. Más acercar a las personas y menos scrollear la pantalla de un móvil ad nauseam. No digo que esté pensando en montar la ABDELIA de mis relatos, pero… ¡Igual sí, oye! ¡Yo qué sé! O podría ser algo distinto, sin dejar el ámbito online, siempre y cuando nos ayude. Siempre y cuando sea algo positivo. Ni puta idea de qué, pero algo.

Me consta lo útil y entretenido que es Historias ABDL para muchos de vosotros. Y ahora… ¿qué más? ¿doy/damos un paso adelante o no? ¿Cómo?

El caso es que lo estoy pensando y se admiten ideas ;).

Portaos bien y… continuará 😉

Stephan

La eterna y recurrente pregunta (y III)

¡Mis cojones es fácil ser raro! Puede llegar a ser acojonantemente difícil. Dificilísimo. Dificilérrimo. Más duro que escalar con tenedores. Más jodido que caminar boca abajo. Más desafiante que… que… ¡Que yo qué sé!

Mi generación -y muy probablemente cualquier otra generación- se crio en base a unos principios que, por doloroso que sea reconocerlo, son principios fallidos. Falsos. Mendaces. Una mierda pinchada en un palo, vaya. No hay uno solo que resista el menor análisis. Si se les dedica un poco de reflexión, saltan por los aires que esto parece la mascletá.

Uno de los más recurrentes es esa idea de que todos los seres humanos tienen derechos. Que las personas tienen derecho a una casa, a un trabajo, a una educación, a su personalidad y a un montón de cosas más.

Pues es mentira. Pero mentira cochina, vaya. Tan cochina como un pañal después de 48 horas.

Tienes derecho a la casa que compres, al trabajo que encuentres, a la educación que recibas y así con todo. En resumidas cuentas: no tienes derecho a nada de nada que no consigas tú mismo. Y, a veces, ni así.

Si ya nos ponemos más trascendentes y hablamos del derecho a la individualidad o, en términos más prosaicos, del derecho de cada cual a ser como es, aquí la polémica ya puede ser de las que hacen época.  ¿Quién no ha visto alguna puta película de Disney sobre eso? ¿Eh?

Joder, no os podéis imaginar cómo odio a Disney, en serio. Me supera.

Es una puta falacia que cada cual pueda ser como es, sin más. Una falacia cruel, destinada a encontrarse con el impenetrable muro de los prejuicios y la estadística. El sistema está programado para detectar, delimitar y desechar cualesquiera diferencias. Para tamizar a los seres humanos y convertirlos simplemente en gente.

¿Por qué? Porque está inspirado en el principio de igualación (observad que no digo de igualdad). Cuanto más iguales seamos para él, mejor, así que en cuanto aparece algo diferente, los mecanismos del Leviatán se activan de inmediato para aniquilar esa diferencia, cortar el tallo y desechar la flor. A mí esto me parece una aberración absoluta, que atenta contra la naturaleza humana, pero es lo que hay. ¿Quieres ser diferente? Estupendo. Sé diferente. Siempre y cuando, claro, estés dispuesto a pagar la factura que te va a pasar el Leviatán de los huevos. SÉ RARITO POR TU CUENTA Y RIESGO, Y A TU PROPIA COSTA.

Esto no es sino una deformación grotesca del principio antropológico más básico: tendemos a rechazar a los que no son como nosotros. En eso, no ha cambiado gran cosa la humanidad. Hay mucho maquillaje, claro está, pero se queda en eso: maquillaje. La auténtica verdad es más profunda y mucho más cruel. Y no me habléis de inclusión, porque con la inclusión pasa como con la libertad en la transición española (“Libertad sí, pero dentro de un orden”, “Libertad, no libertinaje” , “De la ley a la ley”, etc.).

Ser distinto o diferente es tener todos los boletos para estar jodido en la vida real. La gente cuya máxima aspiración -no me preguntéis por qué- es la de ser normal, abomina de cualquier individualidad muy pronunciada. Así que Disney podrá decir lo que le dé la gana, pero a ti te seguirán haciendo bullying, te señalarán con el dedo o te echarán del trabajo porque no quieres reducirte a un patrón predeterminado de normalidad, cosa que en algunos sitios y situaciones es imprescindible e incluso se incentiva.

Si a esta problemática le unís una práctica como el ABDL, tan minoritaria como pintoresca, pues para qué os voy a contar. Muy poca gente hace lo que hacemos nosotros y el mundo está lleno de Pepes: si eso que llamamos “sociedad” (ya os advierto que no existe) está dispuesta a censurar cualquier rareza, imaginaos lo que hará con vuestro mundillo ABDL, con vuestros peluches y vuestros mimitos. Es por esa razón que, muy a menudo, en este blog, hemos defendido la “naturalización”, pero nunca la normalización, porque ese es un objetivo muy poco realista y hace flaco favor a los que somos ABDL’s. La verdad es que el 95% de la gente no nos va a aceptar, por mucho que les expliquemos mil veces que esto son prácticas inofensivas, que no hacemos daño a nadie y demás. Guardémoslo para nosotros, los nuestros y nuestra comunidad, y ya está. A la sociedad que le vayan dando. A fin de cuentas, ¿qué nos da a nosotros la sociedad, salvo por el culo?

Yo no quiero dejar de ser ABDL; me gusta serlo y disfruto todo lo que puedo de ello. Pero a los que tenéis dudas, os desesperáis o desearíais arrojaros a los aletargantes y candorosos brazos de la normalidad, no creáis que no os entiendo. Como a cualquiera que se deje caer por este blog y pertenezca a la comunidad kink, o que sufra algún tipo de marginación por ser distinto. Recibid todo mi apoyo y mi cariño -tan anónimos como sinceros-; os deseo lo mejor.

Es duro, muy duro, esto del ABDL, especialmente si no tienes amigos o pareja con que compartirlo. La soledad puede llegar a ser inmensa y la sensación de culpa también. No tanto por la práctica en sí, sino por verla como una enfermedad, un lastre que no tienes manera de quitarte de encima. Es cierto que está internet (imaginaos lo que era ser ABDL hace 30 años…), pero ni por esas; no hay tanta gente que se abra en cosas tan íntimas y para algunos de nosotros encontrar mami, papi o caregiver en general es casi una utopía.

A veces, la vida nos deja pocas opciones y cuanto podemos hacer es optar entre la mentira y la desolación. Algunas personas -y también muchos ABDL en la parte que les toca- acaban por hacerse pasar por quienes no son. Yo no les culpo. La vida es muy dura y tenemos que afrontarla como podamos. Y es extremadamente hostil con los raritos. ¡Toca joderse, chavales!  Las fábulas y los dibujos animados no tienen ninguna virtualidad: ahí fuera hace frío y, para los raritos, hiela, nieva y graniza.

