Categoría: opinión

Littlespace…¡y piratas! (II)

¡Más littlespace!

A ver, que os veo venir. En este post no vamos a discutir sobre quienes molan más: los ninjas o los piratas. Primero porque aquí solo hablamos, mayormente, del mundo ABDL. Y segundo porque, como todo el mundo sabe, los piratas molan mucho más. ¡Es que no hay color!

Más claro el agua…

Como adelantamos en este post de la semana pasada sobre el littlespace, hoy vamos a repasar varias anécdotas específicas de littlespace. Esos momentos irrepetibles. Los que han dejado una huella imborrable. Cuando la sensación fluye y todo es perfecto.

A los ABDL nos gusta que nos digan cosas concretas, de una forma determinada y en un tono específico, cuando somos little. Eso nos reafirma en el rol y nos reconforta. Hace que el intercambio tenga un profundo sentido. Que se sienta único. ¿Qué cosas? ¡Ah! Cada quien es diferente.

Como mi FAI y yo llevamos juntos la tira de años, hemos llegado a un punto en el que casi es más divertido improvisar que preparar. Yo la dejo hacer y ella me deja a mí. El no saber lo que va a ocurrir es mucho más excitante y divertido. Así que en vez de montarnos una película guionizada, mantenemos la obsesión del control lejos (a mí me cuesta, yo soy un friki de la planificación) y nos dejamos llevar.

De todos estos momentos espontáneos y sin ningún orden en particular, hoy rescato para Historias ABDL los cinco más memorables. Cinco de esos “clicks” de la realidad que me dejaron tocado y maravillosamente hundido ;).

¡Pero qué mono estás!”

No hace tanto tiempo que me hice con mi onesie en Diaper Minister, quizá algo más de un año. Es uno de estos adminículos que siempre había querido tener y nunca había encontrado uno que me gustara del todo, o no me había animado, o…”x”.

La primera vez que ella me lo vio puesto se quedó de una pieza y se echó a reír. Yo pensaba -bobo de mí- que me iba a decir algo en plan “tío, quítate eso, venga” o similar, pero qué va. En vez de pasar de mí, viene, me da un beso y me suelta un “¡pero qué mono estás!” muy risueño y acaramelado.

Me dejó totalmente k.o. Vamos, en plan “Finish him!” del Mortal Kombat.

No soy mucho de Johnny Cage pero a ella sí que le pega bastante Kitana: ¿ninja con abanicos? ¡Claro!

Ven aquí. ¿Te has hecho caca?”

Hace la tira de años, en una de nuestras primeras tardes ABDL, andaba yo a mi bola en casa, en pleno verano y con solo camiseta y pañal, mientras ella estaba en ordenador del salón. De pronto me empieza a decir que huele raro, que si se habrá roto una cañería en el edificio, etc. Vamos, lo típico del verano en una gran ciudad. Yo, muy inocente, le digo que no noto nada y entonces ella se mosquea, levanta la voz y de modo 100% inesperado me riñe: “¡Ven aquí! ¿Te has hecho caca?”. Vaya que si fui, podéis creerlo, y muy acojonado. Y el chequeo resultante me eximió de cualquier culpa, claro, ya que yo no soy de N2 y menos cuando ella está cerca.

Lo mejor de esta situación fue que se sintió como muy real; más littlespace imposible. Muy verosímil. Ella de veras había sentido ese mal olor y creo -y esto es lo más genial de todo- que cuando me chequeó estaba super segura de que me lo había hecho… a pesar de que me había dejado muy claro que nada de N2. Pero fue tan…realista, tan inesperado y tan natural que siempre lo recordaré.

littlespace y frikadas

No es una foto de ese momento, pero quería enseñaros la camiseta XD

Y ahora vamos a poner este culito travieso bien rojo”.

Cosas parecidas me las ha dicho muchas veces. Pero recuerdo una concreta, hará tres o cuatro años, que se lleva la palma.

Yo había dormido con pañal y peluche. Por la mañana, me tiré un buen rato vagueando y jugando en la cama mientras ella me decía las cosas típicas de las mañanas del sábado: “me das mucho calor”, “déjame dormir”, “pórtate bien”, etc. No le hice caso y acabó por “enfadarse” conmigo. Me quitó el pañal, se sentó en el borde de la cama y me puso sobre sus rodillas para castigarme.

Aquella vez fue diferente a las demás, y creo que fue porque sí que estaba un poquito enfadada «de verdad«. Escuchar eso de “y ahora vamos a poner este culito travieso bien rojo” tumbado sobre su regazo y con el culete al aire fue uno de los momentos más sexies, excitantes y little de mi vida. Quizá la única vez, que yo recuerde, en la que ese momento little tuvo también connotaciones sexuales.

¿A qué juegas?”

Estaba yo sobre la alfombra del salón, el verano pasado, completamente embebido con mis juguetes y sintiéndome muy little cuando al darme la vuelta veo que ella está arrodillada justo detrás de mí. Comprendo que me lleva observando un buen rato. Le pido mimos y ella, antes de dármelos, se interesa por mi little world: “¿A qué juegas?”.

Parece una chorrada de pregunta, una cosa sin importancia. Nimia. Pero me hizo sentir «regresado» como pocas otras veces. Esa simple monería.

¿Te gustan los piratas?”

Y llegamos al último y más intenso de mis momentos little. Creo que fue también el verano pasado cuando, durante un chequeo de pañal (“¿Seco?¡Qué rarooo!”), ella me estaba abrochando de nuevo los botoncitos del onesie y se fijó de cerca en los dibujos tanto del pañal como del onesie en cuestión (“Mira, si tiene barquitos pirata y todo...”). Yo me puse de pie para estar más cómodo, porque el sofá no es muy grande, y mientras yo estaba ahí, junto a ella, esperando a que terminara de abrocharme, me atraviesa con la mirada y me pregunta: “¿Te gustan los piratas?”.

Guau.

Lo único que me vi capaz de hacer fue balbucear incoherencias y ruborizarme (“Sí… porque…los piratas son… fuertes y valientes…y…y…y…y yo…”). Ella se dio cuenta inmediatamente de que me había tocado algún punto muy sensible, como se suele decir, y para los dos fue un momento encantador. A menudo lo recordamos.

Os vais a reír, pero fue una de las experiencias más tiernas e íntimas de mi vida. Fijaos si me impactó que ese momento me inspiró una canción. ¿Quién sabe? A lo mejor hasta la produzco un poquito y la grabo para ella, como un regalo. El que tuvo retuvo, ¿no? 😉 Y también, para qué negarlo, me motivó a incluir uno de los escasos fragmentos autobiográficos que aparecen en una de nuestras Historias ABDL (¿sabéis cuál?).

Y eso ha sido todo por hoy. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Cuáles de vuestras experiencias little os han gustado más? ¿Tenéis alguna anécdota little favorita? ¿Qué os gusta que os digan? ¿Cómo vivís ese littlespace? ¿Hay algo que os ponga en modo little automáticamente?

Portaos bien y no lo olvidéis: los piratas… molan mucho.

Muchísimo.

Infinito.

Stephan

Littlespace …¡y piratas! (I)

Para los que seáis poco aficionados a la lengua de Shakespeare, vaya por delante la traducción de «littlespace»: “espacio pequeño”. Y también el disclaimer: es una traducción de mierda que no explica bien el significado y las connotaciones de ese término en el mundo ABDL y en el de alguna de sus prácticas hermanas, como las que describíamos aquí.

