Categoría: Sin categoría

Estoy vivo ;)

¡Hola chicos!

Solo quería pasarme un rato por el blog para deciros que sigo vivo, y que aunque mi intención sería actualizar el blog con cierta asiduidad, estoy embarcado en otros proyectos personales que me roban tiempo a manos llenas, y no hay manera de sacar un rato para contaros nada.

No es que no se me ocurran temas, es que simplemente no tengo tiempo. En cuanto saque un poquito, volveré a daros la brasa por aquí con más historias y artículos abedélicos y bedesémicos.

Por lo demás, espero que estéis todos muy bien y que sigáis siendo tan meones y mimosos como siempre 😛

Se os quiere!

Besitos

PD: Y fotito 😉

¡Volvemos!

¡Hola, hola, hola, culebras!

Después de un trabajito de remodelación -que todavía no está terminado-, de reparar links, recargar fotos y qué sé yo más, creo que el blog vuelve a estar más o menos operativo 🙂

De manera que, como la primavera la sangre altera, ha llegado el momento de seguir con esta labor tan amena, divulgativa y desenfadada que es subir artículos, historias, fotos, rewievs, opiniones, movidas y todo lo que tenga que ver con el ABDL (sobre todo) y el BDSM. Para vosotros 😉

En principio aún es pronto para deciros nada, pero es posible que el blog se amplíe mucho y, quién sabe, a lo mejor acaba siendo algo más que un blog. Habrá nuevas secciones, muy probablemente otros colaboradores… ¡yo qué sé! Iremos viendo a medida en que vayamos trabajando.

De momento tengo en la recámara un par de entradas y una historia nueva que pronto verán la luz. Y espero, como os decía hace unos meses, poder volver a un ritmo de actualización razonable. Una entrada a la semana, al menos. Tampoco es que sea un compromiso por mi parte; en general las obligaciones le sientan muy mal a mi muy debilitada mollera, pero en fin… Se hará lo que se pueda.

Para cualquier cosa que me queráis contar o aportar, ya sabéis: nenitomojadito@gmail.com

Por último –but not least-: muchas gracias a todos los que me escribís contando vuestras experiencias y opiniones. Lo valoro mucho. Me hacéis sentir que este blog es, además de un hobby, algo de veras útil para vosotros.

¡Besituelos para todos!

PD: ¡Meones! 😛

Yo no. ¡Hoy nooooo! 😀

Gracias por el apoyo

¡Hola todos, nenitos y nenitas! 🙂

Escribo, casi medio año después de mi último post para daros en general buenas noticias.

En primer lugar, mis problemas laborales parece que se han ido solucionando de la forma más clásica: cambiar el chip, tanto el del trabajo como el de la forma de afrontarlo.

Mis problemas psicológicos siguen ahí pero me encuentro bastante mejor. Este verano, sobre todo, fue durísimo y me he tenido -para variar- que hinchar a medicamentos. No es la primera vez, como ya os he contado en algún post. Ahora parece que estoy más relajado, gracias a dios.

Aprovecho para desearos también Feliz Navidad, que ya está a la vuelta de la esquina. A mí, como sabéis, me encanta. ¿Puede haber algo más ABDL que la Navidad? No sé, yo lo dudo, ¿eh?

También me gustaría agradecer el apoyo que me habéis brindado a través del correo, del Telegram y de cualquier otro medio. Me habéis escrito muchos pidiendo acceso al sitio o dándome ánimos. Muchas gracias; para mí es de mucha ayuda constatar que este blog os gusta y disfrutáis con el contenido, así que ha llegado el momento de volver a él. Muy pero que muy despacito, eso sí.

En cuanto al tiempo, sigo tan liado como siempre o más, pero prometo, en la medida de lo posible, ir retomándolo. Tengo ideas y temas que tratar por un tubo todavía, pero mi cabeza necesita un poquito más de reposo. Sobre todo de esa clase de reposo que os estáis imaginando 😉

Por lo pronto, os mando a todos un besito y un diaper pat (o sea, palmadita cariñosa en el culete, por si no os suena el término).

Exacto: este tipo de relajación

Volvemos pronto!

Stephan

Hasta pronto

¿Cómo va eso, chicos?

Esta entrada va a ser un poco triste, pero creo que es necesaria.

Después de un año de subir contenido diverso -historias y artículos, básicamente- me he dado cuenta de que este blog se ha convertido en otra de esas innumerables cargas autoimpuestas que son tan típicas de mi vida. A día de hoy, escribir artículos, historias o entradas se me está haciendo cuesta arriba y he decidido hacer un alto antes de que subir contenidos acabe por generarme más infelicidad de la que me quita.

La razón principal es esa, pero hay muchas otras: estrés, ansiedad (en la que soy un experto consumado), falta de tiempo, cambios profesionales -creo que a bien- y un montón más.

Por si fuera poco, no estoy atravesando un buen momento personal. Vuelvo a la medicación en breve y eso me quita las ganas de actualizar y mantener el nivel de compromiso que a mí me gustaría.

Es posible que a medio plazo suba parte de los contenidos a wattpad o a diaperforo, pero para eso antes tendría que tener tiempo y ganas. También es posible que cambie el blog y haga una página un poco más sesuda, traduciendo artículos del inglés o transcribiendo vídeos y demás. Eso podría ser en un futuro no lejano, pero de momento tengo que dejar Historias ABDL en standby.

Eso sí: en privado seguiré siendo el mismo meoncete cariñosón de siempre 😉

No os equivoquéis; ha sido un placer compartir el mundillo ABDL con vosotros y en ese sentido, me alegro de haberlo hecho y de haber ido actualizando el blog con cierta regularidad. Os agradezco mucho el apoyo a los suscriptores, a los que habéis comentado las entradas o contado vuestra experiencia y a las personas que me habéis escrito para saludarme y felicitarme por el contenido. Para vosotros y para cualquier otra persona estoy disponible en en mi mail BDSM: nenitomojadito@gmail.com. También me podéis agregar en Fetlife, si queréis: Nenito82.

No os preocupéis por mí: yo estoy bien. Con unos mimitos a mí se me pasa todo ;).

Poco más que deciros, chicos. Espero tener la fuerza necesaria para volver pronto. Por el momento, se impone un parón.