¿Sería más fácil ser como Pepe? Puede que sí, pero es que yo no soy como Pepe, no puedo ser nadie distinto a mí mismo, y es fácil que os pase igual a vosotros. Si no os interesa lo que les interesa a los demás, si no os motivan las mismas cosas, y si, en definitiva, lo que queréis es dormir en pañales, abrazados a un peluche, despertaros empapados y decir «Mami, tengo pipí«, ¿qué hacéis? ¿Fingís que no?

También podéis ser sinceros con vosotros mismos, quedaros en vuestro escaque del tablero y defenderos como podáis, porque más tarde o más temprano, la Inquisición se os echará encima (cuando menos lo esperéis, por supuesto) :P. Es así, y no le deis mas vueltas.

Nadie dijo que fuera fácil, y no lo es. Ser diferente, seguir tu propio camino, hacer aquello que amas aunque nadie lo entienda, tiene un precio exorbitante. No sé si merece la pena o no, esa es otra pregunta que quizá algún día intentaremos contestar en Historias ABDL. Lo que sí sé es que a quienes somos de esta manera tan peculiar nadie nos va a consolar ni a comprender, salvo que tengamos la suerte de encontrar a esa persona o personas que se sientan poco más o menos como nosotros.

¿Y qué hacer con el desprecio, la soledad, la burla, la censura? No lo sé. Lo único que se me ocurre es traer a colación la vieja cita:

“Pañales tengo; lo demás, dios lo remedie”

Ánimo, peques.

¡Y FELIZ NAVIDAD!

Stephan

La eterna y recurrente pregunta (II)

No sé vosotros, pero yo me paso la vida rodeado de personas con las que no tengo nada que ver. No tenemos intereses comunes, ni pasados comunes, ni las mismas ideas, ni los mismos referentes. Si a esto le añadís el escaso aliciente que supone para mí el trabajo (porque llevo como veinte años haciendo lo mismo) y una jornada laboral completa en una gran ciudad, ya os podéis imaginar que mi vida es… pues eso. Poco interesante, por no decir monótona y alienante.

A lo mejor también la vuestra lo es y os sentís como yo me siento, o puede que no y estéis viviendo el sueño americano. O boliviano, ecuatoriano, argentino, español… Vuestro sueño, sea el que sea.

Podría contar con los dedos de la mano las personas que he conocido en el trabajo y por las cuales he sentido una cierta afinidad o que, a la vuelta de los años, se han convertido en algo más que simples compañeros. Me sobrarían dedos, tenedlo por seguro.

Es muy posible que alguien diga: “bueno, el trabajo es trabajo y nada más”. Eso estaría bien para un recopilatorio de aforismos vacíos de contenido y para de contar.

En el mundo real el trabajo es, para la inmensa mayoría de las personas, aquello a lo que dedicamos la mayor parte del tiempo. Y algo a lo que dedicas la mayor parte de tu tiempo no es “trabajo y nada más”, ¡a otro perro con ese hueso! ¿Que es muy duro reconocerlo? Claro que es duro reconocerlo, joder, pero es la verdad.

En otros aspectos de la vida me ocurre lo mismo, porque mi vida familiar, sin ir más lejos, es igualmente insatisfactoria en ese sentido, y nadie cambia de familia como cambia de trabajo. Así es: no soporto a mi hermano -le quiero mucho, pero no le soporto- y mi padre siempre me pareció un marciano. Con mi madre es diferente. Ella fue lo más cerca que estuve de sentirme comprendido hasta que conocí a mi pareja. Sin embargo, tampoco tengo una conexión tan intensa con mi madre como para sentirme de veras “bien”.

En cuanto a mi familia política digamos que… “ok”. Un muy discreto ok.

Vayamos con mi mujer. Como ya sabéis los que seguís el blog, la adoro, y no hay palabras que puedan describir hasta qué punto. También a mi hijo. No tengo ningún problema con ellos, al revés. Aunque los veo muy poco, me dan fuerzas para levantarme de la cama y vivir un día más… y un día menos. Suena triste, lo sé. Perdonadme.

En esto cada persona es diferente, pero en mi opinión y ya bastante dilatada experiencia, el amor consuela, no salva. Es una medicina, un bálsamo, o una droga si queréis, no la Piedra Filosofal.

Tampoco hay tiempo para estar con mis amigos -acaso porque tengo pocos o muy pocos, y están lejos-. En resumidas cuentas: no tengo ocasión de ser yo mismo durante días enteros, semanas o meses. Me siento desconectado, desarraigado… Y es frustrante, viendo lo mucho que se motiva la gente con las mayores nimiedades.

Pongamos un ejemplo: yo uso mucho el metro y, de vez en cuando, me lo encuentro petado de hinchas de fútbol. Los veo sumidos en una especie de trance místico e incomprensible para mí, entonando cánticos ridículos, vociferando, alborotando. No los entiendo, y entiendo menos todavía el impulso que los mueve a comportarse así. La cuestión es que los miro y me digo: “¿soy yo capaz de esto? ¿podría hacer lo mismo?”.

Pues no. No soy capaz, o no me veo capaz.

Y, entonces, indefectiblemente, escucho la voz de Pepe en mi cabeza:

-Venga, hombre, no digas bobadas. ¿Cómo no te va a gustar el fútbol?

Decido rebelarme y le replico en voz baja, para que nadie piense que estoy pirado. Hago como que tarareo una canción, aunque tenga los auriculares desconectados y el móvil en silencio.

-No, no me gusta. ¿Qué carta juego ahora, Pepe? ¿Una que no tengo?

-¿Y los toros? ¿Cómo no te van a gustar los toros?

-Pues no, no me gustan nada.

-¡Es una tradición milenaria!

-Sí, como la horca. No te jode.

Algún que otro pasajero me mira extrañado. Ya me ha puesto la etiqueta -no del todo inmerecida- de tarado irredento. Se me nota hasta cuando quiero disimular. La voz de Pepe, inmune al desaliento, no ceja:

-¡Hay que ser comercial, hombre!

-Hay que fingir, básicamente, ¿no?

-Mira que eres raro, macho.

-¿Y qué culpa tengo yo?

La chica que va leyendo junto a mí se pasa sin complejos al asiento de al lado y deja uno vacío, digamos de seguridad, entre ella y el tío que habla solo con un tal Pepe.

-Juego mi mano, Pepe, pero las cartas las repartió dios, no las escogí yo.

-Si tú no vas a misa, descreído. No hables de dios.

-Me sé los evangelios mil veces mejor que tú.