Aunque cada ABDL lo concibe de una manera especial, podríamos decir que el littlespace es algo así como la “zona de confort ampliada” ABDL. Ese estado mental, emocional y/o físico en el que la persona se reencuentra con su otra identidad interior y en el que experimenta una sensación muy placentera de relajación y despreocupación. Un ABDL en su littlespace logra reconectar con determinados repositorios psíquicos y espirituales que lo devuelven -algunos dicen “regresan”- a un estado de mayor seguridad y paz, normalmente identificado con la infancia.

Cómo funciona o se accede al littlespace es uno de los aspectos más íntimos y personales de cada ABDL. Para algunos puede ser algo casi instantáneo (una palabra, un gesto…) mientras que para otros requiere una atención, interacción o preliminares que pongan en marcha el mecanismo interno. Tampoco está del todo claro qué demonios es en la práctica el littlespace. Si es una especie de regresión psicológica autoinducida. O si tiene algo que ver con un estado alterado de la conciencia, parecido al que alcanzan algunos deportistas -sobre todo corredores de larga distancia- en determinados momentos de las carreras o competiciones. Solo que, en vez de la euforia del corredor, los ABDL experimentan paz y relajación. Nadie lo sabe; y eso le añade un encanto especial.

El littlespace es un concepto profundamente ligado al ABDL, sobre todo en su variante más AB. Para un AB puro, o casi, la consecución de este estado es primordial. Es durante ese littlespace que los AB “conectan”, por decirlo de algún modo, y disfrutan al máximo de sus juegos e intercambios. Un AB puro podría decirse que, sobre todo, busca adentrarse en ese littlespace y permanecer en él el mayor tiempo posible, o, al menos, con la suficiente intensidad. No solo por lo placentero de la sensación, sino porque, además, es durante el littlespace que la conexión con su FAI se vuelve más intensa y necesaria. Los AB se identifican en gran medida con ese estado y es normal que se piensen o se refieran a él con expresiones del tipo “ahora me siento mono de nuevo”, “vuelvo a ser yo mismo” o similares.

littlespace abdl

C’est moi siendo muuuy little 😉. Lástima que no se vean los juguetes

Para cada ABDL el littlespace es diferente y solo coinciden en el tipo de emociones positivas que se experimentan. El caso es que, en un momento determinado, la persona corriente y moliente deja de estar al 100% al mando y es el little, es decir, la persona regresada a ese estado de dicha despreocupada, quien toma el control, total o parcialmente. Algunos ABDL son capaces de regresar por completo y conectar con ese little al 100% mientras que otros no, o solo lo consiguen tras mucha práctica. Para la mayoría es cuestión de niveles y matices. También es un momento de máxima intimidad con la FAI, claro está, puesto que es cuando la persona ABDL se muestra más vulnerable y se entrega completamente al cuidado, atención y cariño de esa FAI. Para lo bueno y para lo… “malo”, ya me entendéis ;).

¿Y qué hay de mí? Pues veamos. Mi littlespace no implica un nivel de regresión muy alto. Digamos un 2-3 en una escala de 1 al 10 en la que el 10 es la máxima regresión. Pero entro en él con relativa facilidad, sin necesidad de demasiados prolegómenos. Y salgo… bueno. Como salimos todos los ABDL: a regañadientes.

Sin embargo, hay momentos puntuales dentro de mi littlespace, en los que mi inmersión es muchísimo más profunda que un 2 o un 3. Son esos momentos en los cuales la escala se me queda corta y desearía que hubiera hasta el 40 o el 50. O que hubiera una escala superior para medirlo, o una escala cualitativa, si eso es posible.

Mis littlespace, de hecho, se caracterizan por esas situaciones puntuales de yo-qué-sé-qué en las que me quedo literalmente anonadado, sin saber qué me ocurre. Siempre reacciono igual: bajo la mirada, me pongo colorado y siento aflorar un calor inconmensurable bajo el pecho, como si me estuvieran dando lametones en el corazón. Ya, ya sé que suena tirando a cursi. Pero tampoco se me ocurre otra forma de describir esos momentos. Porque, creedme: no tienen nada de sexuales ni de excitantes, no va por ahí. No son meros arrebatos de pasión, sino algo muchísimo más íntimo y espiritual. A lo mejor son súbitos e inesperados tragos de Leteo, como poetizábamos aquí.

Nuestros juegos de softdom ABDL -los de mi pareja y míos- han ido evolucionando mucho y a mejor. Hasta el punto de que ella se divierte, incluso se pone disfrutona, ideando qué cosas hacer o decir para lograr de mí esa reacción. Porque, esencialmente, la seño (como lea esto se va a enfadar muuuuuucho) es una maldita y maravillosa hija de puta XD.

Como me conoce mejor que nadie en el mundo, cada vez le resulta más fácil hacerlo. Y como yo no soy capaz de disimular cuando acierta en mitad de la diana, me tiene más a sus pies que nunca. Pero un breve, divertido y tierno repaso a alguno de esos momentos concretos quedará para el siguiente post, que dejaremos para el fin de semana. Así sabréis el porqué del título de esta entrada 😉

¿Qué hay de vosotros, angelitos? ¿Cómo es vuestro littlespace? ¿Qué objetos, palabras o situaciones lo disparan? ¿Cómo os sentís? ¿En qué creéis que puede ser diferente al de otros ABDL?

Un cariñito para todos.

Stephan

FETICHES EN PAREJA (SALIENDO DEL ARMARIO y III): “Y después, ¿qué?”

Los fetiches en pareja son más fetiches ;).

Suponiendo que hayáis leído las dos entradas previas sobre salir del armario ABDL (si no, las tenéis aquí y aquí), imaginaos que sí, que lo habéis hecho y que vuestra pareja, amante, partenaire o lo que sea ha mostrado cierta receptividad. Vamos, que no os ha mandado a paseo directamente. ¡Viva y bravo! ¡Ya tenéis a vuestra FAI!

Vamos, que estáis más contentos que Jake en la isla-muy-chachi

El haber conseguido dar ese paso y haberos sincerado es, pequeños míos, solo el principio. Para lo bueno y para lo malo, claro está. Debéis comenzar a tratar el tema con vuestra pareja desde el punto de vista práctico, de lo que querríais hacer y lo que no, así como de lo que la otra persona piensa sobre todas esas prácticas y hasta dónde quiere llegar con vosotros.

Yo no diría que se trata de una negociación, porque no es exactamente eso, o al menos yo no lo veo así. En mi opinión, entablar largas batallas para conseguir que tu pareja haga aquello que simplemente rechaza -por mucho que a ti te guste- es una mala idea. Quizá lo mejor sea buscar lugares comunes o actividades concretas que a ambos os gusten u os atraigan y sobre todo que no generen rechazo. Por ejemplo: empezar por llevar pañales cuando estáis solos con vuestra pareja es lo básico, creo yo, ya sea plenamente visibles o debajo de la ropa.

fetiches en pareja y onesies :D

Y si esa ropa es un onesie, pues aún mola más…

Por supuesto, podéis explorar y probar con algo menos básico para ver si os vais desenvolviendo adecuadamente; los fetiches en pareja se disfrutan, sobre todo, explorando. Como siempre digo, cada persona es un mundo: a algunos les gustará más que les cambien y a otros que les lean cuentos, o lo que sea. Así, una vez conseguida cierta armonía en lo básico, se pueden ir agregando capas adicionales de juego. El lenguaje, por ejemplo, es una de las más importantes para los ABDL y en mi experiencia es relativamente fácil de implementar. O sea: hablar entre vosotros de esa manera tan maravillosa y excitante que a los ABDL nos pone en órbita (no necesariamente en el terreno sexual, ojo).