Un besito y un azotito para todos.

Stephan

Historias ABDL: «ABDLIA» (V)

En episodios anteriores, I, II, III, y IV

Y aquí está el último episodio de esta cojo-mega historia ABDL, que ha durado hasta hoy. Un último episodio que, como veréis, tiene final bastante «feliz» en términos abedélicos XD. He decidido edulcorarlo un poco respecto a mi idea original para celebrar la llegada del verano y, con él, de las vacaciones, que espero disfrutéis mucho. Un poco de positividad nunca viene mal. ¡Regocijémonos esta noche de San Juan! O Midsommer, o yo qué cojones sé.

Sigo bastante liado con otros proyectos, por lo cual la velocidad de actualización del blog se mantendrá igual durante los próximos dos o tres meses. En cuanto vaya cerrando cosas retornaremos al post semanal, como mínimo. Pinky promise 😉

¡Pasadlo bien! Y recordad: no todo en la vida son pañales y mimos. También está el Diablo IV :P.

______________________________________________________________________________________________________

Así que eso era, pensó Maite. Ese era el misterio de la segunda planta, cuya descripción Paula había rehuido varias veces: un misterio forzado. Supuso que la mayor parte de los invitados se enfadaban al llegar aquel momento, pero decidió ser mucho más original. Práctica, quizá. Después de todo, retrasar el primer intento suponía procrastinar mucho. Ahora, por lo menos, estaba del humor necesario y la gente de Abdlia se lo ponía en bandeja.

-No es una broma, ¿verdad?

-Pues no. Hablo completamente en serio, Maite. Pablo llegó como media hora antes que tú y te dejó solo un recado.

-¿Cuál?

-Cito textualmente: “Maite: haz lo que quieras”.

Y el caso es que Maite quería. Quería probar, al menos. Quería explorar. En parte por la situación y en parte por la experiencia. Sin embargo, los nervios hicieron acto de presencia y la colmaron de dudas: ¿Qué debía decir? ¿Qué hacer? ¿Y si salía mal? ¿Debía pedir consejo a Paula? Lo más seguro es que pagara la novatada y que lo hiciera tan mal que decepcionara a Pablo.

-No sé por donde… En fin. Nunca he jugado a este juego.

-Lo bueno de estos juegos -dijo Paula- es que nadie pierde. Es cien por cien ganancia.

-¿Tú crees?

-Ya te lo dije. No lo creo; lo sé.

-¿Podrías venir tú conmigo?

-Mejor no -Paula negó con la cabeza-. Pablo dijo que solo quería jugar contigo y el consentimiento lo es todo.

La fingida maestra se levantó, cogió uno de los archivadores y el subrayador que guardaba en el bolsillo del mandil, volvió al sofá, abrió el archivador y se puso a estudiarlo. Al poco, sacó unas gafitas del mismo bolsillo y se las puso.

-¿No me deseas suerte, Paula?

La respuesta se demoró tres o cuatro rayones del subrayador, que Paula deslizaba de un lado a otro, muy concentrada.

-Si ya tienes suerte -miró a Maite por encima de las gafas-. Y mucha.

-Tampoco te pases, ¿eh? ¿Qué suerte? ¿La suerte de tener un novio rarito?

Paula cerró el archivador y estudió a Maite con aire circunspecto. Esta se preguntó si había dicho algo inconveniente, porque Paula parecía de veras decepcionada, como una maestra que recibe una respuesta incorrecta de su mejor pupilo.

-Mira, Maite -dijo Paula en tono de reprimenda-. Tú lo estás analizando solo desde tu propia perspectiva.

-¿Qué quieres decir?

-Pues algo muy sencillo. Si la confianza es la base de cualquier pareja, Pablo te ha dado la mayor prueba de que confía en ti al contarte estas fantasías que tiene. ¿O es que crees que va publicando estas movidas en Twitter y en el tablón de anuncios de su bloque? Quizá seas la primera persona con la cual lo comparte. Si eso no es tener suerte, dime tú que es. Él no es un capullo que te lo dice a las primeras de cambio, ni el típico imbécil que trata de convencerte de que no puedes negarte. Tú eliges.

-Joder -Maite hizo un gesto brusco y despectivo-. ¿Y por qué tengo que darle el gusto? Menudo papelón.

-No tienes, Maite -contestó Paula, acentuando todas las sílabas-. Ni siquiera debes. La cuestión es si quieres. Si te animas. Cualquier elección es buena si es responsable, es tuya, y es libre. Y, por supuesto, si no haces daño a nadie con ella.

Controlar sus impulsos era una de las especialidades de Maite. Tenía que hacerlo para no volverse loca en el trabajo. Paula, además, tenía una personalidad narcotizante, que le facilitaba la tarea. Maite respiró por la nariz para conseguirlo, notando la tensión y distensión del diafragma.

-¿Y si no quiero?

-Pero quieres -dijo Paula volviendo a su archivador-. He visto a docenas en tu situación. Y tú quieres. Lo que de ahí salga… ya se verá.

Docenas, pensó Maite. Antes de Pablo y de ella había venido mucha gente. Algunos se subían al carro y otros no. Maite estaba intrigada: ¿cómo habían reaccionado esas personas que la precedían? Lo mismo se habían ido dando un portazo. O se habían suscrito a Abdlia antes de la hora de comer. Ahora llegaba su turno. Su turno de cagarla, quizá. La jodienda era que la podía cagar dijera lo que dijera.

-¿Y cómo…?

Paula se lamió un dedo y pasó página muy despacio. El crujido del papel y de los plásticos protectores puso a Maite aún más nerviosa.

-Lo que ya has visto. Mucha ternura. Mucha palabrita dulce. Mucha atención. Muéstrate protectora y accesible. Cuídalo, en el más amplio sentido del término, y déjale ser como quiera. Dentro de unos límites, claro. Tú estás al mando…formalmente -Paula la miró y le guiñó un ojo-. Que siempre haya acuerdos, pero que no lo parezca.

-Naturalidad.

-Sí, eso es clave. A los ABDL les encanta -dijo Paula, y le señaló la salida-. Segunda planta, sala tres. Las escaleras están justo ahí afuera, a la izquierda.