-Pues mil por cero…

Pepe me observa (o me observaría) con un interés puramente ecológico, científico, como un biólogo que descubre una nueva especie de escarabajo en el desván de su casa. Porque Pepe no solo no me entiende, sino que no cuenta con las herramientas necesarias para entenderme y es muy posible que no tenga interés en adquirirlas. Total, ¿para qué? ¡Ya llegará algún científico de los de verdad a diseccionarme!

Pero… ¡cuidado! Es que es mucho peor. Es muchísimo peor, chicos.

Es jueves por la tarde/noche y vuelvo a casa. Me he pasado todo el día fantaseando con ella y me duelen los huevos desde la hora de comer. Y entonces Pepe, que es un cachondo, va y se materializa ante mis asombrados ojos -porque tiene la facultad de materializarse a voluntad, además de ser ubicuo y omnisciente-, se sube al metro conmigo en Nuevos Ministerios, en Sants o en Maritim y, en su tono más irónico, me pregunta:

-¿Y entonces qué es lo que te apetece hacer a ti?

-Como mañana es fiesta y el enano irá con su abuela, me gustaría estar en pañales, sobre la alfombra de mi casa, con mis juguetes. Solo eso y nada más.

-¿En serio?

-Y hacerme pis encima.

-Tú me estás vacilando.

-¡Qué va! Y, si me apuras, también…

-¡Para, para! -porque Pepe presume de cosmopolita, de heterodoxo y de políglota, pero, en el fondo, y por decirlo de alguna manera, no distinguiría el klingon del sindarin -. No me lo puedo creer, macho. ¡Y encima no te gusta el fútbol!

-Y me quiero tirar a mi chica cien veces, eso también. Pero a ella y solo a ella. ¿Sabes lo que te digo?

-Bueno, eso lo entiendo un poco mejor.

-Qué vas a entender, si tienes tarjeta VIP de todos los puticlubs de aquí a Tombuctú, coño.

-¡Ya salió el melindres!

Es exactamente esto.

A esas alturas, nos hemos quedado solos en el vagón del metro. Damos un poco de miedo, la verdad, pero no tanto como el vagón del metro semivacío, que recuerda demasiado a una jaula. Pepe y yo mantenemos el tipo y seguimos piando.

-Tengo un chupete nuevo, es super chulo. Y un biberón. Y pañales con muñequitos. Y si soy bueno, la seño me dejará dormir con mi peluche y mi pañalito.

-¿Qué leches dices?

-Pero si me hago pipí me dará pam pam en el culete.

-Tú estás mal de la cabeza, tío.

-No como tú, que lloras por el resultado de un partido de fútbol. Eso sí que es cordura, ¿eh?

-¿Me estás diciendo que lo tuyo es mejor que el fútbol, la política, los toros o el puticlub?

-De puticlubs no entiendo, pero te digo que, si ahora mismo me dejaras escoger entre acabar con el hambre en el mundo y mi onesie de piratas, me costaría tomar la decisión. Lo siento por África.

-Supongo que tú prefieres tus pañales y tus peluches y tal.

-Sí.

Así de simple y categórico. No le doy más explicaciones a Pepe. Podría hacerlo, pero, ¿para qué? Si no entiende lo del fútbol, ¿qué probabilidades hay de que entienda lo demás? De que entienda que yo tengo esa necesidad y que no escogí tenerla, sino que es inherente. De que para mí, todo eso que él ignora o rechaza es fundamental. Forma parte de mí mismo. Soy como soy, y si no podía cambiar a los 20 años, ¿cómo voy a cambiar ahora, a los 40 y pico?

¿Comprendéis lo que quiero decir? Seguro que sí. Vosotros no sois unos pepes.

Ser raro no es un drama, chicos. No tiene nada de malo, ni es indeseable (“eso es muy bueno, de verdad”), ni es intrínsecamente negativo. Ya lo hemos dicho más de una vez en Historias ABDL. Vive la difference y todo eso. A tope.

Otra cosa es que sea fácil, claro, porque NO lo es.

De hecho, es muy jodido. Jodidísimo.

Stephan

La eterna y recurrente pregunta (I)

Disclaimer: este post va a ser largo y enrevesado. Se va a alejar un poco de la tónica distendida del blog y se adentrará en cuestiones que, quizá, podrían ser delicadas o demasiado emotivas para algunos lectores.

Me habéis escrito o preguntado algunos si todo va bien, ya que en los últimos meses el ritmo de actualizaciones ha descendido mucho.

Es difícil contestaros a esa pregunta. A esa eterna y recurrente pregunta, vaya 😉.

Digamos que va, dentro de lo que cabe, bien, pero que no va bien del todo. Rara vez va bien del todo en mi cocorota; llamadme cenizo, inadaptado, incomprendido, o simple y llanamente gilipollas…

No me llame gilipollas, llámeme payaso -12:50-”

¿Cómo explicarlo? Es una sensación o un estado mental bastante habitual en mí desde mi adolescencia y que, por épocas, aflora o se manifiesta de maneras impredecibles. Es un poco como el fokin Visitante Incierto de Gorey: nadie sabe por qué está ahí ni qué demonios quiere. Simplemente, está y se siente…extraño.

Esta sensación a veces se retira por sí sola (gracias a dios, en esto no se parece al Visitante Incierto), y otras necesita una ayudita adicional, normalmente en la forma de algún proyecto delirante, de esos que tanto me gusta emprender. Como este blog, sin ir más lejos 😉.

«It came seventeen years ago and, to this day / It has shown no intention of going away»

Hoy quiero hablaros de ello más en profundidad, porque me parece a mí que no soy el único a quien le pasa y, respecto a estas cosas tan señaladas: “podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto…”.

Voy a empezar contándoos una anécdota. Benigna, por supuesto.

Hace muchos, muchos años -parece que ha pasado un siglo- tuve un jefe de veras peculiar. Un tipo de esos -vamos a llamarle Pepe- que te marcan, para bien y para mal. Hay un antes y un después de él en mi vida y no solo en lo profesional. Suena a tópico, pero es la verdad.

Tenía un perfil marcadísimo, muy común en las altas y medianas esferas de mi país: muy buena familia, contactos en todas partes, títulos nobiliarios por aquí y por allá, estancias en el extranjero, universidades privadas, etc. A todo esto, se añadían un carisma, una simpatía natural y una incuestionable inteligencia, además de una capacidad extraordinaria para gestionar personas y, sobre todo, para calarlas.

Su perspicacia y su don de gentes, cuando quería, rozaban lo prodigioso. Le vi, en vivo y en directo, meterse en reuniones con personas que al entrar pedían su cabeza en bandeja de plata y que al salir lo abrazaban y le pedían disculpas, cuando una hora antes no querían verle ni en pintura y hasta maldecían su nombre.