He puesto lo de órbita solo para meter de clavo este temazo, que no tiene nada que ver, pero mola

Es importante buscar el feedback de la otra persona: si le ha gustado, si se ha sentido cómodo, si ha sido una experiencia positiva, etc. Tu pareja, por supuesto, también preguntará: si lo hace bien, si te ha gustado esto o lo otro (“¿cuando te di la palmadita en el culo te gustó?” etc.). En este punto a veces ocurren auténticas transformaciones y la pareja comienza a sentirse cada vez más a gusto en su rol de “cuidador” e incluso descubre que le encanta. Otras lo prueban un par de veces y les echa para atrás. En este último caso… bueno. Al menos lo habréis intentado. Y de ser así, insisto: en mi opinión, brasear a tu pareja para que haga algo que no le gusta no suele acabar bien y es injusto, pero cada cual es muy libre de decidir cómo gestiona el rechazo. Y vuestra pareja también, ojito.

Si de forma natural las cosas fluyen hacia el sexo… estupendo. Si no, tampoco tiene sentido forzarlo. Habrá otras ocasiones. Además, es posible que los AB más puros prefieran mantener el sexo apartado de sus momentos ABDL; en ese caso, lo mejor es dejarlo muy claro desde el principio, para evitar equívocos.

Y ahora, por resumir un poco mi itinerario personal y también a modo de ejemplo, paso a describiros mis hitos, por orden de consecución:

  1. Atreverme a plantear el tema de los pañales (ella ya lo sabía, pero tardé un poco en sacar la cuestión). Esto fue de lo más sencillo.
  2. Llevarlos. En este sentido, tampoco era algo muy habitual, podría tener ganas de usarlos una o dos veces al mes, como mucho, en un momento en el que ella estuviera en casa. No hay que abusar, chicuelos…
  3. Mojarlos. De ensuciarlos, ni hablar con ella cerca (para mí no supone un problema).
  4. Dormir en pañales (con ella, claro).
  5. Probarlos ella. Lo hizo, pero no le gustó (damnit!) ☹
  6. Roleplay. Aquí ocurrió una cosa peculiar: a ella no le gustaba asumir el rol de “mami”, por así decir, se sentía muy incómoda y fuera de lugar. Buscamos otras opciones y no hubo problema (maestra, por ejemplo). Tampoco es que a mí me guste demasiado el término «mami» en mis momentos ABDL. Prefiero otros, como bien sabéis 😉
  7. Castigos. Ni el menor problema aquí. No sé si me explico…
  8. Cambios de pañal (con toallitas y todo). A ella no le gustan, por lo cual rara vez lo ha hecho y nunca, que yo recuerde, cuando están mojados “de verdad”. Pero sí hemos hecho cambios en plan fake o coqueteado con ese momento particular.
  9. Accesorios (onesies, chupetes, etc.). En este punto ella se subió un poco al carro y se compró también un onesie porque dice que quiere estar tan guapa como estoy yo con el mío XD. Nice!
  10. Littlespace. Este ha sido el último y definitivo peldaño de la escalera, que hemos implementado hace relativamente poco. A lo que me refiero aquí es a llevar la práctica más allá, no como una modalidad kink de preliminares a la hora del sexo. La búsqueda del “pequeño espacio” o “espacio mini” (ya hablaremos más en profundidad de esto) implica centrarse en la parte más AB y menos en la DL. De esta manera, y durante períodos relativamente largos de tiempo (una mañana entera, un día entero…) el juego es algo así como una sesión prolongada de softdom y se extiende a todos los aspectos de nuestra interacción; no termina en los pañales, onesies, chupetes, etc. Ella, por ejemplo, trabaja o lee mientras yo juego con algún juguete en la alfombra, me entretengo con peluches, leo cuentos o llevo a cabo cualquier otra actividad típicamente little. Por supuesto, nada de videojuegos, redes sociales ni cosas de “mayores…” 😉. Aquí hay espacio para la improvisación: chequeos de pañal, bromas, juegos, cosquillas, “al rincón” y lo que se nos vaya ocurriendo, sin salirnos demasiado de la dinámica. Todo es buscar el estado mental adecuado (yo soy de los que piensa que el BDSM es la persecución de determinados estados mentales y no la parafernalia ni la actividad en sí).

Así que, por resumiros: la parte de cambios de pañal y demás, muy poco o nada, pero el resto, más o menos, “guay”. No al nivel que nos gustaría, claro, pero a tope. Con la paternidad tenemos escasa privacidad y muy pocas ocasiones de jugar, pero cuando nos quedamos solos, las aprovechamos 😊.

Nada más por hoy: si os animáis a salir del armario… ¡mucha suerte, mucho respeto y a disfrutar!

Y recordad, peña: coñas políticas aparte -que aquí no nos interesan- solo «sí» es «sí». Los fetiches en pareja son una delicia, pero el BDSM es consentido y consensuado o NO es BDSM. Es maltrato, así de simple.

Stephan

OH, LETHE…

Hola, gentecilla, ¿cómo va eso? Espero que bien, porque escribo esto un viernes por la noche y los viernes por la noche todo tiene que ser bien 😉. Todo bien… salvo que no tengo sueño. Así que aquí ando, y no sé si conseguiré que me entre el sueño o si, al tener que hacer el esfuerzo, ocurrirá justo lo contrario. Bueno, si me han dado las tantas cuando termine, os lo digo al final.

Esta entrada va a ser un poco especial. Un poco más íntima (que no personal) y más introspectiva que de costumbre. También va a ser, me parece, de las más largas, porque quiero intentar explicar algo que ha menudo me han preguntado y que suele ser objeto de especial curiosidad para las personas que, desde fuera, se asoman un poquito al mundo del BDSM. Y si me queda un poco pedante, os pido disculpas: ¡la culpa es del insomnio!

“Dame a beber el fluido que desintegra / y proporcióname el dulce bálsamo y la bendición / del olvido, vacío y fuerte / Leteo / Oh…Leteo!”

Haciendo memoria -sin tirar de agenda ni nada-, me he dado cuenta de que hace ya mucho tiempo, más de tres meses, que navego por las tibias aguas del Leteo, pero no me sumerjo ni bebo de ellas. No os asustéis por el ramalazo greco-pretencioso; no me he vuelto catedrático de Filología Clásica así, súbitamente (“canta, oh, musa, la cólera del pélida Aquiles”… y ya de paso haz la cena, etc.).

No adelantemos acontecimientos. Empecemos por el principio.

Hemos hablado varias veces del mundo BDSM y de su relación con las prácticas ABDL, que con carácter general se consideran englobadas en él. Sin embargo, nunca hemos dedicado una entrada completa a hablar de sexualidad BDSM y algún día -noche- tenía que ser el primero. Hoy es ese día.

A todos los que alguna vez hemos reconocido -o simplemente mencionado- que practicamos o hemos practicado BDSM nos han preguntado las mismas cosas: “¿Pero tú que sientes?”, “¿Pero cómo lo haces?”, “¿Pero cómo eres capaz de hacer daño a tu pareja?”, “¿No te da miedo? ¿No es peligroso?”. Etc, etc.