Una respiración honda y un disimulado estiramiento de hombros después, Maite salió al pasillo, se despidió de Paula y entrecerró la puerta del saloncito. Ahí, a unos pasos, estaban las escaleras, dispuestas a llevarla a un nivel superior -o inferior, según se mirase- de su relación de pareja. Eso de que hay gente para todo es una verdad con mayúsculas, pensó Maite. En cierto sentido, también se le aplicaba a ella, porque iba a probar.

Tras dejar atrás los quince peldaños -¿por qué los había contado?-, repartidos en dos tramos de ocho y siete, separados por un descansillo, Paula se encontró en un corredor iluminado con halógenos y amenizado por el zumbido sordo de las cañerías. La segunda planta se caracterizaba por ser íntima e impersonal al mismo tiempo. Tenía algo de antro y algo de monasterio; la decoración, mucho más discreta, se limitaba a fotos enmarcadas de los usuarios -no necesariamente ejerciendo de little ni de caregiver- dispuestas a intervalos regulares sobre el viejo papel de pared, de un mustio verde oscuro. A los usuarios de Abdlia debía encantarles lo retro, porque la última casa empapelada que Maite conocía había sido la de sus padres. Eso era mucho de los años 80 y 90. Podía imaginarse por qué los usuarios habían escogido ese papel y ese color.

Ninguna foto ni ningún fotografiado se repetía y a Maite la tranquilizó saber que Abdlia tenía una historia detrás. Que no era fruto del delirio colectivo ni de la improvisación. Ese convencimiento la arropó mientras se dirigía hacia la sala tres, que encontró con facilidad. Detrás de aquella simple puerta de madera, de aspecto añejo, la estaba esperando uno de los momentos más decisivos de su vida. O más what-the-fuck. Imposible saberlo de antemano.

-¿Pablo? -musitó-. ¿Pablo?

Nadie contestó. Reinaba una quietud tensa, de película de suspense. Si un mastuerzo con máscara blanca y cuchillo jamonero hubiera salido de alguna de las puertas, a Maite no le habría extrañado. Pero aquel edificio era la sede de un club BDSM, no un escape room rural. Si aquello no resultaba, Maite les recomendaría que cambiaran de sector; por lo tétrico de los alrededores saldrían ganando.

-¿Pablo? -insistió Maite-. Soy yo. Soy Maite.

De una chapa con forma de cabeza de león colgaba una aldaba. Maite la hizo sonar y agarró el picaporte.

-Voy a entrar.

Y lo hizo. Con cautela, pero mucha seguridad, pasó dentro, cerró la puerta y permaneció de espaldas al interior unos segundos. Aunando fuerzas, quizá. O dando una última oportunidad a Pablo de pensarlo mejor y renunciar. Porque, cuando ella se diese la vuelta, ya no podría. Lo que viese se le quedaría grabado para siempre en la memoria.

-Hola, bebé -dijo Maite. Después de años llamándolo así, era la primera vez que lo usaba con una mínima propiedad-. Me has dado un sorpresón.

-Ho… Hola… Ma…Mami.

La voz de Pablo sonaba entrecortada, frágil. Maite no sabía si formaba parte del juego o si lo que ocurría era que Pablo estaba igual de acojonado. Lo iba a descubrir pronto. En una cosa le daba la razón a Paula: para Pablo no debía ser tampoco nada fácil. Le echaba huevos, a su manera.

Se volvió hacia el centro de la habitación. Pablo estaba tumbado boca arriba sobre un mantelillo de juegos gris extendido a modo de alfombra, vistiendo una camiseta corta, con estampado de cochecitos y locomotoras. El chupete afloraba de su barba como una boya azul. Un grueso pañal desechable, adornado con una cinta de plástico como de dibujos animados hacía las veces de calzoncillo. Tenía abiertas las piernas para estar más cómodo -el manspreading más inofensivo de la historia-, pero no debía de estarlo mucho, porque se medio tapaba la cara con un osito de peluche muy sobado, al que le habrían venido bien un par de lavadoras. Y por si las sorpresas fueran pocas, Maite descubrió una adicional: su novio se había depilado de cuerpo entero. En los demás detalles de la habitación se fijó de pasada: la cama, el armario, el sofá y los ganchos y argollas de las paredes y el techo.

Ninguno se atrevía a hablar. Maite sentía una presión malsana en el pecho; la del actor que se olvida su texto el día del estreno. A fin de cuentas, la mami era ella, ¿no? La caregiver. ¿Desde cuando una mami no sabe qué hacer?, pensó. Debía emanar autoridad. Seguridad. Afianzar los roles y marcar límites. Sabía que lo de los límites era cosa de dos, pero… ¿Cómo iba a ponerse al mismo nivel que el… sumiso? ¿Se decía así, no?

Pablo tuvo más valor. Se quitó el chupete y dijo:

-Gracias, Mai. Gracias.

-Llámame mami, bebé.

Ahí estaba. Su primera interacción. ¿Cómo había estado? ¿Bien? ¿Mal? ¿Lo había dicho en el tono adecuado? Se fijó en Pablo. Trató de adivinar lo que sentía, pero él seguía tapándose con el osito. ¿Podía ser parte del juego fingir un poquito de vergüenza?

«Ho…Hola… Ma…Mami»

-No sabía si te atreverías, mami.

-Valiente que es una.

-Sí. Mami es valiente. Yo quiero ser valiente como mami.

-Muy bien.

Se arrodilló junto a él y, con toda la ternura que le cupo, le tomó las manos y se las besó. Pablo seguía reacio a enseñar el rostro, como si le dijera: “Sí, este también soy yo, no me juzgues”.

-Te quiero, bobito. No tengas miedo.

Un escalofrío sacudió el cuerpo de Pablo, como si lo hubiera atravesado una corriente de alto voltaje. Irradiaba un calor tan intenso que Maite tuvo que separarse un poco, porque estaba empezando a sudar. Miró el radiador: no estaba encendido. Pablo calentaba el cuarto él solo.

-Tranquilo, campeón.

Pablo se abrazó al osito y giró sobre su eje. Luego, en posición fetal, se encogió, como si le doliera algo. Joder, pensó Maite. Es mi novio, no mi mascota. ¿Qué cojones le digo?, protestó para sí. Además, ¿no era eso lo que quería Pablo? ¿Qué le pasaba ahora? Seguro que tenía ella la culpa. Lo estaba haciendo fatal.