Mi relación con él fue extraordinariamente buena. De hecho, es una de las personas a las que más agradecido estoy en muchos sentidos. Y puedo aseguraros que no teníamos nada en común. Yo; un chico de barrio. Él: un niño bien. Yo: un “anarquista, pero buena gente”. Él: un monárquico conservador. Yo: anti-fútbol. Él: futbolero a muerte. Yo: friki de los libros. Él: el “Marca” y gracias. Y así, si quisiera, hasta rellenaros el post entero. Éramos el día y la noche, las personas más diferentes que os podáis imaginar.

Podría contaros muchas otras anécdotas sobre él, algunas de ellas completamente descacharrantes, pero no vienen al caso. Os voy a referir, concretamente, la que viene que ni pintada al tema.

Esto ocurrió en el otoño del año 2010, más o menos: ¡hace catorce años! Dios, ¡qué viejo soy! Tempus fugit y tal y cual 😊

También hay otras cosas que se fugan, ya me entendéis… 😛

Contra todo pronóstico, y después de una serie de desencuentros con diversos clientes y proveedores de la empresa, conseguí resolver un marrón de los gordos, uno que llevaba encima de la mesa varios meses. Digamos que, gracias a mi solución, Pepe se libró de una buena, y de tener que dar un montón de explicaciones de esas que nadie quiere dar, porque puedes perder a tu mejor cliente, a tu único proveedor fiable del tipo tal o cual, etc.

Bajábamos juntos las escaleras del edificio, porque a él le gustaba bajar andando. Pepe iba exultante, más contento que unas pascuas, con su sonrisa de cuarto creciente -marca registrada- en la cara.

Estábamos ya en el recibidor del edificio, en la penumbra, a punto de salir a la calle, cuando me agarró del brazo y me paró. No le di importancia, porque era mucho de abrazos, palmaditas, etc. Muy cordial, muy cercano. A la media hora de conocerte, ya te llevaba en el bolsillo.

-Oye, Stephan.

-Dime.

Se me quedó mirando un rato, como si dudase de lo que iba a decirme. Me sonreía, pero solo con la boca; en sus ojos había un brillo no burlón, pero sí muy condescendiente.

-Eres un buen tío. Un tío magnífico, de verdad.

-Vaya, muchas gracias, pero…

-¡Chissssst! ¡Calla! -me interrumpió, como solía-. Escúchame. Va en serio. Eres un tipo fantástico. Tienes madera. Tienes futuro. Te lo digo de corazón y yo rara vez me equivoco en esto. Y encima tienes una cosa muy buena: eres un tío peculiar. Raro, pero en el buen sentido. Eso es muy, muy bueno. De verdad. Eso es muy bueno. Pero permíteme un consejo, ¿eh? Esto tienes que comprenderlo, es muy importante.

-¿A qué te refieres?

De pronto, su sonrisa se esfumó y se puso muy serio. Luego, cuando se hubo asegurado de captar toda mi atención, torció un poco el gesto y, mirándome fijamente, me dijo, en un susurro:

-No juegues siempre esa carta.

No supe qué decirle, fuera de “ya”. Asentí, salimos juntos a la calle y no hubo nada.

La cuestión, mis queridos amigos, es la siguiente: ¿puede uno jugar cartas que no ha robado? O, en resumidas cuentas: ¿puede alguien dejar de ser quien es? ¿se puede fingir que eres otra persona? ¿Incluso una persona normal? ¿De esas que ve el fútbol, hace maratones de series y habla de política como si le fuera la vida en ello?

Yo no puedo. No sé hacerlo.

¿Y vosotros?

(continuará)

Stephan

¿Peluches sí y pañal no?

Hola, pequeñines, ¿cómo os trata la vida?

«Me defiendooooo, me defiendooooo / como gato panza arriba»

Hoy os traigo un post que, básicamente, se reduce a una pequeña reflexión tal y como os la he resumido en el título. Vamos que, a efectos prácticos, os he destripado la entrada en los titulares XD.

Ya sabéis que aquí defendemos el derecho de cualquiera a hacer lo que le de la gana en su vida privada, siempre y cuando no haga daño a los demás. Y si ese «algo» es usar un chupete o dormir en pañales, pues fantástico. ¿A quién le importa?

El caso es que hace unos meses me encontré con una serie de artículos sobre un tema que a los ABDL les suele molar mucho: los peluches y demás. Normal, ¿no? Son monos, achuchables y ayudan a entrar en el littlespace con facilidad. Todos tenemos alguno, jeje. Yo, por lo menos, sí. Dos, concretamente: un pulpito y un osito 🙂

Los ositos molan. Yo soy un clásico.

Pues bien, aquí os dejo un par de links que tratan el tema de dormir con los peluches en cuestión. ¡Pasen y lean!:

¿Qué tan raro es seguir durmiendo con un peluche?

¿Eres adulto y duermes con peluches?

¡Mira tú! Y nosotros pensando que dormir con un peluche era super anormal y super chungo y super todomal. Ahora viene la ciencia y dice que no hay ningún problema y que es útil y hasta terapéutico. Ojito con el término: TERAPÉUTICO. Entre cuyos sinónimos, según la RAE, figuran: «curativo», «medicinal» o «rehabilitador».

Y pregunto yo: ¿solo el peluche? ¿Si te limitas al muñequito, está bien, pero si además le añades un chupete, o un pañal, o un onesie, o un pijama mono, o unas braguitas de plástico, está mal? ¿Ya no es algo de cuyas ventajas psicológicas puedas aprovecharte?

No sé para vosotros, pero para mí, los momentos ABDL tienen mucho de terapéuticos también. Me relajan, me liberan de mucho estrés, me permiten conectar con compartimentos de mi mente y mi personalidad que de otro modo quedarían aislados y me proporcionan una sensación de ligereza y fluidez mental muy parecida a la felicidad.

Así que reitero la pregunta: ¿peluche sí y pañal no?

Tenemos dos opciones: disfrutar de lo que nos gusta sin complejos o esperar a que la ciencia nos diga que está ok para hacerlo despreocupadamente 😉

Yo lo tengo claro. ¿Y vosotros?

¡Buen finde, peques!

Stephan

«¡Soy ABDL!» : Una anécdota muy real

Lo he dicho varias veces y lo sigo diciendo: aunque tendamos a pensar que hay muy pocos ABDL, la auténtica verdad es que somos todos los que estamos, pero no estamos todos los que somos.

Hay muchas razones para no decir “Soy abdl”. La primera, claro, es la vergüenza, el dichoso “qué dirán de mí”. Pues bueno. Dirán que eres ABDL. Lo tendrás que asumir. No te apures, rey…

De miedos muy similares, en el fondo, ya se reían los Mecano hace 25 años.