Para alguien que no haya tenido nunca nada que ver con el estilo de vida BDSM (que lo es; aunque hoy en día esté de moda llamar estilo de vida a cualquier cosa), asomarse un poquito a él puede ser, además de intimidante, engañoso. Por un lado está la ingente cantidad de parafernalia y de atrezzo que rodea con frecuencia al BDSM y, por otro, el acercamiento -aun a título meramente informativo- a alguna de sus prácticas más extremas puede causar una fuerte impresión que en poco o nada se corresponde con lo que el BDSM es. Al menos con lo que yo creo que es. Y como este es mi Skattergories, pues…

Estas personas poco informadas o sin experiencia caen en el mismo error -o cualquiera de sus variantes- a menudo: confundir continente con contenido y creer que el BDSM consiste en vestirse de formas estrafalarias y en hacer daño a otra persona. No seré yo, desde luego, quien critique o niegue el derecho de nadie a practicar el BDSM -o el macramé- como le dé la gana, siempre que lo haga de un modo consensuado, respetuoso y entre adultos responsables.  A lo que me refiero es a que bajo la mera superficie -lo que se ve- se revuelve y predomina algo muchísimo más importante -lo que se siente- donde no llega, literalmente, la luz del sol. Ni los prejuicios.

Vamos a intentarlo con una metáfora sencilla. Para una persona muy religiosa y con verdadera fe cristiana ¿qué es lo más importante de ir a misa? ¿Las retahílas? No creo. ¿Los trajes del domingo? Qué va. ¿El retablo con el Cristo ensangrentado? Imposible. ¿Las plegarias del cura? Difícilmente. ¿Los temazos tipo ”Señooooor, has venido a la orillaaaaaa”? Lo dudo, aunque cuando uno ha escuchado barritar a tantas feligresas como yo, no puede descartarse. Bromas aparte, lo que de veras cuenta es el significado. Algo más profundo y personal que no puede encapsularse ni mucho menos reducirse a un puñado de objetos, y cuya trascendencia, en realidad, no tiene nada que ver con lo físico, sino con lo mental y espiritual.

En el BDSM pasa exactamente lo mismo. Lo físico es meramente accesorio. La mente y el espíritu son lo que de veras cuenta. En pocas palabras: las máscaras, las ataduras, las cadenas, los collares, las jaulas… Todo eso importa una puta mierda. Es, en el mejor de los casos, pura anécdota. Pura accidentalidad.

El BDSM no va de dolor, sino de devoción. De liberación. De búsquedas. El BDSM es la última cruzada por reconquistar una tierra santa en donde ya solo quedan dos dioses: el dominante y el sumiso. ¿Creéis que el templo es solo para la dómina con tacones de aguja? ¿Que el sumiso arrodillado no irradia esa misma o incluso mayor divinidad? Craso error, queridos míos. Prescindid de cáscaras y de envoltorios, sean estos de látex, de pvc, cuero o vinilo. Arrojadlos al fuego y quedaos viendo cómo se consumen. Lo harán en unos pocos segundos. Lo que deja auténticas marcas no es el látigo, ni la pala, ni la fusta.

¿Y entonces qué se busca? ¿Qué es lo que tiene de tan maravilloso el BDSM?

Un estado mental. Un estado de intrincada felicidad que, por lo normal, los practicantes alcanzan en una sesión de BDSM y que en mi opinión está conectado con dos elementos: la exaltación de la vulnerabilidad, por un lado, y por otro, la fantasía de una entrega absoluta.

“Así, limpiado por una inundación de luz / aparezco, renovado y reforjado / acariciado por el dulce bálsamo y bendición / del olvido vacío y fuerte / Leteo”

Uno: hay una fuerza imparable en la vulnerabilidad, más imparable que el tránsito de los planetas, y que todos los practicantes del BDSM adoramos. Cuando nos sometemos, la exploramos, pero no hay en ello humillación alguna, sino exaltación. Es un modo de elevamos por encima de lo mundano -no queremos, no necesitamos ser fuertes ni invulnerables- convertidos en mejores versiones de nosotros mismos.

Dos: nos han enseñado a racionalizarlo todo. A medir, calibrar y ahorrar. Que el mundo son matemáticas. Química. Tú y luego los demás. Lo absoluto se nos ha vedado, o lo perdimos por el camino. ¿Eso se nos ha dicho? Quienes practicamos el BDSM nos negamos a aceptarlo. Perseguimos y abrazamos el absoluto con una avidez infinita en nosotros y en la otra persona. Nos olvidaremos hasta de nuestros nombres, nuestra entrega será más perfecta que la proporción áurea y al que no le guste, que le jodan. Así de claro.

Pero ese momento… ¿Cómo explicarlo? Nunca es exactamente igual y nunca es predecible. No avisa. No puede convocarse, ni atiende a ruegos ni órdenes, pero cuando los astros se alinean, acude. A veces es breve, como un relámpago: te invade, te fríe y se va. Y durante unos segundos, la mente y el espíritu se alinean y dejan de tirar cada uno de su extremo de la cuerda. Otras, en cambio, se extiende durante un tiempo indeterminado que parecen horas y horas de juegos en una de esas noches de verano de tu infancia. De promesas bajo la lluvia. De sublime plenitud.  

Y en ambos casos se produce algo así como un eclipse de vida. El Leteo. Lethe.  

Justo antes, durante y/o después de este estado (al cual mi pobre descripción no hace justicia en absoluto), el grado de excitación sexual puede variar, sin mayor problema, de bajo a extremo, de nimio a insoportable o al menos eso me ocurre a mí. Algunas personas pueden orgasmar sesionando y otras no, o lo hacen después en el aftercare. El orgasmo es solo la guinda del pastel y, como tal, ni siquiera forma parte del plato principal sino, como mucho, del postre. Y… bueno, hay gente que prefiere el salado al dulce, ¿no? 😉.

Nada que yo haya experimentado puede compararse a ese estado mental. O, al menos, nada que yo haya experimentado de forma natural. Tampoco las drogas: yo no las recomiendo. He probado unas cuantas y ni siquiera se le acercan. Es por ello que el BDSM puede llegar a ser tan adictivo para sus practicantes, creo. Tan atrayente. Y por lo que se lo considera algo más que un simple elenco de prácticas sexuales.

“Mantenme cerca / desenreda las estrellas / mientras cojo velocidad a través de los cielos / velocidad a través de la noche / pues tú eres mi hoja y mi soga / tú eres mi Leteo / lo eres todo”

A mí personalmente no me gusta la ropa fetichista clásica, ni prácticamente ninguna que no sean mis cositas ABDL. Tampoco soy especialmente fan de los látigos y las fustas. Nunca me ha atado nadie a una cruz de san Andrés. Casi ninguno (casi) de los adminículos asociados normalmente con el BDSM me atrae lo suficiente como para incorporarlo a mis juegos. Pero no creáis que en mi caso es diferente a los que van full equip. Yo también quiero darme un buen chapuzón. Y no solo eso: beber hasta hartarme de ese fluido que desintegra.

Es lo que tiene ser switch: alguien tiene que estar esperando en la barca mientras el otro se baña, resopla, bucea en el agua y emerge con los ojos enrojecidos, para decirle aquello tan bonito de: “Ven, ven, bebe. ¡Es estupendo!”. Alguien debe mantener el timón en su sitio y vigilar las corrientes. Bien está. Me ha tocado a mí los últimos meses.

Pero seguro que un día de estos, cuando menos lo piense, ella llegará a casa, me cubrirá de besos, me empujará al río y cuando yo consiga volver a cubierta me estará esperando con una provisión infinita de pañales, mimos, peluches, cosquillas y zapatillazos en el culo. Entonces a mí me aflorará una sonrisilla de bobo al careto, le diré: “¡Hola, seño!”, me pondré colorado y me arrojaré a sus brazos.