-Mami está contigo y no tienes nada que temer, amor.

Le acarició el pelo, sintiéndose insegura de ir más allá. Él no interactuaba y eso la desanimaba por completo. Como último recurso, lo único que se le ocurrió fue levantarle la camiseta y darle un mordisquito en la cintura, apartando un poco el pañal.

-Estás para comerte, pequeñín. El caramelito de mami -otro mordisquito-. Dulcecito y suave.

Maite era un mar de confusión. Un mar que se alzó en horrenda tempestad cuando Pablo, de repente, se echó a llorar. Temblaba, sollozaba y tartamudeaba, abrazado a su osito como un náufrago a una tabla de madera. Maite, asustada, se convenció de que debían parar. Se le daba tan mal aquella mierda que había hecho llorar a su novio. Lo ayudó a sentarse y descubrió que se le caían los mocos y la baba. Lloraba, literalmente, como un crío. Es la puta última vez, se dijo Maite. La puta última vez.

Se abrazaron. Maite notó cómo las las lágrimas de su novio rodaban por su propio cuello abajo. Habían compartido muchas cosas antes, pero nunca las lágrimas. Curiosamente, eso la hizo sentir mejor. Recordó lo que había dicho Paula sobre genitalidad: aquel acto de abrazarse en medio del llanto, por simple que fuera, resonaba con una melodía íntima y propia. Ni era follar ni se le parecía, pero tampoco era la clase de actividad que se hacía en público. No sabía si era excitante, pero desagradable, tampoco.

-Lo siento -dijo Maite. Y exhaló un suspiro cansado-. Es mejor que nos olvidemos de esto y nos piremos.

Mai…Mami…Yo…

-Shhhhhhh. Anda, no llores. Tranquilízate.

Maite se obligó a sonreír. Era como estar abrazada a un inmenso reloj despertador, de esos antiguos, porque Pablo hacía un ruido parecido: vibraba y se agitaba con cada sollozo, completamente entregado. Entregado… ¿a ella? Sí, eso debía ser. Entregado al cien por cien. De eso se trataba, si los consejos de Paula se ajustaban a la realidad. La cuestión consistía en determinar si los dos se sentían cómodos.

-Mami, te quiero mucho. Gracias.

-¿Por qué? Soy un desastre. Apenas hemos hecho nada.

-¿Nada?

Pablo se limpió el rostro con el antebrazo. Maite se quedó pensando en si debía llamarle la atención y decir “eso no se hace, cochino”, o alguna frase por el estilo. Quizá fuera lo suyo, pero por pensar demasiado -le pasaba a menudo- perdió la ocasión.

-Mami, no estoy de acuerdo.

-Ah… ¿Entonces?

-¿Entonces? -Pablo sonaba casi como él mismo, pero más tierno y vulnerable-. Te documentas, investigas, vienes hasta aquí, experimentas y subes a verme, aun imaginando cómo me ibas a encontrar. ¿Eso es nada?

Se le quebró la voz y Maite tuvo que volver a abrazarle, porque Pablo retomó los pucheros. Descubrió entonces que se sentía ligera. Liberada. Alineada con su novio, a pesar del contexto. Le daban igual la camisetita, el pañalito y el chupete. Si a él le hacía ilusión, que se los dejara puestos. Seguía siendo Pablo.

-Pensé que lo hacía fatal -confesó Maite-. Como seguías callado, sin decir nada, pues… ¡yo qué sé!

El aliento de Pablo en sus sienes hizo que Maite se estremeciera. Era como el vapor de una sauna, pero más denso. En vez de esfumarse, se adhería a la piel.

-Lo haces genial. Lo haces estupendamente. Eres maravillosa. Eres… la mejor.

-Ya será menos.

-Mami -Pablo la abrazó, la achuchó, la estrujó como si quisiera fundirse con ella-. Mami…

Maite se levantó y ayudó a su novio a hacer lo mismo. Le hizo gracia que quien estaba en pañales le sacara casi una cabeza entera. Aquel teatro improvisado que, a diferencia del clásico, jamás sería representado ante el público, tenía su puntito de coña. Había hecho cosas más vacías y aburridas en su vida. Incluso con Pablo.

Lo llevó de la mano a la cama. Pablo, muy contento, se puso de rodillas sobre sus talones. Sonreía como si le fuera la vida en ello. A Maite le calentó el alma esa sonrisa, porque sabía que ella era su principal causa. Pablo la había condecorado con su confianza, ella se la devolvía centuplicada y entre los dos fluía -Maite no tenía explicación para eso- una especie de alegría desbordante. Una emoción tan potente que llegaba a intimidarla. Fue entonces cuando Maite se dio cuenta.

-Un momento -apoyó la mano en el frontal del pañal y tiró hacia arriba-. ¿Te has hecho pis?

-Yo… Mami…

-¿Sí o no? Dímelo. ¿Estás mojado, bebé?

-Eh… Bueno…

-O sea, que sí, vamos. Que te has meado bien meado.

-Es que…

-Menudo meón tengo de novio.

-Pensé…

-Se lo pienso contar a todas mis amigas: “Mi Pablito usa pañales porque se hace pipí”.

-Pero…

Nada de peros, pensó Maite. Le puso un dedo sobre los labios y Pablo se quedó paralizado, a excepción de su boca, que se apropió del dedo y se puso a chuparlo sin el menor reparo. Cuando Maite lo retiró, se fijó en las marcas de los dientes de su novio, que conformaban un sensual anillo entre el nudillo y la uña.

-Mírate -prosiguió Maite, del único modo que se le ocurría-. Tan grandote, tan fuertote y haciéndote pis encima. ¿No te da vergüenza?

-Un.. un poquito, mami -dijo Pablo, abrumado-. Fue… fue sin querer.

-Ya, claro. Sin querer.

-Cuando me eché a llorar me despisté un montón y…

-Pues a mami no le gusta que su nene se haga pipí -Maite ya no sabía cómo seguir. Buscó más salidas- Nene malo. Malo, malo, malo.