También es porque no todo el mundo se autoexamina ni tiene una rica vida interior, por decir así. Hay muchas personas a las cuales la inercia del día a día les puede tanto que nunca se han parado a pensar qué fantasías tienen ni cuáles les gustaría poner en práctica. No es raro que la gente descubra sus fetiches a los 40, por ejemplo. Ni que no los disfrute hasta los 50. O nunca jamás.

Ahora bien; no pretendo con esto criticar ni culpabilizar a nadie de lo que siente y cómo lo siente. Yo soy ABDL y lo llevo muy bien; otras personas, no tanto. Lo cierto, y esto también lo he de decir, es que cuando hace 20 años me relacionaba con otros kinksters, todos teníamos la sensación de que en el futuro -o sea, ahora- este tipo de prácticas, fantasías o conductas estarían mucho más aceptadas y nadie tendría que esconderse en exceso para llevarlas a cabo. Sin embargo, mi percepción actual es que, aunque la comunidad ha aumentado gracias a internet y el número de chicas abdl es mayor que antes, la aceptación sigue siendo problemática, al menos en mi país.

Tampoco creo que la cosa sea mucho mejor en el extranjero. Los españoles tendemos a pensar que vivimos en el Paleolítico, pero luego cruzamos la frontera y nos damos cuenta de lo mucho que se estilan las flechas de sílex en Francia, las lascas en Alemania y las pinturas rupestres en Inglaterra. No sé si me explico.

Casi os puedo escuchar diciendo: “¿Y a mí qué cojones me cuentas, pitufo filósofo?” XD.

Ya vooooooooooooooooooy, ya voooooooooooooooooooooy. ¡Qué impacientes, joder, no puede uno reflexionar ni dos párrafos!

Hoy os traigo una anécdota relativamente reciente y que abonará mi tesis al respecto de los pocos que se atreven a decir lo de “yo soy ABDL”. Os aseguro que es verídica y que sucedió en un contexto completamente natural. Pinky promise.

De vez en cuando juego a videojuegos online con mis amigos de toda la vida. Cada uno hemos ido a parar a puntos distintos de la geografía de España, pero hacemos lo posible por mantener el contacto. Y…bueno, lo de jugar online suele ser más divertido, así que con los colegas de siempre, pues mucho más. La mitad de las veces no atendemos apenas y nos dedicamos a contarnos nuestras vidas y a meternos los unos con los otros. Nada de raro ahí, imagino que más o menos todos los tíos que pasamos de los 30 y/o 40 hacemos lo mismo.

Un día que habíamos quedado para jugar Mobas, uno de mis amigos -vamos a llamarle Raúl- llegó tarde y el muy cabrón, además, borracho como una cuba después de una comida de empresa o similar, así que, si ya no solemos hacer mucho caso a los juegos, aquel día menos que nunca.

Empezamos, para variar, a meternos los unos con los otros (“no sé si eres más manco que gilipollas o al revés, tron…”, “dios, solo de oír tu voz de mierda me pongo enfermo…”, etc.). Perdimos la partida, claro, pero como somos unos putos cuarentones, nos gusta pensar en que al otro lado de las pantallas habrá un puñado de adolescentes autoafirmándose gracias a esa, su ridícula victoria. Y eso es bueno, como el yogurlado XD.

En fin. El caso es que juntar a unos cuantos maromos -uno de ellos borracho- a decir barbaridades por un chat es fórmula segura para que acaben hablando de sexo. Y así fue. Que si tal personaje del juego me recuerda a fulanita, que si el otro día salió menganita en una noticia, “joder, cómo le daba”… Todas esas cosas. Muy bronversation, ya me entendéis. Tampoco va a ponerse uno a charlar de metafísica mientras aniquila monstruitos electrónicos, ¿no?

En un momento dado, salió el tema de cierta celebridad nacional que, como sabemos todos en la pandilla, es el amor platónico y no tan platónico de Raúl. No le juzguéis, seguro que a todos y todas (y todes, venga) os pasa lo mismo. Cada cual fantasea lo que quiere, ¿qué pasa? 😛

A partir de aquí, voy a intentar transcribiros el diálogo entre los 3 amigos que estábamos conectados: Raúl, David y yo (Nenito), tal y como, más o menos, lo recuerdo. ¡Pasen y vean la bronversation!

Disclaimer: Nivel de Bro-ismo EXTREMO XD

R: Ayyyyy. Ella no sabe ni que existo, pero yo la amo. ¡La amo!

N: Tíiiiiio, qué mal. Se ha echado un novio nuevo, según la prensa. ¿No te mueres de rabia? ¿No querrías retar a duelo al novio y cargártelo?

D: Igual con follártela te dabas por satisfecho, con novio nuevo o sin novio nuevo. Tú no eres celoso, ¿no?

R: (borrachísimo y con la voz gangosa) ¡Blasfemia! ¡Blasfemia! Si yo no soy digno, ¿quién lo va a ser?

N: Ya, yo creo que solo con poder dirigirle la palabra te daba un síncope. Y follar, ni hablamos.

R: Yo solo quiero estar a sus pies. ¡Mi señora! ¡Mi diosa! ¡Aquí me tienes!

D: (citando en tono épico)»¡Arise, my champion!«

N: (continuando la cita) ¡At your side, my lady!

R: Haría todo lo que ella me dijera.

N: (Risas) ¿Como qué, tío turbio, como qué?

R: Me vestiría como ella me dijera. ¡Yo qué sé!

N: Algo me dice que tienes alguna cosa en mente.

D: ¡De humilde lagarterana!

N: ¡De oficial de la Werhmacht!

R: Nah, nada de eso, ¡qué va! Ni de lejos.

N: Huuuuy… qué misterioso. Seguro que es algo delirante, inconfesable…¡Penitenziagite!

D: ¿Qué será? ¿Qué será?

R: ¿Y si fuera, por ejemplo, un traje de cuero?

D: No sé, no te veo yo en plan amo exigente con ella.

R: Nah, no es eso, no…

N: Eh, tron, tranquilo, tus fantasías son tuyas. Paz, hermano.

R: ¿Y si fuera su mascota?

N: Pues muy guay. A mucha peña le mola eso.

D: Bastante, sí. Furros a tope.

R: (dubitativo) Y si fuera… ¿un pañal cagado?

…And then there was silence

(y se hizo el silencio)

N: (Retomando la conversación unos larguísimos segundos después) Pues hombre, la mayoría de la gente te diría que eso es una perversión aberrante, pero en mi opinión, la única forma que habría de describirte es: “El puto amo”.

R: (Riendo) Pero solo sería en ocasiones especiales. Yo sería su niñito…

N: ¿Una mami que te haga mimitos y te limpie el culete? ¿Quién no quiere eso, jajaja?

D: (Entre descojonado y estupefacto) ¿Queréis atender a la pantalla, cerdos de mierda?