Mierda. Son casi las 3 de la mañana y sigo sin tener sueño.

En fin, amigos. Tendré que acostarme de todas maneras. ¡Buen fin de semana!

Lethe.

Oh, Lethe…

Links ABDL (II)

¡Links ABDL a tope!

Fe de erratas: Perdonad, creí que era el tercer post con links variados y resulta que es el segundo. ¡Corregido!

¿No queríais más links ABDL? Pues aquí va otra una buena retahíla de links de esos que os gustan 😉

Familia ABDL:

Es el canal de youtube de dos ABDL españoles muy majetes que intentan visibilizar el mundillo y darlo a conocer con total transparencia y sencillez. Ya sabéis que yo no soy de visibilizar nada, pero me parece un esfuerzo encomiable por su parte. El contenido del canal es muy similar al de este blog (más o menos), pero con vídeos de Youtube 😉

https://www.youtube.com/@FamiliaABDL

Dl-BOY

Una de las páginas más longevas, centrada especialmente en el mundo ABDL homosexual y, más concretamente, homosexual masculino. Tiene opciones de pago y gratuitas y una sección de vídeos que en su momento no era gran cosa, pero hace mucho que no paso por ahí. De todas maneras, no está mal.

https://www.dl-boy.com/

The Dailydiapers

Otro de los buques insignia de la comunidad ABDL en las últimas décadas. Anda un poco de capa caída, pero la galería de fotos y las comparativas de pañales molaban bastante. Ya no tiene sección de vídeos, si no me equivoco.

https://www.dailydiapers.com/

The Cushypen

En cuestión de dibujos ABDL y si dejamos a un lado Patreon y Deviantart es el lugar más conocido de la red. Tiene mucho contenido gratuito, pero es una web de suscripción y esta no es precisamente barata, aunque hay artistas muy buenos. Yo nunca he estado suscrito, pero oye; es un sitio muy conocido.

https://www.cushypen.com/landing_page/

Diaperpin

Una especie de Instagram ABDL, o algo así: no me hagáis mucho caso, que yo de redes sociales no tengo ni idea. Hace unos años parecía que lo iba a petar en la comunidad pero tiene pinta de que se ha quedado estancado. Sea como fuere, hay material ABDL de todo tipo, sobre todo fotos y algún vídeo.

https://diaperpin.me/

Y esto es todo en esta tercera edición de links. ¿Qué os parecen?

Enjoy the silence, peña. Y ojalá todo cuanto siempre hayáis querido y necesitado esté ahora en vuestros brazos 😊

¡El único grupo de pop oscuro y con sintes liderado por Arturo Valls!

Stephan

SALIENDO DEL ARMARIO ABDL (II): “¡Mi primera vez!”

Hoy, como os adelanté la semana pasada, voy a contaros mi propia anécdota. No solo porque viene a cuento, sino porque en la encuesta que cerramos muy en breves algunos de los lectores me han pedido que hable un poco más de mí mismo, y que incluya contenidos sobre mis propias experiencias como ABDL.

“Pos pa eso estamos…”

Yo, que soy ABDL desde siempre y que no recuerdo ni un solo día de mi vida en el que no me haya sentido atraído por los pañales, no salí del armario hasta muy tarde. Tan tarde como los  27 años, ahí es nada. Ojo: cuando digo salir del armario es salir del armario con todas las de la ley, no chatear con otros ABDL, hablar por teléfono, redes sociales o seguir un foro. Me refiero a ponerte delante de alguien a quien conoces, quieres y aprecias, soltarlo todo por primera vez en tu vida y a ver qué pasa.

La persona que elegí para salir del armario fue mi mejor amiga, aunque más bien fue ella quien me eligió a mí. Alguien a quien yo consideraba absolutamente especial y con quien compartía todo lo que sentía y lo que me pasaba. También ella lo hacía conmigo, sin ocultarme nada (creo). En el momento en que di el paso llevábamos unos siete años siendo amigos (este es un dato random, pero podría ser útil). Ella tenía pareja en ese momento; yo no.

Cuando digo que hablábamos de todo y que nos contábamos todo es porque literalmente era así. Eso incluía, por supuesto, hablar de sexo. Tampoco quiero decir con esto que ella me contara lo que hacía con su pareja -una cosa es la confianza y otra la bocachanclez XD-, solo que no había tabúes de ningún tipo entre nosotros.

¿Cómo ocurrió? Pues fue algo directo y nada premeditado. Pasó en una época en la que, digámoslo claro, coqueteábamos con frecuencia. Una tarde en la que estábamos hablando -qué sorpresa- de sexo, ella sacó el tema de las fantasías y me preguntó directamente cuáles eran las mías. No era la primera vez: antes le había contado otras, pero no mi fantasía digamos… “raruna premium”.

Otras fantasías como, por ejemplo…

Me lo pensé un momento: no había ninguna necesidad de revelarle que me gustaban los pañales. Pero, al mismo tiempo, yo sabía que ocultárselo equivaldría a mentir. Y, a fin de cuentas, había sido ella la que había dado el paso. Ahí entró en juego una de mis máximas favoritas: “contra el vicio de preguntar, la virtud de responder”. Se puede decir, por tanto, que en mi caso el “¿por qué?” de salir del armario fue no mentirle a mi mejor amiga. 

Así que se lo dije clara y abiertamente: “Te parecerá chungo de cojones, pero me gustan los pañales”. Ella se sorprendió muchísimo y me hizo un montón de preguntas, del tipo: “¿pero que se los ponga ella o que te los pongas tú?”, “y luego, ¿qué harías?”, “¿pero te ponen o es más el juego y no el objeto en sí?”, etc. Todas sus preguntas iban encaminadas a entenderme mejor y a hacerse una idea de lo que yo sentía. No me censuró ni me criticó en absoluto.

Después de un buen rato de intercambios, la conversación sobre el tema se cerró más o menos de la siguiente manera:

Bueno, pues ya te lo he contado. Soy un puto rarito.

Eso ya lo sabía. Por eso me gustas tanto.

Del tema de los pañales pasamos a otro completamente distinto y el hecho de que yo se lo contara no marcó un antes ni un después, ni afectó en absoluto a nuestra relación. También debo decir que ella era una persona muy moderna, de mente abierta y sin prejuicios. Por su forma de ser era la chica más idónea que se me habría podido ocurrir si bien, como os digo, la iniciativa partió de ella, aunque fuese por alusiones.

Unos meses después, nos liamos y… ¡hasta hoy! Y puedo decir -no sin cierto orgullo freak– que soy el único caso de ABDL que conozco (no salido de una página fetichista o de contactos) cuya pareja ya sabía “el secreto” antes de comenzar la relación. Respect.

Por otra parte, también es importante hablar de lo que ocurrió -y sigue ocurriendo, gracias a Thor- después. O sea: muy bonito lo de contárselo a tu pareja, pero luego, ¿qué?

Eso lo reservamos para el tercer y último post, que llegará pronto 😉.

¡Besitos, nen@s!

Stephan

SALIENDO DEL ARMARIO ABDL (I)

Este sí que es un tema peliagudo: el de contarle a alguien que nos gusta…lo que nos gusta, vaya.