Los instintos de Maite le jugaron una mala pasada, identificando cada una de esos tres adjetivos con un rotundo y restallante palmetazo en el trasero desnudo de Pablo. Se vio a sí misma sentada en la cama. Agarrándolo por la cintura. Con él sobre sus muslos, boca abajo y culo en pompa. Se imaginó bloqueando el movimiento de los brazos de Pablo. Ignorando sus últimas y desesperadas súplicas y poniéndolo en el lugar donde se pone a los niños malos: en el rincón y con el culete como una rosa. Una rosa encarnada, claro.

-Lo siento, mami -dijo Pablo. Sonaba a auténtica disculpa-. No volveré a hacerlo si mami no quiere.

-Muy bien. Me gusta cuando eres obediente.

Joder si le gustaba. Le gustaba tanto que iba a empezar con las órdenes de inmediato. A tal efecto, sin previo aviso, se subió a la cama con Pablo y con una tranquilidad muy calculada, fue arrancando cada una de las tiras adhesivas del pañal. Risss. Rass. Pablo se dejaba hacer, con los músculos en tensión y el chupete a punto de salir disparado desde su boca como el corcho de una botella de champán. Rasss. Maite sonrió. Riss. Arrancó la última, pero no dejó caer el pañal, sino que lo recogió con el otro brazo y se lo retiró a Pablo de entre las piernas, haciéndolo de manera en que le rozase lo máximo posible. Se había meado, sin duda, porque el pañal pesaba demasiado como para estar seco. Sin dignarse a mirarlo, Maite hizo un rollo con la prenda y la arrojó a la moqueta. Notó una vaharada de olor agrio, que se esfumó rápidamente. Por lo demás, Pablo no olía a pis sino a su colonia de siempre y a ropa limpia. Y a algo más, que Maite no supo identificar al principio. Como a recién fregado, o a sus viejas cajitas de maquillaje, siempre revueltas en el neceser.

-Ah… claro. Ya entiendo. ¿Te has echado el talquito tú solo?

-Sí, mami. Yo solito.

-¡Guaaaaau! Como los mayores.

Y para su satisfacción, los ojos azules de Pablo se convirtieron, por un divino y maravilloso instante, en zafiros de mil quilates. Maite hubiera querido atesorar ese momento. Quizá sí, quizá fuera afortunada. Incluso rica.

-Me… ¿me cambias, mami?- preguntó Pablo, tímido-. Se me podría escapar otra vez y no quiero que te enfades.

No te pases, tío, se dijo Maite torciendo la boca.

-No, no, no, no… Nada de más escapes ni fugas, meoncito mío -y al decir eso, le pellizcó a Pablo una mejilla-. Vete a la ducha y cuando estés limpito, vuelves con mami, que mami quiere hablar contigo.

-Pero mami…

-No me discuuuuutas -Maite añadió las vocales suficientes para crear el efecto necesario-. Ve.

Por toda respuesta, Pablo se dejó caer en la cama con los ojos cerrados, en la postura en que se hacen ángeles de nieve.

-Joder…

No era una palabra de niños buenos, pero Maite decidió no abusar. Quizá Pablo necesitara un descanso. Se volcó en él y sobre él. Lo besó. Una, dos, tres veces. Luego fue él quien la besó a ella y Maite acogió la lengua de su novio en su propia boca, en donde, enlazadas, ejecutaron una danza de cortejo digna de un documental de la segunda cadena.

-¿Cansado? -quiso saber Maite- Para ser la primera vez igual hemos ido muy rápido.

-Qué va -Pablo se puso hablar con total incontinencia, haciendo sentir a Maite como una artista que recibe ovaciones desde el escenario-. Ha sido la hostia, has estado genial. Super cariñosa. Super amable. Super cercana. Has dicho cosas… Dios, lo del talco casi me mata. Y el mordisquito, eso ha estado top, de verdad. Y cómo me has quitado el pañal, con ese… Y el pellizco. Y cómo me has consolado. Y lo de tus amigas… ¡Buah! ¿Cómo se te ha ocurrido? Y…

Maite se encogió de hombros. Hubiera querido hacer una reverencia, pero le costaba aceptar que semejantes chorradas fueran importantes para Pablo. Que las valorase hasta tal punto. Al final, Maite hizo de la artista que no era y tiró de falsa modestia:

-Ya ves tú qué cosa -compuso una sonrisa afectada, de vedette-. Iré mejorando.

-Imposible, es imposible -Pablo se atropellaba al hablar-. Y cómo me hablas y cómo me miras. ¿Y cuando me dijiste si me había hecho pis? Joder, no me lo esperaba. Qué momentazo, joder. Y cuando…

-Oye -le interrumpió Maite-. Si no recuerdo mal, te mandé a la ducha. ¿Es que me vas a desobedecer?

Casi pudo percibir el asombro de Pablo como algo físico. Tenía un sabor especial. Ácido y sugerente. Pablo miró a todos lados, como si lo hubieran invitado a un programa de bromas con cámara oculta. Era evidente que le costaba procesar la experiencia.

-Creía… -Maite le quitó las creencias con una mirada fiera, incontestable-. Sí, claro. Voy.

-¿Voy… qué?

-Voy a la ducha -dijo Pablo, gateando por la cama-. Voy a la ducha.

Maite lo agarró por el tobillo y Pablo se dio de bruces contra el colchón. Acto seguido, le propinó tres nalgadas como tres chupitos de tequila: a la izquierda, a la derecha y al centro.

-Voy -¡PLASS!- … A la ducha -¡PLASS!- … Mami-. ¡PLASS!

Ninguna respuesta. Ni un solo movimiento de Pablo. Los azotes lo habían dejado en un estado de postración absoluta. O eso, o simplemente es que está flipando, pensó Maite. Igual se había pasado. Pero la disculpa fue innecesaria, porque Pablo se rehizo, se puso de pie y se metió en el baño sin decir nada más. Cerró la puerta y Maite se lo imaginó frente al espejo del baño. Contemplando, encandilado, las marcas que mami le había dejado en su culito travieso.

Al oír el chispeo de la ducha, Maite también se levantó y rebuscó por los cajones. No tenía ni idea de lo que iba a encontrar, ni si había de veras algo que encontrar, pero necesitaba hacerlo. Estaban todos vacíos. Todos salvo uno, en el que había una cajita de cartón rosa con un lacito y una tarjeta insertada. Maite sacó la tarjeta de la ranura y la leyó.