Resultó que Raúl, quién lo iba a decir, también es ABDL. Y mira que hemos sido amigos durante más de 20 años. Fuimos a la misma facultad. Nos hemos emborrachado juntos miles de veces. Hemos salido, viajado y compartido mil experiencias. Y nunca en esos más de 20 años había reconocido o siquiera mencionado la cuestión. Ni aun medio sabiendo ya, como medio sabía, que yo soy ABDL.

Soy abdl
Y vosotros también lo sabéis, claro

Por eso, mi propuesta es que os arméis de fe y paciencia: el día que menos lo esperéis, algún compi ABDL saldrá del armario delante de vosotros. Y espero que estéis allí para tranquilizarle, decirle que no pasa nada y… ¡quién sabe! A lo mejor, si los dioses de la heterodoxia y el frikismo así lo quieren, para mucho más 😉

Somos legión.

¡Divertíos, peques!

Stephan

Ser ABDL y la normalidad

Edito: Me he dado cuenta de que por un error esta entrada se había publicado de forma restringida. ¡Corregido!

¿Ser ABDL o no ser? Esa es la cuestión.

Como decía un colega mío cuando se emborrachaba: “Buenas tardes. Inspector de culos mojados. ¡Bájese los pantalones!” La de veces que se lo oí decir y pensé: “Joder, si en vez de inspector fuera inspectora, todo bien. Y si me pone pañales, ni te cuento” XD.

Hoy, al calor de este tardío pero ardiente verano -al menos en la gran ciudad-, quería hablaros de algo serio. Este es un post que he venido postergando durante los últimos meses, sobre todo para que pudierais disfrutar de la cojo-mega-historia ABDL que he venido subiendo por entregas y que es más o menos una especie de manifiesto de este blog. Podéis empezar a leerla aquí y tenéis todos los episodios en el menú, arriba a la derecha.

+++Fin de la innecesaria promosió+++

La segunda razón por la cual he retrasado el hablar de este tema es porque, en general, a mí me gusta más el ambiente festivo, por no decir de cachondeo. Sin embargo, no quiero dejar de tocarlo. Ya empezamos a hacerlo aquí, y hoy seguimos.

Empezaré por deciros algo que quizá no os asombre mucho: esto de ser ABDL pues…. en fin: no es normal. Haré una pausa para que lo asimiléis.

+++Paussa dramática+++

Por favor, que nadie se escandalice. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ni me llene la sección de comentarios con lugares comunes (“¡aaaah, ooohhh! ¿y quién define lo que es normal? ¡Mimimimimimi!”). En el blog siempre hemos priorizado el sentido común sobre cualquier otro -excepto, quizá, el del humor-, así que asumamos el adjetivo sin ninguna otra connotación adicional a su significado según la RAE: “habitual u ordinario”.

La premisa, por tanto, es que ser aficionado a usar pañales y chupete mientras finges que eres un niño pequeño no es normal. Y no me toquéis los cojones: no lo es y se acabó. No lo es porque no es ni habitual ni ordinario que un adulto haga eso. Yo intento usar la cabeza y tiendo a creer que la verdad existe así que, por favor: si queréis luchar contra algo, luchad contra la injusticia, no contra las matemáticas o la realidad.

Ser ABDL no es normal. Si lo fuera, explicadme por qué tantos ABDL’s tienen dificultades para encontrar pareja o, por así decir, cumplir sus fantasías. Por qué temen abrirse y por qué albergan sentimientos negativos sobre algo que les hace felices. O debería.

¿Normal? ¿En serio?

No obstante, vamos a dejar las polémicas a un lado, porque en Historias ABDL no nos interesan mucho las polémicas. Somos más de acercar que de separar a las personas. Para separarlas ya están los medios de incomunicación. Y para convencernos de lo mala que es la gente que no piensa como nosotros. ¡Crom les confunda!

La cuestión es la siguiente: de la misma manera que a los que dicen “el rock ha muerto” yo les contesto, parafraseando a Homer: “da igual, porque a mí la muerte me mola un mazo”, a la afirmación “ser ABDL no es normal” solo se puede responder con un rotundo: “¿Y qué?”. Las más veces la conversación devendrá algo parecido a esto:

-Soy ABDL

-Es que ser ABDL no es normal.

-¿Y qué?

-Pues eso, que no es normal.

-¿Y qué?

-Pues que es raro, yo qué sé. Que casi nadie es ABDL.

-¿Y qué?

-Ay, mira, cambiemos de tema.

A lo que voy, peña, es que no hay nada inherentemente malo en la anormalidad. Normal no significa “bueno”. Significa eso: “normal”. Lo anormal no es por definición maligno, execrable o perjudicial. Algunas conductas normales -en el sentido de habituales- son malas (como la hipocresía) y algunas anormales son buenas (como el altruismo). No se me ocurre ninguna razón por la cual se deba proscribir lo anormal, salvo que seas uno de esos individuos cuya máxima aspiración es la de tatuarle a cada ser humano un código de barras en la frente. Que los hay, ¿eh? Se llaman a sí mismos políticos.

Uno puede ser anormal y buena persona. Puede ser normal y mala. Sabiendo eso, que no por obvio viene mal recordar, ¿qué más da si ser ABDL es normal o no? Es más, y aun a riesgo de ponerme orteguiano: ¿desde cuándo lo normal tiene connotaciones aspiracionales? ¿Por qué debemos buscar la normalidad? ¿Hay una alegría o bienestar intrínseco en lo normal? ¿Quién lo garantiza o, al menos, lo postula?

¿Hará falta decir que algunos actos o ideas anormales son malas? Pues claro que lo son. Pero lo que nadie ha podido demostrar, justificar o argumentar -racionalmente, no desde posturas integristas- es que ser ABDL sea algo malo, por muy anormal que resulte visto desde fuera.

Otra cosa es cómo te haga sentir esa tendencia o inclinación para contigo mismo o con los demás, si sufres por ello. Pero sufrirás porque te sientes solo, porque no lo puedes compartir con nadie, porque te preocupa lo que otros piensen de ti, porque temes generar un conflicto con tu pareja si se lo dices, etc. Eso es diferente, y ahí cada cual tiene el deber ineludible de posicionarse frente al problema y decidir qué quiere o no quiere en su vida. En cualquier caso, parece evidente que no es ser ABDL lo que daña, sino la forma de gestionarlo. Y en ese sentido (lo siento, inglispitinglis), existen algunas publicaciones sobre la experiencia ABDL muy interesantes y que recomiendo a quien tenga esa clase de conflictos psicológicos; quizá le sirvan de algo.