CUÑA PUBLICITARIA RANDOM: Animaos con la encuesta, que la cerramos en unos pocos días 😉

Así, a bote pronto, tampoco es que sea muy complejo ni peligroso. Quiero decir: vosotros sabéis tan bien como yo que esto del ABDL -al igual que muchas prácticas BDSM- es algo completamente inofensivo, por poco conocido o infrecuente que sea. Desde dentro, claro. Hablando desde vuestra zona de confort. Pero, ¡oh sorpresa! Cada cual tiene la suya y a menudo ni siquiera son tangentes.

Las personas ABDL se sienten tan necesitadas de compartir su fantasía, fetiche o afición como cualquier otra persona. Esto no tiene nada de malo, todos tenemos fantasías sexuales -y no sexuales- y la única razón por la cual no las compartimos es el miedo. No me refiero, claro, a compartirlo indiscriminadamente con todo el personal, sino con aquella persona o personas que más nos importan: nuestra pareja, amigos…

Yo personalmente no intentaría convencer a alguien al que acabas de conocer para que te cuide -o te “cuide”, ya me entendéis- como a un niño pequeño, la verdad XD. No es que esté mal, sino que casi con total seguridad te va a dar con la puerta en las narices. Además, creo que a muchos de nosotros nos gusta que nos mime y/o castigue alguien con quien tengamos un plus de confianza y eso, por lógica, excluye a los rollos de una noche y similares. Que todo puede ser, no digo lo contrario, pero os deseo mucha suerte a los valientes.

Eh nena, qué buena estás…¿Vamos a mi casa y me limpias el culete?

¡Policíaaaa!

Que uno decida salir del armario es cosa suya. Es algo muy personal que no puede juzgarse desde fuera y aquí en Historias ABDL –siempre a tope con la libertad personal– no somos nadie para abogar por una cosa ni por otra. Solo podemos dar nuestra opinión y, como mucho, contar nuestras propias experiencias o las de nuestros amigos y conocidos cuando decidieron salir, poco más. Quizá haya algo que podáis sacar en limpio si os ronda la cabeza este asuntillo tan delicado. Cada cual debe preguntarse por qué quiere salir o para qué, y obrar en consecuencia. Ese por qué o para qué tiene su importancia: no la despreciéis.

En primer lugar, yo creo que el elemento fundamental que tiene que estar presente sí o sí para salir del armario es la confianza en la persona a la que se lo vas a contar. Debe ser alguien con quien te encuentres verdaderamente cómodo y con el que puedas mostrarte tal y como eres. Si sois honestos, descubriréis que no es tan fácil encontrar a alguien con quien tengáis un vínculo tan estrecho. A veces ni siquiera estará dentro de vuestra familia y las más ocasiones será un amigo muy cercano o vuestra pareja. Es posible que ni siquiera tengáis esa confianza con vuestra pareja (por la razón que sea: por su carácter, porque la relación no se ha consolidado, etc.). Sea como fuere, no sobreestiméis a la otra persona ni a la relación que tenéis con ella, ni os generéis expectativas poco realistas (esto es un relato erótico ABDL, no la realidad. Mostly).

Un tema recurrente al hilo de salir del armario: en general, yo nunca me plantearía ni me planteé contárselo a mis padres. Creo que no habría sido buena idea, por muy diversas razones. La primera porque ese grado extra de confianza no existía. La segunda porque los míos eran y son personas muy tradicionales y dudo mucho que me hubieran entendido. Y la tercera porque se trata de un fetiche y yo no le voy contando a mis padres las cosas que me ponen cachondo XD. Sé que hay muchos ABDL que se plantean esta opción, sobre todo cuando siguen viviendo con sus padres y se mueren de ganas de usar pañales sin el miedo a ser descubiertos. Suelen ser gente joven, sin trabajo o no independizada. No soy quien para dar consejos (porque “un consejo es un regalo muy precioso, aun del sabio al sabio”); lo único que puedo decir es que yo no lo hice, no lo he hecho y no lo haré.

No obstante, el mundo es diverso. Conocí, y hace ya tiempo, casos de chicos jóvenes (universitarios) que tuvieron suerte; sus padres se mostraron muy comprensivos con ellos y les ayudaron a exteriorizar y cumplir ese deseo, hasta el punto de acondicionarles una habitación ABDL full equip para ellos solos en su casa. También de casos en los que la salida del armario fue traumática e incluyó inútilmente psicólogos, psiquiatras, conflictos y poco menos que exorcismos. Life’s a bitch, tíos. Ojo al dato.

En segundo lugar, un elemento indispensable es la sinceridad. Cuando uno decide salir del armario, no tiene el menor sentido mentir ni guardarte bajo la manga tal o cual detalle por el “qué dirán”. Ya que das el paso, dalo con todas las consecuencias. Caso típico: si te gusta mojar o ensuciar el pañal y te lo preguntan, ¿para qué mentir? Si te gusta que te den el biberón, dilo. ¿Dormir en pañales? ¿Onesies? ¿Jugar con cubos?

Algunos ABDL cuentan que a ellos les ha ido mejor con una táctica (aproximación militar al problema XD) progresiva: ir poco a poco, sin prisas, no soltar toda la información de golpe para no intimidar a la otra persona. Yo creo que es perfectamente compatible ese “modo seguro” con la sinceridad: si quieres darle tiempo al otro, dáselo, pero no le engañes. Lo que me parece un error es decir “no, no, eso no me gusta” solo porque pensamos que causará rechazo si decimos lo contrario. El viejo dicho de “mejor una vez rojo que diez amarillo” viene aquí muy a colación.

Otro punto importantísimo es que tengáis la suficiente madurez para aceptar el punto de vista del otro. Del mismo modo que vosotros os abrís y contáis vuestras movidas ABDL con total transparencia debéis estar dispuestos a admitir cualquier reacción frente a ellas, al menos de primera mano. Sinceraros y revelaros como ABDL’s no os garantiza ni os legitima para nada. Puede que vuestra salida del armario no sea bien recibida, que causéis rechazo o incluso asco y que tengáis que escuchar cosas poco agradables. Ese es el riesgo que corréis, claro, y debéis asumirlo incluso si ponéis por delante todos los disclaimers del mundo (ejemplo: que no hay que malinterpretarlo, etc.). Si no sois lo suficientemente estables y maduros emocionalmente para gestionar un posible rechazo, igual no deberíais salir del armario, o igual no estáis listos para ello con el confidente en cuestión.

Yo he conocido personas que arruinaron una relación -hablo de divorcio traumático, ojo- por salir del closet ABDL y hablarlo con su pareja. Y otras que no solo hallaron comprensión o apoyo, sino absoluta complicidad. Es así. La vida son riesgos y posibilidades.

“Unas veces te comes al oso y otras veces el oso te come a ti…”

Por último, tened siempre presente que la vida sigue y que el mundo no se acaba por tener una pareja o un amigo que no te entienda o no comparta tus fetiches. No creo que hoy en día esa persona, si de veras te quiere, vaya a censurarte o a darte de lado por haberte sincerado con ella, y haberle explicado cómo te sientes cuando te pones un pañal con tu pijama de gatitos. Pero cuidado: siempre debes prepararte para el rechazo y estar razonablemente seguro de que ese rechazo, llegado el caso, no se llevará vuestra relación por delante. Y si lo hace… ¡yo qué sé! Lo mismo así descubres que la habías juzgado mal y por lo menos te llevas el aprendizaje.

Bueno, que me enrollo. En la segunda parte de este post, la semana que viene, os contaré más sobre mi salida del armario ABDL y otros cotilleos interesantes al respecto 😉.

¡Chao, meoncetes!