Para cuando Pablito se porte mal.

Con cariño:

tus amigos de Abdlia”

Dentro había una paleta de azotes de madera, tallada en forma de corazón. En el reverso, pegada con celo, Maite encontró una segunda nota, escrita a mano con letras redondas y airosas, de colegio de monjas:

Felicidades. ¡Ya eres un dato estadístico más!

Un beso

Paula”

Maite se echó a reír a grandes carcajadas mientras hendía el aire con su nueva herramienta, dando palazos a diestro y siniestro.

-¡Estadística! -decía una y otra vez Maite- ¡Estadística!

-¿Me dices algo, Mai? -la voz de Pablo sonaba muy apagada por culpa del chorro de la ducha-. No te oigo.

-¡Nada, nada! ¡Termina pronto!

Pablo cerró el grifo dentro del baño y Maite, como si fuera una señal, se sentó en el borde de la cama. Con una extraña solemnidad que a ella misma asombró se quitó la blusa y luego la falda, quedándose en sujetador, braguitas y medias. Los zapatos se los dejó puestos. Qué pena no llevar tacones, pensó Maite. Y así, tan ansiosa como segura de sí misma, se quedó esperando, dando golpecitos con la pala contra la palma de la mano contraria.

-¡Ya voy! -le comunicó Pablo- Me estoy secando.

Maite se soltó el pelo, sintiendo que al mismo tiempo se desprendía de su corazón una espina que llevara ahí clavada años y años. María Teresa: Reina de Espinas, se dijo. Algo trillado, pero sonaba bien. Tenía que buscarse un nombre como dómina, si es que se iba a convertir en una. O quizá fuera innecesario, porque a ella solo le interesaba su chico y no pensaba compartirlo con nadie. Esos ojos, esas manos, esos morritos y ese culito serían suyos para siempre, o por lo menos hasta que el destino lo ordenase de otro modo. Suyos y de nadie más.

-¡Voy! ¡Ya termino!

La puerta se abrió y Pablo salió del baño desnudo. Llevaba el chupete colgado del cuello y un pañal limpio en la mano. Cuando la vio, se quedó de una pieza en el umbral, completamente arrasado por la admiración y el asombro, pero eso no impidió a Maite pronunciar la frase que llevaba media hora preparando.

-Eso -dijo con voz aflautada-. Termina pronto y ven con mami.

-Pero… Yo…

-Ven, Pablito. Ven con tu mami.

Y con el subsiguiente palazo en la almohada, Pablo tembló como un bloque de gelatina. Aun así, reunió el valor suficiente para agachar la cabeza y susurrar las dos palabras mágicas:

– Sí, mami.

FIN

¡Dichosa gripe o lo que sea!

Qué tal vais?

Estos últimos días llevo arrastrando una gripe/catarro/proceso viral random no-covid que no me deja tranquilo, razón por la cual no tengo muchas ganas de escribir ni de actualizar, pero en cuanto me recupere -que ya me voy encontrando mejor-, volvemos a tope con más historias abdl, artículos, ralladas y cosillas 😉

Besos.

Stephan

Tiendas ABDL: mis experiencias (y II)

Hoy, en Historias ABDL … ¡Más tiendas abdl y mis experiencias! (teneis el primer post aquí)

Cuddlz (2014-2015)

Una tienda como cualquier otra. Recuerdo que recurrí a ella porque los Cuddlz me recordaban mucho a los Fabine Exclusive, que literalmente volaron en su momento. Solo hice un par de pedidos porque los costes de envío eran igual de caros o más que los propios pañales, aunque discretos sí que fueron.

Creo que ya no fabrican los Cuddlz originales, pero eran parecidos al Fabine exclusive que aquí os pongo.

http://www.buntewindel.de/size-L-Teddy-64-pcs-in-the-carto-Fabine-Exklusiv

Rapidez: Baja

Precio: Medio/alto

Variedad: Baja

——————————————————————————-

ABDL Factory (2014)

Hice algún pedido a esta tienda allá por el 2014-2015, si mal no recuerdo. Discretos, pero no muy rápidos, y bastante caros los gastos de envío, pero era para darme un capricho y comprar los Super Dry Kids, que entonces no se podían conseguir en Airoliver y me apetecía probarlos.  Me refiero a estos pañales:

tiendas abdl

Rapidez: Medio

Precio: Medio

Variedad: Medio/alto

Farmacias online (aparecen y desaparecen, difícil seguirlas) 2006-2015

Aquí lo mejor que os puedo decir es que googleéis por farmacias y pañales de adulto. Muchas de ellas venden por internet y es fácil conseguir pañales a través de ellas, sobre todo si vivís en una ciudad relativamente grande. Lo único que cada una de ellas es de su padre y de su madre, claro.

Yo pedí a dos o tres diferentes que ya no aparecen en google. En un caso, me trajeron el paquete tal cual a la puerta (discreción -1000 XD) y en los otros dos lo hicieron bien. Los gastos de envío fueron pequeños porque eran farmacias o mayoristas farmacéuticos de cerca de mi ciudad, eso sí.

No recuerdo muy bien cuáles pedí en estas ocasiones pero debieron ser los Affective. Estilo estos:

https://www.dosfarma.com/49332-affective-advanced-panal-adulto-talla-grande-20-unidades.html?gclid=CjwKCAjw4c-ZBhAEEiwAZ105RbDMUP3rMcmOLSSH3p_b4PvvHggDGpgd4utYsMObSzss3CxpMRlhlRoCkb4QAvD_BwE

Amazon (2021)

Cuando ya se pueden encontrar los pañales abdl en Amazon, es que somos prácticamente mainstream, chicos. No sé si eso es bueno o malo XD.

De Amazon, poco que contar. Rapidez y discreción siempre. Lo que no tienen es mucha variedad. Yo he comprado alguna vez en Amazon los Little for Big y ha sido todo ok.

De todas formas, también he comprado alguna otra cosilla abdl por Amazon y el embalaje no ha sido tan discreto como debería. Yo solo os lo comento, por si acaso.

En cuanto a ratings, Amazon es Amazon, ya sabéis.