Admitámoslo: la vida no se soluciona con ser normal. Se soluciona con buscarle un sentido, desarrollarte y estar en armonía con lo que te rodea, que no es poco. Y diferenciando tu vida privada de tu vida pública y tu intimidad de la de los demás. Y de muchas otras maneras. No con ser normal. La normalidad no es garantía de nada.

Por eso, en Historias ABDL hacemos nuestra divulgativa y lúdica labor desde una perspectiva positiva, alejándonos de dramas e intentando ser justos y objetivos con nosotros mismos y con los demás. No pretendemos normalizar nada, solo dar a conocer la práctica y contribuir a desestigmatizarla (¡toma palabro!). Y lo mismo con el BDSM, del cual solemos tratar una de sus ramas; nuestra rama favorita.

Aunque ramas, lo que se dice ramas, nos molan más…

Ya lo he dicho alguna vez, pero cuando escuché en CSI lo de “hay hombres que solo pueden amar a su madre”, casi me da algo. O cuando en cierto episodio de Bones en el que se mostraban prácticas de pony play el gilipollas del protagonista decía, muy sentencioso: “Esta vida sexual es una mierda” y Bones -a la sazón, también gilipollas- le daba la razón.

En fin, chicos. No quiero enrollarme más. Espero haber sido claro. No pasa nada por ser ABDL, aunque no sea muy normal.

En breves, más historias, incluyendo la secuela de esta. ¡Y muy pronto cumplimos un año! A ver qué se nos ocurre para celebrarlo (admito ideas).

¡Pasadlo bien, mojacamas!

Stephan

Mini reseña: ABU Little Kings (¡por fin!)

¡Albricias, chicos! ¡Por fin he probado los ABU Little Kings! ¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

La gente de Diaper Minister se ha animado a distribuir esos legendarios pañales ABDL y en cuanto me enteré… ¡Zas!, pedido al canto.

Como llevo casi dos años queriendo conseguirlos, ahora que por fin los he probado, os haré una brevísima reseña porque, que yo sepa, hasta el momento la única forma de conseguirlos era a través de alguna tienda en Irlanda o UK, que te salían los gastos de envío y aduanas por un pico. Y, además, después del Brexit todo lo que se pide a UK tarda un huevo.

Recordad que si andáis pensando en tiendas, tenemos algunas breves reseñas de ellas en el blog, por ejemplo, aquí.

Ah, sí… la reseña. ¡Vooooooooooy! 😛

El caso es que en general me están gustando mucho. Sin embargo, también tienen algún puntito negativo por el cual tirarle un poco de las orejitas a los de ABU. Digamos que para mí consiguen el sobresaliente, pero por los pelos.

PROS DE LOS ABU LITTLE KINGS

  • Evidentemente el aspecto, con los dibujitos y demás. Super retro y super mono.
  • Son suavísimos, casi ni notas que los tienes puestos.
  • No llevan prácticamente nada de plástico, son de papel y celulosa, como los Dodot, Huggies y demás. Mega pros en ese sentido.
  • Muy absorbentes. Hasta que los llevas «colgando», puedes mojarlos varias veces.
  • Muy ligeros y anatómicos, ideales para estar en littlespace.

CONTRAS DE LOS ABU LITTLE KINGS

  • Pillé la talla grande según la propia tabla de tallas de la página, y me quedan bien pero un poquito más flojos de lo que a mí me gustan. Esto no es culpa de nadie… («¡ni siquiera de los romanos!» XD), pero le resta algunas decimillas. Para que os hagáis la idea, yo de cintura tengo algo menos de 100. Andaré por los 97 o algo así. Ojo, que aquí también depende de las preferencias de cada uno y de cómo y con qué quiera llevarlos. A mí me gustan más bien ajustaditos y bastante por debajo del ombliguillo.
  • Las cintitas adhesivas podrían ser mejores. Sin ser tan chungas como las de los Tykables (unos pañales geniales, pero con unas tiras horribles), no pegan tan bien como deberían.
  • Habrá gente que prefiera los de plástico, sobre todo si tira más a DL, aunque para gustos colores. La verdad es que yo prefiero que cruja y se note (crinkly boy!), así que, en ese aspecto, a mí no me molan, porque son demasiado discretos.

En resumen: unos pañales monísimos para tus momentos más little y para ser el nenito o nenita más guapetón o guapetona, pero no perfectos.

Nota final

Parafraseando a Futurama, voy a ponerles la peor nota que se puede dar: un sobresaliente MUY bajo. Se quedan en el 9 «raspao».

Y, hablando de sobresalientes…

    Se me ve algo debajo del pantalón, ¿no?…

No os rallo más. Solo quería compartir este flash de felicidad -por otra parte tan materialista- con vosotros, jejeje.

Hasta me hice pipí de la emoción, creo…

Disfrutad!

Stephan

¿Fracasados?

Hace unos días me encontré con un post de esos que uno, después de tanto tiempo como ABDL, está acostumbrado a leer. Un post en el que el autor, un chico ABDL, comparte su ansiedad y sus miedos más profundos con sus lectores. Decía sentirse fracasado, anclado, con una percepción muy negativa de sí mismo y del mundo que le rodea, hasta el punto de interiorizar que ser ABDL le condiciona de algún modo a fracasar en la vida. Que su fantasía lo condena para siempre.

Vamos a dejar de lado el hecho de que haya famosos fetichistas. Sí: incluso DL’s. Ned Stark… Boromir… XD

El post era algo antiguo, y no me quise meter (quizá era peor retomar el tema). Espero de veras que el autor se sienta mejor y dudo que vaya yo a propiciarlo si rescato el hilo y le fusilo una contestación kilométrica. Pero, como tampoco quiero dejar pasar la oportunidad sin comentar nada, he decidido hacerlo en este post. Algo más amplio, menos personalizado y más abierto para todos los ABDL que visiten el blog. Alguno habrá que se sienta parecido, si no igual, sobre todo si es una persona joven o relativamente joven.

Es muy habitual encontrarse con ABDL’s jóvenes que acumulan sentimientos negativos respecto a sus gustos. Personas que se culpan de tener una inclinación fetichista -o no sexual, pero en todo caso inclinación- por objetos normalmente relacionados con la infancia. A veces es por las perturbadoras y equivocadas asociaciones que, desde fuera, un observador extraño o no iniciado podría hacer. Otras veces es porque se ve como algo extravagante, demasiado fuera de lo normal. Muy a menudo, es la simple vergüenza de reconocer que se tiene un fetiche poco habitual (aunque no tan poco habitual). Por último, en determinados casos hay un fuerte sentimiento de culpabilidad de origen religioso. Hay mas casuísticas, pero podrían resumirse en esas cuatro: confusión, miedo, vergüenza y culpabilidad. En casos puntuales, pueden darse varias a la vez.