Stephan

Me gusta usar pañales

Pues sí: me gusta usar pañales. Soy ABDL. Como muchas otras personas en el mundo. ¿Y qué más da?

A pesar de que no veo dónde está el problema, no dejan de sorprenderme ciertas actitudes. No hace mucho tiempo, los medios anglosajones publicaron noticias como esta:

https://headtopics.com/uk/adult-baby-struggles-to-find-work-as-employers-don-t-like-him-wearing-nappies-15336525

Para los que no sepáis inglés, ya os traduzco yo alguno de los comentarios que salen en esta noticia:

“Debería estar encerrado en un manicomio” 

“No le pegaron lo suficiente de niño”

“Enfermedad mental. A la extrema izquierda le encantará”

Buscad en cualquier sitio: un foro, una noticia relacionada con lo nuestro.

Más o menos las dos terceras partes serán de este tipo: “Tío, qué mal, eso no es normal. Este tío necesita ayuda”.

O aquí, hablando de una chica Abdl:

https://www.mirror.co.uk/news/world-news/woman-28-dresses-up-like-26057248

Con comentarios algo más moderados, por cierto, pero… “oh dios, otra más no”, “espero que el tío que le pidió hacer un vídeo no tenga hijos propios”, “tiene que parar de comportarse como un bebé”.

Dejando aparte que nadie sabe lo que es la normalidad (algunos dirán que lo que es “anormal” sí se sabe) es muy difícil que una opinión aleatoria sobre algo que la gente no entiende pueda basarse en otra cosa que en prejuicios.

Si a mí me gusta usar pañales, ¿a quién le importa?

Hablaremos otro día sobre esa supuesta normalidad a la que, al parecer, todos debemos aspirar. Del ser humano vanilla, un concepto muy de las últimas décadas en las que se habla mucho de inclusión pero después se cancela y machaca a todo cristo. Por lo pronto, vayan una serie de consideraciones acerca de mis gustos:

  • El que yo no entienda lo que a otras personas le gusta hacer, no me da derecho a censurarlas. A mí no me gusta nada el fútbol y no por ello digo que los aficionados necesiten ayuda profesional y menos desde una posición de superioridad moral. Aunque lo piense, como decía el gallego de Airbag.
  • El abdl, y muchos otros kinks no son considerados enfermedades mentales por los científicos, sino prácticas perfectamente sanas cuyo ejercicio consensuado no tiene nada de malo desde el punto de vista médico ni psicológico.
  • El abdl no tiene nada que ver con la pedofilia. Nada-de-nada.
  • La inmensa mayoría de los abdl no necesitamos ayuda ni la hemos necesitado nunca para «curarnos» de ser abdl. No estamos orgullosos ni avergonzados de serlo, sentirse orgulloso de ser abdl es tan estúpido como sentirse orgulloso de ser rubio.
  • Y, por último, un apunte: si a tu dios le ofende que me guste usar pañales, no es un dios en el que merezca la pena creer. Así que no creo en él. Guárdatelo para ti, por favor.

¿Podrían darse casos en los que de veras un abdl necesita ayuda profesional? Puede, pero muy pocos. De los dos casos que os pongo, el de Damien llama más la atención. Cuando la predisposición es tan intensa que a uno le impide desarrollarse como persona, o le impide llevar una vida plena y responsable, o no puede conseguir un trabajo, montar su empresa, tener una pareja (en el caso de que la quiera), formarse, divertirte, o de algún otro modo esta tendencia arruina su vida, pues entonces, como en cualquier otra tendencia o afición, creo que debería buscar esa ayuda. Pero digo solo “creo” porque no soy quién para juzgar.

Es decir: en el caso de Damien, quizá haría bien en buscar esa ayuda, al igual que cuando una persona es incapaz de excitarse sin pañales por el medio (lo que no es intrínsecamente malo ni inmoral, pero yo creo que sí supone un problema). En el caso de Lucy, si le gusta vestirse de bebé o si dice, como yo, “me gusta usar pañales”, ¿por qué eso es un problema? Desde luego, lo que nunca se me ocurriría es dejar un comentario del tipo «tiene que dejarlo» o «es una enferma».

Me gusta usar pañales
Gracias, Fry

Hay que decirlo claro: la inmensa mayoría de nosotros no necesitamos ayuda. Y menos para ser iguales que ningún fulano anónimo de los que siembran odio por la red.

Porque en el fondo se trata de eso: la gente rechaza lo que no entiende. Y eso tendría un sentido -no una disculpa- hace 30 años, cuando no se podía obtener información con la misma facilidad que hoy en día, que tienes el mundo al alcance de un click. Sin ir más lejos, bastaría con consultar este blog para informarse de lo que es abdl y demás prácticas asimiladas 😊

Me parece muy triste. Cuando más a mano de la gente pones el conocimiento, más prolifera la ignorancia.

En fin. Divertíos, traviesillos.

Stephan

PD: Aunque esto es una actualización de más de un año después de escribir el post, no hay que pasearse demasiado lejos en Fetlife, en Tumblr o en Patreon para ver que esto del ABDL está en alza. Alza moderada, pero alza. Así que cada vez hay más gente que no tiene ningún problema en decirlo, o eso parece. «Me gusta usar pañales». ¿Véis? No pasa nada por decirlo. Nadie se va a morir por decirlo, ni va a haber una implosión ni les va a caer encima un meteorito. En el fondo, a nadie debería importarle.

Otra cosa es que te gusten y no tengas nadie con quien compartir esa «afición», claro. Pero si eso pasa con todas las aficiones, imagínate con esta. ¡Nadie dijo que fuera fácil, chavales!

 

TIENDAS ABDL: Mis experiencias (I)

¡Vamos de shopping ABDL! ¡Tiendas, stores, boutiques…!  como las queráis llamar. Un post práctico, que sé que os gustan, sobre tiendas ABDL y comprichuelas varias.

Yo, como tantos otros ABDL me pasé la mayor parte de mi vida, hasta los veintipico años, soñando con poder usar pañales. No me refiero a usarlos 24/7 ni nada por el estilo, sino a usarlos de vez en cuando. Por afición, vicio o como queráis llamarlo. Podría contaros muchas anécdotas al respecto, pero lo haré en otras entradas, no en esta.

tiendas abdl

Pues eso. Vosotros me entendéis.

El caso es que con mis veintimuchos años adquirí una cierta independencia económica y personal. Hacía un poco lo que quería. En ese sentido, no me pude resistir a experimentar y comprar eso que tanto me gustaba y me moría de ganas de ponerme: pañales.

Hablo del año 2006 o 2007: no era tan sencillo encontrar un sitio en el que vendieran pañales de mi talla, así que me puse a explorar por internet y, gracias a ello, os puedo hacer una breve reseña de mis experiencias con diversas tiendas durante los últimos 15 años, incluyendo los años o períodos en los que compré. No haré reviews de los pañales, porque eso es otra historia. Solo decir dónde compraba, el qué y algún consejillo relacionado con la tienda, si es útil.

Así dejaréis de preguntar dónde se compra esto o lo otro y lo mismo probaréis directamente 😉

Disclaimer: Recordad que mis experiencias, en algún caso, son de hace años por lo que las tiendas podrían haber cambiado para bien o para mal, y que cuando hablo de gastos de envío, me refiero a gastos de envío a España.

Disclaimer 2: En lo relativo a discreción mi estandard no es muy estricto.