Diaper Minister (2022)

Esta tienda francesa es la última que he probado, este mismo año, y la verdad es que me han sorprendido gratamente, tanto por la variedad de productos como por los precios, que son bastante asequibles. También por la fiabilidad, discreción y rapidez de los pedidos. Si a eso le añades que los costes de envío son razonables, puntúa muy alto en mi escalafón. De las mejores tiendas ABDL.

A nivel de servicio, ha sido de mis mejores experiencias y aunque en el último envío se equivocaron de talla, no supuso ningún problema para mí.

Aquí se pueden conseguir los Kiddo, que actualmente son mis pañales abdl favoritos.

https://www.diaper-minister.com/en/plastic-diapers/526-34009-kiddo-sailor.html#/3-size-l

Rapidez: Impresionantemente rápidos

Precio: Medio/bajo

Variedad: Alta

¡Hala! Hasta aquí.

Ya me contaréis 😉

Stephan

PD: Si sabéis de algún sitio en el que se puedan conseguir los ABU Little Kings en España o dentro de la UE, decidlo, ¡no seáis cabrones! https://uk.abuniverse.com/product/lkg/

My Inner Baby

Hoy el post va a ser corto. Muy corto.

Para los que entendáis bien el inglés, os invito a seguir la legítima lucha de una tienda ABDL contra las autoridades locales correspondientes en una ciudad de Indiana (EEUU).

Al parecer, las autoridades han ordenado el cierre de la tienda ABDL en cuestión, que tiene un local a pie de calle, por considerarlo un sex shop. Esto está causando graves trastornos a los dueños, además de pérdidas económicas significativas.

Con el máximo respeto a las autoridades de la ciudad norteamericana en cuestión, compartimos la opinión y los argumentos de Ryan Polokoff, el dueño de la tienda.

No os doy la brasa más. Os dejo algunos links donde podéis leer más si os interesa.

Desde este humilde y anónimo blog deseamos mucha suerte a My Inner Baby.

Nos vemos

Stephan

LINKS

https://myinnerbaby.com/

https://eu.indystar.com/story/news/local/hamilton-county/noblesville/2022/07/21/inner-baby-noblesville-sells-diapers-for-adults-is-it-a-sex-shop/65375934007/

https://linktr.ee/myinnerbaby

Actualizo a enero de 2024: Creo que los dueños de la tienda perdieron el caso, pero siguen en los tribunales. Al parecer, según tengo oído, también vendían juguetes sexuales, lo que llevó al juez a concluir que sí era un sex shop. En cualquier caso, de este detalle me enteré hace poco. Y… ¡caray! La cosa cambia mucho, ¿no creéis?

¿Qué es el ABDL para mí?

Todos conocemos la regla 34 (y, si no, aquí te la explican), que es una de esas cosas que no se sabe si se inventan o se descubren, como las matemáticas. Por eso, uno no tiene más que darse un paseo por Pinterest, Tumblr o cualquier otra red social para ver que nada más variado que la manera en que la gente disfruta de sus fetiches. Unos a lo bestia, otros a lo fino. Unos en público, otros en privado. En fin; hay para todos los gustos.

Siendo este uno de los primeros posts de la página, creo que sería bueno adentrarme por primera vez en el terreno más personal y contar, a grandes rasgos, qué significa para mí este fetiche o llamadlo como queráis («perversión» no es científicamente correcto :P). O sea, cómo lo veo yo. Mi mismidad ABDL. Estas cosillas.

Aquí estoy yo, full equip

Sería difícil y muy extenso describirlo pormenorizadamente, pero tampoco hay que dar tanto la brasa al personal. Así que vayan, a modo de lista, los siguientes CINCO ASPECTOS del ABDL que para mí son más relevantes. Como digo, es una lista muy personal, seguro que vosotros tenéis la vuestra. ¿O no?

  • ES UNA PARTE DE MI PERSONALIDAD.

Ya hablamos con anterioridad de que no todas las prácticas ni experiencias ABDL tienen necesariamente un carácter sexual. Por eso -y aunque en mi caso, al menos, a menudo suelen tenerlo- creo que no es un simple fetiche, sino un componente de mi forma de ser. Tiene derivaciones psicológicas que van más allá del sexo o el placer. Afecta a mi forma de ver el mundo, a las relaciones personales e influye en otros rasgos importantes de mi personalidad. Creo que, si dejara de serlo, sin duda alguna dejaría también de ser yo mismo para ser otra persona. Parecida, quizá, pero diferente.

  • ES UNA PARTE DE MI SEXUALIDAD.

Aunque volveremos más tarde o más temprano sobre ese tema, digamos que el componente fetichista del ABDL es más interesante para mí que cualquier otro, y forma parte de mi sexualidad, aunque no es ni la más importante, ni la única, ni imprescindible. Quiero decir que no es indispensable en mi vida sexual, ni mucho menos, aunque me encante. Y me gusta, lo podéis creer, e incluso me putoencanta como dicen ahora. No pasa nada: a mí fantasías me sobran. Si las pudieran vender, podría poner un Amazon de fantasías sexuales. Así que ya sabéis, señores ingenieros informáticos y neurocientíficos: ¡a currar!

  • ES UN REFUGIO PERSONAL.

Este es el componente más importante de todos y, curiosamente, uno en los que más coincido con otros ABDL que he conocido. Aunque esta connotación se predica más de las prácticas AB que de las DL, creo que todo el mundo usa este tipo de fetiches -y otros- como una forma de relajarse, combatir el estrés y sentirse mejor con uno mismo y con los demás. Cuando recurrimos a este tipo de prácticas, especialmente si estamos solos, es porque nos relajan y nos permiten conectar con algo así como nuestro “yo” profundo (suena a psicoanálisis barato, pero es verdad). Todo lo demás queda, por un rato, atenuado. Relegado a un lugar de nuestra mente en donde no puede molestarnos.

  • ES ALGO ÍNTIMO Y PRIVADO.