«Hombre, es que una cosa es tener derecho a la individualidad y otra usar pañales. ¡Shame! ¡Shame!»

Para decirlo claro: ser ABDL da exactamente igual. No te predispone ni condiciona a nada. No te confiere poderes mágicos, ni tampoco te impone taras. Puedes ser lo que tú quieras, lo que la suerte te permita (sí, la suerte cuenta y mucho) y lo que tus capacidades consigan, tanto si eres ABDL como si no. Y va a dar lo mismo que te gusten los pañales cuando dirijas una empresa, cuando seas un autor de éxito, un actor conocido, un youtuber, un profesor, un dependiente, un ingeniero de la NASA, padre, madre, marido, esposa o cualquier otra cosa. Algunos diréis que eso es obvio, pero quizá otros necesitéis leerlo y, sobre todo, creerlo. Pues creedlo de una vez. En serio. Y vivid la vida, que es bien corta, chicos.

Confusión ni la hay ni puede haberla. El ABDL no tiene nada que ver con la mierda esa de la pedofilia. Del mismo modo que coleccionar cuchillos no te convierte en Jack el Destripador ni ver La Naranja Mecánica en psicópata. Sepamos discernir y comprender una práctica, el ABDL, que puede ser un poco infrecuente, pero nada más. Si queremos, claro, que esa es otra: gente con mala fe siempre hay. Pero hoy en día hay ya mucha información sobre el ABDL fácilmente disponible en internet. El que quiera entender, que entienda. Y punto.

El miedo a no ser aceptado ya lo hemos tratado en el blog y no veo razón para incidir. Puedo entender que te preocupe la aceptación de las personas más cercanas, pero la de la sociedad en general, no (otro día hablamos de eso). Por otra parte, no es necesario salir en el Diario de Patricia y contarle tus fantasías a media España; basta con tu pareja, ¿no? Pues bien: es una persona en todo el mundo; no puede ser tan difícil. Y si no quiere jugar contigo, considera todas las demás cosas buenas que te da y si no te compensan ;).

Entiendo que algunos penséis “claro, eso lo dices porque tu pareja sí te apoya y le parece guay que seas ABDL”, pero no es tan sencillo como parece. También le conté mis fantasías a mi ex-pareja -ojo, solo la del spanking, no llegué al ABDL- y le faltó poco para llamar a “Psicólogos sin fronteras”, vamos (“¡que se te quite de la cabeza!”). Así que de rechazos también sé, creedme: no todo ha sido vino y rosas en mi -por otro lado bastante limitado- historial sentimental XD.

La vergüenza…¿de qué? ¿De que alguien descubra que eres ABDL? Si tampoco lo andas publicando por todas partes, ¿quién lo va a descubrir? No creo yo que tus padres o tu hermana tengan cuenta en Fetlife. ¿O sí? 😉 Y en caso de que te descubran, será porque algo andarían buscando, digo yo. Otra cuestión es que no tengas privacidad y vivas en un piso compartido o con tus padres. Entonces, entiendo que es más difícil, pero bueno. Mi recomendación es la de siempre: sé independiente cuanto antes. Y no sería la primera vez que escucho lo de compartir piso “kink friendly”; siempre puedes intentarlo. Por último, mira: tampoco es tan terrible que te descubra una persona con la que tienes confianza, hay destinos muchos peores.

¿Culpabilidad? Bueno, en esta poco puedo aportar, teniendo en cuenta que no soy creyente ni he sentido jamás culpa alguna por ser ABDL. Supongo que para alguna gente todo lo que no sea el misionero con la luz apagada y sin condón está mal. Y no solo eso: cada vez que te pongas un pañal dios matará a un gatito y como se te ocurra ir a un taller de Shibari tu novio te dejará por la pija del sexto derecha. Qué le vamos a hacer: esta gente que tiene línea directa con dios adora imponer cierta visión del mundo a los demás. Aunque dios, parafraseando al gran Forges, “no se ha manifestado a tal respective”.

En cuanto al fracaso… A ser o no un fracasado… No sé qué deciros. Estoy casado con la mujer más maravillosa del mundo, que me ha dado un hijo excepcional. He alcanzado metas con las que la mayoría de la gente se limita a soñar (lo podéis creer o no, pero es así). He llegado a cumplir muchos de mis sueños, incluso algunos que ni yo mismo juzgaba realizables. No vivo mal en absoluto, al menos, de momento. Y, joder… Que me quiten lo bailao. Y aún me queda minuetto, si dios quiere.

Con esto, me refiero a que otra cosa no, pero podéis estar seguros de que soy ABDL hasta la médula XD. Y hombre, fracasado, lo que se entiende por fracasado, desde luego, creo que no soy. Otra cosa es que mi cabeza me juegue malas pasadas con esos temas, que me las juega. Pero esa es otra historia, «que será contada en otra ocasión«.

Una ocasión en la que no tenga pipí, por ejemplo…

Por supuesto que ha habido malos momentos y etapas oscuras e incluso muy oscuras. Lo he reconocido en el blog a menudo. La vida no es fácil. Y, bueno… quizá seas un rarito, pero ¿qué le vas a hacer? Eres lo que eres. Todos nos hemos sentido condenados, fracasados o desilusionados. Yo, aquí donde me leéis, he estado en tratamiento psiquiátrico (“no entiendo nada de lo que me estás contando: toma estas pastillas” –sic) muchas veces en mi vida: entre los 21 y 22 años, entre los 24 y 25, a los 30, a los 41… Y creedme: el ABDL no tuvo nada que ver en ninguna de ellas. Al revés: si acaso, me sirvió como válvula de escape, como un refugio al que volver para sentirme seguro. Sumó y nunca restó.

Hoy quiero transmitir un mensaje positivo a todos esas personas ABDL -o kink en general- que se atormentan por serlo y creen que eso les mediatizará negativamente para el resto de sus vidas, como si tener un fetiche fuera una maldición bíblica. No os juzguéis a vosotros mismos ni a la vida tan severamente y seguid buscando vuestro sitio; estoy seguro de que lo encontraréis (joder, si yo lo encontré, vosotros también podéis). Siempre merece la pena luchar y os lo dice alguien que de mierdas mentales entiende un huevo, no hay más que ver mi historial psiquiátrico. Un chico de barrio, de colegio público y biblioteca pública, no el típico millonario que hace charlas de TED («uuuuuuh, cree en ti mismo y el universo conspirará para concederte tus deseos, uuuuuuuuuuuuuuuuh…» ¡Anda y cómeme la p_ _ _ a!).

No eres ningún fracasado. No lo somos. Solo necesitamos respirar hondo de vez en cuando y que mami, papi o la seño nos pongan el pañal y nos mimen un poquito ;).

¡Aüre entuluva!

Abrazos y azotitos.

Stephan