Mercadona (2006-2008)

Mis primeros pañales fueron los de Mercadona. Recuerdo bien el día en que entré en un supermercado y me los llevé a casa. Ni os imagináis lo acojonado que iba. Hasta los compré en otra ciudad cercana a la mía -a la que fui a propósito- para estar seguro de que nadie me podía reconocer. Y en la estación de autobús, al regresar a casa, rompí la bolsa y me los guardé todos en una mochila. Casi me meo del miedo (antes de tiempo, vaya 😛 ).

El paquete ha cambiado, pero se pueden encontrar incluso hoy en día en casi cualquier supermercado de Mercadona.

https://tienda.mercadona.es/product/47093/panal-adulto-talla-g-deliplus-paquete

Rapidez: N/A

Precio: Bajo

Variedad: Muy baja

Airoliver  (2009-2020)

https://www.saveexpress.de/

Cuando me mudé y me fui a vivir con mi pareja, probé suerte en esta tienda alemana, que es quizá, de todas las tiendas abdl, la más representativa a nivel europeo. Me llegó perfectamente el pedido, en un embalaje bastante discreto y los gastos de envío fueron razonables, aunque no bajos. Recuerdo además que hice algunos pedidos bastante grandes, como de 3 o 4 paquetes grandes de pañales. Los Tena, concretamente, y me duraron bastante, quizá años. Estos:

https://www.saveexpress.de/de/inkontinenz-einweg/windeln-pants-diapers/tena-slipspants/tena-slip-packungbag/8438/tena-slip-maxi-large-weiss/lila-15.25.31.8078-cottonfeel-24er-packung

Después he recurrido a airoliver de vez en cuando, si encontraba algún modelo o marca que me gustaba o que quería probar. Por ejemplo, también he comprado Tykables aquí y sin problema. El último pedido lo hice muy a principios de 2020 y no tengo ninguna queja.

En cuanto a rapidez, no son muy rápidos.

Rapidez: Media

Precio: Medio

Variedad: Alta

Buntenwindel (2013)

Esta es una tienda que a día de hoy creo que debe estar cerrada, porque lleva unos años vendiendo solo stock viejo y poco más. Siempre aparece como cerrada. Es una lástima porque sacó modelos chulísimos, como el Fabine Exclusive. Actualmente creo que tienen a la venta solo el modelo Dreamlike, que es en plan pantalón vaquero. No sé a vosotros, pero a mí me parece horroroso.

http://www.buntewindel.de/epages/63089193.sf/en_GB/?ObjectPath=/Shops/63089193/Products/2013

Por lo demás, fueron bastante rápidos y los paquetes muy discretos. Gastos de envío en la media.

Rapidez: Media

Precio: Alto

Variedad: Muy baja

Cuddlz (2014-2015)

Una tienda como cualquier otra. Recuerdo que recurrí a ella porque los Cuddlz me recordaban mucho a los Fabine Exclusive, que literalmente volaron en su momento. Solo hice un par de pedidos porque los costes de envío eran igual de caros o más que los propios pañales, aunque discretos sí que fueron. Rápidos, no mucho.

Creo que ya no fabrican los Cuddlz originales, pero eran parecidos al Fabine exclusive que aquí os pongo.

http://www.buntewindel.de/size-L-Teddy-64-pcs-in-the-carto-Fabine-Exklusiv

Rapidez: Baja

Precio: Alto

Variedad: Baja

Y por hoy ya está bien. Todavía me quedan más tiendas abdl para otro post ;).

Cuidaos mucho. O mejor: que os cuiden ;).

Stephan

Test de preguntas ABDL (y II)

(Tenéis la primera parte aquí)

21) ¿Te gustaría o te plantearías tener una FAI de diferente orientación sexual a la tuya, o, básicamente, del mismo sexo si fueras hetero? No estoy seguro, pero creo que no.

22) ¿Qué tres cualidades debe tener tu FAI? Debe ser muy cariñosa (mimos, besos, sonrisas…), aunque firme (no se negocia ni se regatea con ella; está al mando claramente) y severa (claro).

23) ¿Qué tres cualidades crees tener tú como ABDL? O sea, ¿qué clase de nenito/nenita eres? Soy cariñoso, curioso y un poquitín rebelde; quiero demostrar que ya soy mayor.

24) ¿Te cambian habitualmente el pañal? Nop 😦

Y mira que lo suelo necesitar…

25) ¿Cuáles son tus pañales favoritos? Que yo recuerde, los primeros Fabine (Fabine Diapers) gama exclusive eran una pasada, pero dejaron de fabricarlos allá por 2014. De los más recientes, me quedo con los Kiddo Diapers: son una auténtica maravilla y se sienten muy, muy «reales». De los blancos, los Tena son los mejores que he probado.

26) ¿Tienes algún otro fetiche -con o sin relación con el ABDL-? Soy spanko y además switcher (o sea, que me gusta ser tanto sumiso como dominante). En general todo lo que sea humillación -activa o pasiva- y bdsm de suave a medio, me gusta. El roleplay de escuela, estudiante rebelde/profe estricta y demás, que te castiga cara a la pared con las orejas de burro, o te da unos buenos reglazos en el culo es otra cosa que me encanta. Y todo ello combinado o no con el ABDL.

27) ¿Cuál ha sido la mayor trastada por la que te ha reñido/castigado tu FAI? Mentirle cuando me pregunta si estoy mojado y resulta que sí. Eso la enfada muchísimo. Otra cosa que no le gusta nada es que diga tacos y palabrotas.

28) ¿Tienes algún amigo o familiar del que sospeches que también es ABDL? Si, hay un par de ellos en concreto que yo creo que les medio mola el rollito. De uno estoy al 95% seguro.

29) ¿Qué outfit, ropa, o combinación de ropa prefieres? Tengo varias. Onesie, pañal y chupete es una. Pijama y pañal otra. Camiseta, pañal y zapatillas también me encanta, o simplemente desnudo, con pañal y zapatillas (pocos looks me parecen más ABDL que pañal+zapatillas de deporte, con o sin camiseta).

30) ¿Te gusta dibujar y colorear? No demasiado.

31) ¿Te gusta que te lean cuentos? Muchísimo.

32) ¿Que te den de comer? ¿Los gases? La verdad es que esto, ni fu ni fa.

33) ¿Lactancia? No especialmente. Me gustan mucho los pezones, pero no tiene que ver con el ABDL. Es que las tetas y los pezones molan, ¿o no? XD.

34) ¿Eres un sissy boy? No. Nada de travestismo ni ropa de mujer en mis momentos ABDL.

35) ¿Te gusta que te den un baño? Sí, claro, pero es que un baño o una ducha caliente es una actividad erótica de por sí cuando estás con quien quieres 😉

36) ¿Duermes habitualmente en pañales y con chupete? No; mis circunstancias personales me lo impiden. A veces, cuando puedo y me/nos apetece, sí, claro. De todos modos, tampoco me gustaría vivir la fantasía 24/7.

37) ¿Mojas o ensucias el pañal sin darte cuenta? No. De hecho, al principio me costaba muchísimo mojarlos. Me ponía muy nervioso, me excitaba y no había manera. Pero eso le pasa a casi todos los ABDL.

38) ¿Te masturbas en pañales? Algunas veces, pero no es lo habitual. 

39) ¿Lo saben tus padres? No, aunque creo que mi madre sospechó algo cuando yo era preadolescente.

40) ¿Alguna recomendación para otros ABDL? Disfrutad de lo que os gusta y no os torturéis más. En serio. Dejad el drama a un lado.

Y ahora a cenar, que es tarde, pequeñines 😛

Stephan