No siento ningún tipo de culpabilidad ni vergüenza por ser ABDL. Tampoco creo que nadie tenga que sentirlas, la verdad, y si este blog puede contribuir a aliviar el sentimiento de culpa o de vergüenza de alguna otra persona, ya solo por eso habrá valido la pena. No obstante, se trata de algo absolutamente privado que no comparto -léase “no practico”- salvo en entornos seguros, ya sea en solitario o no. Si lo hiciera públicamente, si de algún otro modo dejara de ser algo íntimo para convertirse en un estilo de vida 24/7 o similar, no me sentiría cómodo. Además, creo que perdería esa faceta de “refugio” y “zona de seguridad personal” que tan reconfortante me resulta. Ojo: no tengo nada en contra de quienes aspiren a ser infantilistas 24/7. Simplemente, yo no creo que fuera feliz viviendo así. Cada persona es un mundo y cada fetichista, un universo XD.

  • ES ALGO QUE COMPARTIR CON OTROS.

Gracias a internet, los ABDL hemos ido saliendo del armario poco a poco. Como cualquier práctica íntima, alcanza un sentido completo cuando la compartes con otros. Conocidos, amigos, colegas e incluso amantes, claro está. Además, así uno coge ideas nuevas, que nunca vienen mal. En cuanto a mí… ¿Qué puedo decir? Si hasta tengo un blog en el que hablo de ello y subo contenidos ABDL. ¿Lo sabíais? 😉

Y ahora, a comer, que se me ha hecho tarde.

Sed buenos (¡o malos!).

Stephan


¿Por qué este blog? ¿Para qué existe «Historias abdl»?

La respuesta más rápida y sencilla a esta pregunta sería “porque me sale de los cojones”. Pero, en fin, uno es de la generación de “justifica la respuesta”, no de “comenta la palabra patata con tus compañeros”. Lo que, por cierto, ya os puede dar una idea de mi edad. Además, como sabéis, los nenitos buenos no dicen tacos, porque se arriesgan a acabar con el culito caliente ;).

Dicho esto, sin ningún orden particular, aquí van cuatro razones por las que, después de muchas idas y vueltas, he abierto este blog:

PRIMERO: Para compartir contenidos abiertos, accesibles y en español sobre el ABDL.

Salvo los artículos de Wikipedia y alguna que otra página más, la inmensa mayoría de la información relativa al ABDL que está accesible a través de la red, lo está en inglés (sobre todo), francés, alemán u otros idiomas. Aunque hoy en día hay más gente que habla idiomas a un nivel relativamente alto, si tenemos en cuenta que somos 460 millones de hispanohablantes creo que ya va siendo hora de crear y divulgar más contenidos en español y no tirar de traducciones de las webs anglosajonas. Que son geniales y no tengo nada contra ellas, ojo, pero los ABDL hispanos también molamos. ¡Hala! 😉 .

Aun así, no está de más compartir algunos links útiles para los que hablen razonablemente bien la lengua de Shakespeare (understanding infantilism, sobre todo y asdicc). Estos sitios tienen ya solera y llevan activos muchos años. Casi todos los ABDL los conocemos y aunque no suscribamos lo que dicen al 100%, en líneas generales estamos de acuerdo.

SEGUNDO: Para cumplir una pequeña misión personal.

Esta es algo más difícil de explicar. Como persona que se considera ABDL desde siempre (y cuando digo “siempre” es siempre), este fetiche o lo que demonios sea me ha acompañado toda la vida, que va más o menos por la mitad del bocadillo. Creo que a mi atribulada cabeza le vendría bien compartir todas estas anécdotas, fantasías y paranoias con otras personas. Así, de mi propia experiencia personal quizá otros puedan sacar algo que les sea útil, los ayude, consuele o, por citar a los clásicos “a los que no ahondaren tanto, los deleite”.

He conocido a mucha gente que sufre muchísimo por ser ABDL. No es mi caso y nunca lo ha sido. Creo que es posible tener una vida absolutamente normal (o, mejor aún: anormal) con cualquier fetiche, y que el hecho de tenerlo no te convierte ni en mejor ni en peor persona. Puede parecer evidente, pero os aseguro que no lo es tanto. El blog se construirá en torno a esta forma de enfocar el ABDL. No sé si es pretencioso por mi parte, pero creo que merece la pena. Lo intentaré, al menos.

TERCERO: Por afán desmitificador.

Los estereotipos pueden ser muy útiles para tener pequeñas referencias sobre culturas, personas, ideas o gustos muy alejados de los nuestros, pero creo que a la larga acaban haciendo mucho daño. La tentación de quedarse en ellos y no profundizar es muy poderosa. Y no me refiero con esto exclusivamente al ABDL, por supuesto. Es aplicable a cualquier otro fetiche y a las más variadas facetas de la existencia.

¿Qué quiero decir con esto? Aunque con matices, la gente tiende a pensar que en el sadomasoquismo todo son látigos, vinilos, cueros y cruces de San Andrés. O que los spankos se hacen daño unos a otros sin tenerse el menor respeto mutuo. O que los ABDL son seres disfuncionales y tarados que viven encerrados en sí mismos y que, como dicen literalmente en el mítico episodio “King Baby”, de CSI: “Hay personas que solo son capaces de amar a su madre” (no os imagináis cómo me molestó escuchar eso en su día).

Pues, mira: no. Vamos a ver si, entre todos, derribamos estos absurdos estereotipos de una vez por todas.

No sé si me explico…

CUARTO. Porque me gusta la palabra escrita.

No soy muy fan de las redes sociales, por decirlo de alguna manera. Nunca me llamaron mucho la atención. Solo tengo usuario de Facebook y entro muy poco. Supongo que siempre he creído que detrás de ellas había algún afán extraño por vivir -y sobre todo, lucir- una especie de vida virtual, tan artificial como improductiva.

No me entendáis mal; si fuera de veras posible enchufar mi cerebro a un mundo virtual por usb, rollo Ghost in the Shell, sería el primero en hacerlo. Sobre todo si el mundo virtual fuera a la carta y los sentidos reaccionaran del mismo modo que en el mundo real. Pero para eso todavía nos falta mucho, no sé si por suerte o por desgracia.

Llamadme «cuñao», pero para mí una red social es, más o menos, esto

En cambio, lo escrito tiene larga vigencia y, en nuestra sociedad de obsolescencia programada y consumo compulsivo, más valor que nunca. Esto es lo que pienso, o lo que quiero pensar. De ahí el hecho de tener un blog y no doscientas cuentas en doscientas redes sociales diferentes.

Aquí estoy y aquí me quedo 😉.

¡Disfrutad!

Stephan